Museo Nacional de Bellas Artes (Chile)

Museo Nacional de Bellas Artes
Museo Nacional de Bellas Artes.jpg
Fachada del museo
Localización
País Flag of Chile.svg  Chile
Ciudad Santiago
Información general
Superficie 6000 m²

Creación 1880
Inauguración 18 de septiembre de 1880 (136 años)

Director(a) Roberto Farriol Gispert[1]
Información del edificio
Construcción 1909-1910
Información visitantes
Visitantes/año 386 714 ( 2009)[2]
Metro Santiago de Chile L5.svg Bellas Artes
Sitio web www.mnba.cl
Coordenadas 33°26′09″S 70°38′38″O / -33.4357295, 33°26′09″S 70°38′38″O / -70.6439009
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El Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA) es uno de los principales centros de difusión de artes visuales en Chile. Fundado el 18 de septiembre de 1880, bajo el nombre Museo Nacional de Pinturas, es el primero de arte en Latinoamérica.[5]

El museo posee un patrimonio artístico compuesto por más de 3000 piezas, adquiridas por medio de compras, donaciones y premios de salones oficiales. Posee la principal selección de escultura chilena del país y la segunda colección de pintura nacional más completa de la nación después de la Casa del Arte, o Pinacoteca de la Universidad de Concepción. Las obras conservadas del museo abarcan la producción artística del país desde la época colonial, además, conserva núcleos de arte universal, destacando las colecciones de pinturas italianas, españolas y flamencas, colección de grabados, colecciones de dibujos y fotografías, y un conjunto de esculturas africanas.[6]

Tiene una biblioteca especializada en artes visuales que cuenta con aproximadamente 100 000 volúmenes,[4]

Historia

Antecedentes

Placa conmemorativa de 1910, por la fundación del museo en 1880
Se destaca a Manuel García de la Huerta, Ministro
organizadores:
Marcos Segundo Maturana
José Miguel Blanco.

A mediados del siglo XIX, se observó en Chile la consolidación de un periodo de gran efervescencia cultural, producto de una serie de políticas gubernamentales que formaban parte de un proyecto republicano de nación, con miras a la creación, desarrollo y difusión de la cultura, las ciencias y el arte en el país. Este proceso histórico dio lugar a la creación de instituciones como la Universidad de Chile (1842), la Academia de Pintura (1849) y el Conservatorio Nacional de Música (1850). La fundación de la Academia de Pintura, en particular, hizo urgente la creación de espacios adecuados para conservar y exponer las obras de arte que componían su colección. Además, los directores de la academia, como Alejandro Ciccarelli, Ernesto Kirchbach y Juan Mochi, estaban obligados, por contrato, para producir y donar a la institución una cierta cantidad de obras al final de cada gestión.[8]

Paralelamente al crecimiento de la colección de la academia, otros acontecimientos contribuyeron a la existencia de un entorno favorable para la creación de un museo de arte en el país. Es el caso de la fundación de la llamada "Sociedad Artística", por Pedro Lira y Luis Dávila Larraín en 1867,[9]

En noviembre de 1879, el escultor José Miguel Blanco publicó un artículo en la Revista Chilena, dirigida entonces por Diego Barros Arana y Miguel Luis Amunátegui, donde proponía la creación de un museo de bellas artes, en la línea de los existentes en Europa. Con el apoyo del general Marcos Segundo Maturana, Blanco logró atraer el interés del gobierno chileno, que decidió establecer, por decreto de Manuel García de la Huerta, el entonces Ministro de Justicia e Instrucción Pública, una comisión para la creación del museo al año siguiente. La comisión estuvo integrada por Maturana, Blanco y Juan Mochi.[8]

Inauguración y primeros años

Antiguo edificio del Congreso Nacional de Chile, primera sede del museo.

