Mitología griega

Busto de Zeus hallado en Otricoli (Sala Rotonda, Museo Pío-Clementino, Ciudad del Vaticano).

La mitología griega es el conjunto de mitos y leyendas pertenecientes a la cultura de Antigua Grecia, que tratan de sus dioses y héroes, la naturaleza del mundo, los orígenes y el significado de sus propios cultos y prácticas rituales. Formaban parte de la religión de la Antigua Grecia, que tenía como objeto de culto básicamente a los dioses olímpicos. Los investigadores modernos recurren a los mitos y los estudian en un intento por arrojar luz sobre las instituciones religiosas y políticas de la antigua Grecia y su civilización, así como para entender mejor la naturaleza de la propia creación de los mitos.[1]

La mitología griega aparece explícitamente en una extensa colección de relatos e implícitamente en artes figurativas tales como cerámica pintada y ofrendas votivas. Los mitos griegos intentan explicar los orígenes del mundo y detallan las vidas y aventuras de una amplia variedad de dioses, héroes y otras criaturas mitológicas. Estos relatos fueron originalmente difundidos en una tradición poética oral, si bien actualmente los mitos se conocen principalmente gracias a la literatura griega.

Las fuentes literarias más antiguas conocidas, los poemas épicos de la Ilíada y la Odisea, se centran en los sucesos en torno a la guerra de Troya. Dos poemas del casi contemporáneo de Homero, Hesíodo, la Teogonía y los Trabajos y días, contienen relatos sobre la génesis del mundo, la sucesión de gobernantes divinos y épocas humanas y el origen de las tragedias humanas y las costumbres sacrificiales. También se conservaron mitos en los himnos homéricos, en fragmentos de poesía épica del ciclo troyano, en poemas líricos, en las obras de los dramaturgos del siglo V a. C., en escritos de los investigadores y poetas del período helenístico y en textos de la época del Imperio romano de autores como Plutarco y Pausanias.

Los hallazgos arqueológicos suponen una importante fuente de detalles sobre la mitología griega, con dioses y héroes presentes prominentemente en la decoración de muchos objetos. Diseños geométricos sobre cerámica del siglo VIII a. C. representan escenas del ciclo troyano, así como aventuras de Heracles. En los subsiguientes periodos arcaico, clásico y helenístico aparecen escenas mitológicas homéricas y de otras varias fuentes para complementar la evidencia literaria existente.[2]

La mitología griega ha ejercido una amplia influencia sobre la cultura, el arte y la literatura de la civilización occidental y sigue siendo parte del patrimonio y lenguaje cultural occidentales. Poetas y artistas han hallado inspiración en ella desde las épocas antiguas hasta la actualidad y han descubierto significado y relevancia contemporáneos en los temas mitológicos clásicos.[3]

Fuentes de la mitología griega

La mitología griega se conoce en la actualidad primordialmente por la literatura griega y por representaciones míticas sobre medios plásticos fechados desde el periodo geométrico (sobre 900–800 a. C.) en adelante.[4]

Fuentes literarias

Hesíodo, copia manuscrita de un original de la Teogonía

Los relatos míticos juegan un papel importante en casi todos los géneros de la literatura griega. A pesar de ello, el único manual general mitográfico conservado de la antigüedad griega fue la Biblioteca mitológica de Pseudo-Apolodoro. Esta obra intenta reconciliar las historias contradictorias de los poetas y proporciona un gran resumen de la mitología tradicional griega y las leyendas heroicas.[5]​ Apolodoro vivió entre c. 180–120 a. C. y escribió sobre muchos de estos temas, pero sin embargo la Biblioteca discute sucesos que tuvieron lugar mucho después de su muerte, y de ahí el nombre Pseudo-Apolodoro.

Entre las fuentes literarias más antiguas están los dos poemas épicos de Homero, la Ilíada y la Odisea. Otros poetas completaron el «ciclo épico», pero estos poemas menores posteriores se han perdido casi en su totalidad. Aparte de su nombre tradicional, los himnos homéricos no tienen relación directa con Homero. Son himnos corales de la parte más antigua de la llamada época lírica.[6]

Hesíodo, un posible contemporáneo de Homero, ofrece en su Teogonía (‘Origen de los dioses’) el relato más completo de los primeros mitos griegos, tratando de la creación del mundo, el origen de los dioses, los Titanes y los Gigantes, incluyendo elaboradas genealogías, relatos populares y mitos etiológicos. Los Trabajos y días de Hesíodo, un poema didáctico sobre la vida agrícola, incluye también los mitos de Prometeo, Pandora y las cuatro edades. El poeta da consejo sobre la mejor forma de triunfar en un mundo peligroso, vuelto aún más peligroso por sus dioses.[2]

Los poetas líricos tomaron a menudo sus temas de los mitos, pero el tratamiento se fue haciendo cada vez menos narrativo y más alusivo. Los poetas líricos griegos, incluidos Píndaro, Baquílides y Simónides, y los bucólicos, como Teócrito y Bión, cuentan sucesos mitológicos individuales.[7]​ Adicionalmente, los mitos fueron cruciales para el drama ateniense clásico.

