Metalero

Metalero (en inglés: metalhead) ? es el término usado comúnmente para referirse a las personas pertenecientes a la cultura generada por la música metal.[2]

Al metalero también se le conoce como metalhead o headbanger («cabeza de metal» y «agitador de cabeza», respectivamente), en alusión a la imagen típica del metalero con cabello largo que mueve su cabeza al ritmo de la música. Metalier, metálico y heavy-rocker suelen ser denominaciones menos usuales.

Es importante señalar que el metal no es una identidad cultural uniforme, sino que agrupa diversos estilos y tendencias no siempre acordes entre sí. Las diferencias musicales e incluso ideológicas suelen ser a menudo muy marcadas, lo que genera que aquellos que se autodenominan metaleros auténticos discriminen a quienes no se ajustan a sus criterios y los califiquen como posers o wannabies. Es relativamente común que tanto entre bandas como entre seguidores se acusen de vendidos o falsos metaleros, alegando razones de estilo musical, actitud o creencias, aunque hasta el momento no existe ninguna definición acreditada de cómo debe ser y actuar un metalero genuino ni de las cosas que debe creer para ser considerado como tal.[3]

Características culturales

Idiosincrasia y religión

Debido a la presencia de diferentes movimientos, subgéneros y estilos dentro del metal, es difícil definir los gustos, actitudes y creencias de un metalero. Si bien hay aficionados que escuchan cualquier subgénero y no se identifican con ninguno en especial, los hay quienes se toman alguno en particular con toda seriedad, incluso hasta llegar al fundamentalismo y a la violencia. Es el caso del black metal, cuyos seguidores más extremistas identifican su música con un anticristianismo militante que busca exterminar el mundo cristiano por cualquier medio.[4] No obstante, existen metaleros aficionados al ocultismo, al paganismo y al satanismo (en sus distintas corrientes) que suelen estar en contra de la violencia innecesaria y que no son afines a la discriminación. El ateísmo y el agnosticismo encuentran en el metal muchos partidiarios, aunque existen corrientes metaleras cristianas bien definidas. Pese a ello, muchos grupos sociales conservadores y religiosos suelen acusar falazmente a todos los metaleros de peligrosos, intolerantes e incluso delincuentes.

Visiones políticas y sociales

Es común encontrar metaleros con visiones del mundo nihilistas e individualistas, pero también los hay quienes se sienten atraídos por diferentes ideales sociales y utopías. En el thrash metal, por ejemplo, es común observar la influencia contestataria del punk, reflejada tanto en su sonido como en sus letras, muchas de ellas abiertamente anticapitalistas. Una pequeña pero significativa fracción de blackmetaleros, sobre todo en Europa, se siente identificada con el nazismo y con otras visiones político-religiosas racistas, mientras otros suelen estar a favor de la multiculturalidad y la no discriminación. Por otro lado, buena cantidad de metaleros están atraídos por diversas teorías de la conspiración, por lo que algunos se definen a sí mismos como anti- judeo-masones-comunistas. No obstante, hay metaleros que no se sienten identificados con ninguna corriente política o que suelen construir sus propias ideas de manera independiente, criticando el borreguismo de cualquier índole.

Guerra de estilos musicales

La cuestión musical también genera desacuerdos importantes. Muchos definen tal o cual sonido como metal verdadero y acusan a otros subgéneros de ser falso metal o producto deliberado de la industria cultural. En la década de los ochenta era frecuente, por ejemplo, que los thrashers acusaran a los glamers de ser posers y a su música e imagen de ser un producto comercial para las masas. En el death metal y en el black metal es común que muchos defiendan un sonido primitivo y crudo frente al sonido más melódico y refinado del metal extremo más comercial. Los fans del metal progresivo, por su parte, le dan mucha importancia a la técnica instrumental, y muchos de ellos desprecian el primitivismo y minimalismo de géneros como el black metal. Quizá como en ningún otro género musical, los metaleros se caracterizan por ser muy exigentes y críticos con el trabajo artístico de las bandas. A mediados de los noventa comenzó a difundirse el apelativo de metalero de la vieja escuela para designar a aquellos que eran fieles a las raíces del metal y que estaban en contra de subgéneros más comerciales y prefabricados.

