Miguel Cabrera (beisbolista)

Miguel Cabrera
Miguel Cabrera (2011).jpg
Equipo Detroit Tigers
Número 24
Posición Primera base
Nacimiento 18 de abril de 1983 (33 años) Maracay, Aragua
Bandera de Venezuela  Venezuela
Batea Derecha
Lanza Derecha
Primera aparición 20 de julio 2003
Equipos
Premios y logros
  • Bate de Plata de la Liga Nacional(2005 y 2006)
  • Bate de Plata de la Liga Americana(2010, 2012, 2013 y 2015)
  • Jugador del Año en MLB (voto de los jugadores) (2012 y 2013)
  • Tigre del año (2012 y 2013)
  • Jugador Más Sobresaliente de la Liga Americana (voto de los jugadores) (2012)
  • Premios "Luis Aparicio" (2005, 2011, 2012 y 2013) (Se otorga al Venezolano más sobresaliente de las grandes ligas)
  • Atleta del año (Premio que se le otorga al deportista venezolano más destacado) (2003, 2011, 2012 y 2013)
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José Miguel Cabrera Torres, ( Maracay, Venezuela, 18 de abril de 1983), mejor conocido como Miguel Cabrera, es un beisbolista profesional venezolano que juega en la Major League Baseball (MLB) con el equipo de los Detroit Tigers. Logró la hazaña de la Triple Corona en las Grandes Ligas en las temporada 2012 y 2015 ,ganó el premio MVP (jugador más valioso, por sus siglas en inglés) otorgado por la asociación de cronistas del béisbol de Grandes Ligas. Debutó en la MLB con los Florida Marlins el 20 de junio de 2003. El día de su debut, bateó un jonrón al pitcher Al Levine para ganar el juego dejando a su rival en el terreno, una hazaña lograda anteriormente sólo por Billy Parker, en 1971; y Josh Bard, en el 2003.[2]

Ese año, de regreso en su Venezuela natal, se incorporó a su equipo, los Tigres de Aragua y fue clave en el título logrado por esa divisa en la Liga Venezolana de Béisbol Profesional (LVBP) luego de una prolongada sequía de 27 temporadas. En el round robin de la temporada 2003-2004 bateó 9 jonrones y remolcó 32 carreras en 16 partidos para dejar marcas en ambos departamentos, dejando atrás los registros anteriores de 6 y 21 respectivamente. En el partido final, conectó dos jonrones contra Caribes de Oriente y su estelar Carlos Silva, para ponerle fin a la hasta ese entonces más larga espera por un campeonato. Cabrera y los Tigres de Aragua ganaron 3 de las siguientes 4 temporadas de la LVBP. Tiene una hija de 7 años.

Historia Infancia

José Miguel Cabrera Torres Nació: 18 de abril de 1983 en Maracay, Venezuela en el Hospital Central de Maracay. José Miguel Cabrera se uniformó por vez primera a los 4 años y el miedo se le metió en el cuerpo. No volvió a jugar en todo un año. A los 13 tomó la decisión de su vida, quería ser lo que es: un grandeliga. Y consiguió dos scouts de lujo: su padre Miguel y su madre Gregoria. Según cuenta su abuela materna, Berta Torres “El siempre se tiraba por la empalizada para ir a entrenar o jugar caimaneras en el estadio de béisbol que está detrás de la casa … Con el pasar de los años, esa suerte de patio trasero se convirtió en el destino de decenas de observadores y directivos de organizaciones del béisbol estadounidense, que peregrinaron desde el norte para comprobar con sus propios ojos lo que ya los reportes eran incapaces de definir adecuadamente.

José Torres, tío del jugador, recuerda claramente la impresión que su sobrino causó a los representantes del equipo de los Marlins de Florida. Sentado en la pequeña tribuna del descuidado parque de pelota, revive aquel momento: “Ellos estaban aquí, viendo hacia la puerta, impacientes porque Miguelito no llegaba; pues no se habían percatado de que estaba en el terreno y que había entrado al saltar por la pared de la casa de la abuelaico de los Tigres de Aragua, ingresaba a la escuela de béisbol David Torres. Casi fue debut y despedida. “Era la primera vez que jugaba. Lo metieron en segunda base y cuando venían a batear, al niño que le antecedía le pegaron un pelotazo. Luego de ver eso, se guindó de la cerca y de allí no lo pudo quitar nadie”, rememora entre risas Gregoria, a quien todos llaman cariñosamente Goya.

Un año duró el susto dentro del cuerpo del aporreador que haría temblar a los mejores brazos del Big Show. “Se ponía a llorar, no quería ir a las prácticas; sin embargo, al ver a los niños entrenar, se entusiasmó y volvió al estadio”.

Su madre confiesa que “la crianza de Miguelito fue un poco dura, con humildad. No exigía nada, comprendía la situación que atravesábamos”.

Miguel Cabrera, su padre, tenía un taller de latonería y pintura; al tiempo que la mamá era ama de casa y ayudaba en las cuestiones del negocio familiar.

Los padres hicieron hincapié en la disciplina del joven y forjaron su espíritu luchador.

“Goya fue muy fuerte con él, lo apretó mucho en el bachillerato”, indica el tío José, quien reconoce la dedicación de su hermana y su cuñado para con su primogénito.

“Su mamá y su papá hicieron cosas que pocos hacen por sus hijos. Todos los fines de semana lo acompañaban al estadio y todo esto es el fruto de sus esfuerzos”, sostiene Simón Astudillo Urbina, vecino y dueño de un restaurante en La Pedrera, que se jacta de conocer al cuarto bate de los campeones mundiales “desde que era un niño”.