Los dramaturgos trágicos Esquilo, Sófocles y Eurípides tomaron la mayoría de sus tramas de la edad de los héroes y la Guerra de Troya. Muchas de las grandes historias trágicas (como Agamenón y sus hijos, Edipo, Jasón, Medea, etcétera) tomaron su forma clásica en estas obras trágicas. El dramaturgo cómico Aristófanes también usó mitos, en Las aves y Las ranas.[6]

Los historiadores Heródoto y Diodoro Sículo y los geógrafos Pausanias y Estrabón, que viajaron por todo el mundo griego y recogieron las historias que oían, proporcionan numerosos mitos y leyendas locales, dando a menudo versiones alternativas poco conocidas.[7]

En particular Heródoto buscó las diversas tradiciones que se le presentaban y halló las raíces históricas o mitológicas en la confrontación entre Grecia y el Este,[9]​ intentando reconciliar los orígenes y mezclas de distintos conceptos culturales.

Las Fabulae y De astronomica del escritor romano conocido como Pseudo-Higino son dos importantes compendios no poéticos de mitos. Otras dos fuentes útiles son las Imágenes de Filóstrato el Joven y las Descripciones de Calístrato.

Finalmente, Arnobio y varios escritores bizantinos proporcionan detalles importantes de mitos, muchos de ellos procedentes de obras griegas anteriores actualmente perdidas. Entre estos se incluyen un léxico de Hesiquio, la Suda y los tratados de Juan Tzetzes y Eustacio.

El punto de vista moralizador sobre los mitos griegos se resume en el dicho ἐν παντὶ μύθῳ καὶ τὸ Δαιδάλου μύσος en panti muthōi kai to Daidalou musos (‘en todo mito está la profanación de Dédalo’), sobre el que dice la Suda que alude al papel de Dédalo al satisfacer la «lujuria antinatural» de Pasífae por el toro de Poseidón: «Dado que el origen y culpa de estos males se atribuyeron a Dédalo y fue odiado por ellos, se convirtió en el objeto del proverbio.»[10]

Bajo la influencia de Homero el culto heroico llevó a una reestructuración de la vida espiritual, expresada en la separación del reino de los dioses del reino de los (héroes) muertos, es decir, los ctónicos de los olímpicos.[13]

También hay que mencionar la aportación de la poesía de las épocas helenística y romana, aunque fueran obras compuestas como ejercicios literarios más que culturales. Sin embargo, contienen muchos detalles importantes que de otra forma se habrían perdido. Esta categoría incluye las obras de:

Fuentes arqueológicas

Templo de Hefesto (dios del fuego), uno de los pocos que han soportado el paso del tiempo y las guerras. Situado en Atenas, construido en el siglo V a. C.

El descubrimiento de la civilización micénica por el aficionado alemán Heinrich Schliemann en el siglo XIX y el de la civilización minoica en Creta por el arqueólogo británico sir Arthur Evans en el XX ayudaron a explicar muchas de las preguntas existentes sobre las épicas de Homero y proporcionaron evidencias arqueológicas de muchos de los detalles mitológicos sobre dioses y héroes.

Desafortunadamente, la evidencia sobre mitos y rituales en los yacimientos micénicos y minoicos es completamente monumental, ya que las inscripciones en lineal B (una forma antigua de griego hallado tanto en Creta como en Grecia) fueron usadas principalmente para registrar inventarios, si bien los nombres de dioses y héroes han sido dudosamente revelados.[2]

Los diseños geométricos sobre cerámica del siglo VIII a. C. representan escenas del ciclo troyano, así como las aventuras de Heracles.[14]​ y por otra las fuentes visuales representan a veces mitos o escenas míticas que no están recogidas en ninguna fuente literaria conservada.

En algunos casos, la primera representación conocida de un mito en el arte geométrico es anterior en varios siglos a su primera representación conocida en la poesía arcaica tardía.[2]

Cronología mítica

La poesía épica creó ciclos históricos y a consecuencia de ello desarrolló una cronología mitológica. De esta forma la mitología griega se despliega como una fase del desarrollo del mundo y el hombre.[15]​ Aunque las autocontradicciones de estas historias hacen imposible una línea temporal absoluta, sí puede discernirse una cronología aproximada. La historia mitológica del mundo puede dividirse en tres o cuatro grandes periodos:

  1. Los mitos de origen o edad de los dioses (teogonías, ‘nacimientos de los dioses’): mitos sobre los orígenes del mundo, los dioses y la raza humana.
  2. La edad en la que hombres y dioses se mezclaban libremente: historias de las primeras interacciones entre dioses, semidioses y mortales.
  3. La edad de los héroes (edad heroica), donde la actividad divina era más limitada. Las últimas y mayores leyendas heroicas son las de la Guerra de Troya y sus consecuencias (consideradas por algunos investigadores como un cuarto periodo separado).[16]

Mientras la edad de los dioses ha sido con frecuencia más interesante para los estudiosos de la mitología contemporáneos, los autores griegos de las eras arcaica y clásica tuvieron una clara preferencia por la edad de los héroes, estableciendo una cronología y registrando los logros humanos con los que responder las preguntas sobre cómo el mundo fue creado. Por ejemplo, las heroicas Ilíada y Odisea empequeñecían a la Teogonía y los himnos homéricos tanto en extensión como en popularidad.