El Museo Nacional de Bellas Artes fue inaugurado el 18 de septiembre de 1880, bajo el nombre de Museo Nacional de Pinturas, en la presencia del presidente Aníbal Pinto. Contaba, en aquel momento, con un conjunto de 140 pinturas de artistas chilenos y extranjeros, además de copias de obras consagradas del arte occidental. La colección original estaba formada por piezas trasladadas desde el Palacio de La Moneda, la Municipalidad de Santiago, la Biblioteca Nacional y la Universidad de Chile, entre otras instituciones públicas. Juan Mochi, entonces director de la Academia de Pintura, fue designado como su primer director.[9]

En 1887, debido a la dificultad de conciliar las actividades legislativas del Congreso y la exposición de obras de arte, el gobierno adquirió el edificio de la Unión de Arte, el "Partenón de la Quinta Normal", como sede del museo. La institución, rebautizada como Museo Nacional de Bellas Artes, fue trasladada a las nuevas dependencias, pero debió ser administrada por un nuevo comité directivo. La nueva administración creó el Salón Oficial, abierto para artistas nacionales y extranjeros residentes en Chile, que se llevaba a cabo anualmente en el mes de noviembre. Hasta 1897, sin embargo, el acceso del público al museo quedó limitado a los plazos en que eran organizados los salones, permaneciendo cerrado durante el resto del año. Esta situación cambió durante la administración del pintor Enrique Lynch, cuando el museo comenzó a abrir diariamente.[9]

Sin embargo, el director criticó las condiciones de trabajo que se le impusieron, en particular la insuficiencia de las instalaciones, la falta de recursos y de personal. La falta de espacio obligó a la institución a trasladar las piezas a otros edificios cuando se realizaban los salones oficiales, exponiéndolas al riesgo de deterioro, mientras que las copias permanecían guardadas en las bodegas debido a la falta de lugares para exhibirlas.[9]

Nueva sede

Construcción del Palacio de Bellas Artes.

No sólo el museo sufría la falta de espacio. La Escuela de Bellas Artes, sucesora de la Academia de Pintura, ubicada en un edificio inadecuado en un barrio alejado del centro, pasaba el mismo problema. Así, en abril de 1902, el Ministerio de Educación nombró una comisión para preparar una licitación para la construcción de un nuevo edificio que albergara a las dos instituciones.[11]

En mayo de 1905, la comisión eligió el diseño creado por el arquitecto franco-chileno Emile Jecquier.[12]

Con la presencia del presidente Emiliano Figueroa Larraín y del presidente argentino José Figueroa Alcorta, la inauguración del Palacio de Bellas Artes se llevó a cabo el 21 de septiembre de 1910. La exposición, considerada como el evento más importante de las celebraciones del centenario, contaba con 1741 obras internacionales, entre pinturas, esculturas, dibujos y acuarelas de artistas de Alemania, Argentina, Austria, Bélgica, Brasil, Francia, Inglaterra, España, Estados Unidos, Holanda, Italia y Portugal. La sección nacional estaba compuesta por 252 obras.[12]

Deterioro del edificio y problemas institucionales

Cariátides en el interior del Museo de Bellas Artes de Santiago de Chile.

Con el museo ya instalado en la nueva sede, el director Enrique Lynch buscó distribuir las obras de arte de forma armónica. En el hall central, instaló las esculturas originales de mármol y bronce, además de la colección de ejemplares de esculturas antiguas. En el ala sur de la planta baja, reunió los cuadros originales y reservó una habitación para las copias. Las piezas adquiridas durante la exposición del centenario fueron ubicadas en el segundo piso, siendo complementadas por la colección de pintura europea del museo. En las salas del ala norte se encontraban las obras de arte chileno, además de piezas donadas por el coronel Marcos Segundo Maturana y Eusebio Lillo. El museo registró un volumen importante de visitas en los años que siguieron a la inauguración del Palacio de Bellas Artes. En 1913, por ejemplo, se registraron más de 28 000 visitantes.[14]

