Monasterio de San Cugat del Vallés

Monasterio de San Cugat del Vallés
Bien de Interés Cultural
3 de junio de 1931
RI-51-0000433
Monestir de Sant Cugat - Vista general.JPG
Fachada principal del monasterio
Tipo Monasterio
Ubicación San Cugat del Vallés
Barcelona, España
Coordenadas 41°28′27″N 2°05′08″E / 41.47425, 41°28′27″N 2°05′08″E / 2.08546
Arquitectura
Construcción Siglos IX - XVI
Estilo arquitectónico Románico, Gótico
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El monasterio de San Cugat del Vallés[1] (monestir de Sant Cugat del Vallès, en catalán) es una antigua abadía benedictina situada en la localidad catalana de San Cugat del Vallés, en España. El monasterio, construido entre los siglos IX y XIV, destaca por su impresionante claustro. Fue el monasterio de mayor importancia de todo el condado de Barcelona.

El edificio fue declarado Bien Cultural de Interés Nacional en 1931.[2] Forma parte del Museo de Sant Cugat.

Historia

Fundación

Por los restos de estructuras militares descubiertas en el interior del recinto monástico, se podría afirmar que el lugar lo ocupaba una fortaleza romana llamada Castrum Octavianum en el medievo. Los orígenes del monasterio se remontan al siglo IX cuando se decidió unir la pequeña basílica paleocristiana del siglo V, de planta cuadrada y alrededor de la cual se cree que ya existía una pequeña comunidad de monjes, y que albergaba las reliquias de san Cucufato (en catalán, Cugat), con una fortificación existente aneja.

Es muy probable que los primeros religiosos que se establecieron en el lugar aprovecharan viejas estructuras de Castrum Octavianum. Tras del Edicto de Milán, se cree que edificaron una pequeña iglesia para los cristianos que acudían pudieran rendir culto a los mártires muertos en el recinto. El obispo Recaredo, en el Segundo Concilio de Toledo, reconoció como auténtica religión a la católica. El obispo de Barcelona procuró que hubieran religiosos instalados en Castrum Octavianumn a fin de preservar el culto y que pudieran acudir cada vez más feligreses o peregrinos. En el siglo VII esta capilla fue ampliada y quizás se estableció en ese momento un pequeño monasterio con una exigua comunidad de monjes destruido totalmente en 717 por la invasión islámica.[3]

Restos de la iglesia visigótica.

El establecimiento de una verdadera comunidad de monjes se atribuye a Carlomagno, que hizo retroceder a los árabes hacia el sur y conquistó Castrum Octavianum. Se cree que desde el año 777 fue el médico benedictino Fulrado, cura de confianza de Carlomagno, fue quien que empezó a organizar la comunidad. En 785 el emperador, devoto de san Cucufate, puso al frente al abad Deodato y con doce monjes de la orden de San Benito fundó la comunidad. Los dotó de varias posesiones y propiedades, con castillos e iglesias, además de confirmar las que ya poseían del castillo de Octavià. Aun así, la comunidad benedictina no acabaría de establecerse realmente debido a continuas incursiones árabes. En el año 852 el lugar fue arrasado por los sarracenos pero reconstruido rápidamente por el abad Donadeu.[3]

Realmente, las primeras noticias documentadas de su existencia datan del año 877, cuando el emperador carolingio Carlos el Calvo confirmó los bienes del monasterio. Un año más tarde, su sucesor Luis II dispuso la abadía bajo el dominio de los obispos de Barcelona, apareciendo el nombre del primer abad conocido, Ostofred. Hasta el año 973, quince abades dirigieron la comunidad con mandatos de duración muy diferentes, e incluso, con periodos de tiempo sin prior que la dirigiera.

