Moisés

Moisés
מֹשֶׁה
'Moses' by Michelangelo JBU140.jpg
Moisés, por Miguel Ángel, 1513-1515.
San Pietro in Vincoli, Roma.
Profeta
Nombreמֹשֶׁה
NacimientoSiglo XIV a.C.[1]
Gosén,[2]Antiguo Egipto
PadresAmram y Jocabed
HijosGershom y Eliezer Ver y modificar los datos en Wikidata
FallecimientoSiglo XIII a.C.[3]
Monte Nebo
Venerado enjudaísmo, cristianismo, islam y bahaísmo
CanonizaciónCulto inmemorial
Festividad4 de septiembre (rito romano)[4]
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Moisés (Siglo XIV a. C., Ur Kaśdim - 1407 o 1405 a. C., Monte Nebo) es una figura importante para las religiones Abrahámicas, donde se le venera como profeta, legislador y líder espiritual. Es un hebreo que creció como un príncipe egipcio. En hebreo su nombre es Moshé (מֹשֶׁה).[5]​ También llamado Moshe Rabbenu en hebreo (מֹשֶׁה רַבֵּנוּ, lit. "Moisés nuestro Maestro"), es el profeta más importante en el judaísmo. También es un profeta importante en el cristianismo, el islam y el bahaísmo y otras religiones abrahámicas.

Las referencias fundamentales acerca de Moisés se hallan en las Sagradas Escrituras del monoteísmo (Torá, Antiguo Testamento, Corán). Para el judaísmo, Moisés es el hombre encomendado por Dios para liberar al pueblo hebreo de la esclavitud en Egipto y conducir el Éxodo hacia la Tierra prometida, siendo por ello el primer profeta y legislador de Israel. Según la tradición bíblica, Moisés era descendiente de Leví, transmitió la Ley al pueblo hebreo y sentó las bases para el sacerdocio y el culto israelita.La tradición judeocristiana atribuye a Moisés la autoría de los cinco primeros libros bíblicos (Pentateuco).[7]

nombre de moises

M-S-S,[8]​ Moisés
en jeroglífico
<
F31S29B3
>
Los padres de Moisés. Óleo. Isaak Asknaziy. 1891. Museo Estatal Ruso.

Tradicionalmente, el origen del nombre Moisés está relacionado con la noción del agua, tanto en las fuentes egipcias como en las hebreas. En la antigua lengua egipcia el sufijo mses tenía el valor de "engendrado por (entregado o librado por); al mismo solía anteponerse la fuente de origen o creación.[9]​ Moisés significaría inicialmente "entregado por las aguas", debiéndose ello a que el infante hebreo fue hallado en ellas, por lo que las aguas del río Nilo fueron interpretadas como su origen.

La narración del Libro del Éxodo tiende a sugerir una idea semejante, donde la acción de engendrar da lugar a aquella de salvar: «"Y cuando el niño [Moisés] creció, ella [su madre biológica] lo trajo a la hija del Faraón, la cual lo prohijó [es decir, lo recibió y adoptó], y le puso por nombre Moisés, diciendo: "Porque de las aguas lo saqué"» (2:10).[10]

A partir de ello tradicionalmente se atribuye al nombre Moisés el significado de "salvado de las aguas".[12]

Como nombre, Moisés se relaciona con la noción del agua y no sólo en sentido pasivo, dado que la tradición del pueblo hebreo de quien fuera "salvado" hizo un salvador y en aquel por las aguas "librado" encontró su libertador (es decir, quien lo liberó de la esclavitud en Egipto).[14]

Moisés según el texto bíblico

La historia de la vida de Moisés es narrada en la Biblia, específicamente en la Torá (primera parte del Tanaj y en el Pentateuco (Libros del Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio, todos pertenecientes al Antiguo Testamento). El texto bíblico narra cómo Moisés lideró la salida de los hebreos de Egipto y recibió los Diez Mandamientos de manos de Yahveh en el Monte Sinaí. La tradición sostiene que Moisés vivió 120 años.[15]

Nacimiento

En el Libro de Éxodo, el nacimiento de Moisés tuvo lugar cuando un indeterminado faraón egipcio había ordenado a las parteras (comadronas) que mataran a todo varón hebreo recién nacido, pero estas por temor a Dios no hicieron como se les mandó (cf. Éxodo 1:15-17). Según el mencionado libro, Moisés fue hijo de Amram (quien era miembro de la tribu de Leví y descendía de Jacob) y su esposa, Iojebed / Jocabed (cf. Éxodo 2:1; 6:20).[18]

Iojebed dio a luz a un pequeño, y lo escondió durante los tres primeros meses.[21]

Miembro de la familia del faraón

Egipcio golpeando a un israelita delante de Moisés. Detalle de relieve escultórico de la catedral de Nimes, siglo XI.