Autenticidad y crítica de la pose

Los metaleros suelen ser muy estrictos en cuanto a la autenticidad de su cultura, si bien no hay un acuerdo general sobre qué criterios son los que caracterizan al verdadero metalero. Los problemas más comunes a la hora de diferenciar al «auténtico metalero» del posero son: el tipo de subgénero que se escucha, la ideología, el comportamiento social, el atuendo y la pertenencia grupal. En términos estríctamente musicales, los metaleros han hecho una distinción entre lo que consideran true metal (metal verdadero) y el false metal (metal falso). La proliferación de bandas de metal más comerciales y la crisis que sufrió el género en los noventa a partir del éxito del grunge (y que orilló a muchas bandas a cambiar su sonido para adaptarse a las nuevas tendencias) motivó un intenso debate interno sobre lo que debería considerarse «auténtico metal» y lo que no.

Los metaleros más duros enarbolaron el sonido de la vieja escuela y comenzaron a despreciar las mezclas con subgéneros considerados comerciales como el rap, el rock alternativo o la música electrónica. Fusiones controvertidas como el deathcore, el nu metal, el metalcore, el metal industrial, el metal alternativo y de vez en cuando el groove metal fueron criticados duramente, arguyendo que se traicionaba el verdadero espíritu del metal. Los defensores de estas nuevas corrientes alegaron que anteriormente el metal se había fusionado con el punk o con el rock progresivo y que no había razón para censurar estas incipientes mezclas con otros géneros.

Relación con otras subculturas

La relación de los metaleros con las diferentes tribus urbanas es compleja y depende en buena medida del metalero en particular y de sus propias opiniones y preferencias. En general los rockers (especialmente los fans del hard rock) y metaleros han tenido siempre buena relación. En cambio, en los ochenta hubo algunos conflictos violentos entre punks y metaleros, si bien los motivos no están del todo claros, menos aún considerando que el punk fue una pieza clave en el desarrollo de la Nueva Ola del Metal Británico y del thrash metal, mientras que el hard rock primitivo supuso una influencia para el nacimiento el este. Actualmente el conflicto está superado y es común encontrar punks y metaleros en un mismo círculo social.

Muchos metaleros se sienten atraídos por la cultura del tatuaje, mientras que otros manifiestan interés en la cultura de las motos chopper. De hecho, la indumentaria de los motociclistas norteamericanos de los años setenta supuso una influencia decisiva sobre la vestimenta metalera actual.

Por otro lado, es frecuente que algunos metaleros rechacen otras expresiones culturales y las acusen de banalidad, de conformidad, de consumismo o de ausencia de ideales, y por lo convencional de sus gustos. Generalmente el pop, el reguetón, la música disco y la electrónica son tachados de vacíos y musicalmente pobres. También suelen despreciar algunos géneros folclóricos como la banda, el vallenato, la cumbia colombiana o el norteño. Recientemente es común encontrar en internet grupos de metaleros en contra del reguetón o del emo. Miembros de otras subculturas consideran a menudo que los metaleros son peligrosos o violentos, y aluden en parte a la agresividad de sus letras o a acontecimientos de violencia y terrorismo metalero como los ocurridos en la escena de black metal noruego, a partir de los cuales se extendió el tópico de satanismo dentro del metal.

Discriminación y rechazo social

El clásico cliché ochentero en el que se describe a un metalhead como «macarra», «marginal» y «machista» queda casi anticuado a día de hoy con otros miles de tópicos surgidos.

