Modernismo teológico

Ilustración de 1922: El descenso de los modernistas hacia el ateísmo, de E. J. Pace. Este dibujo aparece en su libro Christian cartoons. Los escalones son: * Cristianismo. * La Biblia no es infalible. * El hombre no está hecho a imagen de Dios. * No hay milagros. * No al nacimiento virginal [de Jesuscristo]. * No Deidad. * No expiación. * No resurrección. * Agnosticismo. * Ateísmo

En la historia del catolicismo el término modernismo sirvió, y sirve aún, para referirse a la tendencia en un cierto pensamiento católico a considerar a la Iglesia y a sus dogmas como instituciones humanas, portadoras de rasgos debidos a su contexto histórico, y no menos necesitadas que otras de ser revisadas y reformadas. El término se usa con una intención peyorativa por los adversarios de esta posición, entre los que destaca el papa Pío X, en cuyo tiempo y bajo cuya dirección la Iglesia emprendió una campaña para combatirlo. El modernismo fue condenado categóricamente por San Pío X, sin dejar lugar a dudas o a reconciliaciones: lo definió como el «conjunto de todas las herejías».[1]

El primer uso en un sentido equivalente al indicado lo hizo Henri Xavier Périn,[ cita requerida] profesor de la Universidad Católica de Lovaina a finales del siglo XIX, quien lo definió como una “ambición de eliminar a Dios de toda la vida social” y relacionándolo con “las tendencias humanitarias de la sociedad contemporánea”. El término fue utilizado por la jerarquía eclesiástica para designar a un conjunto heterogéneo de escritores católicos, en quienes veía la pretensión de transformar casi 2000 años de la institución fundada por el mismo Jesucristo y configurada como su Cuerpo Místico, en una Iglesia sin rastro de su carácter sagrado.

Antecedentes

El historiador Ricardo de la Cierva considera como iniciadores de este movimiento a Alfred Loisy (1857-1940) y a George Tyrrell (1861-1909).[2] Loisy, discípulo del exegeta bíblico Louis Duchesne. Duchesne y del padre Lagrange, fundador en 1890 de la Escuela bíblica y arqueológica francesa de Jerusalén, habían suscitado un movimiento crítico en Francia considerado por la Curia romana como anarquía intelectual, hacia el cual el papa León XIII había expresado sus reservas.

La lucha contra el modernismo puede verse como un momento en el repliegue que la Iglesia inició al perder, a mediados del siglo XIX, la mayor parte de su cuota de poder temporal, por el avance del liberalismo y el «régimen popular» y con la incorporación de los Estados Pontificios al nuevo estado italiano. A la vez estaba decreciendo su influencia sobre la población, sobre las clases populares por el avance de las organizaciones e ideas socialistas y anarquistas, y sobre las clases medias por el dominio del liberalismo político.

La publicación de El origen de las especies por Darwin en 1859 ofreció la perspectiva de alcanzar una explicación naturalista del origen del hombre y sus atributos, convirtiendo también en esto a Dios en una hipótesis innecesaria.[3]

Aunque los antecedentes remotos [del modernismo] haya que buscarlos en el racionalismo, en el subjetivismo y en el relativismo, su partida de nacimiento próxima hay que situarla en torno a la Escuela Superior de Teología creada en París en el año 1878.

H. Masson, voz: Modernismo.[4]

La Iglesia reaccionó proclamando formalmente la autoridad del magisterio y absolutizando el poder del papa, con la definición dogmática de la infalibilidad papal por el Concilio Vaticano I. Pío IX había publicado en 1864 su Syllabus, apéndice a la encíclica Quanta Cura, donde en 80 proposiciones condenaba numerosas innovaciones políticas y filosóficas de la era moderna.

Other Languages