La princesa egipcia mencionada por[17]

Durante dos años Iojebed amamantó a Moisés y después la criatura le fue entregada a la princesa. Moisés fue criado como si fuese hijo de la princesa egipcia y el hermano menor del futuro faraón de Egipto.[23]

A través de la Mishná, la tradición hebrea conserva un relato de cómo Moisés, aún siendo una criatura perdió gran parte de su capacidad de hablar debido a un incidente que ocurrió ante el faraón en Egipto.[24]

Cuando Moisés se hizo adulto, observó el trabajo de los esclavos hebreos. Un día, al ver la brutalidad con la que un capataz egipcio maltrataba a un esclavo hebreo, Moisés acabó con la vida del egipcio, acto que lo condujo a tener que dejar Egipto.[25]

Pastor en Madián

En la tierra de Madián,[28]

A su debido tiempo, Jetró también permitió que Moisés se casase con la mayor de sus hijas, Séfora.[30]

Revelación en la zarza ardiente

Moisés descalzo ante la zarza ardiente, con la mano de Dios que emerge del cielo.[31]​ Fresco parietal proveniente de la Sinagoga de Dura Europos, 244 d.C. Detalle. Museo de Damasco, Siria.

Según la narración bíblica, en cierta ocasión, Moisés llevó a su rebaño al monte Horeb,[32]​ y allí vio una zarza que ardía sin consumirse. Cuando Moisés intentó aproximarse para observar más de cerca aquella maravilla, Dios le habló desde la zarza, revelando su identidad e intención a Moisés:

No te acerques; quita el calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es. [...] Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. [...] Bien he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su clamor a causa de sus opresores, pues he conocido sus angustias. Por eso he descendido para librarlos de manos de los egipcios y sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y ancha, a una tierra que fluye leche y miel [...] Ven, por tanto, ahora, y te enviaré al faraón para que saques de Egipto a mi pueblo, a los hijos de Israel. [...] "Yo soy el que soy".

Éxodo 3:5-14.[33]

En Éxodo 3, el Dios de Israel revela Su naturaleza ante Moisés.[34]

Yahvéh indica a Moisés que ha de regresar a Egipto y liberar a su pueblo de la esclavitud. Moisés expresa no ser el candidato para realizar tamaña encomienda y, además, recuerda que padece de una dificultad en el habla.[36]

Las diez plagas sobre Egipto

Moisés obedece y regresa a Egipto, donde es recibido por Aarón. Ambos organizan una reunión para informar a los israelitas sobre lo ocurrido y, luego de señales, revelaciones y proezas llevadas a cabo por Moisés, los hebreos lo seguirán como enviado que trae la palabra de Yahvéh.[37]

Lo más difícil fue persuadir al faraón para que dejase marchar a los hebreos, quienes no obtuvieron su permiso hasta que Yahvéh envió diez plagas sobre los egipcios.[39]

El éxodo hebreo

Moisés lideró al pueblo israelita en dirección este, iniciando así la larga travesía hacia la tierra prometida. Partieron desde Ramesés hacia Sucot unos seiscientos mil hombres, sin contar los niños.[41]

Las aguas de Moisés, imagen de Murillo, grabada por Rafael Esteve Vilella, 1839.[42]

La gran caravana de los hebreos se movía lentamente y tuvo que acampar tres veces antes de dejar atrás la frontera egipcia, establecida entonces en el Gran Lago Amargo o en la punta más septentrional del Mar Rojo.[43]

Entre tanto, el faraón cambió de opinión y, con un gran ejército, partió para recuperar sus esclavos.[44]​ Atrapados entre el ejército egipcio y el mar, los hebreos se desesperaron, pero Yahvéh dividió las aguas del Mar Rojo por mediación de Moisés, permitiendo a los israelitas cruzarlo con seguridad. Cuando los egipcios intentaron seguirlos, las aguas volvieron a su cauce, ahogando a todo el ejército egipcio.

Moisés en el Monte Sinaí. Óleo de Jean-Léon Gérôme, c. 1895.

