Nacionalismo banal

Un ejemplo típico del nacionalismo banal: la entrada del Collège Jean Moulin de Chartres muestra las banderas de Francia y Europa y el logotipo de la República Francesa de una forma sutil y cotidiana, de modo que recuerda a la ciudadanía su pertenencia a una comunidad nacional en un mundo de naciones.

El nacionalismo banal, según lo ha conceptualizado el científico social británico Michael Billig, es un conjunto de prácticas, hábitos, creencias y signos que las naciones establecidas —aquellas que están seguras de su propia continuidad—[5] Así «banal» debe entenderse en el sentido de «común», «cotidiano».

Concepto

Benedict Anderson establece el concepto de « comunidad imaginada» en la que sus miembros, a pesar de no conocer ni saber de la mayoría de sus compatriotas, existe una fraternidad y un compañerismo horizontal a pesar de que existan relaciones de desigualdad y explotación.[6]

A los habitantes que conforman esta comunidad se les recuerda constantemente que viven en comunidades (naciones) para que no olviden su identidad nacional, una identidad que se diferencia de otras comunidades (naciones) extranjeras. De este modo, el nacionalismo no se manifiesta únicamente de forma intermitente bajo condiciones extraordinarias ni tampoco desaparece en situaciones de normalidad; sino que convierte en endémico como parte de la vida cotidiana.[10]

De esta forma, el nacionalismo banal puede entenderse como mecanismos ideológicos que permiten a las naciones establecidas el manifestarse y reproducirse de forma diaria, cotidiana y cotidiana en las vidas de la ciudadanía, y también sutil —sin atención consciente de las personas—; y se realiza a través de instituciones, prácticas, hábitos familiares, símbolos e imaginarios colectivos, con lo que se le recuerda a la ciudadanía tanto su pertenencia a una comunidad nacional en un mundo de naciones, como los elementos que caracterizan y representan la identidad nacional.[14]

Al estar caracterizado el nacionalismo banal en su carácter cotidiano, diluido y oculto en el día a día, tiende a ser olvidado e incluso negado, no reconociéndose a sí mismo como tal, esto es lo que denomina Billig como «olvido sociológico». El nacionalismo banal por tanto, pasa inadvertido y forma parte del paisaje cotidiano, y no se reconoce como tal nacionalismo.[21]

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