Wilmer Astudillo Mora, comerciante de la zona, rescata que “sus padres siempre lo fueron llevando con mucha educación. A las 9 de la noche estaba recogido en su casa, y cuando no estaba allí se la pasaba en el estadio y, a veces, en la plaza de enfrente”. En La Pedrera es el único tema de conversación.

En la escuela de David Torres jugó hasta prejunior (categoría de 9-10 años de edad), dentro de la Liga Mario Briceño Iragorry. Cuando ascendió a junior, ingresó al equipo Fanametal en Cagua y más tarde pasó a jugar con Tigritos, dirigido por el scout de los Rojos de Cincinnati Félix Delgado

Frank Torres, primo de Miguelito, lo describe como un muchacho tranquilo. “Para divertirnos jugábamos básquet, futbolito y, cuando tenía juego los fines de semana, visitábamos parques, hacíamos parrillas o nos bañábamos en la playa”, acota este joven de 22 años que también es beisbolista.

A los 13 años, Miguelito delineó su futuro. Le comunicó a su padre que deseaba convertirse en pelotero profesional y recibió una serena respuesta: “Debes dedicarte a eso y a tus estudios, trabajar bastante para lograr esa meta”, y a partir de ese momento, relata Goya, “comenzó a aplicar ese consejo. Salía del liceo Andrés Bello, donde se graduó, a la 1 de la tarde, almorzaba y después practicaba hasta la 6 pm”.

Para cuidar su brazo, el papá le prohibió jugar voleibol, disciplina en la que resaltó hasta el punto de que le propusieron integrar la selección nacional juvenil de la especialidad.

“Pero él se iba a practicar escondido”, advierte Goya. Por ello, el rostro que acapara las primeras planas de los periódicos venezolanos “cuando ganaba su sexteto, huía de los reporteros gráficos y nunca salía en las fotos para que nosotros no nos enteráramos”. Pronto el béisbol absorbería todo su tiempo. Los éxitos logrados en diferentes certámenes le abrieron un puesto en la novena que disputó el Panamericano de San Luis, EEUU, en 1997.

En ese torneo, José Miguel fue designado campeón shortstop, jonronero, bate, slugger e infield. Gracias a esta actuación, recibió varias condecoraciones en el país, incluido su segundo premio a la excelencia de la juventud aragüeña, y fue llevado por Gilberto Mendoza a la cena anual de la Asociación Mundial de Boxeo en Las Vegas, donde compartió, entre otros, con Evander Holyfield y Larry Holmes.

En Misuri, además de las distinciones, conquistó la atención de los cazadores de talentos de las Mayores. “Eso era un solo corri-corri. Del liceo al estadio de La Pedrera. Llegaba el jefe de Toronto Blue Jays, a los tres días uno de los Marlins. Hubo un momento en que los scouts de Venezuela no podían hacer nada porque no sabían cómo calificar a ese pelotero”, narra Goya.

En el día Miguelito deslumbraba a los observadores foráneos y, en las noches, los padres se mantenían en vela. “No dormíamos, estudiábamos las ofertas. Qué pelotero jugaba aquí; qué chance podía tener José Miguel con las organizaciones. Eso lo hablábamos Miguel y yo en las noches, que se nos iban en puro pensar”.

Las cavilaciones culminaron el 2 de julio de 1999, en El Portón de la Abuela en la avenida Las Delicias de Maracay, donde Cabrera sorprendió al mundo del béisbol al firmar con los Marlins de Florida por un bono de 1 millón 800 mil dólares.

Al día siguiente de la firma, los periodistas arribaron a La Pedrera para ubicar al millonario prospecto, que los recibió descalzo, en shorts y sumergido en una montaña de arena junto al palo de almendrón del patio de la casa de la abuela.

El 26 de junio de 2002 se casó por civil con Rosángel Polanco (20), su novia en el liceo, del barrio La Cooperativa, cercano a La Pedrera.

El 20 de junio de 2002, Rosangel llamo a Goya la madre de Miguel para comunicarle que a Miguel lo subieron a las mayores.

Más tarde ese mismo día, y con su primer jonrón a cuestas en la Gran Carpa, volvió a repicar el teléfono en Maracay: “¡Mamá estoy feliz!”. La emoción contagió a la familia.

“Esa noche le prendí su vela a la Virgen del Carmen y le dije: Mira, concédeme que mi nieto no me baje, nada más para arriba”, rezó doña Berta.Y la protectora de las ánimas del purgatorio le dispensó el milagro, así como a él su sueño: “Miguelito me decía, ‘abuela yo tengo esperanzas de ser un buen deportista para ayudarlos a salir de esta situación’, porque estábamos muy mal”.

Un año después de firmar con los Marlins, los Cabrera Torres se mudaron a una zona residencial de Maracay conocida como Parque Aragua, cercano a un inmenso centro comercial.

“Me siento feliz y satisfecha por estos triunfos”, admite Goya, quien sabe que las victorias son el resultado del tesón de su muchacho e, igualmente, “el fruto de mis regaños”.

24 POR MANNY José Miguel Cabrera admira mucho a David Concepción, respeta y escucha los consejos que le prodigan sus compatriotas Andrés Galarraga, Omar Vizquel, Oswaldo Guillén y Alex González; pero su jugador preferido no es de estas latitudes. “Él es fanático de Manny Ramírez”, el dominicano jardinero izquierdo de los Medias Rojas de Boston, asevera su mamá Gregoria Torres, quien revela que su hijo viste el uniforme 24 de los Tigres de Aragua para imitar al quisqueyano, que lleva ese mismo número en su espalda con los patirojos.

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