Marcelo Torcuato de Alvear

Marcelo Torcuato de Alvear
Museo del Bicentenario - Retrato oficial recortado del Presidente Marcelo T. de Alvear.jpg
Marcelo Torcuato de Alvear con la banda presidencial. Retrato oficial, Museo del Bicentenario.

Escudo de la UCR.svg
Presidente del Comité Nacional de la Unión Cívica Radical
Diciembre de 1931-23 de marzo de 1942
Predecesor José María Martínez
Sucesor Gabriel Oddone

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Presidente de la Nación Argentina
12 de octubre de 1922-12 de octubre de 1928
Vicepresidente Elpidio González
Predecesor Hipólito Yrigoyen
Sucesor Hipólito Yrigoyen

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Embajador de Argentina en Francia
1917-septiembre de 1922
Presidente Hipólito Yrigoyen
Vicepresidente Pelagio Luna (1917-1919)
Ninguno (1919-1922)
Predecesor Enrique Larreta
Sucesor Tomás Le Breton

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Diputado de la Nación Argentina
por Capital Federal
3 de mayo de 1912-3 de mayo de 1916
Presidente Roque Sáenz Peña[nota 1]
Vicepresidente Victorino de la Plaza

Información personal
Nacimiento 4 de octubre de 1868
Buenos Aires, Argentina
Fallecimiento 23 de marzo de 1942 (73 años)
Don Torcuato, Argentina
Lugar de sepultura Cementerio de la Recoleta Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacionalidad Argentina Ver y modificar los datos en Wikidata
Partido político Unión Cívica
Unión Cívica Radical
Familia
Cónyuge Regina Pacini (matr. 1907; viu. 1942)
Educación
Alma máter Universidad de Buenos Aires
Información profesional
Ocupación Abogado
Patrimonio ARM 600 mil[2]
Firma Firma de Marcelo T. de Alvear.gif
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Máximo Marcelo Torcuato de Alvear ( Buenos Aires, 4 de octubre de 1868 - Don Torcuato, 23 de marzo de 1942) fue un abogado y político argentino, que se desempeñó como embajador en Francia, diputado y presidente de la Nación Argentina entre el 12 de octubre de 1922 y la misma fecha del año 1928. Era hermano de Carlos Torcuato de Alvear, hijo de Torcuato de Alvear, ambos intendentes de Buenos Aires, y nieto de Carlos María de Alvear.

Participó activamente de las revoluciones radicales acontecidas en los años 1890 y 1893, integrándose en la Unión Cívica que daría origen a la Unión Cívica Radical, siendo uno de los miembros de la aristocracia argentina integrado a las tareas de un partido popular. Allí trabó amistad con personalidades como Leandro N. Alem e Hipólito Yrigoyen, siendo secretario del primero y padrino de armas del segundo. En las elecciones para renovación de bancas legislativas celebradas tras la reforma electoral de la ley Sáenz Peña en 1912, Alvear fue elegido diputado, cargo que desempeñó por dos años. Cuando Yrigoyen asumió la presidencia en 1916 nombró a Alvear embajador en Francia. Yrigoyen dio su apoyó a Alvear para presidir el comité de la UCR, y así sucederlo en la presidencia de la Argentina. Alvear fue elegido presidente mientras representaba a su país en Francia. Al poco tiempo de asumir la presidencia, se comenzaron a producir asperezas internas dentro del radicalismo, rompiéndose la relación entre Alvear e Yrigoyen, sobre todo cuando el nuevo presidente nombró a ministros que no tenían relación alguna con los sectores yrigoyenistas.

