Nacionalismo andaluz

Pintada nacionalista en Sevilla

El nacionalismo andaluz es un movimiento político y social que defiende el reconocimiento de Andalucía como una nación.

Abarca un amplio espectro de opinión, desde partidarios del federalismo[ cita requerida] o confederalismo dentro de España, posturas autonomistas o posturas abiertamente independentistas.

Como todo nacionalismo, se trata de un pensamiento que aglutina a ideologías tanto de izquierdas, de centro como de derechas. Si bien es cierto que, históricamente y actualmente, el nacionalismo andaluz tiende a identificarse más bien con la izquierda, ya que no surge con los objetivos propios de los nacionalismos europeos del siglo XIX, sino que encuentra sus orígenes en el federalismo y el anarquismo.

Desarrollo del nacionalismo andaluz

El nacionalismo andaluz comparte con el nacionalismo español la reivindicación irredentista sobre Gibraltar[3]

Precedentes o andalucismo cultural

El primer intento secesionista de Andalucía lo encontramos en el siglo XVII, más concretamente en 1641, con la llamada Conspiración del duque de Medina Sidonia. Fue protagonizada por el IX duque de Medina Sidonia y el VI marqués de Ayamonte. Una de las causas que se han discutido respecto al motivo de dicha conspiración fue la pretensión de sublevar Andalucía contra el rey de España y proclamar la república andaluza. Finalmente el plan conspirativo fue descubierto. Como condena, el marqués de Ayamonte fue ejecutado y el duque de Medina Sidonia fue desterrado de sus dominios andaluces y obligado a pagar doscientos mil ducados de multa.

El nacionalismo andaluz se conformó ideológicamente en las tres primeras décadas del siglo XX, como la variante política del andalucismo cultural o folklorista que se difundió desde la Sociedad Antropológica de Sevilla y el Ateneo de Sevilla a finales del siglo XIX, donde empiezan a desarrollarse una serie de estudios e investigaciones encabezados por intelectuales como Mario Méndez Bejarano, Antonio Machado Núñez, su hijo Antonio Machado Álvarez, Isidro de las Cagigas y Joaquín Guichot, produciéndose así lo que se ha denominado como el “descubrimiento de la identidad cultural andaluza”.

Monumento a la memoria de Blas Infante, Padre de la Patria Andaluza, levantado en el kilómetro 4 de la carretera de Carmona, lugar de su asesinato.

Diversos estudiosos e historiadores, en su mayoría próximos al nacionalismo andaluz, sitúan el germen de esta ideología en la segunda mitad del siglo XIX, reivindicando como propios los movimientos que promovieron, por ejemplo, la Constitución de Antequera de 1883, en la que se reconocía "una Andalucía soberana constituida en democracia republicana". También se considera como precursores del andalucismo soberanista a Fermín Salvochea, anarquista que fue alcalde de Cádiz o al político federalista Rafael Pérez del Álamo.

Primeros pasos del nacionalismo andaluz

En 1912 el diario sevillano El Liberal abre información pública sobre la necesidad de la existencia político-regional de Andalucía, lanzándose la idea de una Asamblea Andaluza, provocando gran actividad en el Ateneo de Sevilla. Al año siguiente se celebrarían en dicho ateneo los Juegos Florales, cuyo tema principal fue el regionalismo andaluz. Paralelamente en Ronda se celebraba el I Congreso Internacional de Economistas Fisiócratas, donde acude y hace su primera intervención pública Blas Infante. En 1915 Infante publicó El Ideal Andaluz, convirtiéndose así éste en líder de facto y en coordinador del movimiento andalucista en los años posteriores, hasta su asesinato en agosto de 1936.

La actual bandera de Andalucía fue diseñada en 1919 por Blas Infante, principal impulsor del nacionalismo andaluz, al igual que el escudo y el himno.

Sin embargo, no es hasta la Asamblea de Córdoba de 1919 donde el andalucismo político se postura a favor de la abolición de los poderes centralistas y por una Federación Hispánica, y define además a Andalucía claramente y sin ambigüedades como « realidad nacional» y «patria». La última reforma del Estatuto de Autonomía de Andalucía, realizada en 2007, se remite a este manifiesto para justificar la expresión « realidad nacional» que aparece en el preámbulo del mismo. Además, Blas Infante está reconocido oficialmente por la Junta de Andalucía y por el Congreso de los Diputados como «Padre de la Patria Andaluza».

Con la dictadura de Primo de Rivera, instaurada en España tras el golpe de Estado de septiembre de 1923, tanto el nacionalismo andaluz como el resto de movimientos y corrientes políticas quedan proscritos, por lo que desciende considerablemente la actividad política de los andalucistas.

