Marcelino Olaechea

Marcelino Olaechea con un obrero del metal.

Marcelino Olaechea Loizaga (Baracaldo, 9 de enero de 1888-Valencia, 21 de octubre de 1972) fue un religioso salesiano español. Fue obispo de Pamplona durante la Guerra Civil y la posguerra (1935-1946) y más tarde arzobispo de Valencia hasta su retiro en 1966.

Biografía

Nació en el barrio baracaldés de Luchana, donde tiene una calle dedicada. Ingresó en el colegio salesiano de Baracaldo en 1897. En 1901 entró en la casa de formación de los salesianos en Villaverde de Pontones (Cantabria). Estudió Filosofía en el noviciado y el estudiantado filosófico de Carabanchel Alto, entonces en los alrededores de Madrid, donde tomó los hábitos a los 16 años, y Teología (en el estudiantado internacional de Turín).

En 1912 fue ordenado sacerdote, siendo destinado como director de varios colegios de la orden (La Coruña en 1915, Carabanchel Alto en 1917). Más tarde fue provincial de Cataluña, Valencia y Madrid.

En 1933 fue nombrado por el Vaticano visitador de los Seminarios de las provincias eclesiásticas de Valencia, Granada y Sevilla. En 1934 volvió a la vida salesiana, como director del colegio de la Ronda de Atocha, en Madrid.

Obispo de Pamplona

El 9 de noviembre[1]​ de 1935 era nombrado obispo de Pamplona, siendo consagrado en Madrid el 27 de octubre del mismo año.

Inicialmente, se mostró contrario a intervenir en política y era conocido por su preocupación por las condiciones materiales y espirituales de los obreros.[3]

Tras el pronunciamiento del 17 y 18 de julio de 1936, evitó al principio las muestras de adhesión a los alzados. Así, excusó su asistencia, alegando enfermedad, a la misa de campaña organizada por el Diario de Navarra el día 25 de julio, festividad de Santiago, para consagrar el requeté al Sagrado Corazón de Jesús en la plaza del Castillo pamplonesa.[4]

A los carlistas y a los militares insurgentes les irritaba la actitud del obispo de Pamplona, que deploró el estallido de la guerra y se negó a bendecir incondicionelmente a las tropas. A finales de julio, se acusaba a Olaechea de socialista.[5]

La carta pastoral conjunta

El 6 de agosto —cuando las noticias sobre las matanzas de religiosos en la zona republicana ya habían llegado a Navarra (el obispo de Lérida, Salvio Huix Miralpeix, había sido asesinado el 5 de agosto)— se lee desde la radio de Vitoria una carta pastoral conjunta de los obispos de Pamplona y Vitoria. Esta carta se refiere a la "colaboración vasco-comunista" y en ella se negaba la licitud de "fraccionar las fuerzas católicas ante el enemigo común", considerando enemigo común a "este monstruo moderno, el marxismo o comunismo, hidra de siete cabezas, síntesis de toda herejía" refiriéndose a la colaboración de los nacionalistas vascos con las fuerzas republicanas, para oponerse a las declaraciones de José Antonio Aguirre, miembro del PNV y de la Asociación Católica Nacional de Propagandistas, y futuro lehendakari, en las que sostenía que la guerra no era religiosa, en el sentido de cruzada, sino simplemente política y social. La pastoral no consiguió su objetivo y los nacionalistas vascos siguieron oponiéndose a los sublevados.

No hay unanimidad en cuanto a la redacción de esta carta:

  • Esta carta pastoral conjunta fue redactada, según algunos autores por el cardenal primado Isidro Gomá, y habían sido los propios Mateo Múgica y Marcelino Olaechea los que habían acudido a Gomá para solicitarle que elaborase un documento "en el que se declarara la improcedencia o ilicitud de la conducta del nacionalismo vasco".[6]
  • Para Jackson, el autor de la carta fue Gomá. Con la idea de evitar una lucha fratricida entre católicos, insistió ante Múgica y Olaechea para que redactasen la carta pastoral, condenando la oposición de los nacionalistas al alzamiento. Finalmente la redactó él, enviándosela a los dos obispos para correcciones. A Olaechea le pareció muy fuerte, por lo que introdujo algunos añadidos y correcciones. Múgica quiso consultar con personas de su confianza de Bilbao antes de aprobar la redacción de Gomá. Pero la carta fue leída como conjunta por la radio de Vitoria sin el beneplácito de Múgica y sin las correcciones y añadidos de Olaechea. Como en Bilbao se conocían las circunstancias de esta carta, no fue aceptada como una verdadera pastoral, pese a que Múgica declarase en septiembre que no había sufrido ninguna presión para su redacción.[7]
  • Poco después, el 10 de enero de 1937, el cardenal Gomá cita dicha pastoral sin reconocerla como obra suya.[8]