Su periodo de gobierno coincidió justo con el fin de la crisis mundial de la posguerra, lo que le permitió mejorar la economía y las finanzas del país sin mayores contratiempos. Se destacó también en el desarrollo de la industria del automotor y la exitosa explotación petrolera, con lo cual alcanzó una prosperidad económica desconocida hasta entonces para la Argentina, y que se demostró con el gran aumento conseguido en el PIB por habitante, cuyo índice para el año 1928 había alcanzado el sexto puesto entre los más altos del mundo. En el ámbito laboral y social este período se caracterizó por un proceso de concentración urbana en el Litoral y Gran Buenos Aires, además del establecimiento de medio millón de inmigrantes; se registró un aumento de la clase media, subida del salario real, y disminución de las huelgas y conflictos similares. Por otra parte hubo un aumento en la deuda externa mayor a la del gobierno radical anterior. En lo que respecta a política educativa, hubo un retroceso de la reforma universitaria impulsada por Yrigoyen, resultando severamente atenuada. Durante su gobierno se sancionaron algunas leyes tendientes a regular y combatir los precios abusivos existentes por parte de la industria frigorífica operada por capitales extranjeros; sin embargo, terminaron siendo anuladas por el propio Alvear al resultar no haber sido eficaces. En materia de política internacional, se firmaron varios acuerdos de límítes con los países vecinos de Chile y Bolivia. La expansión económica que experimentó la Argentina durante el periodo conocido como república radical sigue siendo hasta hoy en día el ciclo de mayor crecimiento económico en la historia argentina, sólo superado por la gestión posterior del gobierno de Arturo Illia.

Casi al terminar su gestión presidencial, el partido se dividió en dos facciones, de las cuales los antipersonalistas estaban más identificados con el alvearismo que con el yrigoyenismo. Pese a las presiones de sus ministros, Alvear no aceptó intervenir en la provincia de Buenos Aires para que la facción antipersonalista ganara las elecciones de 1928, lo que provocó la renuncia de algunos de sus ministros. Los «personalistas» criticaban a Alvear porque, a diferencia con Yrigoyen, no realizó reformas a fondo, como podría haber sido la nacionalización del petróleo. Fue siempre un acérrimo detractor de los regímenes totalitarios de Italia, Alemania y la Unión Soviética, y apoyó al bando aliado en ambas guerras mundiales.

Al dejar la presidencia se radicó en Francia. Volvió al país pocos años después para reunificar su partido e intentar acceder a la presidencia por segunda vez en 1931, pero se le fue prohibida su candidatura por parte del régimen militar de José Félix Uriburu. Alvear, junto a otros correligionarios radicales, fue perseguido, apresado o tuvo que exiliarse en reiteradas ocasiones por el régimen represivo de la década infame, por lo que conoció el presidio en la isla Martín García. Estuvo al mando del comité de la UCR a lo largo de toda la década de 1930 hasta su muerte en 1942, intentando combatir al régimen conservador. Tuvo cierta participación por el caso del escándalo de la CHADE, cuando esta empresa de capitales extranjeros se comprometió a costear los gastos de la campaña radical, en promesa de que el radicalismo aprobase por veinte años su concesión del servicio eléctrico. Volvió a ser candidato por la presidencia en 1937, pero perdió como consecuencia del fraude patriótico orquestado por los conservadores. Una línea de jóvenes radicales que integraban FORJA se agruparon en oposición a la conducción alvearista acusándola de transigir con respecto a los comicios fraudulentos.

Biografía

Familia Alvear

Una toma de Marcelo durante su niñez.

Máximo Marcelo Torcuato de Alvear, nacido en Buenos Aires el 4 de octubre de 1868,[5]

Su abuelo Carlos María de Alvear llegó a ser director supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata y comandante del Ejército nacional en la guerra del Brasil. Casado con una andaluza, tuvo diez hijos,[8]

En 1854, Torcuato de Alvear había contraído matrimonio con María Elvira Dolores Pacheco, hija del general Ángel Pacheco, con la que tuvo siete hijos, de los cuales tres fallecieron en plena infancia. Los hijos supervivientes tuvieron el nombre de Carmen, Ángel, Carlos y Marcelo, respectivamente.[9]

Juventud

Sentados (de izquierda a derecha) Marcelo T. de Alvear, Leandro N. Alem, Francisco A. Barroetaveña y Juan Posse, año 1891.

La juventud de Alvear fue la típica de la de un joven de la aristocracia. Frecuentaba los distintos circuitos de la noche porteña, los cuales iban desde los respetables teatros del centro de la ciudad de Buenos Aires a lugares de encuentro de dudosa reputación.[11]

Ingresó en el Colegio Nacional de Buenos Aires en el año 1879. Sus estudios fueron muy irregulares: terminó segundo y tercer año solo en 1881; dos años después, el cuarto y quinto, concluyendo sus estudios en 1885; sin embargo, había terminado el bachillerato en el Colegio Nacional de Rosario. En febrero de 1886 solicitó al doctor Manuel Obarrio, decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, que lo matriculase como estudiante regular para estudiar Derecho. En ese mismo año fracasó en Introducción al Derecho, pero aprobó Derecho Internacional Público. Fue rindiendo las materias con regularidad, sin aplazos y con altas calificaciones, sobre todo en los cursos sobre derecho civil.[10]

