Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros

Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros
Bandera dels Tupamaros.svg
Bandera del MLN-T.
Regiones activas Uruguay
Ideología Izquierda revolucionaria
Brazo político Movimiento de Participación Popular (MPP)
Tamaño 1.000 (1970)[1]
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El Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN-T) o simplemente Tupamaros es un movimiento político de Uruguay que tuvo una etapa de actuación como guerrilla urbana de izquierda radical durante los años 1960 y principios de los 70. Desde 1989, se integró a la coalición política Frente Amplio, perteneciendo muchos de sus integrantes al Movimiento de Participación Popular (MPP).[2]

El nombre "Tupamaros" parece derivarse del mote despreciativo que las autoridades policiales españolas de la época colonial en el  Río de la Plata endilgaban a los patriotas que se habían adherido al movimiento independentista de 1811. Igualmente presente en las novelas de  Eduardo Acevedo Díaz, escritor realista de finales del siglo XIX, la palabra tenía su origen en la sublevación indígena que había ocurrido en el  Virreinato del Perú en  1780, encabezada por el jefe indio José Gabriel Condorcanqui,  Túpac Amaru II, y que fue reprimida con inusitada dureza por los españoles.

Historia

Surgimiento en los años 1960

Logo característico del MLN-Tupamaros.

El movimiento surgió en la primera mitad de los años 1960 a partir de la vinculación de varios grupos dispersos de la izquierda política uruguaya, más el aporte de varios militantes individuales. A pesar de la diversidad ideológica de los primeros tiempos —incluía integrantes del Partido Socialista, maoístas y algunos anarquistas— terminó predominando entre ellos una visión marxista de la realidad histórica, aunque en absoluto ortodoxa. Según el dirigente de la organización Eleuterio Fernández Huidobro, el nacimiento de los tupamaros tuvo lugar formalmente en 1965.[4]

Organizado como respuesta a una serie de incidentes entre grupos de izquierda y de ultraderecha a principios de los años 1960, el movimiento tupamaro tuvo, como otros de su tiempo en varios países de América Latina, una identificación con la Revolución Cubana de 1959, que influyó en su camino ideológico y en sus acciones posteriores. Se organizó entonces como un grupo guerrillero, que en un principio no tuvo vinculación con ningún partido político existente.

En noviembre de 1964 aparece por primera vez este nombre vinculado al movimiento político uruguayo, en un volante distribuido en una Convención Universitaria donde se leía: "T N T Tupamaros no transamos".[5] Un año después, aparecía por primera vez atribuyéndose una manifestación:

La rúbrica "Tupamaros" se estampa por vez primera el 9 de agosto de 1965, en el volante que acompañaba una poderosa bomba que vuela los depósitos de la compañía alemana Bayer. «Mueran los yanquis asesinos de Vietnam... La Bayer, empresa nazi, ayuda con gases a la intervención de los gringos. Fuera los gringos liberticidas. ¡Viva el Vietcong! ¡Viva la revolución! TUPAMAROS». La misma firma aparece en los panfletos que acompañan a una bomba que explota en la embajada de Brasil".[6]

Primeros pasos de los Tupamaros

Según narraron con posterioridad sus fundadores, en los primeros tiempos las acciones del MLN-T eran acciones de aprovisionamiento de armas y de fondos para una lucha de proporciones más grandes. Sin embargo, la opinión pública de la época quedó hondamente impactada (a favor o en contra) ante la aparición de la lucha política armada en el Uruguay, modalidad que después de la derrota de la última sublevación de Aparicio Saravia, en 1904, no había sido asumida por ningún sector del espectro político.

Desde 1966 se vislumbró a un movimiento muy activo. El año empezó con algunos asaltos y robo de armas. En particular, trascendió el robo de 63 rifles y un conjunto de escopetas, revólveres, pistolas y uniformes policiales, el mismo día de las elecciones presidenciales de 1966.[4]

Tras ser prácticamente desbaratado por la policía en 1966, el MLN-T se recuperó, comenzando una serie de acciones que combinaban el acopio de fondos y materiales para la organización y la propaganda política.

Las autoridades de aquella época prohibieron a la prensa el dar noticias sobre las acciones tupamaras o mencionar su existencia. Los innombrables, como alguna prensa los denominó, comenzaron a ser conocidos fuera de Uruguay cuando se dieron a publicidad algunas acciones como la publicación de información financiera relacionada al manejo de dinero por ciertas empresas o particulares muy conocidos o —una de las más famosas— la incautación de un camión de una conocida empresa almacenera de entonces, cargado de víveres, que fue dejado en manos de los habitantes de una zona marginal de Montevideo.

