María la Judía

Grabado de representación de María la Profetisa del libro de Michael Maier Symbola Aurea Mensae Duodecim Nationum (1617).

María la Judía, también conocida como María la Hebrea o Míriam la Profetisa, fue la primera mujer alquimista. Vivió entre el siglo I y el siglo III d.C. en Alejandría. Es considerada como la «fundadora de la alquimia» y una gran contribuidora a la ciencia práctica.

Origen

Igual que sucedió con la mayoría de los adeptos o iniciados antiguos, la identidad de María la Judía ha llegado un tanto oscurecida. Algunos la asociaban con María Magdalena. Los alquimistas del pasado creían que era Miriam, la hermana de Moisés y del profeta Aarón, pero las pruebas que apoyan esta pretensión son escasas.

La referencia más concreta de su existencia se da gracias a Zósimo de Panópolis, erudito alquimista de Alejandría que en el siglo IV d.C. recopiló las enseñanzas de muchos iniciados anteriores para formar lo que llegó a ser una enciclopedia del arte hermético. En sus escritos es en dónde cita a María casi siempre en pasado, mencionándola como una de los “sabios antiguos”, y también describe varios de sus experimentos e instrumentos.

Jorge Sincelo, cronista bizantino del siglo VIII, presenta a María como maestra de Demócrito a quien conoció en Menfis (Egipto) en la época de Pericles. El enciclopedista árabe Al-Nadim la cita en su catálogo del Año 879 d.C. entre los cincuenta y dos alquimistas más famosos, por conocer la preparación de la cabeza o caput mortum. El filósofo romano Morieno la llama “María la Profetisa” y los árabes la conocieron como la “Hija de Platón”,[1]​ nombre que en los textos alquímicos occidentales estaba reservado para el azufre blanco. María pasa así a ser identificada con la materia que trabaja.

También se piensa que “María la Judía”, además de un ser personaje real, podría haber sido una firma empleada por uno o varios alquimistas hebreos anteriores a Zóstimo.