El nacionalismo andaluz durante la República

Tras la llegada de la República el 14 de abril de 1931, el nacionalismo andaluz en su mayoría percibe que puede acercarse el momento de la ansiada autonomía. Blas Infante, principal dirigente del movimiento nacionalista, encabeza varias candidaturas de izquierda, llegando incluso a colaborar con Ramón Franco, hermano del dictador.

En 1933 se publicaron las bases de un Estatuto de Autonomía para Andalucía, que se esperaba fuese aprobado y entrase en vigor en el verano de 1936. No obstante, al igual que otros proyectos autonomistas como el de Galicia, se vio interrumpido por el estallido de la Guerra Civil Española.

El nacionalismo andaluz en la dictadura franquista

Durante la dictadura del general Francisco Franco el nacionalismo andaluz quedó prácticamente reducido al ostracismo debido a la fuerte represión política que el régimen ejercía sobre toda idea que no comulgase con el nacional-catolicismo imperante.

No obstante, a partir de la década de 1960, principalmente en Sevilla, empiezan a resurgir ciertos sectores (principalmente de la pequeña burguesía intelectual) que tratan de recuperar el legado de Blas Infante y del movimiento nacionalista de las primeras décadas del siglo XX. Es entonces cuando surge el germen de lo que hoy es el Partido Andalucista (PA), una de las principales fuerzas políticas del nacionalismo andaluz.

Transición y lucha por la autonomía

A partir de 1975 tiene lugar el último momento de efervescencia del nacionalismo andaluz, producto de la realidad socio-económica de Andalucía y el debate autonómico. Como han señalado los estudiosos en el tema, la emigración masiva de andaluces desde la década de 1960 hasta la recuperación económica (últimos estudios los cifran en 2 millones) hacia España y Europa fue uno de los factores decisivos en este impulso andalucista por dos razones: la económica, ya que decenas de miles de familias andaluzas fueron conscientes de la gran contradicción entre la potencialidad de su región (territorial, demográfica, agrícola, etc.) y su realidad de pobreza y subdesarrollo. El otro factor que propició la emigración forzada fue de carácter socio-cultural, ya que por primera vez estos andaluces tuvieron conciencia de su propia identidad cultural diferenciada a la de otros territorios como Madrid, Cataluña o el País Vasco. Según el catedrático de Antropología de la Universidad de Sevilla, Isidoro Moreno:

En Sabadell, Colonia o Bruselas, los trabajadores procedentes de las diversas comarcas y pueblos andaluces no se han sentido emigrantes a secas, ni tampoco básicamente sevillanos, cordobeses, granadinos o almerieneses, sino sobre todo, andaluces: miembros de una colectividad definida por su subdesarrollo y dependencia, que están en la base de la propia necesidad de emigrar, pero también por unas características culturales, por unas actitudes, por unas formas de expresar la expierencia, por una identidad, en suma, que ha modelado a un pueblo específico: el andaluz.

Desarrollo y bloqueo del nacionalismo andaluz

Por otro lado tenemos la cuestión autonómica, que privilegiaba a las consideradas como "regiones históricas", es decir: Cataluña, el País Vasco y Galicia, adquiriendo la autonomía en su máxima expresión y por la vía rápida, esto es, mediante el artículo 151 de la Constitución Española de 1978. Así, el pueblo andaluz, viéndose que quedaba fuera de esta opción, fue consciente del agravio comparativo que se iba a producir dando lugar a regiones de primer y segundo orden. La reacción de la población andaluza fue tajante e inmediata, convocándose en octubre de 1977 una comisión de parlamentarios andaluces para sentar las bases del futuro proyecto autonómico. Semanas después, el 4 de diciembre, en todas las ciudades importantes de Andalucía y también en Barcelona (donde se concentraba una importante comunidad de emigrantes andaluces) se vivió una jornada de apoyo a dicha comisión que lanzó a la calle a un millón y medio de andaluces, aproximadamente. En la ciudad de Málaga, el joven Manuel José García Caparrós murió a consecuencia de un disparo por parte de la Policía mientras enarbolaba una bandera de Andalucía.

Desde este día hasta la aprobación en referéndum del Estatuto de Autonomía en diciembre de 1981, se vivirá en Andalucía un momento de efervescencia identitaria que impregnaría el ámbito cultural y político de la sociedad andaluza de la época. Posiblemente, la jornada más importante de este período sea el 28 de febrero de 1980, día en el que el Estatuto de Autonomía fue sometido a referéndum y que hoy es reconocido como Día de Andalucía. No obstante, desde el nacionalismo andaluz se reivindica como "Día Nacional de Andalucía"' el 4 de diciembre, debido a los sucesos antes descritos.

Durante estos años, el principal líder andalucista fue el abogado sevillano Alejandro Rojas-Marcos, que fue diputado en el Congreso de los Diputados (1979-1982/1989-1991) y alcalde de Sevilla (1991-1995).

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