Nación española

Banderas en la entrada del Senado.

La Nación española es un concepto de especial importancia en el pensamiento político y ordenamiento jurídico español, recogido en la Constitución de 1978 cuyo artículo 2 reza:

La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas.[1]

En el Anteproyecto Constitucional se recogían las líneas básicas del texto finalmente aprobado del art. 2, aunque careciendo de la mención a la nación española:

La Constitución se fundamenta en la unidad de España y la solidaridad entre sus pueblos y reconoce el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran.[2]

La repercusión de este anteproyecto provocó que el senador constituyente Julián Marías, filósofo y discípulo de Ortega y Gasset, y condenado al ostracismo durante la dictadura por su oposición al régimen franquista,[3] escribiera:

España ha sido la primera nación que ha existido, en el sentido moderno de esta palabra...Políticamente, las expresiones «Monarquía española» y «Nación española» han precedido largamente a «España». El Tesoro de la lengua castellana o española, de Sebastián de Covarrubias (1611), da esta definición: «NACION. Del nombre latino natio, is, vale reyno o provincia estendida, como la nación española»...Hasta hace unos días, el anteproyecto de Constitución recién elaborado arroja por la borda, sin pestañear, la denominación cinco veces centenaria de nuestro país.[4]

Fue en la Comisión Constitucional del Congreso donde se concibió el artículo actual, incorporándose la expresión «Nación española» y los vocablos «indisoluble unidad» y «patria común e indivisible de todos los españoles». La votación que se produjo durante el Pleno del Congreso mostró un amplio consenso entre los principales grupos políticos con 278 votos a favor, 20 en contra y 13 abstenciones. Similar consenso se mostró en el senado con 140 votos a favor, 16 en contra y 11 abstenciones.[2]

Desde finales del siglo XIX diversos movimientos nacionalistas periféricos, con distinta entidad en cada uno de los territorios (especialmente en Cataluña, País Vasco y Galicia), niegan o matizan su pertenencia a una unidad nacional española, adoptando a lo largo del tiempo diferentes posiciones en cuanto a la consideración e identificación, tanto de sus territorios y poblaciones, como en cuanto a su denominación como entidades nacionales o de otro tipo;[2] El senador Bandrés llegó a proponer una enmienda para el artículo 2 que decía:

La constitución se fundamenta en la pluralidad del Estado español, la solidaridad entre los pueblos, el derecho a la autonomía de la regiones y naciones que lo integran y el derecho a la autodeterminación de estas últimas.[7]

Evolución del concepto de nación española a través de la historia

Agustín de Argüelles y Emmanuel-Joseph Sieyès
Constituciones de la Nación española

En la edad media el concepto de nación se suscribía de manera muy imprecisa, relacionándose con el origen familiar o étnico y por supuesto desprovisto de soberanía popular alguna. En dicho periodo las personas, sometidas al poder de un rey, podián ser: súbditos o naturales. Pudiendo un individuo haber nacido en un reino sin necesidad de ser súbdito (como musulmanes y judíos en feudos cristianos) o ser súbdito habiendo nacido en otro lugar. De esta forma, las universidades medievales agrupaban estudiantes y maestros que se concibían como nación, a pesar de proceceder de diversos lugares.[14]

¡Oh flor de la andante caballería; oh luz resplandeciente de las armas; oh honor y espejo de la nación española! Miguel de Cervantes[13]

Hijo de España, escribo sus glorias… ¿Qué cosa nació en España buena a ojos de otras naciones…?” Francisco de Quevedo[13]

Esta difuminada y controvertida conceptualización de la nación, era recibida sólo en la conciencia de una parte de las clases privilegiadas y por tanto quedaba desposeída de una palpable impregnación en la masa popular, a la cual esta significación le era cuanto mínimo insólita. Esta percepción estamental dotaba al término de tres bases: nacionalidad, lealtad y comunidad política (natio, fidelitas y communitas políticas), que formaban parte de la conciencia sociopolítica y emocional de una muy reducida fracción del total de la "sociedad".[16] Hubo que esperar a los tiempos de las revoluciones liberales, para que la acepción de nación alcanzase a la integridad de los ciudadanos del territoritorio que habitaban (soberanía nacional).

Durante el transcurso de la revolución francesa, Emmanuel-Joseph Sieyès conduce a la nación hacia un original y apasionado terreno al otorgarle el poder depositario de la soberanía: se concreta la "nación política", que abarca al conjunto de la ciudadanía a quienes se les adjudica la titularidad de los designios del país. Estas ideas fueron las que concibieron en España, durante la invasión napoleónica, la primera experiencia constitucional: la Constitución gaditana de 1812.[17] En el inicio de su elaboración, en 1810, se manifestaron de manera mayoritaria las ideas liberales y revolucionarias francesas. En 1812, el constituyente Agustín de Argüelles Álvarez González, en uso de la palabra, exponía:

Para darle toda la claridad y exactitud que requiere la ley fundamental de un Estado... [le] corresponde a la Nación como soberana e independiente, bajo cuyo principio se reserva la autoridad legislativa…[10]

La Constitución de 1812 se dotó de un título completo dedicado a la nación, cuyos artículos declaraban a la nación española: como el conjunto de los españoles de ambos hemisferios, y como libre e independiente, soberana y, además, obligada a defender la libertad civil y demás derechos de sus ciudadanos. Por primera vez en España es ahora la nación, que se identifica con el pueblo, quién es soberana y cuya representación popular correspondería a los diputados, alejando los pensamientos del antiguo régimen que otorgaban potestades exclusivas a las clases nobiliarias y eclesiásticas, amén del poder soberano que se le atribuía al rey.[19]

