Munigua

Vista del Santuario de Munigua
Vista general en que se observan los diferentes niveles de terrazas

Munigua es un conjunto arqueológico enclavado en la Sierra Morena, a 8 kilómetros del municipio sevillano de Villanueva del Río y Minas. Fue descubierto en 1765 cuando dos investigadores de la Academia de Buenas Letras de Sevilla visitaron las ruinas, entre los que se encontraba Tomás Andrés de Gússeme. Ya estos eruditos las identificaron correctamente como un santuario, aunque la tradición popular le sigue llamando "Castillo de Mulva". Con posterioridad cayeron en el olvido hasta que en 1957 volvieron a ser estudiadas y excavadas por el Instituto Arqueológico Alemán de Madrid, que continúa hoy en día su estudio.

Tiene la categoría de BIC (Bien de Interés Cultural). Fue declarado, con la denominación de Castillo de Mulva Monumento histórico-artístico perteneciente al Tesoro Artístico Nacional mediante decreto de 3 de junio de 1931).[1]

Historia

A diferencia de otros núcleos de poblamiento de la Baetica, Munigua solo cuenta con dos periodos de ocupación; uno prerromano desde el siglo IV a.C. que dura hasta la época de Augusto y otro ya plenamente romano que se extiende hasta el siglo V y VI d.C. Se conservan de este primer asentamiento restos de los trabajos de sus habitantes con el principal material de la explotación, la fundición de hierro.

El urbanismo que se diseña y se conserva para esta ciudad comienza a realizarse en época de Augusto (27 a. C. 14 d.C), prolongándose hasta finales del siglo I y principios del siglo II. La mayoría de los edificios civiles y religiosos, entre los que destacan el Santuario, corresponden al último tercio del siglo I. Este auge constructivo se atribuye principalmente al cambio de estatus jurídico que el Municipio sufre.

El emperador Vespasiano (69-79 d.C) les concede el derecho latino y eleva la ciudad a la condición de Municipio con todo lo que ello representa desde el punto de vista administrativo. Esta relación con el Imperio romano queda reflejada en la placa de bronce, tessera de hospitalidad, que los muniguenses realizan con Augusto a través de cuestor Sexto Curvio Silvino. Gracias a este documento y por medio del toponímico que en él se menciona, conocemos el nombre de la ciudad Municipio Flavio Muniguense.

La ciudad tuvo su máximo apogeo en el siglo II, después comenzó a declinar a partir del siglo IV, donde se observa cómo las casas se reparan y reducen de tamaño con su considerable descenso de población, siendo este proceso más evidente entre los siglos V y VI. Se ha constatado ocupación hasta el siglo VIII por ciertas construcciones. En estos años el núcleo de población va desapareciendo de la zona, abandonándose la ciudad.

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