Monarquía autoritaria

El mapa político de Europa occidental, a comienzos de la Edad Moderna ( 1525), dibuja claramente los primeros estados-nación que han desarrollado monarquías autoritarias: Portugal, Francia, Inglaterra... España, incluida en el Imperio de Carlos V, irá definiendo su personalidad más acusadamente desde el reinado de su hijo Felipe II, y de forma mucho más clara con los Borbones, ya con monarquía absoluta. Las monarquías escandinavas se están asentando. Europa Central y Oriental no tienen unidades políticas de dimensiones comparables, a excepción de Polonia.

Monarquía autoritaria es una categoría utilizada por la historiografía, que califica de monarquías autoritarias —sin que eso signifique considerarlas representantes de un sistema político completamente articulado y definido con validez general— a las monarquías de Europa Occidental (que también suelen designarse como monarquías nacionales o primeros estados-nación) entre finales de la Edad Media y comienzos de la Edad Moderna, en el surgimiento de lo que se ha venido en llamar el Antiguo Régimen.

Ejemplos de monarcas

Ejemplos de monarquías autoritarias serían las de Juan I de Portugal (quizá el caso más precoz), Luis XI de Francia (imponiéndose en el exterior a los ingleses y borgoñones y comenzando a imponer la supremacía real sobre los particularismos locales y estamentales en el interior de Francia), los Reyes Católicos en España o Enrique VIII en Inglaterra. Con más dificultades podría considerarse también a Maximiliano I de Habsburgo, pues si se ha de esperar a una definición territorial de sus dominios, de hecho no se producirá nunca, siendo el respeto de las peculiaridades locales uno de los rasgos de la dinastía Habsburgo, tanto en los Habsburgo de Madrid ( Casa de Austria) como en los Habsburgo de Viena, incluso cuando ya éstos ya pudieron considerarse absolutistas, en el siglo XVIII y el XIX (el Imperio austrohúngaro sobrevivió como un estado multinacional hasta 1918).

El Imperio, uno de los poderes universales de la Edad Media, pareció estar a punto de restaurarse de forma formidable con su nieto, Carlos V, pero su idea imperial (alimentada por el humanismo de Erasmo de Rotterdam y Adriano de Utrecht) fracasó, en beneficio de los príncipes alemanes, tanto católicos ( elector de Baviera) como protestantes (elector de Brandemburgo, luego rey de Prusia). El otro poder universal, el Papado, no logró convertirse en una potencia territorial, y su poder espiritual fue desafiado por la Reforma (en las monarquías protestantes) o el regalismo (en las monarquías católicas).

También pueden definirse como autoritarias las monarquías escandinavas, ya bien entrado el siglo XVI; en cambio, no consiguió conformarse como autoritaria la poderosa dinastía Jagellón polaca. El caso del imperio zarista ruso, que comienza a formarse con Ivan el Terrible y terminará dando origen al sistema político de la autocracia, responde a una base socioeconómica totalmente diferente, con campesinos sujetos a servidumbre, unos poderosísimos alta nobleza y alto clero terratenientes, y un papel marginal de ciudades y burguesía.

Valois, Tudor y Habsburgo fueron las dinastías que, en un juego de enfrentamientos y alianzas entre ellas, dominaron el panorama internacional de la Europa Occidental siglo XVI; y hacia dentro de sus territorios asentaron su poder en un ejército permanente, una burocracia y una Hacienda cada vez más desarrollados, que les hacían inalcanzables para la nobleza, que empezará a ser atraída a su servicio como nobleza cortesana. La Iglesia también ha de ser controlada, tanto en su relación con el papado como en el control del clero local. La convulsión de la Reforma tiene que entederse en este contexto.

En el camino se van formando los estados-nación, en torno a conceptos de lengua, religión y mercados nacionales, conceptos quizá problemáticos en esos siglos, pero sin cuyo desarrollo inicial sería incomprensible el surgimiento del nacionalismo en la Edad Contemporánea.

En la secular transformación socieconómica de la transición del feudalismo al capitalismo, la coyuntura que produce la apertura de las rutas oceánicas produce la primera economía-mundo. La conciencia de los cambios económicos y del papel que el poder político tiene en ello produjeron las primeras formulaciones de teoría económica, conocidas bajo el nombre de mercantilismo.

Juan I de Portugal

Primer representante de la dinastía de Avis, tras la batalla de Aljubarrota ( 1385), consolida una verdadera monarquía autoritaria en lo que sin duda es la primera nación-estado en definirse en la Europa Occidental del Antiguo Régimen. La decidida apuesta por la expansión marítima ( Enrique el Navegante) convertirá a Lisboa en una metrópoli mundial en la Edad Moderna. No obstante, su reducido peso estratégico en el continente europeo, así como su subordinación a los intereses de la Monarquía Hispánica en un periodo clave ( 1580- 1640), le restarán protagonismo. Otro rasgo peculiar es su tradicional confuencia de intereses con Inglaterra, que le mantuvo, bajo circunstancias muy distintas, como el aliado más longevo de esta potencia.

