Memorias del subsuelo

Memorias del subsuelo
de  Fiódor Dostoyevski Ver y modificar los datos en Wikidata
Записки из подполья. Повесть Ф.М. Достоевского (1866) обложка.jpg
Género Novela Ver y modificar los datos en Wikidata
Idioma Ruso Ver y modificar los datos en Wikidata
Título original Записки из подполья Ver y modificar los datos en Wikidata
País Rusia Ver y modificar los datos en Wikidata
Fecha de publicación 1864 Ver y modificar los datos en Wikidata
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Memorias del subsuelo (en ruso, Записки из подполья, "Zapiski iz podpol'ya"), también conocida en español como Apuntes del subsuelo, es una novela del autor ruso Fiódor Mijáilovich Dostoyevski. Fue publicada en 1864 y es considerada una de las obras clave en la literatura rusa. Fue escrita en un momento en el que el autor padecía grandes trastornos emocionales producto del fallecimiento de su esposa María Dmítrievna Isáyeva (15 de abril de 1864), y de la posterior muerte de su hermano Mijaíl, muy querido para él. A estos problemas personales, se agregaban además la clausura de sus revistas por parte de las autoridades y su adicción al juego, que le acarrearían graves problemas financieros.

Contenido y estructura

Memorias del subsuelo es una novela corta organizada en dos partes. La primera, dividida en once capítulos breves y titulada "El Subsuelo", consta básicamente de un monólogo interior del protagonista, un miserable funcionario frustrado, antihéroe contradictorio, enfermizo y excitable, que dirige su charla a un público inexistente. Según el propio autor, en una pequeña introducción que encabeza la obra, su propósito fue «presentar al público, con mayor relieve que otras veces, un carácter de tiempos pasados pero recientes. [...] dicho individuo se presenta a sí mismo, expone sus puntos de vista y, al parecer, quiere explicar las causas que han originado y han hecho inevitable su aparición en nuestro medio».[1]

Soy un hombre enfermo... Un hombre malo. No soy agradable. Creo que padezco del hígado. De todos modos, nada entiendo de mi enfermedad y no sé con certeza lo que me duele. No me cuido y jamás me he cuidado, aunque siento respeto por la medicina y los médicos. Además, soy extremadamente supersticioso, cuando menos lo bastante para respetar la medicina. (Tengo suficiente cultura para no ser supersticioso, pero lo soy.) Sí, no quiero curarme por rabia. Esto, seguramente, ustedes no lo pueden entender. Pero yo sí lo entiendo.[2]

El locuaz narrador de la historia, por tanto, es el hombre del subsuelo, un pobre marginado que en su infelicidad se siente objeto de ofensas imaginarias, continuamente dedicado a idear y a planear venganzas, con lo que acaba hundido aún más en su tragedia (su "ratonera", su sentimiento de culpa). Todo ello sirve de excusa para la explanación de sus pensamientos sobre la ley natural, el racionalismo y el libre albedrío, dando salida a auténticas preocupaciones del autor ruso.

Respecto a este último punto, Dostoyevski desarrolla una profunda reflexión acerca de la contradicción que surge respecto a la noción del bien y la libertad, reflexión que desafía la idea tradicional de racionalidad: el hombre del subsuelo no puede ser subsumido en ninguna explicación ortodoxa de la maldad, ya que, por un lado, no actúa con desconocimiento de los principios morales que podrían ser calificados de correctos, y, por otro, no se halla simplemente dominado por sus pasiones morales. Actúa, según la explicación que presenta de sí mismo, en contra de sus principios morales con el objetivo de liberarse de estos.

La segunda parte consta de diez capítulos, y recibe por título "A propósito del aguanieve". Consiste en el relato de una larga memoria del narrador, donde adquieren sentido los pensamientos expresados en el primer apartado, los cuales en ocasiones pudieron resultar confusos o desorganizados.

El protagonista cuenta algo ocurrido en su juventud, relacionado con la despedida a Zvierkov, uno de sus antiguos compañeros de escuela, que pensaba marchar a una provincia; la humillación que sufre de parte de sus padres y que se autoinflige, y la forma en la que posteriormente conoce a Liza, la pobre prostituta a la que deshonrará al final de la obra.

El hombre del subsuelo, así como su mísera peripecia anónima, resultarán en paradigmas inequívocos de muchos de los antihéroes e historias que dominarán la novela del siglo XX.

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