Miguel Grau Seminario

Miguel Grau Seminario
M Grau(2).jpg
Gran Almirante del Perú.
Almirante AP
Lealtad Bandera de Perú Perú
Condecoraciones Título de Gran Almirante del Perú otorgado por el Congreso de la República del Perú
Mandos Comandante del Monitor Huáscar, comandante de la Escuadra Peruana, comandante de la Marina de Guerra del Perú
Participó en

Guerra del Pacífico


Nacimiento 27 de julio de 1834
Piura, Flag of Peru.svg Perú
Fallecimiento 8 de octubre de 1879
Punta Angamos, Bolivia
(hoy Chile)
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Miguel María Grau Seminario ( Piura, Perú, 27 de julio de 1834- Punta Angamos, Bolivia, 8 de octubre de 1879) fue un marino y militar peruano, almirante de la Marina de Guerra del Perú. Durante la guerra del Pacífico, comandó el monitor Huáscar y mantuvo a raya a la escuadra chilena durante cinco meses, sucumbiendo finalmente de manera heroica en el combate naval de Angamos, enfrentando a fuerzas superiores. Es considerado por ello como el héroe máximo de la nación peruana. Su generosidad para con el enemigo en el campo de batalla le valió el apelativo de El Caballero de los Mares. Ha sido también elegido como El Peruano del Milenio.[1]

Fue hijo del coronel colombiano (nacionalizado peruano) Juan Manuel Grau Berrío y de la dama piurana Luisa Seminario del Castillo. Aunque nació en Piura, vivió su infancia en el puerto de Paita, donde forjó su vocación marina. A los 9 años de edad se embarcó como aprendiz de grumete en un buque mercante, pero este primer viaje se frustró al naufragar la nave frente a la isla Gorgona (1843). No obstante, no se amilanó y se embarcó nuevamente al año siguiente. Durante diez años navegó en 12 distintas naves, recorriendo diferentes puertos de Asia, Estados Unidos y Europa, completando además una circunnavegación, antes de retornar al Callao en 1853.

En 1854, Grau ingresó a la Marina de Guerra del Perú como guardiamarina, sirviendo sucesivamente en el vapor Rímac, el pailebot Vigilante y el vapor de ruedas Ucayali. En 1856, con el grado de alférez de fragata, pasó a servir a bordo de la fragata Apurímac, integrándose plenamente al cuerpo de oficiales de la marina. A instancias de su coterráneo, el teniente segundo Lizardo Montero, se sumó a la revolución conservadora de Manuel Ignacio de Vivanco en contra del presidente Ramón Castilla. Teniendo el control del Apurímac y de otras naves, los marinos revolucionarios operaron durante casi un año a lo largo del litoral peruano y participaron en el ataque al Callao de 22 de abril de 1857.

Derrotada la revolución vivanquista, Grau fue expulsado de la Armada (1858), por lo que debió volver a la marina mercante, navegando a lo largo de la costa peruana y ecuatoriana. Viajó también a la Polinesia (1862). Favorecido por la ley del 25 de mayo de 1861 dada por el Congreso, en 1863 fue readmitido al servicio naval como teniente segundo y pasó a ser segundo comandante del vapor Lerzundi. Poco después, ya como teniente primero, fue enviado a Inglaterra, comisionado para negociar la compra de unidades navales y supervisar la construcción de las mismas. Regresó como comandante de la corbeta Unión, que, junto con su gemela América, fue adquirida en Francia. Durante el viaje de trayecto al Perú, fue ascendido a capitán de corbeta. Ya en aguas peruanas, se sumó a la revolución restauradora de Mariano Ignacio Prado, siendo ascendido a capitán de fragata (1865). Durante la guerra hispano-sudamericana, se mantuvo al mando de la Unión y actuó en el combate de Abtao, librado el 7 de febrero de 1866 contra los buques de la escuadra española del Pacífico.

Se hallaba en Valparaíso, con la escuadra peruana, cuando, junto con otros marinos, protestó contra la decisión del gobierno de Prado de contratar al comodoro estadounidense John R. Tucker como comandante de la armada peruana en una proyectada expedición naval para liberar a Filipinas del dominio español. Acusado de insubordinación, fue apresado, confinado en la isla San Lorenzo y sometido a juicio, para finalmente ser declarado inocente (1867). Por tercera vez, regresó a la marina mercante y durante casi un año navegó al mando de dos vapores de una compañía inglesa. El 12 de abril de 1867 se casó con la dama limeña Dolores Cabero y Núñez, unión de la que nacieron diez hijos. Fue uno de los fundadores del Club de la Unión; un importante club social peruano (1868). Fue también miembro ilustre del tradicional Club Nacional.

A principios de 1868, Grau fue reincorporado al servicio naval como comandante del monitor Huáscar, siendo ascendido poco después al grado de capitán de navío. Tuvo un papel destacado en la actitud que asumió la marina frente a la rebelión de los coroneles Gutiérrez, en defensa del orden constitucional, suscribiendo junto con otros jefes y oficiales una proclama contra dicho golpe revolucionario (23 de julio de 1872).

En 1873, al mando del Huáscar, Grau realizó un crucero por el sur peruano y el litoral boliviano, al ocurrir la amenaza de un conflicto armado entre Chile y Bolivia por cuestiones territoriales. En 1874 fue comandante de la Escuadra de Evoluciones, recorriendo el litoral peruano entre el Callao e Iquique, y colaborando en la debelación de la intentona golpista del caudillo Nicolás de Piérola.

En 1875, Grau fue elegido diputado por la provincia de Paita, por el Partido Civil, labor parlamentaria que interrumpió temporalmente para ejercer la Comandancia General de Marina, entre el 1 de junio de 1877 y el 10 de julio de 1878. En tal calidad, el 2 de enero de 1878 elevó al Congreso Nacional un pormenorizado informe sobre el estado deficiente de los buques de guerra y las carencias de la Marina, formulando juicios que fueron una verdadera advertencia, un año antes del estallido de la guerra con Chile.

Al estallar la Guerra del Pacífico, el 5 de abril de 1879, Grau obtuvo licencia del Congreso para volver al servicio, retomando el mando del Huáscar. Fue nombrado jefe de la primera división naval, iniciando su campaña en el mes de mayo. Durante los cinco meses siguientes, desarrolló una intensa actividad, manteniendo en jaque a la poderosa flota chilena. Ganó el combate naval de Iquique del 21 de mayo de 1879, hundiendo a la corbeta Esmeralda y se ganó el respeto unánime por su acción humanitaria de rescatar a los náufragos chilenos y de enviar a la viuda del capitán de corbeta Arturo Prat, comandante de la Esmeralda, una sentida carta acompañando los efectos personales de dicho jefe.

En los meses siguientes, Grau realizó varias incursiones en aguas controladas por Chile, atacando sorpresivamente, hostilizando sus líneas de comunicación y bombardeando las instalaciones militares de los puertos. El 27 de julio de 1879 fue ascendido a la alta clase de contralmirante. Finalmente, el 8 de octubre de 1879, estando frente a Punta Angamos, el Huáscar fue cercado por dos divisiones enemigas, trabándose un desigual combate. Grau murió en los primeros minutos de la lucha, por efectos de una granada disparada por el acorazado Almirante Cochrane, que destrozó su cuerpo. Sus oficiales y marineros continuaron la lucha, hasta que resultaron muertos o puestos fuera de combate. Solo con la eliminación de Grau y el Huáscar, que había actuado como una verdadera muralla móvil del Perú, los chilenos pudieron recién invadir territorio peruano, tras seis meses de iniciada la contienda.

Sus restos, inicialmente enterrados en Santiago de Chile, fueron repatriados en 1890 y trasladados a la Cripta de los Héroes en 1908. El 26 de octubre de 1946 fue ascendido póstumamente al grado de almirante. En su calidad de ex diputado, conserva una curul permanente en el Congreso de la República del Perú.