La constitución de 1837 sólo dotaba a la nación española de soberanía en el preámbulo y no en su articulado:

Siendo la voluntad de la Nación revisar, en uso de su soberanía, la Constitución política promulgada en Cádiz el 19 de marzo de 1812...[20]

Esta exclusiva mención en el considerando se debió a que, a diferencia de la norma suprema de 1812, se quiso limitar el concepto anterior de soberanía nacional, evitando que éste se interpretase como una posible convidación hacia una constante reforma constitucional.[21]

El concepto de soberanía nacional fue sustituido en la constitución de 1845, que acogía la soberanía en las cortes y en el monarca.[22] Hubo un intento de revivir la tradición liberal en la no promulgada y por tanto non nata constitución de 1856, que otorgaba al pueblo la soberanía de la nación española:

Todos los poderes públicos emanan de la Nación, en la que reside esencialmente la soberanía, y por lo mismo pertenece a la Nación el derecho de establecer sus leyes fundamentales.[17]

Posteriormente fue restablecida en la carta magna de 1869 (surgida tras la Revolución Gloriosa),[23] cuyo preámbulo mentaba:

La Nación española y en su nombre las Cortes Constituyentes, elegidas por sufragio universal, deseando afianzar la justicia, la libertad y la seguridad, y proveer al bien de cuantos vivan en España, decretan y sancionan la siguiente Constitución.[24]

y su artículo 32 rezaba:

La soberanía reside especialmente en la nación de la cual emanan todos los poderes.[24]

El fallido proyecto federal de 1873 que intentaba pulirse en constitución, mentaba en su preámbulo:

La Nación Española, reunida en Cortes Constituyentes, deseando asegurar la libertad, cumplir la justicia y realizar el fin humano a que está llamada en la civilización, ...

Este texto, finalmente abortado, acogía en su ser la soberanía en la "nación-persona": el artículo 42 del texto establecía la soberanía "en todos los ciudadanos", apartando la idea de que la soberanía de la nación conllevara una fuerte supremacía y control estatal. De esta forma quería evitarse, en teoría, una apropiación doctrinal muy restrictiva de la soberanía nacional, que podría tornarse en una visión que destituyera al conjunto de los ciudadanos que conformaban la nación, a favor de unas élites que podrían adueñarse de ese concepto y corromperlo para sus fines.

Este proyecto constitucional vínculaba directamente a la nación española con la federación, describiendo sus partes integrantes por la organización política que conformaban, que eran los estados federados. Estos estados poseían una completa autonomía económico-administrativa y toda la autonomía política compatible con la existencia de la Nación. Asimismo el texto le atribuye al presidente de la república personificar el poder supremo y la suprema dignidad de la Nación.[26]

En la constitución de 1876 la soberanía no pertenece a la nación sino que reside en las cortes con el rey.[26]

La Constitución de 1931 aceptaba en su seno la soberanía popular[27] y, aún empleando el vocablo nación, usa como términos presumiblemente intercambiables: España, República o Estado español. El anteproyecto constitucional recogía en su preámbulo la expresión nación española, mentando:

La Nación española en uso de su soberanía y representada por sus Cortes Constituyentes, decreta y sanciona la siguiente Constitución.

Tras un ardúo y extenso debate finalmente se suprimió dicha mención. Eliminación que fue muy critica por Ramón Menéndez Pidal, que indicaba la inconvenencia de esta pactada solución, fraguada por lo que él consideraba como una concesión injusta a favor de una minoría política, que intentaba destituir el sustrato histórico que a España le correspondía. Esta omisión, que alcanzó al título preeliminar, pareció responder a un consenso que permitió acordar un sistema regional híbrido (el Estado integral), un acuerdo que supuso, entre muchas cosas, esta eliminación de la expresión nación española y descartar el federalismo como modelo territorial. Aunque conviene recordar a los diputados que consideraban que el término "España" era más que suficiente, principalmente, por dos razones: unos concebían que España estaba intrínseca e implícitamente ligado a su naturaleza de nación y que, por ende, dicho calificativo era innecesario al no poderse ni negar, ni refutar su condición nacional;[29]

No obstante el término nación aparece en varios artículos de la constitución: en el artículo 45 que garantizaba la protección del patrimonio artístico e histórico del país que se consideraban un tesoro cultural de la Nación, así como en el 53 en donde se menciona que los diputados, una vez elegidos, representan a la Nación y en el artículo 67 donde se concreta que el presidente de la república personifica a la Nación.[30]

Las leyes fundamentales de la dictadura franquista atribuían a la nación española un carácter indisolublemente católico

La nación española considera como timbre de honor el acatamiento de la ley de Dios, según la doctrina de la Iglesia católica, apostólica y romana, única verdadera y fe inseparable de la conciencia nacional, que inspirará su legislación.[31]

desprovisto totalmente de soberanía popular y con una visión brutalmente excluyente: la falange consideraba como enemigos de la nación española ( anti-España) a quienes no la concebían con un carácter centralista-unitario, de destino en lo universal y profusamente asentada en raíces cristianas.[34]

Tras la muerte del dictador Francisco Franco comienza la llamada Transición Española: una serie de acontecimientos políticos e históricos que transformaron el anterior régimen franquista en un Estado Social y Democrático de Derecho garantizado por la constitución de 1978. La nación española, con su significación, tal como queda recogida en la carta magna, se adentra en una nueva etapa.

Other Languages