Crecimiento y esplendor

Lápida del monumento funerario del abat Odón, de principios del siglo XV, situada en la nave izquierda de la iglesia

En los inicios del siglo X la importancia del monasterio empieza a ser notable. Los abades tomaban parte en actos de relevancia y las posesiones de la comunidad se amplían llegando a tener tierras desde la zona del Penedés hasta la del Montseny. En el año 985, el ataque de las tropas sarracenas capitaneadas por Almanzor afectó al monasterio aunque no causó daños excesivamente graves. El abad que regía el monasterio en esa época, Odón, inició las obras de reconstrucción del cenobio.[4]

El abad Odón representa uno de los momentos más esplendorosos de la historia del monasterio, siendo uno de los principales artífices del crecimiento temporal y espiritual de la abadía, pero también fue uno de los mejores exponentes de la tenue distancia que separa los asuntos del mundo espiritual de los asuntos del mundo terrenal. Odón fue, de hecho, un representante típico del estamento religioso del Alta Edad Media. Se comportaba como un auténtico señor feudal, religioso pero a la vez guerrero. Tras su participación en la batalla de Aqbat al-Bakr, murió en 1010 en la batalla del río Guadiaro, cuando acompañaba las tropas comandadas por el conde de Barcelona Ramón Borrell en una acometida contra los musulmanes. Su tumba se encuentra en la nave izquierda de la iglesia y es bastante visible por la decoración gótica que la rodea.

A diferencia de Odón, su sucesor el abad Guitard (1010–1053), sufrió los momentos más difíciles del monasterio, debido a la presión de la nobleza feudal que consideraba al monasterio un serio competidor por las tierras fronterizas y por las rentas agrarias. En 1013, Guitard vendió varias posesiones para poder continuar la restauración del monasterio y parece ser que levantó un claustro anterior al actual del cual se han encontrado algunos restos enterrados en el subsuelo. Hacia el año 1063 se trabajó en la construcción de una iglesia de la cual sólo queda la base del campanario.

Andreu Sendred, Guillamos de Cervelló, Berenguer Folc, Ramon de Montcada son algunos de los nombres de los abades que rigieron la vida espiritual y temporal del monasterio entre los siglos XI y XIII. Todos ellos de linajes de la alta y mediana nobleza que, apartados de la línea de sucesión y estrategias de alianza, se entregaban a la vida monástica. El ingreso en la orden monástica de miembros familiares de su linaje también formaba parte de las estrategias de poder, como las alianzas matrimoniales, en la medida que les permitía introducir elementos de control dentro de las grandes abadías.

La prosperidad del cenobio se debió a la suma de diversos factores pero directamente relacionados con su lugar de emplazamiento. Así, la fértil tierra del Vallès le proporcionó grandes producciones agrícolas elevada que favorecieron sus rentas en un contexto generalizado de crecimiento. La proximidad con Barcelona le otorgó el favor de la corte condal y episcopal. Finalmente, su excelente posición estratégica lo situó en una posición inmejorable para participar en la expansión territorial del condado de Barcelona durante los siglos X a XII. En 1039, Ermessenda de Carcasona escogió el monasterio para celebrar el matrimonio de su nieto, el conde Ramon Berenguer I, con Elisabet de Nimes.[5]

Interior de una capilla lateral.

A finales del siglo XI, Berenguer Ramón II dispuso que el monasterio quedara sometido al de san Ponce de Tomieres, en la zona de la Provenza, lo que creó discrepancias entre los monjes de San Cugat del Vallés. El abad de San Ponce, Frotard, se trasladó hasta el monasterio catalán y los monjes que estaban en desacuerdo con su gestión fueron expulsados. Sin embargo, el obispo de Barcelona reclamó sus derechos sobre el monasterio que volvió a quedar sometido a la diócesis barcelonesa.

