Monasterio de Santa María de Ripoll

Fachada del Monasterio de Santa María de Ripoll.

El monasterio de Santa María de Ripoll es un monasterio benedictino situado en la localidad catalana de Ripoll ( España). Fue fundado hacia el año 880 por el conde Wifredo el Velloso, -seguramente sobre otro de la época visigótica (589) destruido por los árabes-.[2] . Fue declarado Bien Cultural de Interés Nacional el año 1931.

En el siglo XII se realizó un nuevo pórtico en forma de arco de triunfo que es tenido como una gran obra de la escultura románica monumental en Cataluña, están representadas en él varias esculturas, entre las que destacan la imagen central con la Maiestas Domini, el apostolado y escenas del Antiguo Testamento.[3]

Historia

Fundación

La repoblación y recuperación de territorios así como una nueva organización social influyó con notabilidad en la construcción religiosa de los siglos VIII hasta el X. El cambio litúrgico que sustituyó el visigótico en el arzobispado de Narbona a mediados del siglo IX, también afectó a las instituciones religiosas catalanas, donde los principales agentes difusores de esta nueva liturgia fueron los monasterios de la regla de san Benito.[4]

Fue el conde Wifredo quien reconquistó y repobló el valle de Ripoll y la plana de Vic (878-881) una extensa «tierra de nadie» situada entre los dominios carolingios y los musulmanes que posteriormente se convertiría en el condado de Osona,[7]

La primera consagración de la iglesia del monasterio tuvo lugar el 20 de abril de 888 y se dedicó a la advocación de Santa María. En el documento consta que fue fundada y edificada: «Por voluntad del conde Wifredo y su esposa Guinedilda». En este mismo acto la iglesia fue dada al abad Daguí y a los monjes de la regla benedictina.[9]

Ampliaciones de Arnulfo y Oliba

La importancia del monasterio creció en las tierras consolidadas después de la reconquista por lo que en pocos años el templo se quedó pequeño. Bajo la dirección del abad Énnec, el conde Miró derribó el templo e hizo construir una nueva iglesia más esbelta y capaz que se consagró al culto en el año 935.

Ábside central de la cabecera de la iglesia del monasterio.

En el año 977 se produjo una nueva consagración del templo una vez que se culminaron nuevas modificaciones que decidió el abad Arnulfo (938-970), que también era obispo de Gerona. La iglesia se amplió a cinco naves divididas por hileras de gruesos pilares en la central y por pilares alternando con columnas entre las dos menores, rematadas cada una de ellas por sendos ábsides. El ábside central, y mayor, cobijaba el altar dedicado a Santa María y en los menores, los altares de San Salvador, la Santa Cruz, San Miguel Arcángel y San Poncio.

También en la época del abad Arnulfo se edificó un claustro y se cerró el conjunto con una muralla de clausura y defensa. Se construyó el molino para los usos de la casa y condujo el agua por medio de una acequia que transformó los huertos interiores en regadío.

El abad Oliba (1008-1046) dio el impulso definitivo al monasterio. Alargó la nave de la iglesia por su lado occidental construyendo un cuerpo de edificio y dos campanarios. En la fachada occidental se derribaron los ábsides y se construyó un transepto, muy elevado por encima del plano de las naves, que se coronó con siete ábsides. En los ábsides menores se dedicaron altares a la Santa Cruz, San Salvador, San Poncio, San Rafael, San Nicolás y San Jorge. El altar de la Virgen María se modificó con un entablamiento de jaspe recubierto en su parte delantera con un frontal de oro decorado con piedras preciosas y esmaltes y dos laterales de plata. Estaba protegido por un baldaquino cuyas columnas y cubiertas estaban decoradas con planchas de plata cinceladas. El templo fue de nuevo consagrado el 15 de enero de 1032.

La comunidad

Santa María de Ripoll fue un importante centro cultural, en parte gracias a su colección de escritos. A mediados del siglo X el monasterio contaba con 66 manuscritos. En el 1008 ya eran 121, que se convirtieron en 246 a la muerte del abad Oliba en el 1046. La mayoría de estos manuscritos se copiaban y reproducían en el propio monasterio, en el scriptorium. El ejemplar más valioso de la colección es el conocido como la Biblia de Ripoll, con numerosas ilustraciones y una serie de textos introductorios que la convierten en una especie de enciclopedia del texto sagrado. Aquí se escribió también a finales del siglo XIII la Gesta Comitum Barcinonensium, que está considerada como la primera historia de Cataluña.

Oliba fue también el encargado de expandir los dominios de Santa María gracias a la creación de nuevos monasterios como el de Montserrat o el de San Martín del Canigó.

Interior de la iglesia.

A partir del año 1070 el monasterio pasó a depender del de San Víctor en Marsella, dependencia que duró hasta el año 1169. Santa María de Ripoll continuó siendo el principal centro religioso de Cataluña hasta el siglo XV, en el que inicia un lento pero imparable declive que empieza con la pérdida del control sobre el monasterio de Montserrat en el año 1402.

El fuerte terremoto del 2 de febrero de 1428 asoló la comarca del Ripollés. El seísmo, de intensidad IX en la escala de Mercalli, fue uno de los más intensos sufridos en la historia de Cataluña. Destruyó completamente uno de los campanarios del monasterio y dejó el resto del edificio muy afectado. Las partes deterioradas se reconstruyeron siguiendo un estilo gótico.

El final de la vida monacal en Santa María de Ripoll llegó con la exclaustración de 1835. Los monjes abandonaron el monasterio, que fue arrasado e incendiado. El edificio poco a poco se fue derrumbando: en 1847 desapareció una parte del claustro; y en 1856 la torre del palacio abacial. Además, el palacio abacial, la alhóndiga y otros edificios monacales quedaron considerados como cantera y sus piedras fueron vendidas a particulares.

En 1886, el obispo Morgades, por entonces obispo de Vich, ordenó la reconstrucción del cenobio, tarea que encargó al arquitecto Elías Rogent. La restauración, financiada en gran parte por las aportaciones particulares, finalizó el 10 de julio de 1893 con una nueva consagración de la basílica. La restauración, sin embargo, cambió notablemente el aspecto original del edificio, ya que el arquitecto añadió algunos elementos inexistentes en el original, como un cimborrio o una serie de columnas que sirven de separación de las naves laterales. En 1931 el monasterio de Santa María de Ripoll fue declarado Monumento Histórico-Artístico. El mismo día de la consagración, volvieron a trasladar al monasterio los restos mortales de los Condes de Barcelona y de los Abades que se habían salvado del incendio.[10]

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