Marrajos

Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno
Nazarenomarrajo.JPG
Trono del Nazareno
Sede canónica Capilla propia en la iglesia castrense de Santo Domingo
Localidad Cartagena
País Flag of Spain.svg  España
Casa de Hermandad Calle de Jara, 25
Fundación 1641
Titulares Jesús Nazareno
Hermano Mayor Domingo Andrés Bastida Martínez
Túnica       Morado
Procesiones
Día y hora Lunes Santo: 21.00
Viernes Santo: 2.45, 5.00 y 21.00
Sábado Santo: 20.00
http://www.marrajos.es/
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Marrajos es el sobrenombre por el que se conoce a los miembros de la Real e Ilustre Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno de la ciudad española de Cartagena, fundada en 1641. Es la más antigua de las cuatro cofradías que procesionan cada Semana Santa en Cartagena.

Historia

Origen

El origen de la cofradía es confuso, pues casi toda la documentación histórica de la misma fue destruida en la Guerra Civil española ( 1936- 1939). Tradicionalmente se ha venido afirmando que pudo ser fundada mediado el siglo XVI por pescadores del antiguo barrio que se ubicaba en torno a la Catedral de la ciudad. Cuando en 1584 se establecen en Cartagena los Dominicos con la fundación del convento de San Isidoro, la cofradía se habría trasladado al mismo.

Escudo marrajo.

Investigaciones más recientes sitúan, sin embargo, la fundación de la cofradía en el entorno de la fecha de adquisición en propiedad de su capilla en el convento dominico en 1641.[1]

El apelativo de marrajos responde, según la tradición, a que los pescadores que fueron los fundadores de la hermandad destinaron a los gastos de procesionar a su patrón, Jesús Nazareno, los fondos de la venta de un marrajo, un escualo que se puede encontrar en las costas mediterráneas, por lo que pasaron a ser conocidos como la "cofradía de los marrajos".

Los siglos XVII y XVIII

Retablo del Titular de la Cofradía (1732) en la capilla de su propiedad en la iglesia de Santo Domingo.

El documento más antiguo que conserva la cofradía es la escritura de adquisición a los dominicos de una capilla en propiedad en la iglesia del convento que esta Orden poseía en Cartagena. Un documento del año 1641.

En 1663, la Cofradía del Nazareno asume, por mandato episcopal, la organización de dos procesiones el día de Viernes Santo: la de la Calle de la Amargura, con el Titular de la cofradía, en la madrugada; y la del Santo Entierro, en torno a la imagen de un Cristo Yacente, al anochecer de ese día.

A lo largo del siglo XVII la cofradía parece, a juicio de la escasa documentación conservada, inmersa en un proceso continuo de consolidación y supervivencia. Incluso a finales del siglo ( 1684) habrá de redactar unas nuevas constituciones, por no conservar copia de las originales, tras un pleito con la Orden Tercera Franciscana.

En 1695 adquiere un solar anexo a su capilla de la iglesia de Santo Domingo, procediendo a la ampliación de la misma. En 1732 se colocaría en ella el monumental retablo, una de las más bellas piezas barrocas de la Diócesis de Cartagena. La ampliación también conllevaría la construcción de dos grandes bóvedas subterráneas en las que enterrar a sus hermanos difuntos, bóvedas que fueron descubiertas durante una excavación en 2006.

En el siglo XVIII atraviesa por vicisitudes de todo tipo, que van desde el exilio de su Hermano Mayor tras la Guerra de Sucesión, a un destacable incremento patrimonial en el que destacará de forma notable la incorporación de una imagen de San Juan Evangelista, obra de Francisco Salzillo en torno a 1752. También se cree de este siglo la imagen (anónima) del antiguo Titular de la cofradía.

De dicha época datan también dos de las piezas más antiguas del patrimonio de los marrajos: un estandarte bordado y una cruz procesional en madera policromada.

Siglos XIX y XX

La vinculación de la Cofradía con la Orden Dominica motivaría que el comienzo del siglo XIX fuera sumamente convulso para los marrajos, dado el proceso de Desamortización que se inicia en toda España y que, en Cartagena, motivaría el cierre de la totalidad de los conventos existentes, entre ellos del de los dominicos.

Pese a ello, hasta bien entrado el mencionado siglo, la cofradía permanece sin apenas variación en su aspecto procesional. En torno a 1880, sin embargo, la cofradía inicia un considerable cambio estético que afectaría también a sus procesiones, coincidiendo con la reapertura del templo de Santo Domingo, en esta ocasión como parroquia castrense. Los marrajos comienzan a incorporar nuevos grupos y escenas en sus procesiones, cuando además, hay también un notable avance en el contexto global de la Semana Santa de Cartagena, con la incorporación de la luz eléctrica al alumbrado de los tronos.

Así, se tiene constancia de la incorporación por vez primera de un Crucificado, a la Semana Santa de Cartagena, formando inicialmente parte de un grupo del Calvario. Igualmente comienzan a procesionar grupos como la Primera Caída o el de la Virgen de la Piedad.

Pero el gran cambio estético y organizativo se dará a comienzos del siglo XX, cuando la cofradía escoge a José Capuz como el escultor que realizará las imágenes que habrán de renovar su patrimonio artístico. Este realiza así los grupos e imágenes de la Virgen de la Piedad ( 1925), el Cristo Yacente ( 1926), el Descendimiento ( 1930), la Virgen de la Soledad ( 1930), Jesús Nazareno ( 1931) y la Virgen Dolorosa ( 1931), en una renovación casi completa de las dos procesiones marrajas. Sin embargo, este proceso quedaría interrumpido por la Guerra Civil, en la que la cofradía pierde gran parte de su patrimonio, incluyendo algunas de las obras citadas.

Antes, en 1925, se inicia otro notable cambio, cuando en el seno de la cofradía y a los efectos de conseguir la participación de las personas que acompañan el desfilar de cada una de las imágenes, así como de conseguir la financiación necesaria para ello, se articula un nuevo sistema de organización que se extenderá poco después a la Cofradía California y que aún es el que rige la organización de la Semana Santa cartagenera: la creación de agrupaciones; un sistema de autonomía para cada uno de los grupos de hermanos que se articulan en torno a sus imágenes.

Tras la Guerra Civil, y en unos pocos años, se consigue rehacer gran parte de lo perdido, e incluso aportar nuevos grupos e imágenes a las procesiones marrajas, que ya en 1930 habían sumado una más (la de promesas de la Virgen de la Piedad en la noche del Lunes Santo) y que desde 1959 incorporan la cuarta y última que organizan cada Semana Santa, la de la Vera Cruz y la Soledad de la Virgen en la tarde-noche del Sábado Santo.

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