Biografía

Nacimiento

Los padres de Miguel Grau
Luisa Seminario del Castillo

Miguel María Grau Seminario nació en la ciudad de Piura, en una casona de la calle Mercaderes, hoy Tacna N.º 662. Fue bautizado el 3 de septiembre de 1834, en la parroquia de San Miguel, por el presbítero Santiago Angeldonis, siendo sus padrinos Manuel Ansoátegui y Rafaela Angeldonis. Su partida fue asentada con el número 953, en el libro respectivo. Consta en dicho documento que al momento de su bautizo era de «un mes y siete días de nacido», por lo que se ha determinado que su nacimiento fue el 27 de julio de 1834.[n 1]

Sin embargo, en la ciudad portuaria de Paita está muy arraigada la creencia de que el nacimiento de Miguel Grau se produjo en dicho puerto, aunque solo se ha dado como sustento una serie de indicios dispersos y especulativos, mas nunca un documento probatorio. También se ha postulado a Sullana como otro presunto lugar de su nacimiento.[9]

Fueron sus padres el teniente coronel grancolombiano (más tarde nacionalizado peruano) Juan Manuel Grau Berrío, natural de Cartagena de Indias, que llegó al Perú formando parte del ejército del Libertador Bolívar; y María Luisa Seminario y del Castillo, piurana de nacimiento, hija del alcalde provincial ordinario de Piura. Fue el tercero de cuatro hermanos; los mayores se llamaban Enrique Federico y María Dolores Ruperta; y la menor, Ana Joaquina Jerónima del Rosario.[n 2]

Por entonces, el Perú vivía una época de inestabilidad e intrigas políticas que ocasionaban sublevaciones e intentos de golpe de estado. El país acababa de salir de la primera guerra civil de su historia republicana (enero-abril de 1834). En 1836 se desató la guerra por el establecimiento de la Confederación Perú-Boliviana, que encumbró al mariscal Andrés de Santa Cruz como protector de dicha entidad geopolítica; y tras un breve periodo de calma, surgió las guerra entre restauradores y confederados, que culminó con el triunfo de los primeros en la batalla de Yungay (1839). Se produjo entonces la Restauración en el Perú, asumiendo el poder el mariscal Agustín Gamarra.

Infancia

.El puerto de Paita, a principios de la época republicana.

Al producirse la guerra entre Perú y Bolivia de 1841, el teniente coronel Juan Manuel Grau Berrío (padre de Miguel Grau), entonces retirado del servicio y dedicado al comercio, juzgó que debía retornar al ejército peruano para defender a su segunda patria. Escribió a Lima a su viejo jefe y amigo, el general Antonio Gutiérrez de la Fuente, ex vicepresidente del Perú. La respuesta fue favorable y en julio de 1842, el padre de Grau se incorporó a la secretaría de dicho general, quien lo destinó a Ayacucho.[12]

En junio de 1842 se celebró la paz con Bolivia, pero una vez más, en el Perú se desató la guerra civil y la anarquía. En noviembre de 1842, el nuevo presidente del Perú, general Francisco de Vidal, nombró a Juan Manuel Grau, vista de aduana en Paita, puerto estrechamente ligado con la ciudad de Piura.[14]

No es sencilla la vida de Juan Manuel Grau con sus hijos en el puerto de Paita, sobre todo por la ausencia de la madre y la falta de un hogar con un ambiente propicio para la formación de los niños. No tenemos mayor información sobre cómo transcurre la vida cotidiana de esta familia incompleta en el puerto de Paita; en todo caso, puede pensarse que el vínculo entre el padre y los hijos se fortalece, y específicamente la relación afectiva entre el padre y Miguel... Desde otro ángulo, este tiempo sirve para estimular en el niño Miguel las aptitudes para la vida marinera. Paita es un anuncio de los asuntos del mar. La entrega de Grau a la marina, que abarca toda su existencia, tiene en Paita su ambiente central y propicio.

La casa de los Grau estaba ubicada en la parte baja de la ciudad, que en ese entonces contaba con poco más de 5000 habitantes, pero que ya había visto nacer a grandes héroes peruanos como los hermanos Manuel y Raymundo Cárcamo, que pelearon en el combate del 2 de Mayo.[16]

Primeros contactos con el mar

Retrato de Miguel Grau.

En Paita la actividad marítima civil era grande. Todos los navíos que hacen el tráfico entre Panamá y el Callao tocaban en su rada. Funcionaba en el puerto la escuela náutica fundada por el presidente Agustín Gamarra en 1833, destinada a formar a pilotos civiles. Al pequeño Miguel, que sólo tenía ocho años, le fascinó la inmensidad del océano. Su vocación naval comenzó a despertar a partir de ese momento.[17]

Miguel Grau siguió en Paita los primeros cursos de su formación escolar. El muchacho, listo y resuelto, había sido educado con dureza por el padre para conseguir con ello templar su carácter y acerar su voluntad.[18]

Atraído por la vida marítima, Miguel, que solo tenía nueve años, obtuvo en marzo de 1843 el permiso paterno para embarcarse en el Tescua, un bergantín de la marina civil dedicado al cabotaje entre Paita y otros puertos del litoral peruano y de los países del norte hasta Panamá. El capitán del buque era Manuel Francisco Herrera, compatriota y gran amigo de Juan Manuel Grau. Fue el punto de partida de la carrera naútica de Miguel, pero se truncó inesperadamente. El buque naufragó frente a la isla Gorgona y el aspirante a grumete se salvó milagrosamente, debiendo retornar a la vida hogareña y escolar en Paita.[19]

En 1844, Grau consiguió nuevamente la autorización de su padre para embarcarse. Esta vez quedó definitivamente enrumbada su carrera marina, navegando en diferentes buques, a veces con transitorios retornos a la patria.[23]

Guardiamarina

Durante los viajes que realizó en la marina mercante, Grau se adiestró en la ciencia y el arte de la navegación[26]

Se instaló en Lima, con miras a ingresar a la Marina de Guerra del Perú. Su hermano Enrique Grau Seminario, que también había servido en la marina mercante, tenía la misma vocación. El padre pidió la incorporación de sus dos hijos a la Marina, mediante solicitud firmada en Lima, el 18 de agosto de 1853, dado que aquellos eran todavía menores de edad.[29]

Por entonces, la Marina de Guerra del Perú se había incrementado y profesionalizado, bajo el incentivo del presidente Ramón Castilla (primer gobierno, 1845-1851), militar muy preocupado porque su país tuviera la hegemonía marina en Sudamérica. La armada peruana contaba con su primer buque a vapor, el Rímac, construido en Nueva York, de 1300 toneladas y armado con cuatro cañones; la fragata Mercedes, los bergantines Guise y Gamarra y las goletas Peruana y Héctor. Castilla adquirió también la fragata Amazonas, de 1300 toneladas y 33 cañones, que llegó en el gobierno de su sucesor, José Rufino Echenique (1851-1856). Este continuó la política de fortalecimiento del poderío naval con la adquisición en Inglaterra de la fragata mixta Apurímac y las goletas Loa y Tumbes.[30]

Casa de Grau en Lima.

El guardiamarina Grau sirvió sucesivamente en el vapor Rímac (6 meses y 18 días, de abril a septiembre de 1854); el pailebot Vigilante (10 meses y 21 días, de octubre de 1854 a noviembre de 1855); y el vapor de ruedas Ucayali (4 meses y 12 días, de diciembre de 1855 a febrero de 1856).[32]

El Guardiamarina Miguel Grau desempeña eficientemente sus obligaciones. Destaca entre sus compañeros como excelente práctico y verdadero conocedor de todo lo relacionado con la navegación. Posee además los mejores atributos del marino experto. Es un hombre franco, sincero, de reposado temperamento, con la tranquilidad de la propia suficiencia, competente y hábil, valeroso, decidido y enérgico. Se distingue asimismo por su carácter reflexivo, moral austera y acendrados principios religiosos.

Geraldo Arosemena Garland[31]

Estando de servicio en el Vigilante, Grau tuvo su primera experiencia especialmente dura. Ocurrió el 10 de junio de 1855, cuando navegaba rumbo a Paita, entre Máncora y Punta Sal, con un mar algo inquieto y el cielo nublado: el aspirante de marina Manuel Bonilla cayó al agua desde lo alto de la torre de mando, y Grau, que era el oficial de guardia, dispuso que el buque se detuviera de inmediato y se buscara al náufrago. Luego de tres horas de esfuerzo infructuoso, suspendió la búsqueda. En el parte que pasó ese mismo día al comandante del buque, el capitán de fragata Emilio Díaz Seminario (que era su medio hermano), dio cuenta del suceso, expresando que «todos sus esfuerzos resultaron inútiles, pues el mencionado pilotín no sabía nadar».[34]

Por aquella época, Ramón Castilla volvió al poder, luego de derrotar en la batalla de La Palma, el 5 de enero de 1855, al general José Rufino Echenique.