Origen del cosmos y los dioses

Cosmogonía y cosmología

Genealogía, creación del cosmos y los dioses..De Caos surgen Nix (noche), Gea (Tierra) y Éter. De ellos se desprenden Cronos, Océano, Helios (Sol) y Sélene (Luna)

Los «mitos de origen» o «mitos de creación» representan un intento por hacer comprensible el universo en términos humanos y explicar el origen del mundo.[18]

Sin ayuda masculina, Gea dio a luz a Urano (el Cielo), que entonces la fertilizó. De esta unión nacieron primero los Titanes: Océano, Ceo, Crío, Hiperión, Jápeto, Tea, Rea, Temis, Mnemósine, Febe, Tetis y Crono. Tras este, Gea y Urano decretaron que no nacerían más titanes, de forma que siguieron los Cíclopes de un solo ojo y los Hecatónquiros o Centimanos. Crono, «el más joven, de mente retorcida, el más terrible de los hijos de Gea»,[18]​ a pedir de las quejas de Gea, este castró a su padre y se convirtió en el gobernante de los dioses con su hermana y esposa Rea como consorte y los otros Titanes como su corte. Generalmente la tradición griega señala que de esta castración, surgió Afrodita, emergida del mar, tras caer los testículos de su padre sobre el océano.

El tema de conflicto padre-hijo se repitió cuando Crono se enfrentó con su hijo, Zeus. Tras haber traicionado a su padre, Crono temía que su descendencia hiciera lo mismo, por lo que cada vez que Rea daba a luz un hijo, él lo secuestraba y se los tragaba. Rea lo odiaba y lo engañó escondiendo a Zeus y envolviendo una piedra en pañales, que Crono se tragó. Cuando Zeus creció, dio a su padre un veneno que lo obligó a vomitar a sus hermanos y a la piedra, que habían permanecido en el estómago de Crono todo el tiempo.

Titanomaquia y división de poderes en la Tierra

La trinidad griega y la distribución de los tres reinos de la Tierra: Zeus Dios (el Cielo), Poseidón (Mares y océanos) y Hades (Inframundo). Los theos (dioses menores) son los hijos de esta trinidad.

Zeus luchó contra su padre, Cronos, por el trono de la Tierra, por lo que se desató una guerra de dioses contra titanes. Junto a sus hermanos Poseidón y Hades e hijos (luego integrantes del panteón olímpico) con la ayuda de los Cíclopes (a quienes liberó del Tártaro), Zeus y sus hermanos lograron la victoria, condenando a Crono y los Titanes a prisión en el Tártaro, el centro de la Tierra.[19]​.

De esta manera se aseguraron el control sobre la Tierra, que quedó dividido en tres reinos: la trinidad consistía en el Cielo para Zeus, el océano para Poseidón, y el inframundo para Hades, quien custodia que los titanes no salgan de Tártaro.[20]

Zeus sufrió la misma preocupación y, después de que fuera profetizado que su primera esposa Metis daría a luz un dios «más grande que él», se la tragó. Sin embargo Metis ya estaba encinta de Atenea y esto lo entristeció hasta que ésta brotó de su cabeza, adulta y vestida para la guerra. Este «renacimiento» de Atenea fue usado como excusa para explicar por qué no fue derrocado por la siguiente generación de dioses, al tiempo que explica su presencia. Es probable que los cambios culturales ya en progreso absorbieran el arraigado culto local de Atenea en Atenas dentro del cambiante panteón olímpico sin conflicto porque no podía ser derrocado, dado que tanto él, como sus hermanos e sus hijos, lucharon en conjunto.

El pensamiento griego antiguo sobre poesía consideraba la teogonía como el género poético prototípico —el mythos prototípico— y le atribuía poderes casi mágicos. Orfeo, el poeta arquetípico, era también el arquetipo de cantante de teogonías, que usaba para calmar mares y tormentas en las Argonáuticas de Apolonio, y para conmover los pétreos corazones de los dioses del inframundo en su descenso al Hades. Cuando Hermes inventa la lira en el Himno homérico a Hermes, lo primero que hace es cantar el nacimiento de los dioses.[21]

La Teogonía de Hesíodo no es sólo el relato sobre los dioses conservado más completo, sino también el relato conservado más completo de la función arcaica de los poetas, con su larga invocación preliminar a las Musas. La teogonía fue también el tema de muchos poemas hoy perdidos, incluyendo los atribuidos a Orfeo, Museo, Epiménides, Abaris y otros legendarios videntes, que se usaban en rituales privados de purificación y en ritos mistéricos.