El joven Alvear, junto a sus compañeros de estudio y amigos —entre los cuales se encontraban los futuros políticos radicales José Luis Cantilo, Fernando Saguier y Tomás Le Breton— integraron un grupo con cierta fama de alborotadores públicos. Algunos de esos altercados terminaron incluso con algunos de los integrantes de la banda en la cárcel.[10]

Alvear se encargó de organizar el meeting en el Jardín Florida el 1 de septiembre de 1889. La concurrida reunión ayudó a popularizar a Leandro N. Alem, y fue el lugar en donde se llegó a idear la Revolución del Parque.

A finales del siglo xix, muchos jóvenes como Alvear fueron partícipes de ejercicios bélicos ante un eventual conflicto armado con Chile por diferentes interpretaciones del Tratado de 1881 que establecía los límites territoriales con Chile, lo que además produjo una carrera armamentística entre ambos países, aunque el conflicto nunca sucedería. En su breve paso por el ejército llegó al grado de teniente coronel. Además, entre 1896 y 1897 llegó a comandar el 4.º Regimiento de Infantería dotado de ochocientos soldados y dividido entre el 1.º y 2.º batallón bajo las órdenes del teniente coronel Tiscornia, con el que tomó parte en las maniobras militares de Curú Malal, cerca de Pigüé.[14]

Carrera política

Cuerpo de abogados graduados en 1891. Entre ellos están: Marcelo T. de Alvear (fila sentada de abajo, cuarto desde la izquierda), Tomás Le Breton y Leopoldo Melo.

Alvear tuvo una destacada actuación al organizar con éxito el meeting en el Jardín Florida el 1 de septiembre de 1889, reunión que ayudó a popularizar entre la juventud porteña a Leandro N. Alem, quien se encontraba retirado de la vida política desde los años 1880. En esta reunión también se ideó la Revolución del Parque.[19]

Miembros de la Revolución del Parque (izquierda a derecha): Marcelo T. de Alvear, José Crotto, Enrique Pérez, Luis Basail, Tomás Valleé y Mariano de la Riestra.

Este levantamiento cívico militar produjo la renuncia del presidente Miguel Ángel Juárez Celman, reemplazado por el vicepresidente Carlos Pellegrini. Fue en vísperas de esta revolución cuando Aristóbulo del Valle propuso como jefe de policía para la ciudad de Buenos Aires a un pariente de Alem, Hipólito Yrigoyen, quien había sido comisario. Esto puso a Yrigoyen en contacto con varias personalidades del civismo como Alvear, Le Breton, Apellániz y Senillosa. Alvear e Yrigoyen se siguieron viendo en el Café de París y en reuniones de comités.[21]

A mediados del año 1891 se produjo la división de la Unión Cívica, entre los partidarios de Leandro N. Alem y los de Bartolomé Mitre; Alvear —cuyo padre había sido autonomista— eligió quedarse del lado de Alem, y fue uno de los firmantes del manifiesto de 2 de julio de ese año, acta fundacional de la Unión Cívica Radical. Ese mismo año, Alvear acompañó al caudillo radical en una gira por el interior del país para lanzar la fórmula Bernardo de Irigoyen- Juan M. Garro.[22]

Marcelo Torcuato de Alvear, circa 1890.

En las elecciones de gobernador de Buenos Aires que se desarrollaron en 1892, el Comité de la provincia de Buenos Aires le había encomendado la dirección del partido en Chacabuco. En seguida, Alvear comprobó que existía un "arreglo" entre el comisario y el caudillo conservador. El dirigente radical se dirigió a la comisaría, cuenta Félix Luna en Alvear:[23]

— No le haga caso, comisario...

Pero el joven delegado [Alvear] se hace respetar. Se quita su chalina de vicuña y golpea con ella el rostro del insolente.
— ¡Fuera de acá...! ¡Fuera de acá...! —repite, rojo de ira, llevándolo hacia la puerta, mientras la mano izquierda, en el bolsillo del saco, se cierra firmemente sobre un innegable revólver.
— Calma, doctor... Tranquilícese, doctor... —es lo único que atina a decir el comisario, mientras Marcelo echa a ponchazos y empujones al entrometido.
Y cuentan las crónicas locales que esa vez en Chacabuco, no hubo fraude...