Alférez de fragata

El 4 de marzo de 1856 Grau recibió su primer ascenso, como alférez de fragata, y se integró de modo formal al cuerpo de oficiales de la Marina de Guerra. Fue destinado al Apurímac, el mejor buque de la escuadra, que estaba bajo el comando del capitán de navío José María Salcedo (natural de Chile), y cuyo segundo comandante era el teniente Emilio Díaz Seminario (hermano materno de Grau).[35]

Se hallaba Grau en el sur, a bordo del Apurímac, cuando estalló en Arequipa, el 10 de noviembre de 1856, la revolución a favor del general Manuel Ignacio de Vivanco, ex mandatario y enconado rival del presidente Castilla. La insurrección era de tendencia conservadora, opuesta a la Constitución liberal (promulgada el mes anterior) y a toda reforma liberal, en especial a las de carácter anticlerical.[36]

El movimiento de Vivanco se extendió por Moquegua. Pronto, la Marina de Guerra se sumó a los rebeldes. El levantamiento a bordo del Apurímac ocurrió en la rada de Arica el 16 de noviembre de 1856, siendo atizada por el teniente segundo Lizardo Montero Flores, marino muy inclinado a la política. Es probable que Grau se sumara a la rebelión bajo influjo de Montero, que era su amigo y paisano. Al Apurímac se unieron poco después el Tumbes, el Loa, el Guise y el Izcuchaca.[37]

En oficio fechado en Arica, el 20 de noviembre de 1856, el comandante del Apurímac, José María Salcedo, dio parte a la Comandancia General de Marina , relatando los pormenores de la rebelión y mencionando al alférez de fragata Miguel Grau como uno de los que la secundaron.[39]

La revolución adquirió los caracteres de una guerra civil, una de las más largas y cruentas de la historia republicana peruana. La escuadra vivanquista llegó frente al Callao en enero de 1857. La Apurímac se quedó allí, en una especie de bloqueo al puerto, mientras que el resto de la escuadra siguió hacia el norte, para alentar a la ciudadanía a levantarse. Los vivanquistas tomaron Trujillo y luego Chiclayo, pero, perseguidos por Castilla, continuaron más al norte, para embarcarse en Paita y caer en el Callao el 22 de abril, donde libraron enconada lucha en las calles del puerto. Derrotado Vivanco, se retiró al sur y se atrincheró en Arequipa, ciudad que resistió un largo asedio, para finalmente ser tomada sangrientamente, entre el 5 y 6 de marzo de 1858. Así finalizó la guerra civil, con el triunfo de las fuerzas gobiernistas.[40]

Uno tras otro, los buques rebeldes se fueron rindiendo. La última en rendirse fue la fragata Apurímac, que fondeó en el Callao el 25 de marzo de 1858 y se puso a disposición del Gobierno.[41]

Separación del servicio. Otra vez en la marina mercante

Retrato de Grau.

Separado de la marina de guerra, Miguel Grau regresó a la marina mercante. De abril de 1859 a marzo de 1862 sirvió en el bergantín goleta María Cristina, de propiedad de José Antonio García y García, con el que navegó entre los puertos peruanos, hasta Guayaquil, por el norte. En marzo de 1862, pasó al mando del bergantín Apurímac, con el que hace viajes desde el Callao, hasta Lambayeque, Paita y Guayaquil, siendo el último realizado en esa ruta en septiembre de 1862, antes de enrumbar a la Polinesia.[42]

El viaje a la Polinesia tenía como fin traer bajo contrato mano de obra barata al Perú, la que escaseaba tras la abolición de la esclavitud dada por Castilla en 1854. Miguel Grau no participó de este negocio, sino solamente era el capitán del buque contratado para tal labor. Partió del Callao a fines de septiembre de 1862, haciendo una travesía normal, hasta que, al llegar a la isla Humphrey, sufrió un fuerte temporal que hizo encallar a la nave (12 de noviembre de 1862). Grau y su tripulación se salvaron con grandes esfuerzos, refugiándose en la isla, siendo acogidos hospitalariamente por sus habitantes. Pocos días después fueron recogidos por el bergantín Trujillo, a bordo del cual retornaron al Perú. Es de remarcar que Grau no logró traer a ningún canaca o polinesio, debido al siniestro de su nave. Si lo hicieron otros buques, cuyos capitanes no dudaron en usar el engaño y el secuestro para cubrir sus cuotas.[43]

Mientras Grau navegaba en buques mercantes, el Perú y Ecuador enfrentaban un conflicto (1858-1860), que culminó cuando el presidente Castilla ocupó Guayaquil y celebró con el gobierno local el Tratado de Mapasingue. En el plano interior, Castilla convocó un Congreso Constituyente que dictó, en noviembre de 1860, la moderada Constitución de 1860, que suprimió algunas de las reformas liberales de la anterior Carta de 1856. Esta Constitución rigió en el Perú, salvo breves interrupciones, hasta 1920.[45]

Reincorporación a la Marina de Guerra

El 11 de abril de 1861 el Congreso de la República expidió la «ley de reparación de los separados o indefinidos del servicio militar», que ordenaba reinscribir en el escalafón a los borrados tras el triunfo de la revolución de 1854-1855. Por otra ley dada el 25 de mayo de 1861, quedaron comprendidos en los efectos de esa ley los «Generales, Jefes y Oficiales, que hallándose o no en servicio, tomaron parte de la revolución que terminó el año 1858». Entre los beneficiados por esta última ley estaba Miguel Grau, que por recurso fechado el 6 de diciembre de 1861, pidió que se declaren los goces que le correspondían como indefinido.[48]

De esa manera, Grau solucionó su situación en la Marina de Guerra, quedando en calidad de oficial con licencia indefinida. Mientras tanto, a la espera de su readmisión en el servicio activo, continuó en la marina mercante. Por entonces, concluyó el segundo gobierno de Castilla, que el 24 de octubre de 1862 dio pase al gobierno del mariscal Miguel de San Román. En noviembre de ese año, Grau se hallaba en el ya mencionado viaje a la Polinesia. Tras el naufragio de su nave, retornó al Perú, arribando al Callao a principios de 1863.[50]

Poco después, ocurrieron cambios en el gobierno. El presidente San Román falleció el 4 de abril de 1863, siendo reemplazado interinamente por el segundo vicepresidente, general Pedro Díez-Canseco, hasta el 5 de agosto de ese año, cuando regresó de Europa el primer vicepresidente, general Juan Antonio Pezet. Al mes siguiente, Grau retornó al servicio activo en la Marina de Guerra y fue ascendido a teniente segundo (13 de septiembre de 1863), siendo destinado a la dotación del vapor Lerzundi. Poco tiempo después fue ascendido a teniente primero graduado (4 de diciembre de 1863).[51]

En comisión a Europa

Fotografía de Miguel Grau.

Grau permaneció a bordo del Lerzundi cuatro meses y dos días, tiempo en el que estrechó una amistad perdurable con el comandante del buque, el capitán de corbeta Aurelio García y García. Ambos jefes debieron suspender repentinamente sus servicios a bordo y viajar a Europa, comisionados por el gobierno para negociar la adquisición de modernas unidades navales. Ello, debido a que urgía reforzar la escuadra nacional, ante la alarma desatada por la presencia de la escuadra española del Pacífico, que camuflada bajo el nombre de Expedición Científica, surcaba amenazante las costas peruanas desde julio del año anterior. El incidente de Talambo, ocurrido en agosto, en el que murió un trabajador español, fue la excusa para que los españoles, amparados por los cañones de su escuadra, insistieran en entablar negociaciones con el gobierno peruano para recibir satisfacciones por supuestos agravios.[52]

Grau y García partieron del Callao el 12 de enero de 1864.[55]

El 12 de agosto de 1864, admitió el Perú la propuesta de la casa Laird de Birkenhead, frente a Liverpool, para construir un buque sólido con aparejo de bergantín. Ese otro blindado era el monitor Huáscar, cuya construcción fue vigilada por el capitán de navío José María Salcedo y el capitán de corbeta Aurelio García y García.[57]

Mientras tanto, en el Perú se agrava el conflicto con España. El gobierno peruano se negó a recibir a Eusebio Salazar y Mazarredo como comisario extraordinario enviado por la corte española, pues el Perú ya no era colonia de España. En respuesta, el 14 de abril de 1864, la Escuadra Española del Pacífico ocupó las islas Chincha (productoras del guano peruano), desatando un grave incidente internacional. El presidente Pezet apeló a la diplomacia para solucionar el conflicto, lo que no era sino una forma de ganar tiempo para armar adecuadamente al Perú. Por lo que se hacía necesario agilizar las adquisiciones bélicas en Europa.[58]

En efecto, el gobierno peruano nombró ministro especial y extraordinario a Federico L. Barreda (ante París y Londres), quien actuando con gran celeridad y eficiencia, logró cerrar el contrato de compra sobre dos corbetas francesas que habían sido construidas por encargo del gobierno de los Estados Unidos durante la guerra de Secesión,[60]

Grau, nombrado comandante de la Unión, se dirigió inmediatamente a Saint-Nazaire y se hizo cargo del buque el 15 de diciembre de 1864. Por su parte, el capitán de corbeta Juan Pardo de Zela Urizar se hizo cargo del mando de la América.[61]

