Movimiento Blanco

Portada de la revista del exilio antisoviético Tschasowoj (El Guardia), París, ca. 1932.

El Movimiento Blanco, cuyo brazo militar es conocido como Ejército Blanco (en ruso, Белая Армия, transliterado como Bélaya Armiya) o Guardia Blanca (Белая Гвардия, белогвардейцы; Bélaya Gvárdiya, belogvardeitsy) y cuyos miembros fueron llamados blancos (Белые, o despectivamente Беляки) o rusos blancos (no confundir con los ciudadanos de Bielorrusia), estaba formado por fuerzas nacionalistas contrarrevolucionarias rusas, en muchos casos pro-zaristas, que tras la Revolución de Octubre lucharon contra el Ejército Rojo (al igual que el nacionalista Ejército Verde) durante la Guerra Civil Rusa desde 1918 hasta 1921. Fueron apoyados por los gobiernos occidentales ante la amenaza de una revolución comunista mundial.

La organización del movimiento blanco

Bandera actual de Rusia, utilizada por el Movimiento y el Ejército Blanco.

En sentido estricto, no existía un Ejército Blanco como fuerza unificada[3] La ausencia de una administración gubernamental central y la falta de un liderazgo obedecido de forma unánime eran un problema para el movimiento blanco, mientras que los bolcheviques sí contaban con un partido político y una jerarquía disciplinada y sólidamente establecida que les permitía imponer su autoridad sin disensiones internas.

El movimiento blanco carecía de las estructuras políticas de los bolcheviques, y pronto sus líderes militares empezaron a convertirse en verdadera autoridad política.[1] Tal situación se agravó al saberse que el zar Nicolás II había sido fusilado con toda su familia en Ekaterinburgo en julio de 1918. Al carecer desde entonces de una figura en nombre de la cual administrar vastas extensiones de territorio ruso, los generales del movimiento blanco se transformaron en pequeños caudillos regionales casi autónomos. Inclusive hubo extensas regiones en Siberia donde simples grupos de bandoleros locales eran la única autoridad y sobre las cuales los generales blancos no ejercían control alguno.

La falta de una organización administrativa competente que organizase los territorios bajo su control se considera la principal causa de la derrota del movimiento.[5]

A veces, los aliados occidentales de la Triple Entente y fuerzas extranjeras intervencionistas proporcionaron importante asistencia a las unidades del ejército. Esto llevaría a algunos a ver al Ejército Blanco como representante de los intereses de las potencias rivales, elemento que la propaganda bolchevique aprovechó plenamente, difundiendo que los oficiales blancos sólo obedecían órdenes de Francia y del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda, contrariando el interés de Rusia.

Máxima expansión del Ejército Blanco en la Guerra Civil Rusa:      Bajo control bolchevique, febrero de 1918      Bajo control bolchevique, verano de 1918

La Guerra Civil Rusa entre blancos y rojos duraría hasta 1921. El Ejército Blanco contó con la colaboración ocasional de fuerzas japonesas, británicas, canadienses, francesas y estadounidenses, entre otras. Estas potencias aportaron al Movimiento Blanco dinero, asesoramiento militar, trenes acorazados y artillería pesada, además de recibir entre marzo y abril de 1918 un cuerpo expedicionario Aliado para intervenir específicamente en Siberia Oriental.

Lentamente el apoyo de estos contingentes extranjeros fue disminuyendo debido a que la opinión pública en sus países (sobre todo en Francia y Reino Unido) rechazaba la idea de continuar sosteniendo tropas para combatir en Rusia cuando la Primera Guerra Mundial ya había terminado y los soldados exigían volver a sus hogares. El creciente aislacionismo de EE.UU. a partir de inicios de 1919 hizo que dicho país también redujera su auxilio a los blancos. Estaba en discusión la utilidad de apoyar militarmente a un movimiento antibolchevique muy desorganizado y sin líderes reconocidos por todos, lo que podría implicar desperdiciar recursos sin apreciar ventajas efectivas. Algunas tropas francesas se opusieron a continuar el apoyo a los antibolcheviques, como en el caso de los motines del Mar Negro. Finalmente, los éxitos repetidos de los bolcheviques desde mediados de 1919 y su consolidación como gobierno efectivo de Rusia causaron dudas sobre las posibilidades reales de que el régimen comunista pudiese ser desalojado del poder, y que a su vez el movimiento blanco lograra efectivamente sustituirlo.

Una excepción notable a esta política fue Japón, que por su proximidad geográfica a Rusia esperaba aprovechar las riquezas naturales de Siberia, cuya explotación no podían realizar los blancos debido a las presiones de la guerra. Los intereses económicos de Japón justificaban entonces mantener la presencia de tropas en zonas de la Siberia rusa. La participación bélica de Japón en la Primera Guerra Mundial había sido muy pequeña y, por lo tanto, no había problemas estratégicos ni financieros que le impidieran sostener una ocupación militar en Rusia, más aún considerando que el Ejército Blanco dependía por completo del apoyo material japonés y que, por lo tanto, no se opondría a la penetración económica de Japón. La posterior retirada japonesa en 1922 resulta explicable al expandirse el poder soviético y quedar anuladas las tropas de los blancos (suprimiendo así el único apoyo efectivo a los japoneses dentro de Rusia), además de la negativa del gobierno nipón a embarcarse en una impredecible guerra contra las tropas bolcheviques.

Los blancos aguantaron bastante tiempo en algunas zonas (especialmente en el este de Siberia, sur de Ucrania y Crimea), pero desde mediados del año 1919 las fuerzas del Ejército Rojo empezaron a obtener victorias relevantes. En julio de 1919 el almirante Aleksandr Kolchak asumió el mando militar del Ejército Blanco en Siberia y se reveló como uno de los jefes militares más capaces de los blancos. Pero la falta de coordinación con otros líderes blancos y la impopularidad de sus caudillos locales hizo que el Ejército Blanco perdiera terreno ante el renovado Ejército Rojo. A fines de 1919 los bolcheviques habían recuperado la mayor parte de la Rusia Europea y habían expulsado a los blancos a las zonas más remotas de Siberia. Las tropas blancas, desmoralizadas y en desintegración permanente, empezaron a depender fuertemente del apoyo militar japonés a lo largo del año 1920.

Algunos soldados blancos lucharon bajo la dirección del autoproclamado «general» Grigori Semiónov, formando bandas armadas dedicadas al pillaje. Otros pasaron a Mongolia, donde establecieron un régimen pro-ruso a las órdenes del barón Roman von Ungern-Sternberg, a costa de considerables bajas. Pero fracasaron en la unidad o la cooperación efectiva entre sus cuerpos, mientras que el Ejército Rojo paulatinamente consiguió ventaja y tomó el poder en Mongolia.

Principales núcleos del movimiento

Gracias a la debilidad inicial del gobierno soviético sus enemigos pudieron organizarse con impunidad.[6] Las principales agrupaciones antisoviéticas fueron:

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