Las instituciones religiosas de algunos países, y ciertas sectas ultra católicas han manifestado desde hace años (con fuerte intensidad en los años 80) una persecución contra el heavy metal, para disminuir su influencia en los jóvenes. Las acusaciones que se han vertido contra este movimiento juvenil, están que es una música que incita al sexo, a las drogas y a la violencia, generando así realmente (antes que el Black Metal) la mala imagen de el género metalero. Esta persecución tuvo bastante importancia en EE. UU. con la administración de Ronald Reagan quien durante todo su mandato llevó a cabo una política conservadora, contribuyó a que este acorralamiento contra el Heavy Metal fuera más intenso.

En mayo de 1985 se formó en EE.UU. la que ha sido una de las instituciones más famosas encargadas de hacer desaparecer al Heavy Metal de la sociedad, la Parents Music Resource Center (PMRC). La asociación fue creada por Tipper Gore, esposa del ex candidato a la presidencia de EE.UU. y abanderado de la lucha contra el cambio climático, Al Gore, junto con otras esposas de importantes congresistas y senadores como Peatsy Hollings o Ethelann Stuckey, constituyendo el comité de las «17 esposas de Washington» con el fin de educar a los padres sobre «la tendencia cada vez mayor en la música hacia las letras que son sexualmente explícitas, excesivamente violentas o que glorifican el uso de drogas y alcohol» .

Entre las medidas que propuso la PMRC estaban: imprimir las letras de las canciones en las contraportadas de los discos, sustituir las portadas lascivas, supervisar los programas de radio y televisión, e incluso imponer un impuesto especial para aquellos discos que cumpliesen los requisitos, establecidos por la asociación, para considerarse peligrosos.

Pero la idea principal que llevaron a cabo fue llegar a un acuerdo con las compañías discográficas para la utilización de una etiqueta de aviso en la portada de los discos que contuvieran contenido ofensivo. Así nació la famosa pegatina «Parental Advisory».

Puede que todo esto fuese generado por ciertos sucesos en los que algunos jóvenes relacionados con el mundo del heavy metal, protagonizaron varios asesinatos. Como el caso de Jim Hardy, quien fue condenado con sus 20 años de edad a una cadena perpetua. Según cuenta el relato, una noche de 1987 Jim y sus amigos fueron al bosque en un coche, donde se encontraron con su víctima, otro joven al que conocían. Este fue golpeado con bates de béisbol hasta morir. Meses después los medios de comunicación estadounidenses, presentes en el juicio de Jim, atribuyeron el asesinato a su relación con el heavy metal y las drogas. Él mismo confeso en el juicio, que mientras lo mataban, fueron fuertemente influenciados por la música de Venom.

Este caso y el de algunos suicidios, como en los que se culpó a Judas Priest por el suicidio de dos jóvenes al escuchar los supuestos mensajes subliminales que contenía el tema «Better by you, Better than me» o en el que se juzgó a Ozzy Osbourne por ser culpable del suicidio de un adolescente, tras haber escuchado (según el relato de su padre) el tema de «Suicide Solution». Más tarde los juicios los ganarían los artistas, declarando que ellos solo se preocupaban por hacer música sin ser responsables de lo que su arte pudiese causar en algunas mentes enfermas, y probando ante los tribunales que el supuesto hecho de los mensajes subliminales era completamente falso.

Para más información ver el documental Dancing With The Devil (bailando con el diablo) y Dream Deceivers - The Story Behind James Vance vs Judas Priest (documental sobre el juicio cual se sometió a dicha banda inglesa).

Más adelante término de desarrollarse el subgénero que más polémica ha causado en el mundo del metal, la llamada segunda ola de Black Metal, donde se registraron numerosos actos terroristas. Músicos como Euronymous ( Øystein Aarseth) pertenecieron a una sociedad criminal que ellos mismos bautizaron como Black Metal Mafia o Inner Circle. Causaron la quema de más de 20 iglesias y llevaron a cabo varios asesinatos (para más información leer el artículo Movimiento del Black Metal Noruego). Otros casos de violencia se dan en bandas criminales de Bikers, en las que los miembros suelen ser fans del rock clásico o el heavy metal más tradicional.