Olaechea decide apoyar La Cruzada

El apoyo de Olaechea a los sublevados se hizo explícito a finales de agosto cuando convoca una "solemne procesión de rogativa" a la Virgen del Rosario para el 23 de agosto con estas palabras:[9]

Vivimos una hora histórica en la que se ventilan los sagrados intereses de la Religión y de la Patria [..] una contienda entre la civilización y la barbarie.

Ese mismo día, el obispo Olaechea publicó una exhortación pastoral en la que califica explícitamente a la guerra de «Cruzada»[11]​). Era el primer obispo en calificarla así.

El 22 de octubre, Falange celebró en Pamplona el aniversario de su fundación, con una misa de campaña ante las autoridades y millares de asistentes. En el sermón Olaechea proclamó su «cariño» a Falange «por ser obispo, por ser patriota y por ser amante el obrero».[3]

Durante todo el verano, decenas de sacerdotes y seglares habían acudido al palacio episcopal para pedirle al obispo que intercediera por los represaliados. Sin embargo, el obispo calló, como citó en sus memorias Marino Ayerra.[13]

No más sangre que la que quiera el Señor que se vierta, intercesora en los campos de batalla para salvar a nuestra Patria, gloriosa y desgarrada. [..] No más sangre que la decretada por los Tribunales de Justicia, serena, largamente pensada, escrupulosamente discutida, clara, sin dudas, que jamás será amarga fuente de remordimientos.

Sin embargo, durante los últimos meses de 1936 y casi todo 1937 fueron muy pocos los asesinados que pasaron por consejos de guerra y tribunales militares. La represión «legal», simbolizada por los «Tribunales de Justicia» que reclamaba Olaechea no comenzó a imponerse en la zona franquista hasta otoño de 1937.

Olaechea fue uno de los firmantes de la Carta colectiva del episcopado español, el 1 de julio de 1937.

Tras el fin de la Guerra Civil, Olaechea siguió siendo obispo de Pamplona hasta que el papa Pío XII le nombró arzobispo de Valencia el 17 de febrero de 1946.

Arzobispo de Valencia

Calle dedicada al arzobispo Olaechea, en el barrio de San Marcelino, promovido por él mismo.

El pontificado de Olaechea en Valencia se caracterizó por grandes manifestaciones y concentraciones: procesión de la Virgen de los Desamparados en Valencia al producirse las Bodas de Plata de su coronación canónica, las Misiones Populares de 1949 y 1955 en Valencia, los Congresos Eucarísticos Regionales, el Cuarto Congreso Nacional Catequístico, el Año Santo de 1950 o el Año Mariano de 1954. Prologó el Eucologio de Vicente Sorribes (1951), el Cancionero Diocesano recopilado por Mn. Climent (1959) y la Recopilación de Cánticos Cristianos de Agustín Alamán (1961). Tras la promulgación de la constitución Sacrosanctum Concilium, en 1966 firmaba la carta pastoral Lengua latina, lenguas vernáculas y liturgia[14]​. Promovió la construcción en 1954 del barrio conocido como San Marcelino para personas necesitadas de una vivienda.

Hitos del pontificado de Olaechea fueron la celebración del Sínodo Diocesano de 1951 o la construcción de un nuevo seminario en Moncada, la potenciación del laicado católico, simbolizado por Acción Católica. También favoreció iniciativas de tipo asistencial, como la creación en 1948 del Instituto Social Obrero, para la formación de los trabajadores, la fundación en 1947 del Banco de Nuestra Señora de los Desamparados, para la ayuda a los necesitados; o la construcción de viviendas protegidas.

Renuncia y fallecimiento

Al cumplir los 75 años de edad, según las normas del Concilio Vaticano II, presentó su renuncia, que fue aceptada por el papa Pablo VI el 19 de noviembre de 1966.

Marcelino Olaechea falleció en Valencia el 21 de octubre de 1972. Sus restos mortales descansan en la capilla de Santo Tomás de Villanueva de la catedral.