Berenguer Folc, (1091–1103), abad del monasterio y obispo de Barcelona, reclamó al conde de Barcelona, Ramon Berenguer III, que no le parecía justo que el monasterio de Sant Llorenç del Munt, cerca de Tarrasa, permaneciera libre e independiente, y que debería que estar sujeto al de San Cugat, alegando que, en primer lugar, la hacienda donde estaba situado pertenecía a los condes predecesores que lo habían edificado, que del de san Cucufato salieron los primeros monjes que habitaron el de Sant Llorenç del Munt y que del de San Cugat del Vallés había salido el abad que implantó en el lugar la observancia de la regla de san Benito. Por lo tanto, argumentaba que el monasterio de Sant Llorenç debía de sus orígenes y progresos al de San Cugat y que era muy lógico y razonable que este estuviera sujeto, como siempre lo habían deseado los condes, a sus fundadores. Finalmente el conde decretó, en 1099:[6]

que torna, entrega, i subjecta per sempre el monestir de Sant Llorenç del Munt, a prop de Terrassa, al de Sant Cugat del Vallès;
de forma que els abats d'aquest últim puguin disposar amb tota llibertat d'aquella casa i hisenda
[n. 1]

Bajo el mandato del abad Roland Oliver (1109-1131) el patrimonio del monasterio se incrementó considerablemente. Después de la última invasión árabe el monasterio salió muy perjudicado; también fue destruida la iglesia de Sant Cebrià d'Aiguallonga ( Valldoreix). El abad, que mantenía buena relación con el obispo de Barcelona, Olegario, hizo donación del oratorio de Sant Vicenç de Valldoreix para que hicieran el traslado del altar de san Cebrià y no se perdiera así el culto de aquella parroquia. Como el culto al monasterio de San Pablo del Campo de Barcelona había decaído mucho, así como sus rentas, en 1127 se puso también bajo la custodia y vigilancia del abad Roland.[7]

Vitrales del interior del crucero.

Durante el mandato del abad Ermengol (1131-1145), el obispo de Vich, Ramon Gaufred, confirmó al monasterio de San Cugat la posesión del monasterio de Santa Cecília de Montserrat, aumentando todavía más la importancia del cenobio e incrementar las rentas destinadas a la urgente reparación de los desperfectos sufridos durante la última invasión musulmana.

Así, el monasterio cobró verdadera importancia y el conde de Barcelona, Ramon Berenguer IV, celebró las cortes en el lugar en 1143, hecho repetido otras veces por los sucesivos monarcas. También, el 17 de enero de 1145, se celebró un concilio con la participación de los prelados Ramon Gaufred ( obispo de Vich), Berenguer Dalmau ( obispo de Gerona) y Guillem de Torroja ( obispo de Barcelona), para tratar temas importantes tanto para la Iglesia como para el Estado, puesto que las incursiones árabes a través de la frontera se sucedían con demasiada frecuencia. El 28 de enero de 1145 se estableció que, en las tierras baldías de la montaña, se edificara un castillo y masías con sus alodios que sirvieran de fortaleza contra invasiones arabescas, la posiblemente Torre Negra.[8]

Los dominios del monasterio también se ampliaron a los monasterios de Sant Pere de Clarà y de San Salvador de Breda. Las posesiones crecieron tanto que, a finales del siglo XII, se tuvieron que repartir en cuatro divisiones destinadas a mejorar la administración: «Vallès», «Llobregat», «Penedès» y «Palau» (Santa Maria de Palautordera, al pie del Montseny), como reflejó una bula del papa Urbano II que confirmaba las posesiones.[6]

A mediados de siglo XII se iniciaron las obras de construcción de un nuevo monasterio. De esta época son las galerías bajas del claustro que se conserva y la parte románica de la iglesia. A lo largo del siglo XIII se fue ampliando la iglesia existente en una obra que se prolongó en el tiempo, y, por tanto, ya con el nuevo estilo gótico debido a que su construcción no finalizó hasta el año 1337.

En el Archivo de la Corona de Aragón, junto con el fondo de la biblioteca y archivo del monasterio, se conserva un manuscrito que fue escrito entre el 1221 y el 1223 por Pere Ferrer,[9]

La urna de San Cándido se encontraba inicialmente en el monasterio.