Arresto en Inglaterra

La corbeta Unión, bajo el mando de Grau, salió de Saint-Nazaire enarbolando pabellón peruano el 18 de diciembre de 1864, y fondeó en el Támesis el 22 de ese mes. Continuando su viaje, tocó Greenhithe y el 17 de enero de 1865 estaba ya en Plymouth. Es aquí donde Grau sufrió arresto por orden de las autoridades británicas, bajo sospecha de haber violado la ley que regulaba el enrolamiento de personal para el servicio de las naves. El que expidió la orden de arresto fue el juzgado de Dartford, en el condado de Kent, hacia donde fue trasladado el detenido. El segundo comandante de la Unión, teniente Felipe Pardo, dirigió una nota al ministro Barreda dando cuenta del incidente, ocurrido cuando Grau se retiraba de la casa del almirante jefe del apostadero de Plymouth, a quien acababa de saludar.[64]

Informado del suceso, Barreda, que se encontraba en París, se trasladó a Londres encargando la defensa de Grau al abogado británico Tilfourd Slater, a quien pidió que se presentara ante el juzgado de Dartford para exigir que Grau fuera puesto en libertad sin condiciones. Por su parte, Barreda dirigió al canciller británico John Russell, una nota de protesta por la arbitraria prisión de Grau, reclamando su inmediata libertad.[66]

El 20 de enero, el abogado Slater llegó a Dartford, donde encontró a Grau preso, enterándose que todo se había originado cuando dos operarios, contratados para trabajar como carboneros a bordo de la Unión, se habían quejado de malos tratos. Durante la audiencia, se puso al descubierto que Grau había despedido a esos dos operarios por insubordinados. Ventilado el juicio y sentada la protesta del Gobierno del Perú por el atropello cometido, el juez expresó que «encontraba el testimonio insuficiente para la formación de causa» y declaró «que no había lugar para la detención», por lo que ordenó la inmediata libertad de Grau. La prisión del comandante peruano solo había durado 48 horas.[67]

Ahora se sabe que tras este incidente estuvo el manejo oculto de la diplomacia española, que trataba a toda costa impedir la llegada a su destino de los buques de guerra adquiridos por el Perú, en momentos en que se agravaba el conflicto peruano-español en aguas peruanas. Lo atestigua una comunicación de la legación de España en Londres dirigida al primer secretario de Estado español, fechada el 19 de enero de 1865 con carácter de reservado. Allí dice claramente el diplomático español a su superior, que el arresto del comandante peruano en Plymouth fue el «resultado de las gestiones indirectas y reservadas que tenía entabladas con autorización de V. E.»[68]

Grau, en carta fechada el 23 de enero de 1865 y dirigida a Barreda, explicó todas las incidencias acaecidas en torno a su detención.[70]

La revolución restauradora

Mientras que en Europa los representantes del gobierno peruano gestionaban y agilizaban las compras de buques y armamentos, en Lima se negociaba diplomáticamente el impasse surgido por la ocupación española de las islas de Chincha. Al fin, el 27 de enero de 1865, el general Manuel Ignacio de Vivanco, como representante del presidente Pezet, concluyó con el almirante español José Manuel Pareja el llamado Tratado Vivanco-Pareja, por el cual, el Perú, si bien recuperaba las islas Chincha, se comprometía a pagar tres millones de pesos como indemnización por los gastos de la escuadra española. El acuerdo fue rechazado por un mayoritario sector de la ciudadanía peruana que lo consideraba humillante y contrario a los intereses del país. Tampoco fue aprobado por el Congreso. El 28 de febrero de 1865 estalló revolución restauradora encabezada por el coronel Mariano Ignacio Prado, en Arequipa. Otro de los jefes revolucionarios era el general Pedro Díez-Canseco, en su calidad de segundo vicepresidente del Perú. Pronto fueron apoyados desde el norte por el coronel José Balta. Parte de la armada, al mando del capitán de fragata Lizardo Montero se unió también a la revolución.[71]

Mientras tanto, Grau, al mando de la Unión dejaba el Reino Unido, el 5 de febrero de 1865. Le acompañaba la América, comandada por el capitán de corbeta Juan Pardo de Zela Urizar.[73]

El 15 de febrero, las corbetas peruanas tocaron Funchal[72]

Por fin, el 6 de junio, Grau y la Unión se hicieron a la mar; un mes después, el 6 de julio, fondeaba en Valparaíso. Dos meses atrás, el 31 de marzo, el presidente Pezet había ascendido a Grau al grado de capitán de corbeta. Enterado de la guerra civil que se había desatado en el Perú, Grau anunció su propósito de sumarse a las fuerzas revolucionarias de Prado.[75]

Grau, como comandante de la Unión, apoyó desde el mar a las fuerzas revolucionarias que combatían en tierra. Patrulló las costas, trasladó tropas, vigiló puertos, transmitió informes, entre otras diversas comisiones. En plena revolución, el 22 de julio de 1865, fue ascendido a la clase de capitán de fragata por el segundo vicepresidente de la República, el general Pedro Díez-Canseco, que se encontraba en ese entonces en la sierra central, junto con el coronel Mariano Ignacio Prado, después de dominar todo el sur.[77]

El gobierno de Lima, por su parte, dio de baja a Grau, junto con otros jefes y oficiales que se habían sumado a la revolución (16 de agosto).[78]

El desarrollo de la guerra civil se inclinó a favor de los revolucionarios. El coronel Balta ganó el norte del país, de donde partieron gran cantidad de tropas para unirse con los revolucionarios del sur en Chincha y emprender en conjunto el avance sobre la capital. Los ejércitos revolucionarios entraron en Lima el 6 de noviembre y obligaron a capitular a las fuerzas de Pezet. Tras un corto gobierno en Lima del general Pedro Díez-Canseco, se instaló la dictadura presidida por coronel Mariano Ignacio Prado, el jefe de la revolución triunfante (26 de noviembre). El país se encaminó firme y seguro hacia la guerra con España. El 5 de diciembre el Perú firmó con Chile (en guerra con España desde el 6 de octubre), un tratado de alianza ofensiva y defensiva, al que después se adhirieron Bolivia y Ecuador. El 14 de enero de 1866 el Perú declaró la guerra a España.[79]

Guerra hispano-sudamericana

En víspera de la declaratoria de guerra a España, el gobierno del Perú apresuró la formación de una división naval, bajo el mando del capitán de navío Manuel Villar Olivera e integrada por las fragatas Amazonas y Apurímac y las corbetas Unión y América, recién llegadas de Europa. Grau seguía como comandante de la Unión, mientras que el capitán de fragata Manuel Ferreyros lo era del América.[80]

El combate naval de Abtao.

A fines de diciembre de 1865 la flota peruana salió hacia el sur para unirse a la escuadra chilena, compuesta por la Esmeralda y la Covadonga, esta última capturada recientemente a los españoles. La misión de la escuadra peruana era dirigirse al Estrecho de Magallanes, donde debía montar guardia en espera de la llegada de los recién construidos blindados peruanos Independencia y Huáscar,[81]

El 15 de enero de 1865, en el apostadero de Chayahué, al abrigo de la isla de Abtao en Chiloé, se unieron las flotas peruana y chilena. La división naval del Perú sufrió una sensible pérdida cuando la fragata Amazonas varó en un bajío arenoso de Abtao.[80]

El 7 de febrero, los dos barcos más poderosos de la escuadra española, la Villa de Madrid y Blanca, avanzaron resueltamente hacia Abtao, formando línea de combate, seguros de derrotar a la flota aliada, de menor poderío. La fragata Apurímac, comandada por Manuel Villar, abrió fuego, retando así a la temible potencia de los cañones españoles. Los barcos peruanos, gracias a su menor calado pudieron maniobrar con mayor soltura entre los peligrosos canales de Abtao y mantuvieron a raya a los buques españoles, tan es así que estos se vieron obligados a retirarse con algunas averías, tras dos horas de combate. Claudio Alvargonzález, comandante de la Villa de Madrid, en el parte del combate reconoció la capacidad de los marinos peruanos, diciendo textualmente: «Los tiros más certeros, de más alcance y de más efecto fueron los de las dos corbetas peruanas América y Unión».[83]

Después del combate de Abtao, la flota aliada pasó a Huito, que tenía mejores defensas. Las corbetas Unión y América salieron con rumbo al Estrecho de Magallanes, en búsqueda de los blindados peruanos que venían de Europa. Pero al no encontrarlos, enrumbaron a Valparaíso, que días antes había sido bombardeada por la flota española. La Unión regresó a Huito, donde permaneció dos meses, hasta que el 15 de mayo partió nuevamente a Valparaíso. Luego se reunió con el resto de la flota aliada en Ancud, a la espera de la llegada de la Independencia y el Huáscar.[81]

Mientras tanto, la guerra continuaba. La flota española se dirigió a las costas del Perú, dispuesta a escarmentar al Callao, como lo hiciera con Valparaíso. Pero el puerto peruano se hallaba preparado para responder el ataque. El 2 de mayo de 1866 se libró el combate del Callao. Después de más de cuatro horas de intenso bombardeo, la escuadra española se retiró definitivamente, sin haber cumplido sus objetivos. En dicho combate murió el ministro de Guerra y Marina del Perú, José Gálvez.[84]

Finalmente, la Independencia y el Huáscar arribaron el 7 de junio de 1866 a Ancud. Reunida pues, toda la flota peruana, el 11 de junio salieron todos con rumbo a Valparaíso, puerto en el que permanecieron anclados cerca de dos meses, a órdenes del capitán de navío Lizardo Montero.[85]

Arresto en la isla de San Lorenzo

Los "Cuatro Ases de la Marina": Grau, Montero, García y García, Ferreyros.