Fecha del Éxodo. Aunque la Biblia no cita al faraón del 1 Reyes 6, 1 se lee que Salomón comenzó a construir el Templo en el cuarto año de su reinado, 480 años después que los hijos de Israel salieron de Egipto. Se estima que el cuarto año del reinado de Salomón fue hacia el año 966 a.C.[47]​ H.W.F. Saggs, profesor de lenguas antiguas, observa en sus escritos académicos que:

La mención de la ciudad de Ramesés en Éxodo 1:11 en tanto que localidad de almacenaje, construida en parte por los esclavos israelitas, ofrece de hecho un indicio cronológico, dado que [hoy] es sabido que Ramsés II construyó una ciudad, Per-Ramsés [i.e., Pi-Ramsés], la cual se corresponde con el nombre proporcionado por la Biblia. Ello tiende a posicionar la esclavitud [de los hebreos] en Egipto y su salida de ese país en el siglo XIII a.C. Es en ese mismo siglo que ocurre la primera mención extra-bíblica de Israel. Se trata de una inscripción del sucesor de Ramsés [II], Merenptah.[48]

Otorgamiento de la Ley

Moisés con las Tablas de la Ley, por Tissot.[49]

Luego de transcurridos tres meses (Éxodo 19) desde que los hebreos habían salido de Egipto y durante la travesía por el desierto, Dios confirió los Diez Mandamientos directamente a Moisés y lo hizo en el monte Sinaí.[51]

Las Tablas en cuestión recogían los Diez Mandamientos, leyes básicas de cumplimiento obligatorio para el pueblo hebreo.[52]​ Dado que las distintas tribus hebraicas:

Hasta entonces conservaban la fe en un Dios único y algunas costumbres que habían heredado de sus antepasados. Pero no poseían un concepto claro acerca de Dios [...], tampoco poseían leyes fijas sobre la vida social y moral. Habiendo residido en Egipto algunos de ellos copiaron allí ciertas costumbres paganas. Era necesario, por consiguiente, enseñar a los israelitas en qué consistía su verdadera fe y a qué leyes debían atenerse.[50]

Cuando Moisés bajó a notificar a su pueblo, descubrió que en su ausencia los israelitas habían fundido metales preciosos y construido un becerro de oro, a semejanza de un cuadrúpedo ídolo egipcio,[54]​ La eventual idolatría cometida por el pueblo provocó la ira de Dios e, indignado, Moisés montó en cólera y arrojó las Tablas de la Ley, destruyendo asimismo el ídolo de oro. Las prescripciones divinas no obstante serían reescritas y restablecidas por Moisés, siendo subsecuentemente adoptadas por el pueblo.

Al acercase Moisés al campamento, vio el ternero y las danzas. Se llenó de furor y arrojó las tablas, que se hicieron pedazos al pie. del monte

Éxodo 32:19

Iconográficamente, Moisés es representado como legislador del pueblo hebreo y portando las Tablas de la Ley con los Diez Mandamientos, siendo dichas Tablas su principal atributo en la creencia colectiva e imaginería visual tanto judía como cristiana.

Travesía por la península de Sinaí

La travesía por una serie de parajes inhóspitos de la gran masa de personas fue dura y muchos empezaron a dar rumores y a murmurar contra sus líderes (Moisés y Aarón), aduciendo que era mejor estar bajo el yugo egipcio que padecer las penurias de la travesía. Moisés realizó innumerables milagros para aplacar la dureza de la travesía y demostrar al pueblo de Israel que Yahveh los guiaba. Las manifestaciones divinas fueron pródigas.

Tras golpearla con su vara, Moisés hace manar agua de la roca (cuadro por Tintoretto).[55]

Para alimentarlos, Yahveh hizo llover maná del cielo. Para beber, les dio múltiples fuentes de agua, como la fuente de agua amarga convertida en agua dulce. En tanto Yahveh ordenó a Moisés hablarle a una roca de una saldría gran cantidad de agua, Moisés golpeó la roca dos veces con su bastón, por eso llamaron a ese lugar Meriba, es decir discusión.

En su travesía por los desiertos, Israel lucha por primera vez contra los amalecitas, que eran un pueblo principal y vencen solo por la pujanza de Moisés. (Éxodo 17:8). Israel además vence a Arad, a los amorreos liderados por Sehón (Números, 21) y rodean tierras por donde no se les permite combatir ni se les da el paso, como es el caso de las tierras de Edom.

