Mercurio (mitología)

Mercurio, por el escultor flamenco del siglo XVII Artus Quellinus, fácilmente identificable por el pétaso, la bolsa con cordeles, el caduceo, las sandalias con alas, el gallo y la cabra (ayuntamiento de Ámsterdam, actualmente en el Palacio Real).

En la mitología romana, Mercurio (en latín Mercurius) era un importante dios del comercio, hijo de Júpiter y de Maia Maiestas. Su nombre está relacionado con la palabra latina merx (‘mercancía’). En sus formas más primitivas parece haber estado relacionado con la deidad etrusca Turms, pero la mayoría de sus características y mitología fue tomada prestada del dios griego análogo Hermes.

Mercurio ha inspirado el nombre de varias cosas en cierto número de campos científicos, como el planeta Mercurio, el elemento mercurio y la planta mercurial. La palabra « mercurial» se usa comúnmente para aludir a algo o alguien errático, volátil o inestable, y deriva de los rápidos vuelos de Mercurio de un lugar a otro -hechos- en al mitología griega se habla de que una vez Júpiter le cortó la lengua a lara (diosa del habla) y ordenó a Mercurio llevársela. De camino él aprovechó la situación, la violó y ella dio a luz a gemelos.

Culto

Mercurio no aparecía entre los numena di indigetes de la primitiva religión romana. Más bien subsumió a los antiguos Dei Lucrii cuando la religión romana fue sincretizada con la griega durante la época de la república romana, sobre principios del siglo III a. C. Desde el principio, Mercurio tuvo esencialmente los mismos aspectos que Hermes, vistiendo las talarias y el pétaso alados y llevando el caduceo, una vara de heraldo con dos serpientes entrelazadas que Apolo regaló a Hermes. A menudo iba acompañado de un gallo, el heraldo del nuevo día, una cabra o cordero simbolizando la fertilidad y una tortuga en alusión a la legendaria invención de Mercurio de la lira a partir de un caparazón.

Como Hermes, era también un mensajero de los dioses y un dios del comercio, particularmente del comercio de cereal. Mercurio también era considerado un dios de la abundancia y del éxito comercial, particularmente en la Galia. También fue, como Hermes, el psicopompo de los romanos, llevando las almas de los recién fallecidos al más allá. Además, Ovidio escribió que Mercurio llevaba los sueños de Morfeo desde el valle de Somnus a los humanos que dormían.[1]

El templo de Mercurio en el Circo Máximo, entre el Aventino y el Palatino, se construyó en 495 a. C. Este era un lugar adecuado para adorarle como un veloz dios del comercio y el viaje debido a que era un importante centro de comercio además de una pista de carreras. Debido a que se erigía entre el baluarte plebeyo del Aventino y el centro patricio del Palatino, enfatizaba también el papel de Mercurio como mediador.

Debido a que Mercurio no fue una de las deidades primitivas que sobrevivieron a la monarquía romana, no tenía asignado un flamen (sacerdote), pero sí tenía una importante fiesta el 15 de mayo, la Mercuralia. Durante la misma, los mercaderes rociaban agua de su pozo sagrado cerca de la Porta Capena sobre sus cabezas.

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