El gobierno de Mariano Ignacio Prado, entusiasmado por la victoria sobre España, y habiendo sido reforzada la escuadra aliada con dos acorazados, proyectó una expedición naval a Filipinas para liberarla del dominio español. Pero tomó una decisión inesperada: con la idea de dar mayor solidez a la comandancia naval, contrató al contralmirante retirado de la marina estadounidense, John R. Tucker, quien arribó a Valparaíso a principios de julio de 1865 y asumió el mando de la escuadra,[88]

Los jefes y oficiales peruanos, enterados con anticipación de que se le daría el mando de la escuadra a un extranjero, escribieron al gobierno de Lima para protestar por esa decisión, pues dejaba de lado a muchos jefes peruanos capaces y de reconocidos méritos. Solicitaron que el nombramiento de Tucker fuera revocado o, en su defecto, que se aceptara sus renuncias al servicio. Entre esos marinos estaban Lizardo Montero, Miguel Grau, Aurelio García y García y Manuel Ferreyros. En respuesta, el gobierno de Lima envió a Valparaíso al Secretario de Hacienda y Comercio, Manuel Pardo y Lavalle (futuro presidente del Perú), investido de amplias facultades para solucionar el incidente.[89]

Pardo partió a bordo del transporte de guerra Callao, donde también se embarcaron los jefes y oficiales de la Marina designados para reemplazar a los renunciantes, en caso que estos persistieran en su actitud.[90]

Que los jefes, oficiales y guardiamarinas se presenten en 24 horas a bordo de los buques a donde harán renuncia, por el conducto regular, los que no quisieran continuar en el servicio. Los que no cumpliesen con venir quedarán declarados desertores de la armada al frente del enemigo.

Luego, ordenó a los marinos renunciantes que se embarcaran en el transporte Callao, que les debía trasladar al puerto chalaco. Todos ellos obedecieron y entregaron los buques a los marinos venidos a bordo del mismo transporte. Grau dejó la Unión al capitán de corbeta Camilo N. Carrillo.[90]

Los marinos renunciantes arribaron al Callao el 15 de agosto, siendo trasladados a la isla San Lorenzo, frente al Callao, en condición de arrestados. Eran más de treinta. Fueron sometidos a juicio, acusados de insubordinación, deserción y traición.[92]

El juicio duró seis meses. El 24 de enero de 1867 los jefes y oficiales detenidos fueron llevados de la isla San Lorenzo al puerto del Callao. Al día siguiente, entró en funciones el Consejo de Guerra, presidido por el mariscal Antonio Gutiérrez de la Fuente e integrado por los generales de división, Manuel Martínez de Aparicio, y José Rufino Echenique y por los generales de brigada, Pedro Cisneros, Baltasar Caravedo, Luis La Puerta y Nicolás Freire.[86]

Grau tuvo como defensor a Luciano Benjamín Cisneros (hermano del poeta Luis Benjamín Cisneros), conspicuo representante del foro limeño. La defensa de Cisneros fue muy brillante y se basó en que no hubo insubordinación, por cuanto Grau había acatado las órdenes del gobierno al embarcarse en el transporte Callao; que no hubo rebelión, por cuanto no había desobedecido órdenes sino sólo había planteado su renuncia; y finalmente, que no podía ser desertor, por cuanto el Gobierno era quien lo había separado de su cargo. Además, el hecho de indisciplina quedaba descartado, al haber presentado su petición de renuncia antes de que Tucker se hiciera cargo del mando de la escuadra.[86]

La defensa de Cisneros, toda una joya de la oratoria forense, contenía las siguientes conmovedoras palabras:[93]

Los marinos no han cometido ni la más ligera falta. Si alguna hay, será efecto de un noble patriotismo, pero ¡las exageraciones del patriotismo se disimulan, no se penan... ¡No hay delito señores, no hay delincuentes; solo hay mártires de la convicción y del deber que vienen a reclamar con perfecto derecho, el derecho de ser solemnemente absueltos!

El 9 de febrero de 1867 culminaron las defensas y el Consejo pasó a sesión secreta. El 11 se dictó sentencia y, por unanimidad de votos, fueron declarados inocentes todos los procesados.[94]

En cuanto a la proyectada expedición libertadora a Filipinas, esta no llegó a concretarse, debido sobre todo a la renuencia de Chile a comprometerse en el plan. El contralmirante John Tucker cesó en el mando de la escuadra, recibiendo a cambio una comisión para explorar los ríos de la selva amazónica peruana.[95]

Otra vez en la marina mercante. Matrimonio

Dolores Cabero Nuñez, esposa de Grau.

Repuesto en sus prerrogativas e incólume su honor de marino, Grau pidió licencia a la Comandancia General de Marina, en oficio de 30 de marzo de 1867, para dedicarse a la marina mercante «en ejercicio de su profesión naval». El 2 de abril la licencia le fue concedida y, cuatro días después, Grau solicitó permiso para contraer matrimonio con la dama limeña Dolores Cabero y Núñez,[99]

Entre 1867 y 1868, Grau se dedicó a la marina mercante, comandando buques de la Compañía Inglesa de Vapores, que surcaban el Pacífico sudamericano: primero, el vapor Callao (cuyo mando asumió el 13 de mayo de 1867, es decir, al día siguiente de su matrimonio), y luego, el vapor Quito, terminando su actividad mercante el 22 de febrero de 1868. No era común que un marino no británico asumiera el mando de un buque de una compañía inglesa. Los capitanes ingleses se tenían por los mejores del mundo y su sociedad era muy cerrada; el hecho que aceptaran a Grau es un indicativo de que tenían en muy alta consideración las dotes náuticas del marino peruano.[88]

Comandante del monitor Huáscar

Mientras Grau se hallaba en la marina mercante, se produjeron cambios políticos en el Perú. Mariano Ignacio Prado, cuya dictadura debía ser solo temporal, quiso mantenerse en el poder y se hizo presidente constitucional, proclamando la Constitución de 1867. Ese mismo año estalló una revolución, acaudillada en el sur por el general Pedro Díez-Canseco y en el norte por el coronel José Balta, en defensa de la Constitución de 1860. Tras sangrientos combates, triunfó la causa revolucionaria y Prado se vio obligado a renunciar al poder. El 22 de enero de 1868, el general Pedro Díez-Canseco asumió por tercera vez la Presidencia interina de la República, y fue bajo su mandato que Miguel Grau fue llamado a reincorporarse a la Marina.[101]

El 27 de febrero de 1868, Grau fue nombrado comandante del monitor Huáscar, con el grado de capitán de fragata, cargo en el que se mantuvo durante más de ocho años consecutivos y que sólo dejará en 1876 cuando se incorpore al Congreso como diputado por Paita, para reasumirlo después en 1879, al empezar la Guerra del Pacífico. Fue precisamente estando al mando del Huáscar, cuando Grau recibió el 25 de julio de 1868 su ascenso a capitán de navío graduado, por decisión del mismo presidente Diez Canseco. Tenía tan solo 34 años de edad.[102]

Grau ya gozaba de prestigio internacional, como experto marino y hombre de solvente criterio, a tal punto que fue designado árbitro para pronunciarse sobre las responsabilidades derivadas de una colisión entre dos buques de guerra extranjeros, el británico Glaid Maiden y el estadounidense Kit Carson. El diario El Comercio de Perú dio cobertura a este suceso en sus ediciones de 5 y 12 de noviembre de 1868 y publicó el fallo de Grau, que a la letra dice:[103]

Que los capitanes de ambos buques han tenido omisiones y descuidos en procedimientos y maniobras y no han obrado con el acierto que debían; que aunque los daños que se derivan de la colisión son recíprocos y mayores los de un buque respecto del otro, dichos daños no son sin embargo imputables al uno más que al otro capitán; y que cada uno reporte sus propias averías por haber sido, recíprocamente, causantes de los daños. Y por esta sentencia, en justicia, así lo resuelvo, pronuncio y firmo, en el Callao a 10 de noviembre de 1868. Miguel Grau, Comandante del Huáscar.