En época de Jaime I se mantuvieron las buenas relaciones del monasterio con la casa condal mediante algunos privilegios. La intención era la de convertir el monasterio en un auténtico contrapoder al obispo y la sede de Barcelona. Bajo la protección del rey, San Cugat recuperó los beneficios que había disfrutado en el pasado. Durante el gobierno de Pere d'Amenys (1232–1255) esta estrategia se manifestó coincidiendo con la disputa entre el obispo de Barcelona, Berenguer de Palou, y el abad de San Cugat sobre la jurisdicción episcopal de la abadía.

La estrechada relación que se estableció entre el rey y el cenobio duró hasta el año 1243, durante el largo litigio abierto por la defensa de los derechos del monasterio ante las pretensiones el obispo de Barcelona. Así, sabemos que en 1233 el rey Jaime I decide eximir al monasterio del pago de los derechos de justicia; el 20 de enero de 1234, el abad hace donación al rey de la mitad del señorío de Igualada y tres días después el rey le corresponde con la ratificación de las donaciones de bienes efectuadas por sus antecesores, así como con la confirmación de todos los bienes y derechos del monasterio; el 28 de diciembre de 1241, el rey acoge todas las posesiones y bienes pertenecientes al monasterio bajo su protección y custodia; el 8 de agosto de 1243, el rey incluye también los castillos de Santa Oliva, Calers y Albinyana bajo su custodia.[10] Finalmente, en 1247, un tribunal eclesiástico nombrado por el papa Gregorio IX y presidido por el obispo de Tarragona Pedro de Albalat, pronunció sentencia en la que daba la razón al obispo. A pesar de que se recurrió, en el año 1251 se puso fin al asunto.

A finales del siglo XII y principios del XIII, en San Cugat del Vallés se presenta un importante despertar musical que ya había empezado en el umbral del año 1000. Se puede nombrar en este ámbito al monje Pere Ferrer, autor de himnos y secuencias, muchas de las cuales se han perdido con el tiempo.[11]

En el año 1350 se iniciaron las obras de fortificación del monasterio. El rey Pedro III la amplió añadiendo algunas torres de guardia. Para mejorar el abastecimiento de agua, se construyó en el siglo XIV un acueducto, del cual todavía se preserva el puente de Can Vernet. A finales de diciembre del 1350, el abad Arnau Ramon de Biure fue asesinado por Berenguer de Saltells al pie del altar por un testamento a favor de la abadía.[12] Según la tradición, que en aquel momento un gallo se puso cantar. En el interior se conserva un gallo de la antigua veleta del cenobio. Su sucesor, Pere Bosquets (1351–1385), construyó el recinto amurallado exterior para proteger el monasterio por orden de Pedro el Ceremonioso, e hizo edificar del palacio abacial.

En este periodo se inició el declive. El abad Pere Busquets suprimió la elección directa de los abades por parte de los monjes del monasterio; los nuevos serían nombrados desde la diócesis y algunos de ellos ni siquiera visitaban el lugar.

Decadencia

Lápida sepulcral del abad Estruch (1416-1419), la cual proviene de la nave central y actualmente está expuesta en el muro de la nave izquierda de la iglesia.

A partir del abad Pere Bosquets (1385), los abades de San Cugat son nombrados por el papa o los reyes y no por la comunidad como hasta entonces. De 1416 a 1419, el abad Estruch, del cual se conserva la lápida sepulcral, fue el sexto elegido directamente por Roma y participó en el Concilio de Basilea. Bajo su mandato, el 21 de marzo de 1419 se celebraron las Cortes Catalanas convocadas por el rey Alfonso el Magnánimo, casi tres años después de heredar la Corona de Aragón por la muerte de su padre Fernando de Antequera el 2 de abril de 1416. En esta época Andreu Bertran era el presidente de la Generalitat.