Estas acciones dieron al MLN-T un prestigio fuera de fronteras que en algunos casos constituyó una leyenda con visos románticos, como es posible notar en alguna literatura contemporánea y posterior. Por su parte, dentro del país el MLN-T despertó fuertes resistencias. En primer lugar y como era lógico, del sistema político tradicional, por entonces muy deteriorado por la crisis económica desatada desde 1955. Los políticos blancos y colorados condenaron la lucha armada, por más que algunos de ellos, como luego se comprobó, habían mantenido contacto secreto con los Tupamaros.[ cita requerida] En los primeros años, los Tupamaros manifestaban su intención de apostar a la vía armada:

«Descartamos la posibilidad de un tránsito pacífico hacia el poder, en nuestro país. La lucha armada será la principal forma de lucha de nuestro pueblo, y a ella deberán supeditarse las demás. La organización aspira a ser la vanguardia organizada de las clases explotadas en su lucha contra el régimen».[8]

De esa época son los primeros documentos del MLN-T (Documento 1 y Documento 2), en los que se puede acceder a los lineamientos ideológicos del nuevo movimiento.[9]

1968-1972: reactivación de la lucha armada

Operativo policial de búsqueda de integrantes del MLN-Tupamaros en la red cloacal de Montevideo.

Tras un periodo de calma, el MLN intensificó su actividad guerrillera. Era la época del gobierno de Jorge Pacheco Areco, con un marcado autoritarismo. Así, en 1968 tuvieron lugar un ataque y voladura a la emisora de radio Ariel (colorada), el primer secuestro del presidente de UTE Ulysses Pereira Reverbel y un asalto al Hotel Casino Carrasco, con robo de varios millones de pesos.[4]

La izquierda parlamentaria, sobre todo el Partido Comunista del Uruguay, desautorizó en un principio a los tupamaros en duros términos, pero luego hubo de hacerse a la idea de coexistir con ellos, debido al fuerte crecimiento que éstos tuvieron después de 1968, tanto en Montevideo como en el interior del Uruguay. No se sabe a ciencia cierta cuántos miembros activos tuvo el movimiento durante el período previo a la dictadura militar. Las fuentes históricas manejan cifras dispares, que van entre las 6.000 y las 10.000 personas.

Durante 1969 asaltaron la financiera Monty, el Casino San Rafael de Punta del Este (donde se alzaron con un botín de 70 millones de pesos) y tres sucursales bancarias. También irrumpieron en Radio Sarandí, en plena emisión deportiva donde el legendario Carlos Solé relataba un partido entre Nacional y Estudiantes de la Plata, y emitieron un comunicado. En junio, en ocasión de la visita del diplomático norteamericano Nelson Rockefeller, el MLN-T incendia las oficinas de la General Motors. En setiembre fue secuestrado el banquero Gaetano Pellegrini Giampietro, liberado 72 días más tarde mediante el pago de un rescate. Y el 8 de octubre tuvo lugar la toma de Pando por el MLN-T; murieron tres guerrilleros (Ricardo Zabalza, Jorge Salerno y Alfredo Cultelli), un policía (Enrique Fernández Díaz) y un civil (Carlos Burgueño).

Hacia 1970 la lucha armada se hizo de mayores proporciones, con lo cual muchas veces la policía se vio desbordada. Fue por esos días cuando el MLN-T llevó a cabo algunas de sus acciones más conocidas, como el secuestro y posterior asesinato en agosto de 1970 del funcionario estadounidense Dan Mitrione,[11] en el marco de la United States Agency for International Development. Este hecho histórico es la base del guion cinematográfico de la película de Costa-Gavras État de Siège ( Estado de sitio en su versión española). También continuaban los atentados contra objetivos civiles como el bowling de Carrasco en septiembre.

Otro evento destacado fue la fuga del penal de Punta Carretas en 1971, una de las mayores fugas carcelarias de la historia, en la que escaparon más de cien detenidos.

De esta época son otros Documentos Políticos destacados, el 3, 4 y 5.[12] Por esta época el MLN-T edita en forma clandestina su publicación " Mate amargo" desde donde da a conocer su visión política de la realidad uruguaya.

Aunque su accionar estaba enfocado principalmente en la lucha armada, algunos de sus integrantes (como el sindicalista bancario Kimal Amir, el dirigente portuario Rubén Sassano y el abogado Washington Rodríguez Belletti[13] ) crearon un brazo político para las elecciones presidenciales de noviembre de 1971, el Movimiento de Independientes 26 de Marzo, que formaba parte de la naciente coalición de izquierdas Frente Amplio (fundada en febrero de 1971). En unas elecciones acusadas de fraudulentas por el Partido Nacional que recibiría el 40,1% de los sufragios, el Frente Amplio obtendría el tercer lugar con el 18,6%, saliendo triunfante el Partido Colorado con el 40,3%, debido a los intentos reeleccionistas del presidente Jorge Pacheco Areco. Con la asunción en 1972 del presidente electo, Juan María Bordaberry, y la comisión a las Fuerzas Armadas de la represión de la guerrilla —la cual, en el léxico político de la época, era invariablemente llamada sedición— llevó a sangrientos choques.

