Marco Licinio Craso

Marco Licinio Craso
Marcus Licinius Crassus Louvre.jpg
Busto de Craso en el Museo del Louvre, París

Cónsul de la República romana
en ejercicio del poder supremo
1 de enero de 55 a. C.- 1 de enero de 54 a. C.
Junto a Cneo Pompeyo Magno
Predecesor Gneo Cornelio Léntulo
Lucio Marcio Filipo
Sucesor Apio Claudio Pulcro
Lucio Domicio Enobarbo

1 de enero de 70 a. C.- 1 de enero de 69 a. C.
Junto a Cneo Pompeyo Magno
Predecesor Publio Cornelio Léntulo
Gneo Aufidio Orestes
Sucesor Quinto Cecilio Metelo
Quinto Hortensio Hórtalo

Gobernador de Siria
por la Antigua Roma
1 de enero de 54 a. C.- 12 de junio de 53 a. C.
Predecesor Aulo Gabinio
Sucesor Cayo Casio Longino

Información personal
Nacimiento 115 a. C.
Roma, Antigua Roma
Fallecimiento 12 de junio de 53 a. C.
Carras, Imperio parto
Residencia Roma, Antigua Roma
Nacionalidad Antigua Roma Ver y modificar los datos en Wikidata
Familia
Padres Publio Licinio Craso
Venulia
Cónyuge Tértula
Hijos Publio Licinio Craso
Marco Licinio Craso
Información profesional
Ocupación General - Político
Patrimonio 170.400.000 sestercios
Firma Firmadecraso.png
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Marco Licinio Craso (en latín, Marcus Licinius Crassus;[n. 1] c. 115 a. C.- junio de 53 a. C.) fue un relevante aristócrata, general y político romano de la era tardorrepublicana, más conocido como Craso el Triunviro. En la batalla de la Puerta Colina se distinguió en el mando el ala derecha del ejército de Sila. Además, aplastó la revuelta de los esclavos liderada por Espartaco.

La importancia de Craso en la historia mundial proviene, sin embargo, del apoyo financiero y político que brindó al joven y empobrecido Julio César, apoyo que le permitió embarcarse en su propia carrera política.

Llegó a un pacto secreto con Cayo Julio César y Cneo Pompeyo Magno, el llamado Primer Triunvirato, para hacerse con el poder en Roma. A pesar de su proverbial riqueza, ansiaba la gloria militar, y por ello lideró una campaña contra los partos en la que encontró la muerte, junto a su hijo y varias legiones, en la batalla de Carras.

Biografía

Primeros años

Marco Licinio Craso era el tercero y menor de los hijos de Publio Licinio Craso Dives, cónsul en 97 a. C., a cuyas órdenes luchó en el ejército. El mayor de sus hermanos, Publio, murió durante la Guerra Social, en tanto que su padre y su otro hermano, Lucio, fueron víctimas de la sangrienta represión de Cayo Mario y de Cina cuando Marco Craso era aún joven. Para escapar de la muerte, buscó refugio en Hispania ( 85 a. C.), donde, aprovechando las clientelas que su padre había extendido durante su gobierno en la Hispania Ulterior, reclutó un pequeño ejército, poniéndose a las órdenes de Sila cuando éste volvió a Italia como legado o prefecto.

Se destacó en la Primera Guerra Civil, y muy especialmente en la conocida Batalla de la Puerta Colina ( 1 de noviembre de 82 a. C.). Las proscripciones que siguieron al establecimiento de la dictadura de Sila le enriquecieron extraordinariamente. A partir de entonces quedó de manifiesto su habilidad para los negocios. Negociando, especulando y extorsionando, reunió una enorme fortuna con actividades tan variopintas como casas de prostitución o brigadas de bomberos.[n. 4] antes de partir a su campaña pártica.

Guerra de Espartaco

Comienzo de la guerra

En el año 73 a. C., los esclavos de Italia se sublevaron contra Roma bajo el mando de Espartaco y derrotaron varias veces a ejércitos romanos. El Senado, alarmado ya por la aparentemente imparable revuelta del sur de Italia, le encomendó a Marco Licinio Craso la tarea de sofocar la rebelión. Craso había sido pretor en 73 a. C. y, aunque era conocido por sus conexiones políticas y su familia, no tenía ninguna reputación como comandante militar.[1]

Le fueron asignadas seis nuevas legiones además de las dos anteriores legiones consulares de Gelio y Léntulo, sumando un ejército de unos 40 000 soldados romanos entrenados.[2]

