Maulets (historia)

Retrato de Felipe V boca abajo en el Museo del Almudín, en Játiva.

Maulets era el término usado en valenciano para referirse a los partidarios del archiduque Carlos de Austria —proclamado rey como Carlos III—, generalmente campesinos, en el Reino de Valencia durante la Guerra de Sucesión Española. Dado que los motivos para decantarse por un pretendiente u otro eran principalmente económicos o sociales, los campesinos de realengo, el alto clero y la nobleza se posicionaron a favor de Felipe V, mientras que la mayoría de los campesinos, así como el bajo clero, los gremios urbanos y una parte de la pequeña nobleza se decantaron a favor del candidato austriaco.[1]

El origen de este nombre satírico, maulet, parece estar en el diminutivo de la voz árabe maula, que significa esclavo o persona de baja clase social que se encuentra subordinada, ya sea en forma de dependencia o de clientela.[2]

En las batallas utilizaban como distintivo el sonido de un cuerno rugoso ( Charonia nodifera), el caracol marino más grande del Mediterráneo. Años más tarde, todo aquel que poseyera un cuerno de este tipo era sospechoso de haber sido maulet. Actualmente el nombre es usado por la organización de izquierda Maulets.

El término designado para referirse a los adversarios, los partidarios de Felipe V de España, era el de botifler.[3]

Orígenes

La expulsión de la población musulmana de la península en 1609 supuso un descenso en el número de trabajadores en el campo, sobre todo en las zonas donde había una importante cantidad de moriscos, especialmente notable en el caso del Reino de Valencia. Como consecuencia, el rey concedió a la nobleza local todos los derechos sobre las tierras que hasta el momento eran cultivadas por la población expulsada. Con este permiso los nobles impusieron a la nueva población cristiana particiones de tierras y cuantiosos impuestos. Puede que la necesidad de trabajo indujera a estas familias a aceptar estas condiciones, pero no hubo protestas durante 50 años.

A finales del siglo XVII, una parte de esta población campesina prosperó cultivando y exportando vino, brandy, pasas y en menor medida seda. Fue entonces cuando empezaron a cuestionarse los elevados impuestos que reducían considerablemente sus beneficios, e intentaron acabar con este sistema tanto por medios legales como violentos. La vía judicial fue inútil, por lo que decidieron tomar las armas en lo que se conoce como Segunda Germanía —aunque lo único común con la Rebelión de las Germanías es el nombre—. La rebelión fue sofocada por el virrey y los ejércitos de la nobleza en el año 1693 en la batalla de la Setla de Nunyes, cerca de la población de Muro de Alcoy.

La Segunda Germanía

Los campesinos que tomaron parte en los sucesos de esta Segunda Germanía reclamaban aproximadamente lo mismo que reclamarían los maulets pocos años después: rechazaban los derechos señoriales sobre las tierras que anteriormente habían pertenecido a los musulmanes expulsados, y recordaban los derechos concedidos por Jaime I de Aragón durante la conquista del Reino de Valencia para denunciar la explotación a la que se veían sometidos por parte de los nobles, «quienes los trataban como a árabes», hasta el punto de que las leyes reales prohibían estos impuestos y tributos a los cristianos. Sin embargo, los nobles alegaban que el rey Felipe III de España, al expulsar a los moriscos, les había dado aquellas tierras en propiedad, sobre las que ahora tenían todos los derechos y que podían imponer sobre los campesinos las condiciones que quisieran.

Pese a la derrota sufrida por los rebeldes, los campesinos continuaron sin aceptar la situación y esperaron una situación propicia para volver a reivindicar sus peticiones. Esta situación apareció en 1700 cuando Carlos II de España murió sin descendencia.

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