María del Carmen Azlor de Aragón e Idiáquez

María del Carmen de Aragón-Azlor e Idiáquez
Duquesa de Villahermosa
Duquesa de Villahermosa, de Franzen.jpg
La duquesa de Villahermosa fotografiada por Christian Franzen (c. 1904)
Información personal
Nombre secular María del Carmen Azlor de Aragón e Idiáquez
Nacimiento 30 de diciembre de 1841[1]
Madrid[1]
Fallecimiento 5 de noviembre de 1905[1]
Madrid
Familia
Padre Marcelino Pedro Azlor de Aragón y Fernández de Córdoba[1]
Cónyuge José Manuel de Goyeneche y Gamio[1]
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María del Carmen de Aragón-Azlor e Idiáquez, más conocida como la Duquesa de Villahermosa ( Madrid, 30 de diciembre de 1841 - ibídem, 5 de noviembre de 1905), fue una aristócrata española, mecenas de las artes y las letras que protegió a autores destacados como Luis Coloma o José Zorrilla.[2]

Biografía

De ascendencia real, por ser descendiente de Juan II de Aragón a través de su hijo el infante Alfonso de Aragón, maestre de Calatrava y hermano de Fernando el Católico,[5]

Huérfana de madre cuando apenas contaba cinco años de edad, pues la duquesa María Josefa falleció el 20 de octubre de 1846, fue educada en el hogar de su padre, cultivando desde pequeña la educación por la que más tarde sería reconocida: de especial carácter católico, benéfico y cultural, distinciones comunes con otras duquesas de su Casa.[3] Una vez fallecido su padre, ostentó los títulos de XV duquesa de Villahermosa, Grande de España, XII condesa-duquesa de Luna, VIII condesa de Guara, marquesa de Cábrega, duchessa della Palata y principessa di Massalubrense en Italia, III condesa de Moita en Portugal. Fue además señora de la baronía de Panzano y de los demás estados de su Casa, y sirvió como dama a las reinas Isabel II, María de las Mercedes y María Cristina durante la regencia. Finalmente, fue condecorada por el Papa con la cruz «Pro Ecclesia et Pontifice».

Contrajo matrimonio en Zarauz ( Guipúzcoa) el 23 de agosto de 1862 con el político José Manuel de Goyeneche y Gamio ( 1831- 1893), originario del Valle de Baztán aunque nacido en Arequipa ( Perú) y titulado segundo conde de Guaqui, Grande de España, de cuyo enlace no hubo sucesión. Ambos esposos fueron retratados por separado por el pintor Ricardo Madrazo.

Tras una fructuosa carrera como mecenas del arte y amante de la cultura, falleció en el Palacio Real de El Pardo (Madrid) el 5 de noviembre de 1905 y fue sepultada en el panteón familiar de Xavier, en la basílica aneja al castillo de Javier.

Antes de su fallecimiento había dejado dispuestas en su testamento diversas donaciones de arte, siendo la más significativa la compuesta por los lienzos Don Diego del Corral y Arellano y Doña Antonia de Ipeñarrieta y Galdós y su hijo don Luis, ambos pintados por Diego Velázquez, cumpliendo así la promesa pública que hizo cuando un norteamericano quiso comprarla por un millón y medio de francos el primer retrato, como recogió la prensa del momento:

Un rico norteamericano ha ofrecido millón y medio de francos por el retrato de Don Diego del Corral y Arellano, pintado por Velázquez, propiedad de la señora Duquesa de Villahermosa. La Duquesa ha rechazado cortésmente la oferta, diciendo:
- Amo mucho a mi familia, a mi patria y al Arte, y muy poco al dinero. Por todos los millones del mundo no vendería yo mi Velázquez, que quiero que después de mis días vaya a formar parte del Museo del Prado.

[3]

Este legado también está integrado por los nueve paños flamencos que componen la colección de los Actos de los Apóstoles, obra de Rafael y custodiados en el Museo Arqueológico Nacional, o dos raras arcas de caudales de hierro español del siglo XVI, entre otras obras de arte. No es de extrañar que el marqués de Laurencín escribiese al año siguiente de su fallecimiento una necrológica de la duquesa, que termina con las siguientes palabras:

Dichosa ella, á quien, tras una vida merecedora de todo linaje de alabanzas, acompañan en el eterno reposo de los justos el llanto de los desvalidos, el cariño de amigos y deudos, el respeto de las gentes, y las oraciones y plegarias de cuantos la conocieron, y que han podido escribir, á guisa de epitafio, bajo las barras bermejas de su regio é histórico blasón: Nació gran dama y supo serlo.

El marqués de Laurencín.[3]
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