Craso y Espartaco

Cuando las fuerzas de Espartaco se desplazaron hacia el norte de nuevo, Craso desplegó seis de sus legiones en las fronteras de la región (Plutarco afirma que la batalla inicial entre las legiones de Craso y Espartaco se dio cerca de la región del Piceno,[4]

La marea de la guerra parecía haber cambiado de dirección. Las legiones de Craso salieron victoriosas en varios enfrentamientos, matando a miles de esclavos rebeldes y forzando a Espartaco a retirarse al sur a través de Lucania hacia los estrechos de Mesina. Según Plutarco, Espartaco hizo un trato con piratas cilicios para transportarle a él y a unos 2000 hombres a Sicilia, donde pretendía incitar una revuelta de esclavos y conseguir refuerzos. Sin embargo, fue traicionado por los piratas, que recibieron el pago pero abandonaron a los esclavos rebeldes.[5]

Entonces las fuerzas de Espartaco se retiraron hacia Regio. Las legiones de Craso las persiguieron y al llegar construyeron fortificaciones a lo largo del istmo de Regio, a pesar del hostigamiento de los esclavos rebeldes. Los rebeldes fueron asediados y aislados de todo suministro.[6]

El fin de la revuelta

Los últimos sucesos de la guerra en 71 a. C., en los que el ejército de Espartaco rompió el asedio de las legiones de Craso (X) y se retiró hacia las montañas cercanas a Petelia. Muestra las escaramuzas iniciales (1) entre elementos de ambos bandos, el giro de las fuerzas de Espartaco para la confrontación final (2). Nótense las legiones de Pompeyo incorporándose desde el norte para capturar a los supervivientes.

En este momento, las legiones de Pompeyo volvían a Italia tras haber sofocado la rebelión de Quinto Sertorio en Hispania. Las fuentes discrepan sobre si Craso había solicitado refuerzos o si el Senado simplemente se aprovechó del regreso de Pompeyo a Italia, pero se le ordenó esquivar Roma y dirigirse al sur para ayudar a Craso.[9]

Al parecer el plan romano era cercar a los esclavos desde tres frentes: noroeste (Pompeyo con 7 legiones), suroeste (Craso con 8 legiones) y este (Lúculo con 5 legiones). En total, los romanos sumarían unas 20 legiones (alrededor de 120 000 hombres).

Tras saber del acercamiento de Pompeyo, Espartaco intentó negociar con Craso para dar fin al conflicto antes de que llegaran los refuerzos romanos.[16] A pesar de la importancia de esta victoria, Craso no obtuvo los honores de un triunfo por ser obtenida sobre esclavos, pero sí que se le concedió una ovación y el derecho de usar una corona triunfal de laureles en lugar de la tradicional corona de mirto.

Su primer consulado

A continuación Craso aspiró al consulado en el que también se presentaba Pompeyo, pero este último declaró que quería estar acompañado de Craso en la magistratura, y los dos fueran elegidos ( 70 a. C.) Pompeyo ya se había convertido en el favorito del pueblo y ya había comenzado a provocar la desconfianza de los optimates, mientras Julio César aplaudía la unión entre Craso y Pompeyo por impulsar medidas populares. Los dos cónsules hicieron aprobar la ley Aurelia, por la cual los jueces eran seleccionados entre el populus representado por los tribuni aerarii y los equites, así como por el senado (hasta entonces el senado nombraba en forma exclusiva a los jueces desde hacía doce años a raíz de la lex Cornelia promulgada por Sila). Craso era consciente de que su colega era más popular y para ganar apoyo organizó un banquete de diez mil mesas y distribuyó grano suficiente para cubrir las necesidades de cada familia romana por tres meses, pero aun así la popularidad de Pompeyo no pudo ser superada y la frialdad entre los dos cónsules pasó a ser pública y notoria. En el último día del año, el caballero Gayo Aurelio, probablemente un agente de Julio César, subió a la tribuna y dijo que Júpiter se le había aparecido en un sueño y pedía que los dos cónsules se reconciliaran antes de dejar el cargo. Pompeyo permaneció inflexible pero Craso extendió su mano hacia su rival en medio de grandes aclamaciones.

Nominalmente se reconciliaron, pero la rivalidad siguió. Craso se opuso, privadamente, a la rogatio de Gabinio que comisionaba a Pompeyo para limpiar de piratas el Mediterráneo, y a la ley Manilia que daba a Pompeyo el mando de la guerra contra Mitridates VI. Cuando Pompeyo volvió victorioso de estas tareas, Craso se retiró de la política temporalmente.