En el monte Sinaí, el pueblo judío fue organizado doctrinalmente por el sacerdocio menor de Aarón. Se les inculca estatutos, mandamientos y por sobre todo el desarrollar fidelidad a los convenios con Yahveh. Esta historia es contada en el Levítico.

En el mismo monte, Yahveh entrega el Decálogo de los Diez Mandamientos, pero al bajar Moisés junto a Josué, encuentra a su pueblo adorando un becerro de oro. Esta perversión a los ojos de Yahveh fue castigada con la muerte, así en el Éxodo se cuenta: «Y él les dijo: Así ha dicho el Señor, el Dios de Israel: Poned cada uno su espada sobre su muslo: pasad y volved de puerta á puerta por el campo, y matad cada uno a su hermano, y a su amigo, y a su pariente. Y los hijos de Leví lo hicieron conforme al dicho de Moisés: y cayeron del pueblo en aquel día como tres mil hombres».[56]​ Situaciones como esta se sucederían varias veces en el trayecto hacia la tierra prometida.

Yahveh le volvió a dictar sus diez mandamientos y para transportar las sagradas escrituras, se construyó el arca de la alianza. Para portar dicha arca, se construyó el Tabernáculo, que sería el transporte del arca hasta que se llegara a la tierra prometida, donde se construiría un templo donde albergarla.

Ya cerca de la tierra prometida, Moisés encomienda a 12 espías el investigar y dar un reporte de las bondades de la tierra de promisión, pero al volver, 10 de los 12 espías dan un reporte sumamente desalentador sobre las gentes que moraban sobre estas tierras, inculcando miedo a las huestes armadas y por sobre todo desconfianza a las promesas de Yahveh. Debido a esto es aquí donde Dios castigó a Israel hablándole a Moisés y diciéndoles estas palabras:

«Vosotros a la verdad no entraréis en la tierra, por la cual alcé mi mano y juré que os haría habitar en ella; exceptuando a Caleb hijo de Jefone y a Josué hijo de Nun... Conforme el número de los día, de los cuarenta días en que reconocisteis la tierra, llevaréis vuestras iniquidades cuarenta años, un año por cada día; y conoceréis mi castigo...»

Esta historia es contada en el libro de Números capítulo 13 y 14:26-35.

Monumento a Moisés en Monte Nebo, Jordania.

Según esos textos, Yahveh ―al ver el miedo de su pueblo elegido― prohibió la entrada de todo varón de guerra (mayores de 20 años) a la tierra de promisión, incluyendo al mismo Moisés a quien solo se le permitió verla desde lo alto de un monte (Nebo). Hay que aclarar, sin embargo, que la prohibición no incluía a los levitas (tribu a la que pertenecía Moisés), quienes no estaban registrados para la guerra, ni tampoco a Josué y Caleb, quienes sí mostraron fe en las promesas divinas. A Moisés no se le permitió entrar por un incidente posterior en el que se atribuyó crédito personal por un milagro de Yahveh (Números capítulo 20)

Ya estando cerca de Moab, Balac, rey de los moabitas ve venir a Israel por el margen oriental y teme del pueblo de Israel, manda a llamar a Balaam, adivino de Mesopotamia (Números 22) para que maldiga al pueblo de Israel; pero Yahveh envía a un ángel a interponerse en el camino de Balaam hacia el monte de Bamot-Baal y es persuadido a bendecir al pueblo israelita y lo hace tres veces a pesar de los deseos de Balac.

Finalmente, tras cuarenta años de vagar por el desierto, los hebreos de aquella generación murieron en el desierto (Éxodo 16: 35; Números 14: 33, 34: Deuteronomio 1: 1-3; 2: 7; 8: 2, 4).

Una nueva generación de hebreos libres, nacidos en el éxodo, llegaron a la Tierra Prometida y entraron por fin a ella guiados por Josué. Moisés, se le prohibió entrar a la Tierra prometida por desobedecer a Dios en Meriba por golpear la roca en vez de hablarle, permaneció con aquellos que no iban a entrar a las tierras prometidas y sabiendo que no estaba lejos la hora de su muerte, le pasó el mando a Josué. Josué cruza el río Jordán dejando atrás casi 40 años de permanencia en el desierto de Parán y una distancia recorrida cercana a los 1000 km (a razón de 25 km/años) desde que dejaron Pi-Ramsés en Egipto.

Cuando murió Moisés, a la edad de ciento veinte años, fue llorado por su pueblo durante treinta días y treinta noches.

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