Una visita sorpresa del presidente de la república al museo en diciembre de 1915 le permitió comprobar la precaria situación del edificio. El mandatario le informó al director sus deseos de dar al museo los fondos necesarios para las reparaciones, pero el dinero fue recién entregado en 1922, cuando el museo estaba bajo la dirección de Pedro Prado. A finales de los años 1920, una importante reforma administrativa vinculó jurídicamente a la institución con la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos, situación que continúa hasta el día de hoy.[15]

En 1930, el museo celebró su cincuentenario con la realización de una gran exposición de arte chileno, basada en la colección de Luis Álvarez Urquieta (posteriormente adquirida por el museo) y donaciones de particulares, como Santiago Ossa y Carlos Cousiño. Pero el funcionamiento precario de la institución mostró un claro enfriamiento del impulso inicial que había dado lugar a su creación. Un artículo publicado en la Revista de Arte de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Chile en 1938 declaró que "el Museo permanece más tiempo con sus puertas cerradas que abierto al público y que es tal vez el único caso de museo en el mundo que se cierra a mediodía". En 1940, el pintor Julio Ortiz de Zárate, entonces director del museo, se quejó de la falta total de recursos para la adquisición de piezas y la producción de catálogos. Señaló además que la ausencia de un taller de restauración generaba un riesgo de deterioro del patrimonio artístico.[15]

En 1946, Luis Vargas Rosas asumió la dirección del museo, cargo en el que permaneció hasta 1970. Su larga administración se enfrentó a problemas similares a los anteriores, logrando, sin embargo, algunos logros importantes. En 1953, por primera vez el museo superó los cien mil visitantes, un logro incentivado por la retrospectiva del pintor Juan Francisco González, que conmemoraba el centenario de su nacimiento. Pero el deterioro del espacio físico del Museo y la falta de recursos financieros provocaron su aislamiento gradual del circuito cultural y la sustitución de su función por otras instituciones. Un ejemplo de esto fue la exposición De Cézanne a Miró, organizada a finales de la década de 1960 con el apoyo del Museo de Arte Moderno de Nueva York en el Museo de Arte Contemporáneo, y que contó con la visita de más de 200 000 personas.[16]

Reestructuración, régimen militar y terremoto de 1985

En 1969, Nemesio Antúnez se convirtió en director del museo, comenzando de inmediato a su reestructuración. Una de las iniciativas más importantes fue la construcción de la sala Matta en el subterráneo del Palacio de Bellas Artes, con una superficie de 600 m², apta para exposiciones temporales. Se preocupó también de establecer un horario fijo de eventos culturales: sólo en 1971, por ejemplo, se llevaron a cabo 38 muestras. Ese año, por segunda vez en su historia, el museo superó los 100 000 visitantes, registrando una afluencia de 166 000 personas.[16]

Con el objetivo de difundir el patrimonio artístico del museo, Antúnez inició el programa Ojo con el arte, difundido por Canal 13 de la Universidad Católica, y que buscaba mejorar el servicio de orientación escolar creado en 1965, invitando a artistas consagrados para guiar a los visitantes, incluida la escultora Laura Rodig. También se incorporaron otras actividades culturales, brindando espacio para espectáculos de música, danza, cine y teatro, tratando de reformular al museo como centro cultural integrador de diversas artes. Con el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, Antúnez dejó su cargo como director.[17]

Entre 1974 y 1978, el museo estuvo bajo el mando de la escultora Lily Garafulic. Su administración se caracterizó por la caída del nivel de actividad del museo y la negativa de varios artistas para exponer en el mismo, debido al régimen militar existente en el país. Este contexto condujo a una fuerte caída en el número de visitantes: un poco más de 30 000 personas en 1975. Algunas de las alternativas para la recuperación institucional del museo fueron propuestas por el sector privado. La Colocadora Nacional de Valores, por ejemplo, comenzó a patrocinar a partir de 1976 concursos anuales de pintura, escultura y artes gráficas. También con apoyo privado, el museo reformó el Auditorio José Miguel Blanco y la Sala Chile. Exposiciones como Bauhaus (1977), El oro del Perú (1978) y De Cézanne a Miró ayudaron a aumentar el número de visitantes.[5]