Hay indicios de que Platón estaba familiarizado con alguna versión de la teogonía órfica.[22]​ Sin embargo, se esperaba silencio sobre estos ritos y creencias religiosas, y que los miembros de la secta no hablasen sobre su naturaleza mientras creyesen en ellos. Después de que dejaran de ser creencias religiosas, pocos sabían sobre estos ritos y rituales. A menudo existieron alusiones, sin embargo, a aspectos que eran bastante públicos.

Existieron imágenes sobre cerámicas y obras religiosas que fueron interpretados o más probablemente malinterpretados en muchos mitos y leyendas diferentes. Unos pocos fragmentos de estas obras se conservan en citas de filósofos neoplatónicos y fragmentos de papiro recientemente desenterrados. Uno de estos fragmentos, el papiro de Derveni, demuestra actualmente que al menos en el siglo V a. C. existía un poema teogónico-cosmogónico de Orfeo. Este poema intentaba superar a la Teogonía de Hesíodo y la genealogía de los dioses se ampliaba con Nix (la Noche) como un comienzo definitivo antes de Urano, Crono y Zeus.[22]​ La Noche y la Oscuridad podían equipararse al Caos.

Los primeros cosmólogos filosóficos reaccionaron contra, o a veces se basaron en, las concepciones míticas populares que habían existido en el mundo griego por algún tiempo. Algunas de estas concepciones populares pueden ser deducidas de la poesía de Homero y Hesíodo. En Homero, la Tierra era vista como un disco plano flotando en el río de Océano y dominado por un cielo semiesférico con sol, luna y estrellas.

El Sol (Helios) cruzaba los cielos como auriga y navegaba alrededor de la Tierra en una copa dorada por la noche. Podían dirigirse oraciones y prestar juramentos por el sol, la tierra, el cielo, los ríos y los vientos. Las fisuras naturales se consideraban popularmente entradas a la morada subterránea de Hades, hogar de los muertos.[24]

El panteón griego

Según la mitología clásica, tras el derrocamiento de los Titanes el nuevo panteón de dioses y diosas fue confirmado. Entre los principales dioses griegos estaban los olímpicos, residiendo sobre el Olimpo bajo la égida de Zeus.[25]​ Entre los más importantes, además de Zeus, figuran Poseidón, Hades, Apolo, Atenea, Artemisa, Afrodita, Ares, Dioniso, Hestia, Hermes, Hefesto y Hera.

Cuando se aludía a estos dioses en la poesía, la oración o los cultos, se hacía mediante una combinación de su nombre y epítetos, que los identificaban por estas distinciones del resto de sus propias manifestaciones. Alternativamente el epíteto puede identificar un aspecto particular o local del dios.

La mayoría de los dioses están relacionados con aspectos humanos y específicos de la vida (se incluyen mayormente el zodiaco occidental). Por ejemplo, Afrodita era la diosa del amor y la belleza, mientras Ares era el dios de la guerra, Hades el de los muertos y Atenea la diosa de la sabiduría y la estrategia.[26]​ Algunas deidades como Apolo (dios de la música) y Dioniso (dios del vino), revelaban personalidades más complejas y funciones varias, mientras Hestia significa literalmente ‘hogar’.

Concilio de los dioses (Rafael)

Aparte de estos, los griegos adoraban a diversos dioses, considerados secundarios. Las musas de Apolo, vinculadas con el conocimiento y las bellas artes. El semidiós rústico Pan, las ninfas, náyades (que moraban en las fuentes), dríades (en los árboles) y nereidas (en el mar), oceánidas, sátiros y otros.

Además, había poderes oscuros del inframundo, como las Erinias (o Furias), que se decía que perseguían a los culpables de crímenes contra los parientes.[29]

En la amplia variedad de mitos y leyendas que forman la mitología griega, las deidades que eran nativas de los pueblos griegos se describían como esencialmente humanas pero con cuerpos ideales.

Según Walter Burkert la característica definitoria del antropomorfismo griego es que «los dioses griegos son personas, no abstracciones, ideas o conceptos».[30]​ Con independencia de sus formas esenciales, los antiguos dioses griegos tienen muchas habilidades fantásticas, siendo la más importante ser inmunes a las enfermedades y poder resultar heridos sólo bajo circunstancias altamente inusuales.

Los griegos consideraban la inmortalidad como característica distintiva de los dioses; inmortalidad que, al igual que su eterna juventud, era asegurada mediante el constante uso de néctar y ambrosía, que renovaba la sangre divina en sus venas.[31]

Cada dios desciende de su propia genealogía, persigue intereses diferentes, tiene una cierta área de su especialidad y está guiado por una personalidad única; sin embargo, estas descripciones emanan de una multitud de variantes locales arcaicas, que no siempre coinciden entre ellas.

Los templos más impresionantes tendían a estar dedicados a un número limitado de dioses, que fueron el centro de grandes cultos panhelénicos. Era sin embargo común que muchas regiones y poblaciones dedicasen sus propios cultos a dioses menores. Muchas ciudades también honraban a los dioses más conocidos con ritos locales característicos y les asociaban extraños mitos desconocidos en los demás lugares. Durante la era heroica, el culto a los héroes (o semidioses) complementó a la de los dioses.