El 26 de enero de 1869, Balta promulgó la ley de gratitud nacional a los vencedores del 2 de Mayo y Abtao. Grau, que participó en este último combate como comandante de la Unión, recibió el título de benemérito a la patria en grado heroico. La condecoración era de oro, esmaltada, con la siguiente inscripción en el anverso: «Fue uno de mis defensores»; y, en el reverso: «7 de febrero de 1866» (fecha del combate de Abtao). El 22 de octubre de ese mismo año, Balta expidió una resolución en donde se reconoció a Grau como abono a su tiempo de servicios, el tiempo que estuvo navegando en buques mercantes, adicionando tres años y cinco meses más a su favor.[104]

Durante el gobierno de Balta, a Grau se le encomendó diversas comisiones, entre ellas, el estudio de las condiciones hidrográficas de la caleta Garita de Moche, donde se pensaba habilitar un nuevo puerto, en reemplazo del puerto de Huanchaco.[106]

Grau se preocupó también por la formación militar de la tripulación del buque a su mando, el monitor Huáscar, haciendo diariamente ejercicios.[107]

En junio de 1870, Grau recibió la comisión de viajar a Chile con su buque. Recorrió los puertos del sur del litoral peruano y la costa boliviana, arribando a Valparaíso. La misión consistía en escoltar al bergantín francés Lucie, que traía cargamento de armas para Perú, adquiridas por el gobierno de Balta. Retornó al Callao el 27 de julio. Estando en Chile, observó el ambiente belicista que existía en esa república y ya de retorno al Perú dió sus personales informes al presidente Balta.[108]

Balta fue un presidente muy preocupado por la Marina de Guerra. Durante su mandato se repararon varios buques de la escuadra, y se retubaron las calderas de los monitores Manco Cápac y Atahualpa, adquiridos por el gobierno de Mariano Ignacio Prado.[109] Estos monitores, recién llegados al Perú en 1870, en remolque desde los Estados Unidos, estaban diseñados para la navegación fluvial, por lo que fueron una mala adquisición y solo se usaron como pontones o baterías flotantes.

Al enterarse que Chile había contratado en Inglaterra la construcción de dos poderosos buques blindados, Balta se reunió con su consejo de ministros el 14 de febrero de 1872 y acordó contratar en Europa la construcción de dos buques blindados, de mayor poder que los chilenos, así como dos cañoneras guardacostas. El comandante Manuel Ferreyros fue comisionado a Inglaterra para negociar la contratación de los blindados peruanos. Sin embargo, esta operación se frustró, al negarse la Casa Dreyfus a proporcionar los fondos necesarios, si antes no se solucionaban las cuentas pendientes que con ella tenía el Estado peruano (que había contraido una serie de empréstitos con dicha Casa a cuenta de la ganancia del guano, por el llamado contrato Dreyfus). No obstante, Balta, consciente del peligro que entrañaba la superioridad naval de Chile, insistió en las negociaciones, hasta poco antes de su trágica muerte. Si bien estas continuaron, ya no tuvieron el impulso que Balta les había dado, siendo finalmente suspendidas por el gobierno de su sucesor Manuel Pardo y Lavalle.[110] De las negociaciones de Balta solo se concretaron la adquisición de las dos cañoneras, que fueron la Chanchamayo (naufragada en 1876 en Punta Aguja) y la Pilcomayo.

La revolución de los Gutiérrez

En las elecciones generales de 1872, resultó elegido Manuel Pardo y Lavalle, el primer presidente civil de la historia republicana del Perú. Pero antes de que se realizara el cambio de mando, el coronel Tomás Gutiérrez, a la sazón ministro de Guerra y Marina, dio un golpe de Estado, apoyado por sus tres hermanos, los coroneles Silvestre, Marceliano y Marcelino Gutiérrez. El presidente Balta fue apresado y confinado en un cuartel de Lima. El Congreso fue disuelto. Tomás Gutiérrez se autoproclamó Jefe Supremo (22 de julio de 1872).

Para someter a la Escuadra, Tomás Gutiérrez envió una orden al Comandante General de Marina, capitán de navío Diego de la Haza, que decía así: [111]

Señor Comandante General de Marina. Ordene Ud., que la Escuadra secunde el movimiento que se ha hecho en Lima. Se ha botado al Congreso y don José Balta está preso. Su afecto amigo Tomás Gutiérrez. Lima, julio 22 de 1872.

El mensaje fue rechazado por los jefes de la Armada, y lo mismo ocurrió con otro enviado por un insistente Tomás Gutiérrez. Miguel Grau, que había ordenado encender las calderas de su buque, indignado por la trasgresión a la Constitución perpetrada por los Gutiérrez, sugirió que los comandantes de los buques se juntasen a bordo del vapor Marañón, para deliberar sobre la acción a tomar. En dicha reunión se acordó movilizar la Escuadra y zarpar rumbo al cabezo de la isla San Lorenzo, para tomar, con amplia libertad, la decisión definitiva.[112]

El día 23 de julio, los jefes y oficiales de la Escuadra, entre ellos Grau, suscribieron una proclama contra el golpe revolucionario y reafirmaron su decisión de luchar por el restablecimiento del orden y la ley.[114]

Firmada la proclama, se la hizo circular por el Callao y Lima. La Escuadra se retiró del Callao y fondeó el 24 de julio en las islas Chincha. Continuando el viaje al sur, el 26 llegó a Islay. Ese día, el presidente Balta fue asesinado vilmente en el cuartel San Francisco, en donde estaba detenido. Enterado el pueblo de este crimen, su reacción fue tremenda. Los coroneles Gutiérrez cayeron muertos uno tras otro, a manos de la furia popular, a excepción de uno de ellos, que se puso a resguardo.[115]

Mientras en Lima ocurrían esos sucesos, Miguel Grau, desde el Huáscar, fondeado en Islay, dirigía una extensa circular a los prefectos de Arequipa, Cuzco, Puno, Moquegua y Tacna, a los subprefectos de Arica e Islay, a los Presidentes de las Cortes Supremas de Arequipa, Puno y Moquegua y a los alcaldes municipales de Tacna y Tarapacá. La circular daba cuenta de los hechos ocurridos en Lima y la posición de rechazo a la dictadura asumida por la Escuadra.[116]

El 1 de agosto, ya restablecido el orden y la normalidad en el país, el comandante Grau envió al ministro de Guerra y Marina, el informe detallado de los sucesos acaecidos en la Armada Peruana, desde el 22 de julio en que estalló la revolución. En ese informe Grau dio cuenta que el día 29 de julio, a las siete de la tarde, en el puerto de Pisco, se enteró del asesinato del presidente Balta y del restablecimiento del orden en la capital, por lo que zarpó inmediatamente con destino al Callao.[117]

El 5 de agosto, restablecido el orden constitucional y estando ya en funciones el presidente Manuel Pardo, Grau envió al Mayor de Órdenes del Departamento, capitán de navío Ezequiel Otoya, la nómina de todos los jefes, oficiales y tripulantes de los buques de la Escuadra, que se embarcaron en el Huáscar, la noche del 22 de julio, dispuestos a luchar contra los golpistas.[118]

El papel desempeñado por Grau en la debelación de la revolución de los Gutiérrez, fue muy importante, pues influyó para que la rebelión no se propagara en la Marina y en el resto del país. Su figura ya empezaba a ser reconocida incluso en el extranjero; un periodista argentino, Héctor F. Varela, publicó en El Americano de París un artículo donde alababa el comportamiento de la Marina peruana, y en especial, hacía el retrato de Grau, con encomiásticas expresiones:[120]

Noble, franco, leal, inteligente, bondadoso y bravo como todos los hombres de convicciones, el comandante Grau que manda el magnífico acorazado “Huáscar”, es un oficial que hace honor a su patria

Dicho artículo fue reproducido íntegramente en la edición de El Comercio de Lima del 17 de agosto de 1872.