El Triunvirato

En 65 a. C. revistió la censura junto a Quinto Lutacio Catulo. Trató entonces de obtener poderes extraordinarios para transformar el Reino de Egipto, aliado de Roma, en una provincia, así como de inscribir en bloque a los ciudadanos latinos de la Galia Transalpina en las listas de los ciudadanos romanos (lo que le hubiera proporcionado una considerable clientela política). Ambos proyectos fueron detenidos por su colega, Catulo, que interpuso su veto paralizando la actividad de la magistratura. Durante estos años Craso protegió a Lucio Sergio Catilina, apoyando su candidatura a las elecciones consulares del año 64 a. C., si bien fue él quien poco después pondría en conocimiento de Cicerón la preparación de la conjura.

En torno al año 59 a. C. tuvo lugar la alianza secreta entre Craso y los dos políticos más importantes del momento, Pompeyo y César, alianza conocida como Primer Triunvirato. Cada uno de sus integrantes tenía sus propios intereses y los de Craso se centraban en que fuera aprobada una ley que rebajara el montante de arrendamiento del cobro de impuestos en la provincia de Asia así como que se creara una comisión encargada de llevar a cabo los repartos de tierra a los veteranos. De acuerdo con estos objetivos, en el año 59 Craso formaba ya parte de una comisión para la ejecución de los repartos de tierra entre los veteranos.

En el año 56 a. C., por los llamados Acuerdos de Lucca, tuvo lugar la renovación del Triunvirato, y en consecuencia Pompeyo y Craso fueron elegidos para el consulado en el año 55 a. C. Durante el ejercicio de su magistratura estaba previsto que ambos se crearan poderes proconsulares durante cinco años, semejantes a los que ejercía César en la Galia. El proyecto de ley presentado a la asamblea transfería por un período de cinco años las provincias de Hispania a Pompeyo y de Siria a Craso, con prerrogativas tales como realizar reclutamientos y tomar decisiones propias. Esta provincia prometía ser una fuente inagotable de riqueza, y lo habría sido de no haber buscado también la gloria militar y cruzado el Éufrates en un intento de conquistar Partia.

Guerra en Partia

En noviembre de 55 a.C., Craso abandonó Italia para dirigirse a su nueva provincia, donde prepararía una grandiosa expedición contra el Imperio parto (invierno de 55-54). En el verano del año 54 a. C. cruzó el Eúfrates y tomó una serie de ciudades fronterizas. Los partos, indignados, le exigieron que se retirase. Craso se negó. Sin embargo, cuando ya tenía la guerra que tanto había deseado, se tomó su tiempo antes de proseguir. Se pasó el primer año como gobernador dedicándose a lucrativos saqueos. Se llevó cuanto había de valor en el Templo de Jerusalén y en muchos otros. Y como señala Plutarco "Los días se le pasaban encorvado sobre las balanzas". Gracias a su cuidadosa contabilidad, Craso pudo reclutar un ejército verdaderamente digno de sus ambiciones: en el mes de junio del año 53 a. C., el ejército de Craso (compuesto por siete legiones, 4.000 jinetes y tropas auxiliares, un total de 50.000 hombres aproximadamente) fue masacrado en la batalla de Carras —debido a la superioridad estratégica parta y a la molicie romana— en las proximidades de Carras, actual Harrán en Turquía (Según Plutarco: "se empezaron a escuchar sonidos, mezcla del rugido de fieras y estampida del trueno", refiriéndose a los golpes sordos que producían las armaduras de sus enemigos). Las legiones de Craso fueron incapaces de maniobrar tan rápidamente como sus oponentes. Craso rechazó los planes de su cuestor, Cayo Casio Longino de reconstruir la línea de batalla romana, y permaneció en formación de testudo. Más de 20.000 soldados perdieron la vida y cerca de 10.000 fueron hechos prisioneros (véase Legión perdida). Posteriormente los hombres de Craso, cercanos al amotinamiento, exigieron que parlamentara con los partos, quienes se habrían ofrecido a encontrarse con él. Craso, abatido por la muerte de su hijo Publio en la batalla, al final estuvo conforme en encontrarse con el general parto. Pero a su llegada al campamento parto fue capturado y asesinado de un modo atroz, introduciendo por la garganta del triunviro oro fundido, en alusión a su avaricia.

El relato que se hace en la biografía de Craso obra de Plutarco también menciona que, durante el banquete de la ceremonia nupcial del hijo de Artavasdes y la hermana de Orodes II en Artashat, la cabeza y la mano derecha de Craso fueron llevadas al rey parto, mientras un actor de la corte, llamado Jasón de Tralles, cogió la cabeza y cantó los siguientes versos (de Eurípides, Las bacantes): «Traigo desde el monte/un tallo recién cortado para el palacio,/caza bienaventurada».[17]

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