Medicina en la prehistoria y la protohistoria

Cráneo de mujer joven trepanado con sílex, Neolítico (3500 a. C.); la cicatrización de los huesos indica que la paciente sobrevivió a la operación.

Fuentes

Hay dos disciplinas científicas que permiten recopilar datos sobre la medicina prehistórica:

  • la paleopatología, que estudia los síntomas presentados por los restos mortales
  • la etnología, que estudia las civilizaciones; todavía existen en nuestros días civilizaciones prehistóricas o protohistóricas que pueden servir de sujeto de estudio.

Paleopatología

Los huesos fósiles dos son la principal fuente de información a disposición de los investigadores. El análisis de los huesos permite conocer las enfermedades que aquejaban a los hombres prehistóricos. Por ejemplo, las metástasis óseas son fácilmente observables; la tuberculosis y la sífilis dejan también efectos característicos en los huesos. También es posible detectar una reducción de fractura por la forma de su callo óseo de consolidación:[1] el callo no se forma si el movimiento no está limitado; su ausencia puede interpretarse como una ausencia de acto médico. Una dificultad proviene del hecho de que ciertas fracturas pueden curarse definitivamente sin tener que recurrir a ningún sistema de inmovilización.

Las intervenciones quirúrgicas, como la trepanación o las amputaciones, también permiten extraer conclusiones sobre las prácticas médicas.

Etnología

Es posible estudiar ciertos grupos étnicos, en particular en el oeste de África, y estar tentado de sacar conclusiones sobre las prácticas médicas prehistóricas. Esta aproximación presenta muchas dificultades, como la diferencia de clima, y las grandes diferencias de prácticas entre etnias. De Laet previene:

Una similitud tecnológica no implica necesariamente instituciones sociales o religiosas idénticas

(De Laet S.: L’archéologie et ses problèmes, Latomus, 1950, citado por Paul A. Janssens)

En fin, ciertas pervivencias del folclore permiten remontarse a los orígenes prehistóricos.



La Trepanación

Trepanación es la perforación de un hueso, se usa comúnmente para los orificios hecho en el cráneo. La trepanación es una escisión mediante cirugía de un fragmento de hueso del cráneo en forma de disco, para llegar al interior de la cavidad craneal.

Las indicaciones más comunes son los traumatismos craneales, en los cuales se produce una hemorragia interna que pone en peligro el cerebro y la estirpación de tumores cerebrales. Se supone que en la antigüedad se empleaba la trepanación para tratamiento de dolores de cabeza y de la epilepsia. Los instrumentos usados más frecuentes son de corte: cuchillos, sierras, tumis, de percusión: escoplos y martillos o perforadores.

No es difícil comprender atendiendo a la importancia de la parte de nuestra anatomía donde se produce la escisión, la delicadeza y la precisión con la que debe llevarse a cabo dicha operación. Podríamos suponer que a estas alturas de la medicina, con tantos y tan destacados avances en cirugía de los que estamos siendo testigos, la trepanación no produjese más problemas que otro tipo de intervención más o menos delicada.

Sin embargo lo que seguro nos sorprendería es saber que es concretamente la trepanación la intervención quirúrgica más antigua de la que se tiene constancia.

Para descubrir la primera trepanación de la que se tiene constancia, deberíamos remontarnos mucho antes de lo que la lógica puede hacernos creer. Los cráneos trepanados más antiguos que se conocen de la época Mesolítica fueron hallados por Gorhman en Ucrania (1966). Las excavaciones de Vasilyevica II tienen una antigüedad de 8.020 a 7.620 años En la época neolítica el cráneo de Ensin en Alsacia con dos defectos parcialmente cicatrizados tienen una cronografía de 5.100 +/-155 años

Es difícil de creer pero es cierto. Hasta nosotros han llegado vestigios del pasado, en forma de fósiles de cráneos del neolítico con evidencias claras de haber sufrido una trepanación. Ya el hombre en aquellos tiempos oscuros demostraba su osadía, atreviéndose a abrir una de las cavidades más importantes del ser humano, la que protege el cerebro.

Imaginarnos como se llevaría a cabo esta escalofriante operación en un poblado neolítico, sin medidas higiénicas, sin las anestesias actuales, sin la maquinaria de un quirófano, es capaz de erizarle la piel al más osado. Y así a todo, había pacientes que se ponían en manos de primitivos médicos para que les libraran, posiblemente de terribles dolores de cabeza.