La era de los dioses y los mortales

Descendencia de Zeus con diosas y mortales

Uniendo la edad en la que los dioses vivían solos y la edad en la que la interferencia divina en los asuntos humanos era limitada había una edad de transición en la que los dioses y los mortales se mezclaban libremente. Fueron estos los primeros días del mundo, cuando los grupos se mezclaban más libremente de lo que lo harían luego. La mayoría de estas historias fueron luego narradas por Ovidio en Las metamorfosis y se dividen a menudo en dos grupos temáticos: historias de amor e historias de castigo.[32]

Las historias de amor solían incluir el incesto o la seducción o violación de una mujer mortal por parte de un dios, resultando en una descendencia heroica. Estas historias sugieren generalmente que las relaciones entre dioses y mortales son algo a evitar, incluso las relaciones consentidas raramente tienen finales felices.[33]

El segundo tipo de historias (las de castigo) trata de la apropiación o invención de algún artefacto cultural importante, como cuando Prometeo roba el fuego a los dioses, cuando este o Licaón inventa el sacrificio, cuando Tántalo roba néctar y ambrosía de la mesa de Zeus y los da a sus propios súbditos, revelándoles los secretos de los dioses, cuando Deméter enseña la agricultura y los Misterios a Triptólemo, o cuando Marsias inventa el aulos y se enfrenta en un concurso musical con Apolo. Ian Morris considera las aventuras de Prometeo «un punto entre la historia de los dioses y la del hombre».[37]

En otra historia, basada en un antiguo tema folclórico[39]

La era heroica

La época en la que vivieron los héroes se conoce como edad heroica.[15]

Tras la aparición del culto heroico, los dioses y los héroes constituyen la esfera sacra y son invocados juntos en los juramentos, dirigiéndoseles oraciones.[11]​ En contraste con la edad de los dioses, durante la heroica la relación de héroes carece de forma fija y definitiva; ya no nacen grandes dioses, pero siempre pueden surgir nuevos dioses del ejército de los muertos.

Otra importante diferencia entre el culto a los héroes y a los dioses es que el héroe se convierte en el centro de la identidad del grupo local.[41]

Heracles, Perseo

Heracles con su hijo Télefo
(Museo del Louvre, París).

Algunos investigadores creen[45]

Heracles también entró en la mitología y el culto etruscos y romanos, y la exclamación mehercule se hizo tan familiar a los romanos como Herakleis lo fue para los griegos.[44]

Heracles logró el más alto prestigio social mediante su puesto de ancestro oficial de los reyes dorios. Esto sirvió probablemente como legitimación para las migraciones dorias al Peloponeso. Hilo, el héroe epónimo de una tribu doria, se convirtió en un Heráclida, nombre que recibían los numerosos descendientes de Heracles, entre los que se contaban Macaria, Lamos, Manto, Bianor, Tlepólemo y Télefo. Estos Heráclidas conquistaron los reinos peloponesos de Micenas, Esparta y Argos, reclamando según la leyenda el derecho a gobernarlos debido a su ascendencia. Su ascenso al poder se denomina frecuentemente «invasión doria». Los reyes lidios y más tarde los macedonios, como gobernantes del mismo rango, también pasaron a ser Heráclidas.[47]

Otros miembros de la primera generación de héroes, como Perseo, Deucalión y Belerofonte, tienen muchos rasgos en común con Heracles. Como él, sus hazañas son en solitario, con tintes fantásticos y metafóricos, puesto que enfrentaron y mataron a monstruos como Quimera y Medusa. Esta última tenía la habilidad de petrificar a sus enemigos con la mirada, por lo que cada dios proveyó a Perseo de un elemento particular para derrotarla. Enviar a un héroe a una muerte segura es también un tema frecuente en esta primera tradición heroica, como en los casos de Perseo y Belerofonte.[48]

Los argonautas. Jasón, Teseo, Minotauro

La única épica helenística conservada, las Argonáuticas de Apolonio de Rodas (poeta épico, investigador y director de la Biblioteca de Alejandría) narra el mito del viaje de Jasón y los Argonautas para recuperar el vellocino de oro de la mítica tierra de Cólquida. En las Argonáuticas Jasón es empujado a su búsqueda por el rey Pelias, quien recibe una profecía sobre un hombre con una sandalia que sería su némesis. Jasón pierde una sandalia en un río, llegando a la corte de Pelias e iniciando así la épica. Casi todos los miembros de la siguiente generación de héroes, además de Heracles, fueron con Jasón en el Argo para buscar el vellocino de oro. Esta generación también incluía a Teseo, que fue a Creta a matar al Minotauro, a la heroína Atalanta y a Meleagro, que una vez tuvo un ciclo épico propio que rivalizaba con la Ilíada y la Odisea. Píndaro, Apolonio y Apolodoro se esforzaron en dar listas completas de los Argonautas.[49]