También, algunos seguidores del thrash mantienen ciertas tendencias violentas, a veces hacia la policía, o simplemente contra los que consideran oportuno, sin denegar la pelea cuando la ven necesaria. En la década de los 80 eran frecuentes las riñas entre metaleros y punks, ya que hubo cierto conflicto agresivo entre estas dos culturas.

Bandas como Saxon, Motörhead, Accept o Lizzy Borden (en España véase Obus, Bella Bestia, Santa, etc.) entre muchos otros grupos popularizados en los ochenta, muestran en algunas ocasiones una puesta en escena y ciertas letras que sugieren una actitud chulesca y provocativa, al igual que los fans de mencionada época, pues parecían defender ese aspecto de tipo duro (hoy día, menos, pero también presente) llegando algunos a rechazar, por ejemplo, a los heavys que estudiaban en la universidad. Tal es el caso de los vallisoletanos Crom, que en más de una ocasión se les tachó de poco duros criticando su imagen de buenos chavales solo por que tres de ellos eran estudiantes. Esta actitud género el tópico que describe a los heavys como unos macarras , que en algunos casos es cierto pero en otros muchos no. Hay un clip en el que se puede observar dicha postura.[5]

Pese a los sucesos violentos, y sin dejar a un lado la rebeldía, también podemos mencionar casos en los que se rechaza totalmente la violencia. Como es el ejemplo de la mítica banda española llamada Bruque formada por su fallecido bajista Pedro Bruque, y su tema más conocido: «El heavy no es violencia». Tema que expresa un ansia por eliminar los clichés negativos dentro de el heavy metal. Aquí una estrofa: «Nuestra movida es la solución / para acabar con la marginación / Todos unidos lo podremos conseguir / la violencia en el Heavy no debe existir».

No obstante, dejaremos claro que los metaleros con una ideología propia y bien definida rechazan las conductas violentas o pacifistas, o intentan que no tengan relación con la actitud del metal, preocupándose por lo que realmente creen propio: música, conciertos, vinilos, fiestas, o bien su vida cotidiana, negando (o haciendo caso omiso) a la obsesión que cultivan algunos por establecer un habito concreto que generalice a las personas.

Aspectos sociales

En lugar de un baile típico, los fans del metal suelen practicar el mosh. También suelen mover la cabeza de arriba a abajo con la música mientras hacen el ya famoso símbolo metalero «la corna» o mano cornuta. Suele llamarse también el maloik o el puño de metal (the metal fist). Se cree que fue Ronnie James Dio el primero en darle importancia a este atributo, hasta el punto de convertirse en una tradición popular dentro de la cultura metalera. Este símbolo, socialmente visto por otras tribus urbanas y las personas en general, muchas veces lo asocian como un símbolo que hacer referencia al diablo, pero en realidad - según las propias palabras de Ronnie Dio - es un gesto que hacía su abuela cuando él era pequeño para ahuyentar a los malos espíritus, aunque algunos lo usen como referencia hacia el diablo

En cuanto a la actitud, hoy en día varia de cada individuo. No obstante, generalizando se pueden catalogar ciertas actitudes, por ejemplo, un seguidor del heavy metal clásico suele ser de temperamento hedonista y ansioso por la diversión. En mayoría, a parte de consumir ciertos productos tóxicos como la marihuana, son amantes fieles de la cerveza, y algunos consideran a esta bebida esencial dentro de cultura del metal. El tema de la violencia como ya hemos comentado, es relativo, y hay una gran variedad individual.

Otra de las actitudes que ha causado controversia es la aparición de nuevas conductas ideológicas y musicales basadas en géneros que han ido consolidándose a partir de la década de los 90 como son el metal sinfónico y el gothic metal. Han reflejado aspectos no aceptados por algunos fans del metal más clásico, que tachan esa música como impropia del rock, discriminando a dichos individuos ya que consideran al metal sinfónico como un subgénero que ofende lo «tradicional» del heavy metal y va en contra de la «filosofía callejera» del rock.

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