Aunque para recrear las escenas sucedidas en el neolítico tenemos obligatoriamente que echar mano de toda nuestra fantasía, para hacernos una idea de las llevadas a cabo en el antiguo Egipto disponemos de más datos que los investigadores han conseguido arrancarle al pasado.

Aún se conservan algunos trépanos de entonces. Eran estos los instrumentos que se utilizaban para cortar el hueso craneal. En la actualidad el fragmento óseo que se extrae vuelve a ocupar su lugar una vez terminada la intervención, aunque se puede sustituir con otros materiales, como metales o cementos especiales. Evidentemente esto era impensable en el antiguo Egipto. Los fragmentos extraídos eran conservados como amuletos religiosos y alguno de esos discos de hueso colgaban de los cuellos de los Egipcios.

Sin duda presenciar una trepanación faraónica debía resultar estremecedor. Durante un tiempo era costumbre entre los faraones, ser trepanados antes de morir. Era la misión del médico de la corte. En él recaía tan importante tarea. Cuando el hálito de vida del Dios de carne y hueso que era el faraón, llegaba a su ocaso, era el momento de llevar a cabo la intervención quirúrgica.

Hoy en día los orificios son tapados, pero inicialmente no era así.

El faraón ya estaba listo para pasar a la otra vida, solo esperaba que le abrieran una brecha en su cavidad craneana. Hay teorías que explican esta costumbre diciendo que se pensaba que su alma abandonaría mejor el cuerpo.

Por fortuna el paciente se hallaba ya inconsciente. El trépano y el médico estaban preparados. Solo faltaba el hemostático. Tendría que apresurarse sino quería que la ira de la familia del faraón le obligara a pasar a la otra vida al tiempo que su amo.

Y es que al contrario de lo que podamos pensar el hemostático era un ser humano. Hoy día cuando tenemos problemas de coagulación sanguínea y por ejemplo, nos disponemos a ir al dentista, es normal que nos receten algún medicamento que responde al mismo nombre, hemostático, hemo de sangre y estático de detener. Exactamente ese es el efecto que se busca con la administración de este medicamento: detener el flujo sanguíneo.

En la operación en el antiguo Egipto que estamos presenciando, la cuantiosa pérdida de sangre que una trepanación debía producir, estaba solucionada a la llegada del curioso hemostático. Posiblemente sus rasgos físicos correspondieran al de cualquier compatriota de la época, aunque su dignidad y su distinción, eran heredadas de padres a hijos.

Según las creencias de la época su sola presencia en el gabinete preparado para la operación, era suficiente para detener la hemorragia. El puesto de hemostático del faraón se heredada pues en aquel tiempo se consideraba que la virtud de detener el flujo de la sangre se perpetuaba de una generación a otra dentro de la misma familia.

Aunque se tiene constancia de la existencia de los antiguos hemostáticos, hasta el momento no existe ninguna evidencia científica, ni explicación sensata, a este curioso fenómeno.

Una vez este importante personaje estaba presente, podía comenzar la operación. Si la trepanación tenía como fin extirpar un tumor cerebral, el primer paso era localizarlo lo más exactamente posible. Para ello el médico se valía de un modernísimo mazo, muy parecido a los que hoy día se utilizan en la cocina. Golpeaba lentamente y con precisión el cráneo del paciente. Cuando este emitía un alarido de dolor, ya no cabía duda, acababa de localizar el tumor. Solo le restaba utilizar el trépano para cortar el hueso y alcanzar el cerebro. Una vez el tumor estuviese a la vista, sencillamente se cortaba y se sacaba. Después se limpiaba la herida y se encomendaba el éxito de la intervención a los dioses egipcios.

Así terminaba la trepanación. A veces con un cadáver en la mesa de operaciones pero otras muchas el paciente se recuperaba y volvía a su vida normal.

Las trepanaciones que salvaron la vida del paciente se pueden reconocer por la evidencia de regeneración ósea, que indicaba la supervivencia del sujeto después de la intervención. Con el microscopio electrónico se puede identificar el tipo de instrumento usado: madera, piedra o metal por los residuos que dejan los instrumentos en el hueso.

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