Aunque Apolonio escribió su poema en el siglo III a. C., la composición de la historia de los Argonautas es anterior a la Odisea, que muestra familiaridad con las hazañas de Jasón (las andanzas de Odiseo pueden haber estado parcialmente basadas en ellas).[51]

Ciclo de Tebas. Edipo, Cadmo, Atreo

Entre el Argo y la Guerra de Troya hubo una generación conocida principalmente por sus horrendos crímenes. Estos incluyen los hechos de Atreo y Tiestes en Argos. Tras el mito de la casa de Atreo (una de las dos principales dinastías heroicas junto con la casa de Lábdaco) está el problema de la devolución de poder y la forma de ascensión al trono. Los gemelos Atreo y Tiestes con sus descendientes jugaron el papel protagonista en la tragedia de la devolución de poder en Micenas.[52]

El ciclo tebano trata de los sucesos relacionados especialmente con Cadmo, el fundador de la ciudad, y posteriormente con los hechos de Layo y Edipo en Tebas, una serie de historias que llevaron al saqueo final de la ciudad a manos de Los siete contra Tebas y los Epígonos.[53]

La Guerra de Troya. Aquiles, Paris, Helena y las Amazonas

En La furia de Aquiles de Giovanni Battista Tiepolo (1757, fresco, Villa Valmarana, Vicenza) Aquiles está enfurecido por la amenaza de Agamenón de quitarle a su botín de guerra, Briseida, y saca su espada para matarle. La súbita aparición de Atenea, que en el fresco sujeta a Aquiles por el pelo, evita el asesinato.

La mitología griega culmina en la Guerra de Troya, la lucha entre los griegos (aqueos) y los troyanos, incluyendo sus causas y consecuencias. En las obras de Homero las principales historias ya han tomado forma y sustancia, y los temas individuales fueron elaborados más tarde, especialmente en los dramas griegos. La Guerra de Troya atrajo también gran interés en la cultura romana debido a la historia del héroe troyano Eneas, cuyo viaje desde Troya llevó a la fundación de la ciudad que un día se convertiría en Roma, recogida por Virgilio en la Eneida (cuyo Libro II contiene el relato más conocido del saqueo de Troya).[56]

El ciclo de la Guerra de Troya, una colección de poemas épicos, comienza con los sucesos que desencadenaron la guerra: Eris y la manzana dorada ‘para la más bella’ (kallisti), el juicio de Paris, el rapto de Helena y el sacrificio de Ifigenia en Áulide. Para rescatar a Helena, los griegos organizaron una gran expedición bajo el mando del hermano de Menelao, Agamenón, rey de Argos o Micenas, pero los troyanos se negaron a liberarla. La Ilíada, que se desarrolla en el décimo año de la guerra, cuenta la disputa de Agamenón con Aquiles, que era el mejor guerrero griego, y las consiguientes muertes en batalla del amigo de Aquiles, Patroclo, y del hijo mayor de Príamo, Héctor. Tras la muerte de este se unieron a los troyanos dos exóticos aliados: Pentesilea, reina de las Amazonas, y Memnón, rey de los etíopes e hijo de la diosa de la aurora Eos.[55]

El ciclo troyano proporcionó una variedad de temas y se convirtió en una fuente principal de inspiración para los antiguos artistas griegos (por ejemplo, las metopas del Partenón representando el saqueo de Troya). Esta preferencia artística por los temas procedentes del ciclo troyano indica su importancia para la antigua civilización griega.[57]

Concepciones griegas y romanas de los mitos

La mitología griega ha cambiado con el tiempo para acomodar la evolución de su propia cultura, de la que la mitología es un índice, tanto expresamente como en sus asunciones implícitas. En las formas literarias conservadas de la mitología griega, como se hallan al final de los cambios progresivos, es inherentemente política.[58]

La mitología estaba en el corazón de la vida cotidiana en la antigua Grecia.[60]

Filosofía y mitología

Platón y su discípulo Aristóteles en el fresco de Rafael La escuela de Atenas Platón excluyó el estudio de Homero, las tragedias y las tradiciones mitológicas en las relaciones de su utópica República.

Tras el auge de la filosofía, la historia, la prosa y el racionalismo a finales del siglo V a. C. el destino de los mitos se volvió incierto y las genealogías mitológicas dieron lugar a una concepción de la historia que intentó excluir lo supernatural (tales como la historia tucididiana).[6]

Unos pocos filósofos radicales como Jenófanes de Colofón estaban ya comenzando a etiquetar las historias de los poetas como mentiras blasfemas en el siglo VI a. C.: Jenófanes se había quejado de que Homero y Hesíodo atribuyesen a los dioses «todo lo que es vergonzoso y desgraciado entre los hombres: el robo, la comisión de adulterios y el engaño mutuo».[61]

Sin embargo, ni siquiera Platón logró destetar a su sociedad de la influencia de los mitos: su propia caracterización de Sócrates está basada en los patrones tradicionales homéricos y trágicos, usados por el filósofo para alabar la recta vida de su maestro:

Quizá alguno de vosotros, en su interior, me esté recriminando: «¿No te avergüenza, Sócrates, verte metido en estos líos a causa de tu ocupación, que te está llevando al extremo de hacer peligrar tu propia vida?»
A éstos les respondería, y muy convencido por cierto: «Te equivocas completamente, amigo mío; un hombre con un mínimo de valentía no debe estar preocupado por esos posibles riesgos de muerte, sino que debe considerar sólo la honradez de sus acciones, si son fruto de un hombre justo o injusto. Pues, según tu razonamiento, habrían sido vidas indignas las de aquellos semidioses que murieron en Troya, sobre todo el hijo de la diosa Tetis, para quien contaba tan poco la muerte, si había que vivir vergonzosamente; éste despreciaba tanto los peligros que, en su ardiente deseo de matar a Héctor para vengar la muerte de su amigo Patroclo, no hizo caso a su madre, la diosa, cuando le dijo: “Hijo mío, si vengas la muerte de tu compañero Patroclo y matas a Héctor, tú mismo morirás, pues tu destino está unido al suyo”. Al contrario, tuvo a poco la muerte y el peligro y, temiendo mucho más el vivir cobardemente que el morir por vengar a un amigo, replicó: “Prefiero morir aquí mismo, después de haber castigado al asesino, que seguir vivo, objeto de burlas y desprecios, siendo carga inútil de la tierra, arrastrándome junto a las cóncavas naves”. ¿Se preocupó, pues, de los peligros y de la muerte?»[64]
Platón, Apología 28b–d.

Hanson y Heath estiman que el rechazo de Platón de la tradición homérica no fue recibido favorablemente por la base de la civilización griega.[61]

Más deportivamente, el escritor de tragedias del siglo V a. C., Eurípides, jugó frecuentemente con las viejas tradiciones, burlándose de ellas e infundiendo notas de duda a través de la voz de sus personajes, si bien los temas de sus obras fueron tomados, sin excepción, de los mitos. Muchas de estas obras fueron escritas en respuesta a la versión de un predecesor del mismo o parecido mito. Eurípides impugna principalmente los mitos sobre los dioses y comienza su crítica con una objeción parecida a una previamente expresada por Jenócrates: los dioses, como se representaban tradicionalmente, son demasiado insensiblemente antropomórficos.[62]

Racionalismo helenístico y romano

Cicerón se veía como el defensor del orden establecido, a pesar de su escepticismo personal respecto a los mitos y su inclinación hacia concepciones más filosóficas de la divinidad.

Durante el período helenístico, la mitología adquirió el prestigio de conocimiento elitista que señalaba a sus poseedores como pertenecientes a cierta clase. Al mismo tiempo, el giro escéptico de la edad clásica se hizo incluso más pronunciado.[5]

Las hermenéuticas racionalizadoras de la mitología se hicieron aún más populares bajo el Imperio romano, gracias a las teorías fisicalistas de la filosofía estoica y epicúrea. Los estoicos presentaban explicaciones de los dioses y los héroes como fenómenos físicos, mientras los evemeristas los racionalizaban como personajes históricos. Al mismo tiempo, los estoicos y los neoplatónicos promovían los significados morales de la tradición mitológica, basados a menudo en las etimologías griegas.[68]​ En su obra distinguía tres tipos de dioses:

  1. Dioses de la naturaleza: personificaciones de fenómenos tales como la lluvia y el fuego.
  2. Dioses de los poetas: inventados por bardos sin escrúpulos para incitar las pasiones.
  3. Dioses de la ciudad: inventados por sabios legisladores para tranquilizar e iluminar al pueblo.

El académico romano Cotta ridiculizó tanto la aceptación literal de los mitos como la alegórica, declarando rotundamente que no tenían lugar en la filosofía.[68]

Tendencias sincréticas

En la Antigua Roma apareció una nueva mitología romana gracias a la sincretización de numerosos dioses griegos y de otras naciones. Esto ocurrió gracias a que los romanos tenían poca mitología propia y la herencia de la tradición mitológica griega provocó que los principales dioses romanos adoptasen rasgos de sus equivalentes griegos.[72]​ Apolo podía ser cada vez más identificado en la religión con Helios o incluso con Dioniso, pero los textos recapitulando sus mitos rara vez reflejaban estas evoluciones. La mitología literaria tradicional estaba cada vez más disociada de las prácticas religiosas reales.