Fue tal el celo del MLN-T por ocultar sus escondites, que en un episodio en diciembre de 1971 ejecutaron al peón rural Pascasio Báez, debido a que casualmente dio con un refugio de armas de la organización. Uno de los días más sangrientos fue el 14 de abril de 1972,[14] cuando la Columna 15 del MLN-T realizó cuatro operativos contra miembros de los " Escuadrones de la Muerte", que culminaron con la muerte de Armando Acosta y Lara, así como del subcomisario Oscar Delega, el agente Carlos Leites y el capitán de Corbeta, Ernesto Motto. En el operativo murieron los guerrilleros Nicolás Gropp y Norma Pagliano.

La tarde de ese día las fuerzas del orden lanzaron una cruda represión contra el MLN-T, en represalia por los hechos, que culminó con la muerte de varios militantes. Esa tarde fueron asesinados, en su casa, el periodista Luis Martirena y su esposa Ivette Jiménez,[16] quienes fueron detenidos. Los operativos fueron dirigidos por Hugo Campos Hermida y el inspector Víctor Castiglioni.

Un tupamaro considerado como traidor entre sus pares, Amodio Pérez, denunció muchas acciones tupamaras, y el 27 de mayo de 1972 se descubrió la "Cárcel del Pueblo".[19]

Al mismo tiempo, caía en manos de los militares la plana mayor de la organización, con la cual habían mantenido una serie de contactos políticos a fin de discutir las bases de un proyecto político de cambios económicos y sociales. Algunas ideas comunes entre uno y otro bando, aunque muy deslucidas, alentaron tales conversaciones, las cuales se vieron interrumpidas en forma abrupta muy poco tiempo después.

El MLN-T fue derrotado militarmente, siendo su aparato armado vencido y desarticulado. Seguros de su triunfo militar, los comandantes de las Fuerzas Armadas de aquel entonces manifestaron el propósito de "seguir combatiendo la sedición" y actuaron contra el resto de la izquierda política y los sindicatos. El presidente Bordaberry, sin apoyo político aún dentro de su partido, el Partido Colorado, se plegó a los requerimientos de las FF.AA., que poco después actuarían contra el sistema político parlamentario, dando el Golpe de Estado del 27 de junio de 1973 que disolvió el parlamento prohibiendo los partidos políticos y declaró ilegales a las organizaciones sindicales y estudiantiles.

De 1973 a 1985: cárcel y exilio

Los militares retuvieron a los dirigentes tupamaros Raúl Sendic, Eleuterio Fernández Huidobro, Mauricio Rosencof, José Mujica, Adolfo Wasem, Julio Marenales, Henry Engler, Jorge Manera y Jorge Zabalza en calidad de rehenes y como trofeo de guerra durante el tiempo que duró la dictadura militar, es decir, hasta 1985. Los dirigentes tupamaros fueron recluidos en condiciones infrahumanas de continua tortura, en casi total incomunicación (comprobadas posteriormente por organismos como la Cruz Roja Internacional) y bajo la amenaza de ejecutarlos si alguna acción del MLN-T, cualquiera que esta fuera, tenía lugar.

Otros tupamaros se exiliaron en Francia, Suecia y otros países. En el exilio, los tupamaros se mantuvieron expectantes y no desencadenaron acciones posteriores en territorio uruguayo, aunque sí participaron en las diversas campañas de denuncia contra los militares.

Después de 1985: abandono de las armas e ingreso a la arena electoral

En 1985, al retorno de la democracia parlamentaria en el Uruguay y, con ella, la liberación de los presos políticos que los militares habían hecho, los tupamaros se convirtieron en una intriga para el sistema político, ya que no se sabía a ciencia cierta qué postura iban a adoptar. Esta intriga fue despejada poco tiempo después, cuando Raúl Sendic, en un acto público, afirmó que el MLN-T iba a optar por el marco político legal, proponiendo una lucha ideológica y la integración al Frente Amplio de manera formal.

No estábamos solos, sino que un gran sector popular nos dio aliento en aquella década del 60 tan convulsionada... La iniciativa nuestra de dar un paso adelante en las luchas sociales fue después de tipo militar, desde el momento en que los militares atacaron las manifestaciones populares con gran saldo de muertos y después invadieron todas las instituciones (...) Seguimos (1988) sin embargo, con nuestra propuesta política adelante, sabiendo que no somos dueños de la verdad. No nos consideramos vanguardia de nada, sino uno de los elementos que contribuirán a llevar adelante la lucha del pueblo uruguayo. [NR: hablando de la guerrilla]...tenemos que contemplar la mentalidad de un pueblo (...) que conserva una serie de tradiciones pacíficas y que nosotros tratamos de contemplar en nuestra etapa anterior, cuando hacíamos aquella famosa guerrilla de guante blanco, buscando la menor violencia posible.

Barreiro, Jorge. "Mantener la antorcha encendida" (entrevista a Raúl Sendic), Cuadernos de Marcha, Montevideo, año III, número 29, marzo de 1988.
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