Matanza de Hebrón de 1929

Amin al-Husayni, Gran Muftí de Jerusalén. Líder árabe y uno de los principales instigadores de la matanza.

La Matanza de Hebrón o Masacre de Hebrón fue un pogromo que se inició el 23 de agosto de 1929 en el Mandato Británico de Palestina, perpetrado por una masa de árabes palestinos armados de bastones y cuchillos que se agruparon para asesinar a los judíos de Jerusalén y sus alrededores, desde donde se extendió al resto del territorio.

Los supervivientes se vieron obligados a huir de Hebrón, y sus bienes fueron aprehendidos y ocupados por los residentes árabes[1] hasta después de la Guerra de los Seis Días de 1967. Estos acontecimientos llevaron a la reorganización y el desarrollo de la organización de defensa judía, Haganá, que más tarde se convertiría en el núcleo de las Fuerzas de Defensa de Israel.

Antecedentes

Hebrón, situada 30 kilómetros al sur de Jerusalén, es el segundo sitio más sagrado y una de las cuatro ciudades santas del judaísmo. Es el lugar donde se encuentra la Cueva de Machpelah ( hebreo: מערת המכפלה, Me-arat Hamachpelah], en la que está la Tumba de los Patriarcas, donde Abraham fue enterrado, y donde David fue ungido Rey de Israel y reinó allí hasta la captura de Jerusalén. La comunidad judía sefardí había vivido de forma continuada durante más de 800 años bajo diversas potencias imperiales, mientras que la comunidad Ashkenazi había regresado al menos un siglo atrás.[2]

En Hebrón a principios de los años 20 hubo un período de acoso árabe hacia la colectividad judía, con insultos en las calles, palizas ocasionales, ataques con piedras a través de las ventanas de sus hogares y ocasionalmente disturbios en la Cueva de los Patriarcas. Existía, hasta ese momento, una relación amistosa entre las comunidades judía y árabe de Hebrón,[2]

En 1928, los musulmanes trataron de obtener de los británicos los derechos sobre el Muro Occidental, incluido el espacio utilizado por los judíos para el culto. Durante la renovación de las descuidadas mezquitas en Jerusalén, se pusieron en marcha nuevas actividades de construcción en octubre de 1928. Ladrillos de la "construcción" cayeron "accidentalmente" sobre los fieles judíos en el Muro de las Lamentaciones. También los árabes soltaron una manada de mulas en el momento de la oración. Los almuédanos llamaban a sus fieles a la oración con el volumen en sus amplificadores muy alto con el fin de perturbar la oración judía.[5]

La comunidad judía, especialmente la de derecha, aceptó el reto. El movimiento revisionista exigió el control judío del muro. El 14 de agosto de 1929 se manifestaron más de seis mil judíos en Tel Aviv reclamando el control judío del Muro de las lamentaciones con el lema: "El muro es nuestro". Esa misma noche, cerca de tres mil fieles se reunieron en el muro en Jerusalén para la oración, una gran multitud para el entonces muy estrecho espacio. Reaccionaron los árabes con una segunda manifestación; seguidamente el popular movimiento juvenil sionista Beitar entró en acción y se creó una escalada de violencia que asoló la ciudad de Jerusalén. Poco después se propagó entre la población árabe el falso rumor de un inminente asalto judío a la Mezquita de Al-Aqsa.[6]

El 20 de agosto de 1929, después de los ataques árabes en Jerusalén, los dirigentes de la Haganá proponen proveer la defensa de los aproximadamente 800 judíos del Yishuv en Hebrón, o ayudarlos a evacuar. Pero los dirigentes de la comunidad judía de Hebrón desestimaron estas ofertas, insistiendo en que confiaban en la A'yan (intelectualidad de árabes notables) para protegerlos y contener a los sectores violentos.

Los principales instigadores fueron Amin al-Husayni (quien posteriormente fue el principal aliado árabe de los nazis) y Arif Alárif. Éste, junto con Husaini, fue responsable de varios disturbios anteriores y había sido nombrado oficial del Distrito de Beerseba. Arif Alárif realizó una visita a Hebrón poco antes de los ataques y predicó un sermón inflamatorio el jueves 22 de agosto. Los falsos rumores que fueron esparcidos hablaban de que los judíos habían dado muerte a los árabes en Jerusalén y habían incendiado la mezquita de Al-Aqsa (documentada con una foto falsa) o que los judíos planeaban construir una sinagoga cerca del Muro de las Lamentaciones.[7]

El viernes siguiente, 23 de agosto, encolerizados por rumores de que los judíos estaban a punto de atacar Al-Aqsa, los árabes comenzaron a atacar a los judíos en la Ciudad Vieja de Jerusalén. Los rumores y la subsiguiente violencia se extendieron rápidamente a otras partes del Mandato Británico, y las peores matanzas se produjeron en Hebrón y Safed. Otros sanguinarios ataques tuvieron lugar en Motza, Kfar Uriyah y Tel Aviv.

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