La colección de himnos órficos y las Saturnales de Macrobio, conservadas desde el siglo II, también están influidas por las teorías racionalistas y las tendencias sincréticas. Los himnos órficos son un conjunto de composiciones poéticas preclásicas, atribuidas a Orfeo, a su vez objeto de un renombrado mito. En realidad, estos poemas fueron probablemente compuestos por varios poetas diferentes, y contienen un rico conjunto de indicios sobre la mitología prehistórica europea.[67]

Interpretaciones modernas

La génesis de la moderna comprensión de la mitología griega está considerada por algunos investigadores en una doble reacción de finales del siglo XVIII contra «la tradicional actitud de animosidad cristiana», en la que la reinterpretación cristiana de los mitos como una «mentira» o fábula se había conservado.[75]

Enfoques comparativo y psicoanalítico

El desarrollo de la filología comparativa en el siglo XIX, junto con los descubrimientos etnológicos del siglo XX, fundó la ciencia de la mitología. Desde el Romanticismo todo el estudio de los mitos ha sido comparativo. Wilhelm Mannhardt, Sir James Frazer y Stith Thompson emplearon el enfoque comparativo para recolectar y clasificar los temas del folclore y la mitología.[76]

Sigmund Freud presentó una concepción transhistórica y biológica del hombre y una visión del mito como expresión de ideas reprimidas. La interpretación de los sueños es la base de la interpretación freudiana de los mitos y su concepto de los sueños reconoce la importancia de las relaciones contextuales para la interpretación de cualquier elemento individual de un sueño. Esta sugerencia encontraría un importante punto de acercamiento entre las visiones estructuralista y psicoanalista de los mitos en el pensamiento de Freud.[83]

Teorías sobre sus orígenes

Hay varias teorías modernas sobre los orígenes de la mitología griega. Según la teoría escritural, todas las leyendas mitológicas proceden de relatos de los textos sagrados, aunque los hechos reales han sufrido modificaciones.[87]

Por otra parte, la arqueología y la mitografía han revelado que los griegos fueron inspirados por algunas civilizaciones de Asia Menor y Oriente Próximo. Adonis parece ser el equivalente griego —más claramente en los cultos que en los mitos— de un «dios moribundo» de Oriente Próximo. Cibeles tiene sus raíces en la cultura anatolia mientras gran parte de la iconografía de Afrodita surge de las diosas semíticas. Hay también posibles paralelismos entre las generaciones divinas más antiguas (Caos y sus hijos) y Tiamat en el Enûma Elish.[91]

La mitología griega en el Arte renacentista

El nacimiento de Venus de Botticelli (c. 1485–1486, óleo sobre lienzo, Galería Uffizi, Florencia), una Venus Pudica revivida para un nuevo punto de vista de la antigüedad pagana. A menudo se dice que epitoma para los espectadores modernos el espíritu del Renacimiento.[2]

Cuando el Imperio romano lanzó el edicto de Tesalónica en el siglo IV d. C. como adopción obligatoria del cristianismo como religión oficial, se puso freno definitivo a la popularidad de la mitología griega: se prohibieron los cultos originarios de los pueblos que habían sido conquistados por Roma. Esta volvió paulatinamente, mil años después con el redescubrimiento de la antigüedad clásica en el Renacimiento, en el siglo XV., bajo recelo por parte del clero. Allí entonces, la poesía de Ovidio se convirtió en una influencia importante para la imaginación de los poetas, dramaturgos, músicos y artistas.[2]

En el norte de Europa la mitología griega alcanzó importancia en las artes visuales, como Rubens, Ferdinand Bol, Rembrandt, Bertel Thorvaldsen, Johan Tobias Sergel, Gyger Hinterglasbild. La mitología griega prendió en la imaginación inglesa de Chaucer y John Milton y siguió a través de Shakespeare hasta Robert Bridges en el siglo XX. Racine en Francia y Goethe en Alemania revivieron el drama griego, reinterpretando los antiguos mitos.[2]

Culto en la actualidad

El culto a las deidades helenas y a los personajes mitológicos tiene lugar en la práctica del helenismo, nombre dado a religión de los antiguos griegos, surgida en los últimos años.

Véase también

Dioses
Primordiales y Titanes · Zeus y los olímpicos · Pan y las ninfas · Apolo y Dioniso · Del mar y de la tierra
Héroes
Heracles y sus doce trabajos · Aquiles y la Guerra de Troya · Odiseo y la Odisea · Jasón y los argonautas · Perseo y la Gorgona · Edipo y Tebas · Teseo y el Minotauro · Triptólemo y los misterios eleusinos · Belerofonte y la Quimera
Listas
Dioses · Héroes · Personificaciones · Criaturas · Lugares · Eventos · Personajes · más...
Artículos relacionados
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Referencias

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Bibliografía

Fuentes primarias (griegas y romanas)

Fuentes secundarias

En español
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En inglés

Enlaces externos

  • Rea, mitología griega
  • PSEUDO CLEMENTE: Reconocimientos, obra cuyo Libro X trata de mitología griega.
  • COMODIANO: Instrucciones contra los dioses de los gentiles (Instructiones adversus gentium deos).
    • Texto bilingüe latín - sitio de Philippe Remacle: trad. de Joachim Durel; ed. en París.
      • Libros I y II.
        • «Gentiles»: paganos.
          • Entrada de «gentil» en el sitio del DRAE: véase la 2ª acepción.
            • Philippe Remacle (1944 – 2011): helenista y latinista belga de expresión francesa.
            • Joachim Durel (1878 - 1939): político y profesor de clásicas francés que presentó en 1912 una tesis sobre Comodiano.
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