Mateo Hernández

Mateo Hernández Sánchez ( Béjar, 1884- Meudon 1949) es uno de los escultores españoles más destacados de la primera mitad del siglo XX y uno de los más reconocidos fuera de España, fundamentalmente en Francia, gracias a su manejo de la "talla directa".

Orígenes y primeros años

El ayuntamiento de Salamanca le encargó una serie de medallones para adornar la Plaza Mayor

Nació en la localidad salmantina de Béjar el 21 de septiembre de 1884, en el seno de una familia de canteros, por lo que estuvo desde niño en contacto directo con la piedra.

Tras un tormentoso matrimonio con Petra Téllez se traslada a Salamanca en 1906, donde consigue, probablemente por la intervención de Miguel de Unamuno, una beca de la Diputación de Salamanca para estudiar en la Escuela Nacional de Bellas Artes. En el curso académico 1906-1907 se matricula en la asignatura de Dibujo y Modelaje del antiguo. No se matriculó en el curso siguiente pero permanece en Madrid, ya que el 30 de abril de 1908, al inaugurarse la Exposición Nacional de Bellas Artes, Mateo Hernández en Sección de Escultura expone un autorretrato y tres retratos, teniendo su domicilio en la calle de los Estudios, núm.10.

Regresa a Salamanca donde permanece hasta finales de 1909 o primeros de 1910 que marcha a París. A su llegada a la capital de Francia, sin saber francés, se pierde. No sabía que hacer. Encuentra trabajo en una obra, y como tallaba bien la piedra, comenzó a ganar para vivir. Cuando Mateo Hernández marcha a París, en su pequeño equipaje lleva una carta de Miguel de Unamuno para Rubén Darío, al cual visita en la calle Herschel y en 1912 le hizo un busto en yeso por lo barato de la materia prima.

El 15 de mayo de 1912, Mateo Hernández tropieza con una joven francesa de dieciocho años, Fernande Carton Millet, diez años menor que él. Ella era una estudiante de magisterio, él un bohemio, mejor dicho un hombre solitario que consagra toda su vida a la creación del arte. Mateo y Fernande, desde aquel día, no volvieron a separarse hasta la muerte del escultor, salvo un paréntesis de catorce meses, que el picapedrero bejarano volvió a Salamanca.

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