Reyes Católicos

La monarquía de los Reyes Católicos, fue el origen del Estado Moderno en los reinos hispánicos. Su matrimonio significó unir bajo una misma corona los dos mayores Estados de la Península Ibérica. La unión no supuso la creación de un estado unitario. Los reyes se preocuparon por ampliar sus territorios y conquistar el Reino Nazarí de Granada e incorporaron las Islas Canarias y el Reino de Navarra a la Corona de Castilla.

Ambos pertenecientes a la dinastía Trastamara, tras la batalla de Toro ( 1476), consolidan su poder en Castilla, y la unión de ésta con Aragón. Como parte de una decidida política exterior que buscaba el aislamiento de Francia, su política matrimonial les acercó a sus anteriores enemigos, los Avis de Portugal; así como a los lejanos Tudor de Inglaterra. La muerte prematura de buena parte de su descendencia hizo que fuera su nieto Habsburgo quien les acabara heredando.

Maximiliano I de Habsburgo

El Archiduque de Austria por herencia y Emperador de Alemania por elección, es también duque consorte de Flandes y Borgoña. Un conjunto territorial muy disperso sobre el que no puede ejercerse un poder homogéneo ni centralizado. Tampoco lo conseguirá su nieto Carlos V (el que compartía con los Católicos), que acumuló aún más tronos. En cambio, será Brandemburgo, uno de los electorados semiindependientes, el que tras la traumáticas experiencias de la Reforma del siglo XVI y la Guerra de los Treinta Años del siglo XVII, se transforme en un reino viable ( Prusia) para la conformación de un absolutismo en el XVIII, y conducirá en beneficio de la dinastía Hohenzollern y en perjuicio de los Habsburgo austriacos la Unificación de Alemania en el siglo XIX.

César Borgia

Hijo natural del Papa Alejandro VI, pretendió convertir los Estados Pontificios en una potencia territorial en una Italia dividida en múltiples estados y disputada por franceses y españoles. El Príncipe de Nicolás Maquiavelo estuvo inspirado por figuras como él y como Fernando el Católico. La razón por la que Italia (o Alemania), con una pujante burguesía en la Edad Media no desarrollaron estados fuertes, al contrario que otras zonas que habían desarrollado una sociedad estamental con mayor fuerza de los estamentos feudales, ha sido debatidos por la historiografía.[1] A mediados de siglo, Manuel Filiberto de Saboya (Testa di Ferro) conseguirá asentar en un reducido territorio una monarquía autoritaria y un estado que, andando el tiempo, será el germen de la Unificación de Italia del siglo XIX.

Enrique VIII de Inglaterra

Los Tudor habían conseguido asentar su poder en la Inglaterra posterior a la Guerra de los Cien Años, perdidos los territorios franceses, y la civil Guerra de las Dos Rosas. Tras una primera alianza con Carlos V, el divorcio de Catalina de Aragón (tía de éste) le permitió separarse de la Iglesia Católica y acumular un gran poder religioso, político y económico. Su hija Isabel I de Inglaterra mantuvo un equilibrio de poder con el Parlamento que sus sucesores Estuardo no estuvieron dispuestos a respetar, provocando la Guerra Civil Inglesa.

Francisco I de Francia

Los Valois habían conseguido recomponer el poder real sobre un conjunto de territorios institucionalmente muy dispares y de fronteras poco precisas (véase Antiguo Régimen en Francia). La rivalidad con Carlos V por las Guerras de Italia presidió todo su reinado, tras las que se abre la época de la hegemonía española y el hundimiento de Francia en las Guerras de Religión. El cambio de dinastía a los Borbones abrirá un nuevo siglo que condujo a la afirmación de una monarquía absoluta.

Gustavo I de Suecia

Fundador de la dinastía Vasa, consolidó la independencia frente a Dinamarca, y la misma institución de la monarquía, que convierte en hereditaria. Introdujo la Reforma Protestante, lo que contribuyó a reforzar su poder, como el de muchos otros príncipes del norte de Europa, incluyendo los alemanes que estaban en su origen; la alianza con Lübeck (ciudad principal de la Hansa) abrirán una vocación de expansión báltica, que en el siglo siguiente se complementará con una aventura centroeuropea de desigual fortuna ( Guerra de los Treinta Años).

Segismundo II Augusto Jagellón

Ese extensísimo territorio de Europa Oriental (la República de las Dos Naciones) no alcanzó a conformar una monarquía autoritaria, como habían pretendido reyes anteriores de esta dinastía, en buena parte por el gran poder que retuvieron los nobles en su original sistema político: "Rex regnat et non gubernat" (el rey reina, pero no gobierna).

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