Marcelino Menéndez Pelayo

Marcelino Menéndez Pelayo
Marcelino Menéndez Pelayo, por Kaulak.jpg
Uno de los últimos retratos de Marcelino Menéndez Pelayo, realizado por el fotógrafo Kaulak.

Diputado a Cortes
por Palma y Zaragoza
1884-1886; 1891-1893

Información personal
Nacimiento 3 de noviembre de 1856
Santander
Fallecimiento 19 de mayo de 1912 (55 años)
Santander
Nacionalidad Española
Educación
Alma máter
Información profesional
Ocupación , crítico literario, historiador, filósofo, poeta
Empleador
  • Universidad Central Ver y modificar los datos en Wikidata
Miembro de
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Marcelino Menéndez Pelayo ( Santander, 3 de noviembre de 1856- 19 de mayo de 1912[1] ) fue un escritor, , crítico literario e historiador de las ideas español.

Consagrado fundamentalmente y con extraordinaria erudición reconstructiva a la historia de las ideas, la interpretación crítica y la historiografía de la estética, la literatura española e hispanoamericana y a la filología hispánica en general, aunque también fue político, cultivó la poesía, la traducción y la filosofía. Hermano del escritor Enrique Menéndez Pelayo. Fue nominado al Premio Nobel de Literatura.

Biografía

Estudios, evolución y docencia

Marcelino Menéndez Pelayo nació el 3 de noviembre de 1856 en la calle Alta[4]

Estudió el bachillerato en el Instituto Cantábrico de su ciudad natal, donde destacó por su buena memoria. Posteriormente, completó su formación en la Universidad de Barcelona (1871–1873) con Manuel Milá y Fontanals, en la de Madrid (1873), donde una arbitrariedad académica del catedrático Nicolás Salmerón, que hizo repetir curso a sus alumnos sin ni siquiera haberlos examinado, le habría de enemistar a muerte con el krausismo postkantiano y los hegelianos en general, y en Valladolid (1874), donde intimó con el que sería su gran amigo, el conservador Gumersindo Laverde, que le apartó de su inicial liberalismo y le orientó hacia el partido más conservador, el de los llamados neocatólicos o «neos». Hizo un viaje de estudios a bibliotecas de Portugal, Italia, Francia, Bélgica y Holanda (1876–1877) y ejerció de catedrático de la Universidad de Madrid (1878) tras pasar por un tribunal en el que estaba otro gran culto y crítico, Juan Valera, a cuya tertulia nocturna, en su casa, acudiría posteriormente. Vivió y murió soltero. Según Jesús Pardo, que era también santanderino, fue «un gran bebedor de anís que frecuentaba prostíbulos y murió de cirrosis».[6]

Cargos más relevantes

Fue elegido miembro de la Real Academia Española (1880), diputado a Cortes (1884–1886 y 1891-1893),[8] propuesto para el Premio Nobel en 1905, miembro de la Real Academia de la Historia en 1882, con el discurso La historia considerada como obra poética. En esta institución fue bibliotecario desde 1892 y director desde 1910. Entró en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas en 1889 y en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en 1892. Finalmente, entre 1898 y hasta su muerte en 1912, fue director de la Biblioteca Nacional de España, sucediendo en el cargo a Manuel Tamayo y Baus.

Pensamiento

Antes de morir volvió a su inicial liberalismo, si bien anclado en puntos de vista sólidamente cristianos, y corrigió muchos de sus primitivos juicios desfavorables sobre Gaspar Núñez de Arce o Benito Pérez Galdós, que terminó por ser su amigo y al que apoyó en su acceso a la Real Academia Española de la Lengua.

Encontró en el catolicismo el Volkgeist de España.[9]

Elogios

Provisto de una gran capacidad de trabajo, de inteligencia superdotada, dominador de ocho lenguas antiguas y modernas y poseedor de una portentosa memoria fotográfica, en sus análisis de la forma y el fondo de la cultura española identificó la raíz de lo español con la tradición católica, en especial la del humanista Juan Luis Vives, pese a lo cual no negó, ocultó ni dejó de estudiar todo cuanto de poco ortodoxo engendró la cultura española ni de evaluar su importancia intrínseca. Como poeta, su obra es una de las muestras más logradas de estilo clásico en su siglo.

Legado

Murió en su ciudad natal, a cuyo municipio legó su rica biblioteca particular de cuarenta mil volúmenes. Su paisano el cardenal Ángel Herrera Oria, quien se consideraba en cierta medida su discípulo, resumió su labor de forma lapidaria: «Consagró su vida a su patria. Quiso poner a su patria al servicio de Dios».

La profundización antiliberal del pensamiento menendezpelayista, que tuvo articulación en el plano político, fue recogida durante la Segunda República Española por la cultura política del nacionalismo reaccionario español.[9]

Discípulos

De entre sus discípulos quepa recordar: Adolfo Bonilla y San Martín, editor de las Obras completas de Cervantes, entre otros trabajos; el reformador de las Escuelas de Magisterio, Rufino Blanco; el hispanista y biógrafo alemán Ludwig Pfandl; el fundador de la filología hispánica como disciplina científica, Ramón Menéndez Pidal; el catedrático de Estética de la Universidad Complutense de Madrid, José María Sánchez Muniaín, que compiló la Antología General de Menéndez Pelayo. Entre las escritoras, su discípula más aventajada fue Blanca de los Ríos.

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