En 1471 empieza la lista de abades comendatarios, normalmente cardenales. A raíz de la unión de la Corona de Aragón y la Corona de Castilla el monasterio se ve sometido a un deliberado proceso de castellanización contra el que los monjes lucharon. De este siglo son las galerías superiores del claustro, el pórtico que lo precede y las partes superiores del campanario. A partir de 1561 los abades son nombrados únicamente por el rey de Castilla. Durante la Guerra de Sucesión Española, el monasterio fue ocupado por las tropas del Archiduque Carlos, hecho que causó graves desperfectos en el edificio. Se llevó a cabo una restauración que finalizó en 1789; se reformó el palacio abacial en el que se dispuso una nueva sala capitular en el ala del claustro, opuesta a la iglesia y se cerró el presbiterio con una balaustrada de mármol que ha perdurado en el tiempo.

Mucha información de la historia del monasterio ha llegado a conocerse gracias a la obra escrita en 1790 por el monje Benet de Moxó i de Francolí, por orden del abad Josep Gregori de Montero i Alòs (1788-1818): Memorias históricas de Real Monasterio de San Cucufate del Vallés.

Ruina y regeneración

Fotografía de la abadía tomada en 1879.

La comunidad de la abadía, integrada por una cincuentena de monjes en los siglos XII y XIII, se reduce a una escasa veintena a los inicios del siglo XIX. En 1835 los monjes abandonaron el monasterio y su tesoro documental y artístico se perdió en gran parte; el abandono fue causado en parte por la ley de desamortización que obligaba a las órdenes religiosas a abandonar sus pertenencias, y en parte por el asalto de un grupo de habitantes de la zona. Quedó abandonado hasta 1851, año en el que la Comisión de Monumentos Históricos decidió restaurarlo.

Desde el año 1844 hasta el 1931, el claustro se convirtió en la escuela pública del municipio a pesar de que no reunía las condiciones necesarias. El espacio también sirvió en otras temporadas como cuartel de la policía local y como sede del ayuntamiento.

Además, diferentes elementos constructivos, provenientes principalmente de la casa de los monjes, fueron aprovechados para nuevas construcciones. Parte de la riqueza artística se repartió entre museos e instituciones diversas, o entre los mismos aldeanos. Las continuas reparaciones que necesitaba el monasterio desde su incendio, en el siglo XIX, provocó la necesidad de vender muchas de sus propiedades y valiosas obras de arte, como la pintura sobre madera Degollación de San Cucufate de Aine Bru de principios del siglo XVI, que fue vendida por 900 florines al Museo d'art Decoratiu i Arqueològic de Barcelona, entre otras. La sillería del coro, situada bajo el cimborio y de madera tallada del siglo XV, se vendió el 19 de octubre de 1911 y que está instalada en el monasterio de Santa María de Valldonzella de Barcelona. Esta venta comportó protestas de muchos feligreses e incluso del canónigo Barraquer que escribió:[13]

[...] desde ahora, ya el templo de Sant Cugat del Vallès no será la Catedral del Vallès, sinó una iglesia de tres naves de un pueblo.

En 1931 fue declarado Monumento Histórico Artístico, iniciándose varias restauraciones a cargo de la restablecida Generalitat de Cataluña que finalizaron con la Guerra Civil Española. Fue asaltado en julio de 1936 y utilizado posteriormente como almacén agrícola y cuartel.[15] pero el arquitecto que había llevado la restauración diez años atrás, Jeroni Martorell, ahora trabajaba sin recursos. Del 1968 al 1972 la facultad de Letras de la Universidad Autónoma de Barcelona se instaló en el claustro y edificios anejos. En 1982, la Generalitat, nuevamente restablecida, instaló en el edificio el Servei de restauració de Béns Mobles, que posteriormente sería trasladado a Valldoreix.

Planta del monasterio
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