Monumento a la Revolución (México)

Monumento a la Revolución
Monumento a la Revolución 1.jpg
PaísMéxico
Información general
AdministradorGobierno del Distrito Federal
Sitio webwww.mrm.mx/
Historia del edificio/monumento
Primera piedra23 de septiembre de 1910
Construcción1910-1938
Inauguración1938
Reinauguración20 de noviembre de 2010
Arquitecto(s)Èmelie Bérnard
Dedicado aRevolución Mexicana
Características
TipoMonumento y Recinto artístico
Estilo(s)Art Nouveau, Art Decó
Dimensiones67 m de altura
Protección del monumento
CaracterísticasMonumento dedicado a la conmemoración de la Revolución mexicana
Coordenadas19°26′11″N 99°09′14″O / 19°26′11″N 99°09′14″O / -99.15389

El Monumento a la Revolución es una obra arquitectónica y un mausoleo dedicado a la conmemoración de la Revolución mexicana. Es obra de Carlos Obregón Santacilia, quien tomó la estructura del Salón de los Pasos Perdidos del malogrado Palacio Legislativo de Émile Bénard para edificar el monumento, concluido en 1938. Actualmente es uno de los más reconocibles en la Ciudad de México, y forma parte de un conjunto integrado por el propio monumento, la Plaza de la República y el Museo Nacional de la Revolución. Se localiza en la Colonia Tabacalera de la Delegación Cuauhtémoc, cerca del Centro Histórico de la Ciudad de México.

Historia

Obra original
Maqueta del Proyecto de Palacio Legislativo, cuya estructura sería usada para elaborar el monumento.

En 1897, Porfirio Díaz lanzó una convocatoria para la construcción de un Palacio Legislativo, mismo que albergaría además de las cámaras de senadores y diputados, dependencias de gobierno y oficinas.  El autor del proyecto fue Émile Bénard, quien nunca vio su sueño materializado. La realización del proyecto que de haberse construido, tendría mayores dimensiones que el Capitolio de Washington D. C.[1]

La primera piedra del monumento fue puesta por Porfirio Díaz el 23 de septiembre de 1910 como parte de los festejos del Centenario de la Independencia de México. Debido a los retos que suponía la cimentación del edificio en un terreno inestable la estructura metálica se construyo sobre una cama de 17 mil pilotes, la estructura metálica fué hecha por Miliken Bros, en Estados Unidos.

La construcción se detuvo ante el inicio de la Revolución mexicana. El gobierno de Francisco I. Madero una vez en el poder intentó reanudar las obras pero su fallecimiento interrumpió la construcción, y solo quedó la estructura de acero central del futuro palacio (Salón de los Pasos Perdidos[1]​ Émile Bénard volvería a México para intentar dar vida a su proyecto en 1922 llamándole Panteón a los Héroes. El presidente electo Álvaro Obregón aceptó su proyecto, pero fue asesinado en 1928 y Bénard murió en 1929

Fue en 1933, cuando el arquitecto Carlos Obregón Santacilia sugirió al ingeniero Alberto J. Pani[2]​ aprovechar la única parte aprovechable del malogrado palacio para honrar a la entonces recién concluida Revolución mexicana. El propio arquitecto Obregón Santacilia creció cerca del monumento, en la calle de Vallarta, por lo que conocía a pleno el terreno. Caminando en sus inmediaciones notó que el deterioro y la destrucción de la estructura era cada vez mayor.

Obregón Santacilia había realizado previamente obras como las oficinas del Banco de México entre 1925 y 1926 y la Secretaría de Salud, de 1926 y 1929, ambas en la Ciudad de México. Por ello tenía acceso a la presentación de ideas de obras públicas, pero esta propuesta inicialmente fue rechazada por Pani, quien tenía una idea previa de hacer un monumento a la revolución.[3]​ Dicha propuesta fue aceptada luego de que Pani consiguió convencer a Plutarco Elías Calles de involucrarse en el proyecto y convencer al presidente Abelardo Rodríguez.

Su construcción abarcó de 1933 a 1938. Entre los cambios que se realizaron fue remover el águila que remataba la futura linternilla del monumento, que se trasladó hacia el Monumento a La Raza al norte de la ciudad. Obregón Santacilia dio un estilo sobrio apegado al estilo art deco vigente en esa época, con un contraste notorio entre las piedras usadas de cantera de color claro y piedra volcánica negra. Otros elementos alineados a este estilo son las 18 lámparas reflectorias que circundan a la Plaza de la República, y las 4 astabanderas de ese mismo estilo, así como los elementos escultóricos de estas lámparas, águilas, y las del mismo monumento.[1]

El Monumento a la Revolución a cien años de ser inaugurada su construcción, con una inversión estimada en 360 millones de pesos para su remodelación, el 20 de noviembre de 2010, se reinauguró como parte de los festejos del Centenario de la Revolución. Conservando su arquitectura original, han sido renovados el Museo Nacional de la Revolución, el mausoleo, se rehabilitó la fuente adyacente y además fueron restaurados desde la piedra hasta el cobre. Consta de un elevador transparente en el centro, que lleva al mirador que ha sido reabierto al público.

Imagen que ilustraba en color el aspecto planeado para el proyecto final del Palacio Legislativo

Mausoleo

El 4 de febrero de 1936 se emitió un decreto que otorgaba al monumento la función de recinto funerario. Para este fin, se adaptaron criptas en las columnas donde permanecerían los restos de Venustiano Carranza que fueron trasladados en 1942 del Panteón Civil de Dolores, con motivo de la ceremonia de conmemoración del inicio de la Revolución Mexicana, a este su nuevo lugar.

Los restos fúnebres de Francisco I. Madero fueron traídos del Panteón Francés el 20 de noviembre de 1960. Los de Plutarco Elías Calles, que estaban en el Panteón Civil de Dolores, fueron traídos nueve años más tarde en 1969.

Por lo que respecta a los de Lázaro Cárdenas, han permanecido ahí desde su fallecimiento el 19 de octubre de 1970, en tanto que los últimos que fueron depositados han sido los de Francisco Villa que fueron trasladados desde el Panteón Civil de Hidalgo del Parral, Chihuahua en 1976 y depositados durante la ceremonia anual conmemorativa del movimiento revolucionario; por el momento ya no se planea hacer otra tumba.