Miembro de la Comisión Consultiva de la Marina

El presidente de la República, Manuel Pardo, a pocos días de asumir el mando, decidió asesorarse por expertos consejeros en todo lo relacionado con las necesidades del Ejército y la Marina. Con ese fin, el 14 de agosto de 1872 expidió un decreto supremo, por la que creaba las Comisiones Consultivas de Guerra y de Marina. La Comisión de Marina quedó integrada por ocho marinos, uno de ellos fue el capitán de navío Miguel Grau.[122]

El Huáscar, rumbo al sur

Miguel Grau con uniforme naval de la Marina de Guerra del Perú, con insignias de capitán de navío. Museo Naval del Perú en el Callao

El 1 de septiembre de 1872, el Huáscar, al mando de Miguel Grau, salió del Callao con rumbo sur, acompañado del transporte Chalaco y llegó a Iquique el día 5. Grau llevaba instrucciones del gobierno, en el sentido de buscar fidedignas informaciones sobre los sucesos que, por cuestiones limítrofes, ocurrían por entonces entre las repúblicas de Bolivia y Chile.[123]

Las dificultades limítrofes entre Bolivia y Chile provenían de la explotación del guano y el salitre por compañías chilenas, en los desiertos bolivianos de Atacama. En 1866, tras el fin de la guerra hispano-sudamericana, ambos países firmaron un tratado de límites, que fijó el paralelo 24ºS como línea divisoria entre ambos países y establecieron que entre los paralelos 23°S y 25°S los Estados signatarios se repartirían las ganancias del guano y los minerales explotados en partes iguales (zona de beneficios mutuos). Gobernaba entonces en Bolivia el dictador Mariano Melgarejo, muy amigo de Chile. A la caída de Melgarejo, en enero de 1871, el gobierno de su sucesor, general Morales, anuló los actos de la administración depuesta y resolvió modificar el tratado de límites de 1866, muy impopular entre los bolivianos porque confería derecho a Chile para intervenir en el territorio de Bolivia y explotar sus riquezas. A fin de resolver diplomáticamente la tensa situación creada entre ambos países, el gobierno boliviano envió como Ministro Plenipotenciario y Enviado Extraordinario en Santiago a Rafael Bustillo, quien se mostró intransigente en defender los derechos bolivianos sobre el territorio en disputa, lo que condujo a un entrampamiento en las negociaciones. Chile, deseoso de llegar a un arreglo con Bolivia que no alterase las bases sustanciales del tratado de 1866, y viendo que no lo lograría con Bustillo, envió a La Paz, como su ministro, a Santiago Lindsay, para que reanudara las conversaciones. Estando Bustillo por regresar a Bolivia, en julio de 1872, el general boliviano Quintín Quevedo, partidario de Melgarejo, armó en Valparaíso una expedición y desembarcó en Antofagasta avanzando hasta Tocopilla, donde las fuerzas bolivianas lo rechazaron. Quevedo y sus hombres se refugiaron en la corbeta chilena Esmeralda, anclada en el puerto. Todo indicaba que el gobierno de Chile apoyaba las intentonas revolucionarias de Quevedo, aunque lo negara oficialmente.[124]

Desde Iquique, Grau escribió una nota el 6 de septiembre de 1872 al ministro de Guerra y Marina, informándole sobre los sucesos en torno a la expedición de Quevedo y dejando en ella constancia que la mayoría de los expedicionarios eran chilenos y que la Escuadra de Chile se encontraba en Mejillones.[126]

Sin tener más noticias importantes de qué informar, Grau emprendió el regreso al Callao, arribando el 30 de setiembre de 1872.[127]

Mientras tanto, en La Paz continuaron las gestiones entre el ministro chileno Lindsay y el canciller boliviano Casimiro Corral, para determinar las nuevas bases de arreglo sobre las cuestiones pendientes del tratado de 1866. El 5 de diciembre de 1872, ambos diplomáticos suscribieron el protocolo conocido con el nombre Lindsay-Corral, por el cual se confirmó el paralelo 24 como límite de Chile y Bolivia y se determinó que la partición por mitad de los derechos de exportación se referían, aparte de los metales, a las sustancias inorgánicas como el salitre, bóraxy sulfatos. El acuerdo suscitó igualmente el rechazo de la opinión pública boliviana, que consideraba excesivas las ventajas obtenidas por Chile. La Asamblea de Bolivia rechazó aprobar el protocolo, lo que mantuvo pendiente el problema.[128]

Crucero por el litoral boliviano

Al temerse un conflicto armado entre Chile y Bolivia, el gobierno peruano ordenó a Grau que zarpara nuevamente al sur con el Huáscar, con la finalidad de conocer de cerca la situación, así como para prevenir otras perturbaciones de índole política que amenazaran a la República peruana. El 4 de marzo de 1873 el monitor zarpó del Callao, rumbo a aguas bolivianas.[129]

El 13 de marzo, desde Iquique, Grau envió un informe al Ministro de Guerra y Marina, haciéndole saber de la tranquilidad en el litoral, al no hallar «nada que pueda amenazar una perturbación en el orden político»y agregando que «no descuidaré medida alguna conducente al mejor desempeño de mi comisión».[129]

El 24 de marzo, el Huáscar llegó al puerto de Cobija, donde permaneció tres días. El 28, ya en Iquique, Grau escribió nuevamente al Ministro de Guerra, informándole de la afectuosa acogida que tuvo de parte las autoridades bolivianas:[129]

Conforme indiqué a V. S., en mi oficio del 24 del presente he permanecido tres días en el puerto de Cobija, habiendo regresado a éste en la tarde de ayer. Durante mi permanencia en esas aguas me ha sido muy satisfactorio el recibimiento hecho por las autoridades bolivianas, las que me han dispensado toda clase de atenciones, no omitiendo circunstancia alguna para manifestar sus sentimientos de adhesión al Gobierno y pueblo del Perú.

El 4 de abril, desde Iquique, Grau envió otro informe al ministro de Guerra, donde aseguraba «que el sur continúa sin novedad». El gobierno peruano le autorizó entonces a efectuar los reconocimientos al sur del litoral de la República cuando lo juzgara conveniente y expidió la resolución legislativa del 23 de abril de 1873, por la que ascendió a Grau a capitán de navío efectivo.[130]

El 28 de mayo el Huáscar llegó nuevamente a Cobija. Al día siguiente Grau escribió a la Comandancia General de Marina, dando cuenta de su llegada a ese puerto e informando que toda la costa se encontraba en orden. El 2 de junio le escribió al ministro de Guerra, poniéndole al tanto sobre la desfavorable acogida dispensada al protocolo Corral-Lindsay por parte del pueblo boliviano; además, le informó del cordial recibimiento que tuvo:[131]

Por lo demás, la recepción hecha tanto por ese funcionario, como por las autoridades de este puerto, y las diversas circunstancias que he tenido la ocasión de hacerles atenciones cariñosas y agasajos, en cuanto me ha sido posible, no han hecho más que estrechar los vínculos y afecciones que dichas autoridades y pueblo boliviano manifiestan sinceramente por el Gobierno y pueblo del Perú, no omitiendo la ocasión de probarlo prácticamente, una vez que han tenido la oportunidad de hacerlo.

Cabe señalar al respecto, que el 6 de febrero de 1873 se había suscrito en Lima, con carácter de secreto, el Tratado de Alianza Defensiva entre Perú y Bolivia, por lo que es de suponer que el cordial recibimiento que disfrutó Grau en Cobija de parte de las autoridades bolivinas obedecía en parte a instrucciones del gobierno de La Paz.[132]

De regreso en Iquique, Grau fue encomendado a hacer un estudio de la rada del puerto, a fin de facilitar el desarrollo de las actividades portuarias.[133]

Jefe de la escuadra de evoluciones

El 10 de junio de 1874, Grau fue nombrado Jefe de la Escuadra de Evoluciones. Esta figura consistía en que los buques de la escuadra pusieran en práctica los movimientos de la táctica naval, consignados en el manual respectivo de la Escuela Naval.[135]

La escuadra de evoluciones desarrolló sus actividades de 12 de junio de 1874 a 22 de enero de 1875. Salió del Callao el 18 de junio y recorrió el litoral peruano, tocando las islas Chincha, San Juan, Islay, Arica, Ilo, Pisco, Mollendo, entre otros puntos.[134]

De otro lado, Bolivia y Chile parecieron zanjar sus diferencias al firmar un nuevo tratado limítrofe, el 6 de agosto de 1874. La frontera se mantuvo en el paralelo 24°S y continuó el sistema de explotación y venta de común acuerdo entre los paralelos 23°S y 24°S. Asimismo, Bolivia se comprometía a no incrementar los impuestos a las personas, capitales y negocios chilenos durante 25 años. El incumplimiento por parte de Bolivia de esta última cláusula sería el detonante de la posterior Guerra del Pacífico.[137]

