Mediterráneo occidental

Mediterráneo occidental en un mapa alemán de 1906 (Justhus Perthes See Atlas: Westliches Mittelmeer). Inserta mapas de los puertos de Gibraltar, Málaga, Barcelona, Nápoles y Palermo.

Mediterráneo occidental es un concepto geográfico con implicaciones históricas y geopolíticas. Se refiere a la mitad oeste del mar Mediterráneo, así como a la mitad oeste de la cuenca del Mediterráneo. El punto de división con el Mediterráneo oriental son los estrechos que separan el sur de Europa a la altura de la península itálica, las islas de Sicilia y Malta y el norte de África a la altura de Túnez. Pertenecen a esta región las demás islas y archipiélagos del Mediterráneo occidental (las mayores Córcega y Cerdeña, y un gran número de islas menores - Tabarca, Elba-, archipiélagos mayores - Baleares- y menores - Islas Columbretes, Islas Eolias-); y amplias zonas continentales del suroeste de Europa (la península ibérica -la vertiente mediterránea de España, aunque para determinadas cuestiones suele incluirse también a Portugal a pesar de no tener costa mediterránea, por sus homogéneas características climáticas, físicas e históricas; como le ocurre también a la mayor parte de España, de vertiente atlántica-, el sur de Francia e Italia) y el noroeste de África ( Marruecos, Argelia -especialmente su porción costera- y Túnez). Los mares en que se suele subdividir (con criterios muy variados) incluyen, entre otras denominaciones, el mar de Alborán, el golfo de Valencia, el mar Baleárico, el golfo de León, el mar de Liguria, el mar de Cerdeña y el mar Tirreno. Otros accidentes geográficos destacados son el Mar Menor, la albufera de Valencia, el delta del Ebro, la marisma de la Camargue, el golfo de Génova, el golfo de Nápoles, etc. Frente a la escasez de ríos permanentes en la costa africana occidental ( Medjerda, Muluya), destacan los de la costa europea (española - Segura, Turia, Júcar, Ebro, Llobregat, Ter-, francesa - Aude, Ródano- e italiana - Arno, Tíber-). El clima mediterráneo (templado-cálido, con sequía de varios meses en verano) caracteriza a toda la región, aunque en amplias zonas del sureste peninsular español y del norte de África se llega al clima subdesértico o incluso al clima árido, ya que en el interior de África se encuentra el desierto del Sahara, uno de los más secos del mundo.

Prehistoria y Edad Antigua

El obstáculo aparentemente insalvable que el estrecho de Gibraltar significa para los movimientos de los grupos humanos anteriores a la navegación ha condicionado que las interpretaciones prehistoriográficas y paleontológicas más comúnmente aceptadas -apoyadas en numerosas pruebas físicas- pongan en las costas del Mediterráneo oriental y el Cáucaso las zonas por las que se supone que se produciría el paso desde África hasta Europa.[2]

El desigual desarrollo histórico entre Mediterráneo occidental y oriental se hace decisivo desde la aparición de la Revolución Neolítica y la Revolución Urbana en el Creciente fértil del Antiguo Próximo Oriente, que significó para esa región el nacimiento de la Historia. Las zonas del Mediterráneo occidental se vieron influenciadas por difusión de las innovaciones (teoría difusionista), primero de la agricultura y de la cerámica y luego del uso de los metales ( Edad de los Metales) y de construcciones como los megalitos. Los pueblos indígenas de sus orillas quedaron incorporados a las redes comerciales de los pueblos colonizadores del Mediterráneo oriental (principalmente griegos y fenicios), navegantes interesados en la búsqueda de materias primas (fundamentalmente metales: cobre, estaño, oro y plata) y mercado para sus productos manufacturados de lujo (cerámica, telas, tintes, armas), para lo que establecieron factorías comerciales que con el tiempo se convertirían en colonias estables, hasta el extremo más occidental ( Gadir - Cádiz-). En esta época protohistórica las historias y leyendas que refieren las aventuras y riquezas conseguidas y por conseguir se sitúan en las zonas del Mediterráneo occidental envueltas en un misterio mítico: los trabajos de Hércules ( Gerión, columnas de Hércules), viajes de Ulises ( Scila y Caribdis, Ogigia -la isla de Calipso que Unamuno identificó con la isla de Perejil y el origen del nombre de España-,[3]​ los Lotófagos), la Atlántida, el jardín de las Hespérides o Islas Afortunadas, etc.

Desde comienzos del I milenio a. C. se desarrollaron verdaderos estados indígenas en algunas partes del Mediterráneo occidental ( etruscos en Italia, tartésicos en España). A partir de la batalla de Alalia ( 537 a. C.) Cartago (una colonia fenicia en un punto estratégico del norte de África, convertida en metrópolis tras la incorporación de las ciudades fenicias de oriente al imperio persa) se impuso a las colonias griegas de Sicilia, sur de Italia y sur de Francia ( Magna Grecia, Massalia), convirtiéndose en la potencia dominante del Mediterráneo occidental. Esta situación se alteró con las guerras púnicas del siglo III a. C., en que la República Romana la sustituyó en ese papel, iniciando una nueva estrategia de penetración territorial (constitución de un verdadero Imperio).

La división del Imperio romano -unificador del Mediterráneo o Mare Nostrum- en dos mitades: Imperio romano de Oriente e Imperio romano de Occidente está en el origen de esta división del Mediterráneo en dos partes; que quedó reforzada con la caída del Imperio Romano de Occidente en 476 y la supervivencia del Imperio bizantino hasta 1453. La intrusión de los vándalos en el Norte de África desde Hispania a comienzos del siglo V, por lo que suponía de una amenaza marítima a Roma, fue vista como una tragedia inaudita (el Mediterráneo había sido un mar seguro desde la supresión de la piratería en el Alto Imperio). Durante un tiempo ( siglo VI), la recuperatio Imperii de Justiniano volvió a poner bajo control romano (esta vez oriental) buena parte de las costas del Mediterráneo occidental.