En 1978, Nena Ossa asumió la dirección, buscando dar continuidad a la renovación del espacio físico. En 1979, con subvención de la Municipalidad, se remodeló el Anfiteatro Griego. Al año siguiente, se arreglaron las salas de exposición en el segundo piso, y en 1981 con fondos privados, el museo abrió una sala audiovisual. No obstante, la institución continuó siendo criticada por varios sectores del ámbito artístico, por reflejar una agenda institucional vinculada con el régimen militar. La censura que sufrieron algunas obras de arte y la decisión de cambiar el nombre de la Sala Matta (debido al pensamiento político de Roberto Matta, crítico del régimen) fueron factores que aumentaron el distanciamiento entre el museo y la comunidad artística.[17]

El terremoto de Santiago de 1985 produjo graves daños al museo. La evaluación de los ingenieros que examinaron el edificio concluyó que era necesario reforzar estructuralmente el palacio y cerrarlo al público mientras se realizaran los trabajos de remodelación. La labor de fortalecimiento de la estructura e impermeabilización de los muros duró tres años. El museo fue reabierto en septiembre de 1988. Para ayudar a financiar los trabajos de reconstrucción, se creó la Fundación de Bellas Artes, con el fin de recaudar fondos junto a la iniciativa privada. Posteriormente, la fundación pasó a tener por objeto la financiación de exposiciones temporales.[19]

Años posteriores

A principios de los años 1990, después de la vuelta a la democracia, las instituciones culturales en Chile comenzaron a promover iniciativas que iban en busca de la recuperación de los valores cívicos y la forma de organización de la sociedad. Al mismo tiempo, la comunidad artística ansiaba desempeñar un papel más activo en el período histórico que había comenzado. En este contexto, el regreso del pintor Nemesio Antúnez a la dirección del museo en 1990 fue muy significativo. Con el fin de realizar una actividad que simbolizara el "reencuentro" del Estado con la comunidad artística, sin censura, condiciones ni restricciones de cualquier tipo, Antúnez organizó la exposición Museo abierto.[21]

Antúnez trató además de recuperar el trabajo del museo en la línea de los centros culturales. Reservó el Anfiteatro Griego para la presentación de obras de teatro y recitales de música. El hall central fue convertido en un espacio para presentaciones de espectáculos de danza y el Auditorio José Miguel Blanco pasó a albergar festivales de video, presentaciones, seminarios y conferencias. Se organizaron también reuniones de artistas e intelectuales, destacando el Foro Internacional, organizado por la Fundación Salvador Allende en septiembre de 1990.[23]

La ley de donaciones culturales (1991) facilitó la colaboración del sector privado, a través de la Fundación de Bellas Artes y la Corporación de Amigos del Museo. Se buscó además adaptar las salas a las normas internacionales de conservación y seguridad.[23]

Antúnez fue reemplazado en 1993 por el profesor y crítico de arte Milan Ivelic Kusanovic, quien ocupó el cargo durante 18 años. En 2011, Ivelic renunció para dedicarse a la docencia.[24] Entre las numerosas exposiciones realizadas bajo su dirección destacan la de la de obras maestras del Vaticano, la del surrealista René Magritte, o la última, de 2011, del impresionista Edgar Degas, así como la de artistas nacionales, con José y Concepción Balmes, Gracia Barrios, Franciso Gacitúa y Juan Egenau.

El terremoto del 27 de febrero de 2010 produjo algunos daños en el edificio, los cuales se limitaron a desprendimientos de revestimientos y ornamentos, sin afectar estructuralmente al Palacio de Bellas Artes. Esto se debió principalmente a las labores de remodelación efectuadas tras el terremoto de 1985. Las obras albergadas en su interior no sufrieron daños.[27]

A fines de 2011 el artista visual y profesor Roberto Farriol resultó elegido por concurso como nuevo director del museo, cargo que asumió en enero de 2012.[24]

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