Nacionalismo español

La Batalla de Tetuán de Dionisio Fierros Álvarez, 1894. La batalla, que tuvo lugar en 1860, durante la Guerra de África, fue ganada por las tropas españolas dirigidas por el general O'Donnell.

El nacionalismo español es el movimiento social, político e ideológico que conformó desde el siglo XIX la identidad nacional de España.[1]

No es propiamente un nacionalismo irredentista: la única reivindicación territorial identificada como “nacional” ha sido Gibraltar (desde el siglo XVIII); el resto de las reivindicaciones territoriales han sido históricamente las coloniales o imperiales (durante el siglo XIX contra la independencia de Hispanoamérica y en el siglo XX sobre el Magreb). Tampoco ha sido un nacionalismo centrípeto (que pretendiera unificar comunidades de españoles sometidas a otras soberanías), pero sí ha presenciado el nacimiento de nacionalismos periféricos[3]

Como en las demás naciones-estado de Europa Occidental ( Portugal, Francia e Inglaterra), la conformación de una monarquía autoritaria desde finales de la Edad Media produjo el desarrollo secular paralelo del Estado y la Nación en España, bajo las sucesivas conformaciones territoriales de la Monarquía Hispánica.[4] Como ocurrió en cada uno de los otros casos, la identidad nacional y la misma estructura territorial terminó dando muy distintos productos; pero siempre, y en el caso español también, como consecuencia de la forma en que las instituciones respondieron a la dinámica económica y social (en ocasiones, a pesar de esas mismas instituciones), y sin acabar de presentarse en su aspecto contemporáneo hasta que no terminó el Antiguo Régimen. El factor de identificación más claro fue durante todo ese periodo el étnico-religioso, expresado en la condición de cristiano viejo. Al final del periodo (siglo XVIII) se fue acentuando el factor de identificación lingüístico en torno al castellano o español, con nuevas instituciones como la Real Academia Española.

La rendición de Bailén, de José Casado del Alisal. Claramente inspirada en el cuadro de Velázquez La rendición de Breda, ilustra la batalla de 1808 en que el general Castaños derrotó al ejército francés del general Dupont.
Obelisco conmemorativo del Levantamiento del 2 de mayo en Madrid. En la actualidad mantiene una llama perpetua en honor a los que dieron su vida por España y es objeto de homenajes periódicos. La connotación simbólica de la fecha, que ha sido considerada convencionalmente como hito de inicio de la Edad Contemporánea en España, sigue teniendo una gran fuerza: la Comunidad de Madrid, junto con los ayuntamientos de Madrid, Aranjuez y Móstoles (los más vinculados a los hechos del año 1808), han creado la Fundación «Dos de Mayo, Nación y Libertad», para organizar las celebraciones del bicentenario.[5]

Historia

Históricamente el nacionalismo español surgió con el liberalismo y en la guerra contra Napoleón.[6]

A partir de 1808 puede hablarse en España de nacionalismo: el patriotismo étnico pasó a ser plenamente nacional, al menos entre las élites. Y ello fue obra indiscutible de los liberales. Las élites modernizadoras aprovecharon la ocasión para intentar imponer un programa de cambios sociales y políticos; y el método fue lanzar la idea revolucionaria de la nación como titular de la soberanía. El mito nacional resultó movilizador contra un ejército extranjero y contra los colaboradores de José Bonaparte, en tanto que no españoles ( afrancesados). Los liberales españoles recurrieron a la identificación entre patriotismo y defensa de la libertad: como declaró el diputado asturiano Agustín Argüelles al presentar la Constitución de 1812, «españoles, ya tenéis patria».

Desde entonces ha cambiado sus contenidos y propuestas ideológicas y políticas (sucesivamente " doceañista", " esparterista", incluso brevemente " iberista", propugnando la unión con Portugal en el contexto de la crisis dinástica de 1868). El carlismo, que era un movimiento de defensa del Antiguo Régimen, no tenía al adjetivo "nacional" en ninguna estima ( soberanía nacional, milicia nacional, bienes nacionales... eran el vocabulario de los liberales, más cuanto más progresistas). No obstante, el nacionalismo español que se demostró decisivo en el siglo XX arranca de la frustración por el desastre de 1898, en lo que se ha denominado regeneracionismo, que reivindican movimientos muy opuestos entre sí: desde los dinásticos ( Francisco Silvela, Eduardo Dato, Antonio Maura) hasta la oposición republicana (de contradictorio y breve paso por el poder) pasando por los militares ( crisis de 1917 y dictaduras de Miguel Primo de Rivera y Francisco Franco).

En concreto, con el nombre de panhispanismo (que más propiamente se refiere a un movimiento centrado en la unidad de las naciones hispanoamericanas) entendido como imperialismo español, suele referirse concretamente al aparecido tras la crisis de 1898, dentro del contexto más amplio en el que se encuentran el regeneracionismo y la generación del 98 (cuyos autores, viniendo de la periferia, coincidían en considerar a Castilla la expresión de "lo español"), expresado en su forma más clara por Ramiro de Maeztu (en su segunda etapa). Tuvo como ideólogos y políticos a Ramiro Ledesma y Onésimo Redondo (fundadores de las JONS) y José Antonio Primo de Rivera (fundador de Falange Española); utilizando una expresión que tiene su origen en José Ortega y Gasset, define a España como una unidad de destino en lo universal, defendiendo una vuelta a los valores tradicionales y espirituales de la España imperial. La idea de imperio le hace ser más bien universalista que localista, lo que lo hace singular entre algunos nacionalismos, pero más próximo a otros (sobre todo al fascismo). También incorpora un componente decididamente tradicionalista (con notables excepciones, como el vanguardismo de un Ernesto Giménez Caballero), arraigado en una historia milenaria, la de la monarquía tradicional o monarquía católica (aunque en muchas ocasiones se muestre indiferente en la cuestión concreta de la forma de estado) y, de forma destacada, no es laico ni secularizado, sino expresamente católico romano, lo que permitirá definir (en el primer franquismo) el término nacionalcatolicismo.

Monumento a la Constitución Española, Paseo de la Castellana entre los Nuevos Ministerios y el Museo de Ciencias Naturales, Madrid.

La transición política que, junto con cambios sociales y económicos profundos en un sentido modernizador, se fue gestando desde el franquismo final hasta la construcción del edificio institucional actual ( Constitución de 1978 y estatutos de autonomía), produjo un retroceso muy marcado de la utilización social de los símbolos de identificación nacional españoles,[8] mientras que los nacionalismos periféricos adquirieron una notable presencia y cuotas de poder territorial, que llega a ser electoralmente mayoritaria en Cataluña ( CiU, ERC) y el País Vasco ( PNV, EA y la llamada izquierda abertzale); y sustancialmente menor en Navarra ( NaBai) y Galicia ( BNG). Canarias ( CC), Andalucía ( PA) u otras comunidades autónomas presentan nacionalismos menos evidentes (frecuentemente calificados como regionalismos), basados en hechos diferenciales de carácter lingüístico o histórico no menos marcados que los anteriores.

Desde el ámbito de los nacionalismos periféricos, se suele hablar de nacionalismo español[16]

Desde una perspectiva más mayoritaria en términos sociales, territoriales y electorales,[20] Incluso se ha incluido en los mensajes publicitarios la expresión "Gobierno de España", que antes no se utilizaba, para referirse al gobierno central o del Estado.

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