Movimiento Nacional

El yugo y las flechas se incluye en el logotipo del Instituto Nacional de la Vivienda, identificativa de un edificio de viviendas de protección oficial. Los emblemas falangistas dominaban entra la parafernalia de lemas, uniformes y símbolos de todo tipo que utilizaban las distintas organizaciones del Movimiento Nacional, y se procuraba su omnipresencia, sobre todo para la apropiación simbólica de cualquier tipo de lugar o actividad, público o privado; desde el crédito sindical al que se acogían las películas, hasta el folklore y los bailes regionales.

El Movimiento Nacional o simplemente «Movimiento» es el nombre que recibió durante el franquismo el mecanismo totalitario de inspiración fascista que pretendía ser el único cauce de participación en la vida pública española. Respondía a un concepto de sociedad corporativa en que únicamente debían expresarse las llamadas entidades naturales: familia, municipio y sindicato.

El Movimiento Nacional es la comunión de los españoles en los ideales que dieron vida a la Cruzada y constituyen el Movimiento social y político de esa integración.

El origen del término está en los primeros años de la Dictadura franquista. Con el cambio de rumbo de la Segunda guerra mundial, Franco se empezó a distanciar de las potencias fascistas. En septiembre de 1943 dio órdenes para que, en adelante, desde los medios oficiales se refiriesen a la Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista (FET y de las JONS) como un "Movimiento" y no como un partido.[2] Así pues, en adelante se denominó de forma genérica «Movimiento nacional» al conjunto de organismos y mecanismos que componían el régimen franquista.

Composición

El Movimiento Nacional se componía esencialmente de:

En abril de 1937, y respondiendo a las necesidades históricas de la Cruzada de Liberación Nacional, se configuró una entidad política en la que quedaron integradas las fuerzas que coadyuvaron al alzamiento del 18 de julio.

  • La organización sindical o Sindicato Vertical, conjunto también único de organizaciones corporativistas que agrupaban tanto a empresarios como trabajadores, la existencia de cuyos intereses particulares pretendía negar.
  • Todos los cargos públicos del Estado, las diputaciones provinciales o los municipios, fueran funcionarios de carrera o cargos de libre designación, incluidos los profesores universitarios o los miembros de las Reales Academias. Todos tenían que jurar fidelidad a los Principios recogidos en la Ley de Principios del Movimiento Nacional, en teoría inmutables.
  • Múltiples organismos de encuadramiento social, que pretendían hacerse omnipresentes en la vida pública y privada: el Frente de Juventudes (que encuadraba a los Flechas y los Pelayos: niños y adolescentes), la Sección Femenina (con una celebrada sección de Coros y Danzas para rescatar el folclore y amenizar las «demostraciones sindicales», y un programa de Servicio Social requisito obligatorio para las mujeres que quisieran hacer una carrera universitaria), el Auxilio Social (que organizaba el reparto de alimentos, la asistencia a huérfanos...), Educación y Descanso, etc.

La cúspide sería el propio Franco como Jefe Nacional del Movimiento, secundado por un miembro del gobierno llamado Ministro Secretario General del Movimiento. Los más destacados miembros eran los consejeros nacionales del movimiento, reunidos periódicamente en una asamblea denominada Consejo Nacional del Movimiento que ocupaba el Palacio del Senado y junto a las Cortes Españolas otorgaba una apariencia de sistema parlamentario bicameral. La red se difundía hacia abajo por todas las instituciones llegando hasta el alcalde de cada pueblo que actuaba como jefe local del Movimiento.

Los personajes que se identificaban especialmente con la ideología o la organización del Movimiento Nacional eran denominados coloquialmente falangistas o azules (por el color de la camisa del uniforme, al igual que los fascistas de Mussolini eran camisas negras y los nazis de las S. A. eran camisas pardas). Existía una división informal entre los camisas viejas (afiliados a la Falange primitiva de José Antonio Primo de Rivera antes del 18 de julio de 1936 o, mejor incluso, antes de las elecciones de febrero del mismo año, cuando eran activistas minoritarios poco respetados por la derecha) y los camisas nuevas, considerados por los otros como sospechosos de arribismo, oportunismo o cualquier otro motivo interesado para su incorporación. A veces el motivo era simplemente la geografía, que les puso en la denominada « zona nacional» al comienzo de la guerra (a los que se llamaba nacionales geográficos, así como había rojos geográficos).

Dentro del régimen franquista, aun estando prohibida cualquier organización política fuera del Movimiento Nacional, todos eran conscientes de la agrupación de personajes públicos y grupos de presión en torno a lo que se denominaron las familias del franquismo, como la católica (que aportaba el apoyo de la Iglesia y la ideología del nacionalcatolicismo), la monárquica (o derecha conservadora, muchos antiguos miembros de la CEDA), la tradicionalista (proveniente del carlismo), la militar (personajes cercanos al propio Franco, entre los que estaban los llamados africanistas) y la propia de los azules o nacionalsindicalista (que controlaba la burocracia del Movimiento: Falange, Sindicato, y muchas otras organizaciones, como la Agrupación Nacional de Excombatientes, la Sección Femenina, etc.).

La clave de la supervivencia del franquismo fue para muchos la habilidad de Franco para mantener la unidad de un conjunto tan heterogéneo (unido por el interés común de mantener al propio Franco en el poder) que supo manejar hábilmente, repartiendo entre ellos las responsabilidades del gobierno, y acercándose sucesivamente a unos y a otros, sin comprometerse en exceso nunca. La relativa pluralidad dentro del franquismo ha llevado a algunos autores ( Juan José Linz) a definirlo como un sistema autoritario en vez de totalitario.

En los últimos años del franquismo, el inicio de la transición política era visible, y se llegó a proponer por Carlos Arias Navarro una ley de Asociaciones Políticas (que autorizara las que respetaran los principios del Movimiento Nacional). La férrea oposición a toda apertura agrupó a los elementos más reaccionarios bajo el nombre de búnker. De entre las filas de los azules salieron también los que llevaron a cabo la Reforma, encabezados por el propio Adolfo Suárez (que había sido Ministro Secretario General del Movimiento) y secundados por los diputados en Cortes (que votaron la Ley para la Reforma Política, en lo que se denominó el harakiri o su suicidio político).

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