Durante la tarde del 30 de julio de 1893 un emisario le informó al joven Alvear, que se encontraba en el palco del Teatro Lírico, que en media hora debía partir para participar de la revolución radical.[26]

El 1 de julio de 1896 se suicidó Leandro N. Alem. Alvear, colaborador cercano de Alem dijo al respecto:

Leandro Alem fue el tribuno que con su temperamento romántico concibió esta gran fuerza y se entregó a ella enteramente. El destino lo quebró en un momento de amargura, tal vez dudando de que la obra a la que entregaba su vida pudiera realizarse: ¡triste destino!. Por eso su memoria tiene contornos trágicos de emoción profunda para todos los radicales.

Alvear, 1937.[27]

En un momento de 1897, Lisandro de la Torre retó a un duelo de esgrima a Hipólito Yrigoyen. Alvear se vio abocado a la tarea de —en el lapso de unos pocos días— enseñarle algunos aspectos básicos de esgrima a Yrigoyen, puesto que este desconocía aquella disciplina. El duelo se produjo el día 6 de septiembre.[30]

Regina y sus años en Francia

Regina Pacini, fundadora de la Casa del Teatro, en compañía de su esposo el presidente Marcelo T. de Alvear, Mar del Plata, 1925.

En 1898, Alvear conoció a la soprano portuguesa Regina Pacini, su futura esposa, cuando ella estaba dando una temporada en Buenos Aires, en el Teatro Municipal General San Martín. Sin embargo, un primer intento de cortejarla no tuvo éxito. Así, Alvear partió hacia Europa en el más prolongado viaje de los numerosos que había realizado, decidido a ir tras la soprano portuguesa, llegando incluso a seguirla por toda Europa, pues la «persecución» duraría ocho años.[33]

Finalmente se casaron a las siete de la mañana de un sábado 29 de abril de 1907 en la iglesia lisboeta de Nuestra Señora de la Encarnación.[32]

El matrimonio se radicó en la finca llamada Coeur Volant —un regalo de bodas que Alvear le había hecho a su esposa Regina— situada en Louveciennes, al oeste de París, adonde se mudaron también varios familiares del terrateniente. Desde aquel momento, gracias a la herencia millonaria que poseía Alvear, el matrimonio vivió sin ocupación conocida. Regina, nacida en la rúa de Loreto de la ciudad de Lisboa y de ascendencia italiana y andaluza, habría de tener en el futuro un papel cultural destacado durante la presidencia de su esposo de Argentina. Alvear había heredado tierras en General Pacheco y San Isidro: tres estancias, ganado y una importante suma monetaria. Hasta llegar a dedicarse a la política, vivió de estos bienes, los cuales se fueron vendiendo poco a poco.[33]

Diputado y embajador

Alvear dando un discurso en el Teatro Argentino cuando ejerció como diputado ( 1915).

En 1912 se sancionó la ley Sáenz Peña, de voto universal, secreto y obligatorio —un reclamo de larga data del radicalismo— y fue aplicada en los comicios para renovar diputados, de modo que la UCR decidió levantar su tradicional abstencionismo. El radicalismo ganó en la provincia de Santa Fe y en la ciudad de Buenos Aires. En el listado de candidatos a diputados se encontraba en tercer lugar Alvear, que ganó la banca para el periodo de 1912 a 1916, a pesar de que en ese momento estaba residiendo en París y no había participado de la campaña. Al regresar al país fue nombrado presidente del Jockey Club.[34]

Durante su periodo como diputado presentó proyectos para la reglamentación del código civil, debatió sobre la organización del ejército, apoyó la iniciativa de hogares de bajo coste (conocida como ley Cafferatta n.° 9677) impulsada por Juan Félix Cafferata, y la de responsabilidades e indemnizaciones por accidentes de trabajo (ley n.° 9688).[37]

Las primeras elecciones presidenciales con la nueva ley de voto secreto se llevaron a cabo en 1916. La Unión Cívica Radical ganó por amplio margen bajo la fórmula Yrigoyen- Martínez. El nuevo presidente le propuso en privado el cargo de ministro de Guerra, pero Alvear lo rechazó. Entonces le ofreció ser embajador en Francia, cargo que aceptó y conservó hasta 1922.[40]

El presidente electo Marcelo T. de Alvear con su esposa Regina Pacini, en el barco que lo trajo de vuelta a la Argentina, circa septiembre de 1922.