La firma del tratado de 1874 hizo que se disiparan momentáneamente los peligros de guerra entre Bolivia y Chile. En octubre de ese año, el gobierno peruano se enteró de la presencia en aguas peruanas del Talismán, pequeño navío fletado en Inglaterra, y en el cual, según se afirmaba, venía Nicolás de Piérola (el ex ministro de Hacienda de José Balta), con un grupo de revolucionarios, cuyo plan era el derrocar al presidente Manuel Pardo (la célebre Expedición del Talismán).[138]

Grau y la Escuadra de Evoluciones recibieron la misión de capturar al Talismán, que de acuerdo con las informaciones del gobierno, había intentado desembarcar en Pacasmayo. Luego de una activa búsqueda, el Talismán fue apresado por el Huáscar en la bahía de Pacocha, cerca de Ilo, la mañana del 2 de noviembre de 1874. La tripulación fue apresada y buena parte del cargamento confiscado, pero Piérola logró escapar hacia Moquegua; posteriormente sería derrotado por las tropas gobiernistas en el combate de Los Angeles.[140]

Grau envió al Talismán a Mollendo, bajo el mando del capitán de corbeta Leopoldo Sánchez, y elevó un parte al Ministro de Guerra y Marina, fechado en Pacocha, dando cuenta de los hechos.[141]

Cumplida su misión, el Huáscar partió de inmediato al sur para seguir resguardando el orden. En diciembre de 1874, la Escuadra de Evoluciones llegó a Iquique y luego regresó al Callao, poniendo fin a su entrenamiento. El 20 de enero de 1875, Grau cesó en el mando de la escuadra y continuó como comandante del Huáscar.[142]

Diputado por Paita (primera legislatura)

La vinculación que había mantenido Miguel Grau con el puerto de Paita, donde transcurriera su niñez, hizo que en 1875 sus pobladores lo eligieran diputado para representar a esa provincia en el Parlamento, como miembro del Partido Civil. Por ese motivo, el 5 de julio de 1876, Grau dejó el comando del Huáscar (que había ejercido durante más de 8 años) y se alistó para tomar posesión de su escaño congresal, por un periodo de seis años, aunque, de hecho, este se reduciría a dos legislaturas, de seis meses cada una (agosto de 1876-febrero de 1877 y julio de 1878-febrero de 1879).[144]

El 2 de agosto de 1876 se instaló el gobierno constitucional del general Mariano Ignacio Prado, sucesor de Manuel Pardo. El día 4 la Cámara de Diputados aprobó el dictamen de la Comisión de Poderes que habilitaba a Grau para incorporarse como diputado propietario por Paita. Al día siguiente, Grau prestó juramento de ley en la Cámara y pasó a integrar la Comisión de Marina,[145]

Su actividad como legislador fue activa y eficaz. Fue autor de la iniciativa sobre ascensos en la Armada que reconocía los méritos de jefes y oficiales para acceder a rangos superiores. También propuso la reorganización del Ministerio de Guerra y Marina, y solicitó, igualmente, que la Cámara se reuniera dos veces a la semana en sesiones nocturnas.[146]

A pedido del Ejecutivo, en octubre de 1876 se le concedió licencia temporal para formar parte del Consejo de Guerra que debía juzgar la pérdida de la cañonera Chanchamayo.[146]

Concluida la legislatura en febrero de 1877, Grau ejerció durante unos días como agregado al Departamento de Marina, y en ese mismo mes, pidió licencia por dos meses para viajar a Valparaíso, con el fin de traer los restos de su padre, el teniente coronel Juan Manuel Grau y Berrío, fallecido en dicho puerto en 1865. Se embarcó en el vapor británico Eten,[147]

Ya de retorno al Perú, Grau cumplió con informar al gobierno de los preparativos bélicos de Chile y la manifiesta superioridad en que se hallaba la escuadra de este país con respecto a la del Perú, lo que él mismo pudo comprobar in situ, al ver fondeados en las aguas de Valparaíso a los poderosos blindados Almirante Blanco Encalada y Almirante Cochrane, muy superiores a cualquiera de los mejores navíos de guerra peruanos.[148]

El 7 de marzo de 1877, Grau fue nombrado vocal de la Junta Revisora de las Ordenanzas Navales, cargo que ejerció hasta el 30 de mayo, cuando fue nombrado Comandante General de Marina.[148]

Comandante General de la Marina de Guerra del Perú

El 1 de junio de 1877, Miguel Grau asumió la más alta función en el servicio naval: la de Comandante General de Marina. Tenía entonces 43 años de edad.[151]

De algún tiempo atrás la Marina no ha hecho adelanto material alguno, a excepción del aumento que ha recibido con el transporte Limeña; lejos de esto su importancia ha desmerecido mucho, pues siendo nuestros principales buques construidos en una época en que el blindaje y gruesa artillería hacían sus primeros ensayos, ya han quedado muy atrás de las poderosas naves de guerra que se construyen en el día.

Esta novedad que se ha hecho una necesidad imperiosa en todas las naciones proporcionalmente a sus exigencias, me hace llamar la preferente atención de vuestra excelencia que tanto conoce cuánto afianza una buena escuadra, los intereses, la tranquilidad y soberanía de la nación. Demasiado conozco la aflictiva situación de nuestro erario, sin embargo, en atención a las consideraciones expuestas, creo mi deber reclamar la prestigiosa influencia de vuestra excelencia para reforzar nuestra escuadra con los buques que según su ilustrada sean necesarios.

Haciendo a V.E. el anterior pedido, justo y conveniente es que opine por la supresión de los buques que por su poca marcha o por su estado de deterioro o inutilidad, solo aumentan los gastos de la Escuadra, sin provecho y con detrimento de la conservación de los demás buques.

Grau hizo en dicha memoria un certero diagnóstico de la situación de la Armada Nacional y formuló juicios que fueron una verdadera advertencia, a un año del estallido de la Guerra del Pacífico;[n 3]

Pese a las limitaciones de presupuesto, Grau supo desempeñar con eficiencia su elevado cargo. Ordenó las reparaciones y la limpieza de los fondos de las naves de guerra, trató de proveerlas de pertrechos y de armamentos; pero no pudo conseguir lo que deseaba con más vehemencia: la adquisición de buques blindados, para superar, o al menos equiparar, el poderío alcanzado por la flota chilena.[153]

A principios de 1878, le tocó presidir el Jurado de Exámenes de la Escuela Preparatoria y Escuela Naval, dejando constancia, por oficio del 4 de febrero de 1878, de «…el aprovechamiento que han alcanzado todos los alumnos, en los diversos ramos que han cursado…», importante avance en la formación profesional de los marinos, lo que contrastaba con la falta de modernización de las naves y equipos de la Marina. [154]

El 10 de julio de 1878, Grau puso a disposición del gobierno su cargo de Comandante General de la Marina, pues debía reincorporarse al Congreso Ordinario, al estar próxima a iniciarse una nueva legislatura, programada para el 28 de julio de 1878. Su sucesor en la Comandancia de la Marina fue el contralmirante Antonio de la Haza.[155]

Diputado por Paita (segunda legislatura)

Nuevamente como parlamentario, Grau siguió en la Comisión de Marina, donde libró una verdadera lucha para que no se rebajaran las partidas presupuestales del pliego de Marina, en vista de no haber logrado que se aumentaran. De otro lado, luchó contra las intenciones piuranas de convertir a Paita en un distrito de Piura, esbozando su frase: «No solo como representante de Paita, sino como hijo de ella, lucharé por la permanencia de Paita como provincia» (octubre de 1878), quedando así como el más férreo opositor de las intenciones piuranas e incluso ganándose enemigos políticos piuranos, pero ganando a cambio el corazón de todo Paita.[156]

Cuando, en noviembre de 1878, fue asesinado su amigo y su jefe político, el ex presidente Manuel Pardo (a la sazón Presidente del Senado), Grau pronunció un emocionado y lacónico discurso, y aprobó la resolución que impuso el estado de sitio y declaró a la Patria en peligro.[157]

En febrero de 1879, concluida la legislatura, Grau pasó nuevamente a servir en el Ministerio de Guerra y Marina en condición de agregado, pero el cargo lo desempeñó solo 50 días, pues corrían vientos de guerra en el sur. El 28 de marzo, Grau volvió a ser comandante del monitor Huáscar. El 5 de abril de 1879, Chile declaró la guerra al Perú.[158]

El 2 de agosto de 1879, en plena campaña naval en el sur, Grau pidió ser relevado del ejercicio de su función parlamentaria y que en su reemplazo asumiera el suplente Manuel E. Raygada, para que su provincia no se perjudicara.[8]

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