El 20 de enero de 1920, poco tiempo después de que se firmara el tratado de Versailles, Georges Clemenceau —presidente del Consejo Supremo de la Sociedad de Naciones— le envió un telegrama al presidente Hipólito Yrigoyen, el que invitaba a la Argentina a participar del Pacto de la Sociedad de las Naciones. Así, el poder ejecutivo nombró a la delegación integrada por Honorio Pueyrredón, Marcelo T. de Alvear, Felipe Pérez, Roberto Levillier y Daniel Antokoletz. Las instrucciones básicas que mandó el presidente argentino eran que en el futuro no se debería discriminar entre naciones beligerantes y neutrales para los Estados que formasen parte de esta Sociedad, y que Argentina no apoyaría la guerra de conquista, por lo que repudiaría cualquier apropiación de territorio, además de respetarse la libertad de mares y el principio de la autodeterminación de los pueblos, entre otros puntos.[41]

Cuando Pueyrredón planteó estos puntos a sus compañeros en París, hubo discrepancias.[45]

En uno de los telegramas que envío el presidente Yrigoyen decía: "Hay que ser radical en todo y hasta el fin, levantando el espíritu sobre el medio y el ambiente, cualquiera que estos sean, teniendo muy presente siempre que la Argentina... no debe identificarse sino con proposiciones perdurables de la esencialidad determinante del Congreso". Aunque el mensaje estaba dirigido para Pueyrredón, tácitamente su destinatario era Alvear.[43]

Yrigoyen:
— Se imaginará cómo me impresionan sus divergencias, que me son tanto más sensibles cuanto una de mis confortaciones consiste en la identidad de nuestras consagraciones públicas. Usted conoce, por la delicadeza infinita de la amistad que nos une, todo el alcance de mis designios [...]

Asistimos a una irradiación de sentimientos patrios que vibran entusiastas de un extremo a otro de la República en resonancia de júbilo tal que lamento que usted no se encuentre aquí para experimentarla con nosotros.

Alvear:
— Cualesquiera que sean las divergencias que en esta oportunidad hayan existido y que consisten más en la forma que en el fondo mismo de la cuestión, puedo dar al presidente y al amigo la seguridad de que lo encontrará siempre con todo entusiasmo sin ninguna reserva y exento de preocupaciones personales, completamente decidido a cooperar con él como lo he hecho en toda mi vida política, sin incertidumbre ni desfallecimientos, a la prosperidad y a la grandeza de nuestra patria.

Telegramas entre Yrigoyen y Alvear, 1919.[46]

En 1920 comenzaron las gestiones para la creación del Comité Pro-Juegos Olímpicos de Amberes precedida por Alvear, y bajo la vicepresidencia de César Viale, y con la secretaría de Eugenio Pini. El 12 de enero del citado año, la comitiva solicitó al Congreso un subsidio para paliar los gastos del viaje. El Senado trató el proyecto pero el mismo no prosperó, y por ello Argentina no pudo participar de los Juegos de Amberes.[47]

Elecciones presidenciales de 1922

Yrigoyen y Alvear se abrazan en el puente del barco que trajo a este último de Francia.

Tras el primer gobierno radical de Hipólito Yrigoyen, se planteaba el problema de la sucesión presidencial. Ante las disputas en el seno del partido, en marzo de 1922 la Convención Nacional de la UCR, pese al episodio de la comisión en Ginebra que ventiló el hecho de las diferencias ideológicas, Yrigoyen resolvió dar apoyo a Alvear, en ese momento embajador en Francia, y miembro de la facción más conservadora de la UCR, de origen social patricio y terrateniente, y con pocos vínculos con la base popular del partido.[49]

En el viaje de regreso de Francia a Argentina a bordo del buque francés Massilia, Alvear visitó varios países europeos e hizo escalas en Río de Janeiro (Brasil) y Uruguay, aceptando invitaciones en su carácter de presidente electo. En septiembre retornó finalmente a la Argentina; a su llegada fue recibido por su predecesor, con quien se abrazó en la cubierta del barco que lo traía de regreso.[8]

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