María de Padilla

María Padilla, desnuda en el Alcázar de Sevilla frente a Pedro I, en un grabado de Paul Gervais.
Baños de Doña María de Padilla en el Alcázar de Sevilla.

María de Padilla ( c. 1334[n. 1] - Sevilla, julio de 1361) fue una noble, famosa por sus amores con el rey Pedro I de Castilla.

María era hija de Juan García de Padilla (fallecido entre 1348 y 1351) y de María González de Hinestrosa (fallecida después de septiembre de 1356) y hermana de Diego García de Padilla, maestre de la Orden de Calatrava.[2] Las crónicas de su época la describen como muy fermosa, e de buen entendimiento e pequeña de cuerpo.

Real Monasterio de Santa Clara en Astudillo (Palencia) fundado por María de Padilla.
Monasterio de Santa Clara, Astudillo. Templete conmemorativo del sepulcro

Vida con Pedro I de Castilla

Pedro I conoció a María de Padilla en el verano de 1352 cuando iba de expedición a Asturias para luchar contra su hermanastro Enrique de Trastámara que se había sublevado. Probablemente Juan Fernández de Hinestrosa, tío materno de María y principal privado del rey Pedro I entre 1354 y 1359,[1] presentó al rey quien se convertiría en su amante para conseguir el favor real a través de su sobrina, según se deduce de la crónica de rey, escrita por Pero López de Ayala:

En este tiempo, yendo el rey a Gijón, tomo a doña María de Padilla que era una doncella muy fermosa e andaba en casa de doña Isabel de Meneses, muger de don Juan Alfonso de Alburquerque que la criaba, e tráxogela a Sant Fagund Juan Ferrandez de Henestrosa, su tío, hermano de doña María González, su madre.

A partir de ese momento, María se convirtió en su amante y fue su permanente amor, por encima de los matrimonios del monarca. No se conocen muchos datos sobre su biografía, pero según las crónicas de la época, tuvo un carácter bondadoso, influyendo en ocasiones para que Pedro perdonara a nobles que se habían puesto en su contra y habían faltado a la lealtad que de ellos se esperaba.

En 1353 el rey se casó en Valladolid con Blanca de Borbón, hija del duque Pedro I de Borbón (bisnieto de Luis IX de Francia) y de Isabel de Valois (a su vez nieta de Felipe III de Francia). Este matrimonio, ya estaba pactado por Juan Alfonso de Alburquerque (favorito del rey) en connivencia con María de Portugal, la reina madre, pero sin el beneplácito de Pedro, quien mantuvo su relación con María de Padilla. A los tres días de la boda, abandonó a su esposa, al conocer que había mantenido amoríos durante el viaje desde Francia a Valladolid con su hermanastro Fadrique y que la dote pactada no pudo ser pagada. Tras lo cual se reunió nuevamente con su amante María de Padilla, la cual que ya le ha dado una hija, Beatriz.

El rey alejó a Blanca de Borbón y la instaló en Medina del Campo junto a la madre del rey. Todo esto fue aprovechado para sublevarse algunos miembros de la nobleza, incluyendo tres de sus hermanastros, hijos de Leonor de Guzmán, Enrique, Fadrique y Tello además de Juan Alfonso de Alburquerque, que perdido el favor real tras la frustrada boda promovida por él, se convirtió en uno de sus peores enemigos, y su propia madre, María de Portugal.

Pedro I recibió el apoyo de la pequeña nobleza, (entre ellos, la familia de María de Padilla, como Juan Fernández de Hinestrosa, su tío y valido del rey), la burguesía urbana y la comunidad judía. Enrique contó con el apoyo incondicional de la alta nobleza y del rey aragonés. Asimismo, el pueblo llano tomó partido preferentemente al lado del Trastámara.

No sólo a la población castellana movía a piedad la suerte de la reina Blanca, abandonada y presa. El vizconde de Narbona y los demás caballeros franceses que vinieron acompañando a la reina, llevaron al otro lado de las fronteras las quejas contra el rey y el Papa quiso acabar con el escándalo. Ya en 1353 dirigió sus primeras advertencias al monarca pero fueron desoídas y burladas. Regía Inocencio VI, y en vista de la conducta del monarca de Castilla, apeló a medios más eficaces para apartarle de la amistad de María de Padilla y unirle a su esposa, amenazándole con la excomunión. Se consiguió entonces que el rey pasase en Valladolid dos días más al lado de Blanca.

En 1354 se celebraron en Zamora las «Vistas del Tejadillo» entre Pedro I y los partidarios de Blanca de Borbón, llevando cada bando un séquito de cincuenta caballeros armados. Pedro obligó a que declarasen nulo su matrimonio para casarse con Juana de Castro, viuda de Diego de Haro, pero fue encerrado en Toro junto con sus favoritos, de donde logró escapar con la ayuda de su tesorero judío, Samuel ha Leví. La noticia del nuevo matrimonio llegó pronto al Pontífice que comisionó a Beltrán, obispo de Sena, para que formase proceso canónico contra los obispos de Salamanca y Ávila, que habían apoyado al rey, y conminase a éste para que abandonase a Juana y se uniese a su esposa, Blanca.

Patio de las Doncellas, Reales Alcázares de Sevilla.

Mientras, nació su segunda hija, Constanza, en Castrojeriz y María se dirigió al Papa, pidiendo licencia para fundar un monasterio de monjas clarisas apoyándola en su pretensión el rey (como resulta de los documentos pontificios que vinieron de Aviñón), dando a entender al Papa que su propósito era hacer en el monasterio vida penitente. En 1353 fundó el Real Monasterio de Santa Clara en Astudillo cuya primera abadesa fue Juana Fernández de Hinestrosa, tía carnal de María, quien no profesó en dicho monasterio ya que volvió el rey con ella, roto el matrimonio con Juana de Castro.

En 1355 nació su tercer vástago, Isabel, y el mismo año el hijo de Juana de Castro, Juan de Castilla, hijo legítimo que con el tiempo fue encerrado en la fortaleza de Soria y, al firmar la paz el rey Enrique II de Castilla y el duque de Lancaster en 1386, fue hecho rehén como garantía a propuesta de su propio cuñado, el de Lancaster. No hay que olvidar que el infante era depositario de los derechos sucesorios de su padre, Pedro I, en caso de fallecimiento de las hijas (al haber fallecido el único varón, Alonso) que había tenido con María de Padilla.

En 1356, el rey derrotó a los sublevados e inmediatamente, hizo confinar a Blanca de Borbón en Arévalo y poco después la hizo trasladar a Toledo. En ambas localidades, la repudiada soberana logró ganar adeptos para su causa, la mayoría de las veces con falsas acusaciones que carecían de fundamento.

Nació en Tordesillas Alfonso de Castilla, quien falleció siendo niño, último de los hijos de María de Padilla. En 1361 el rey se trasladó a Medina Sidonia y mandó asesinar a Blanca para coronar reina a María quien, sin embargo, falleció el mismo año en su residencia de Astudillo.

Pedro I la lloró mucho, tanto que un año después, en las cortes celebradas en Sevilla declaró ante los nobles que su primera y única esposa había sido María de Padilla. Al arzobispo de Toledo le parecieron buenas estas razones, declarando nulos los otros dos matrimonios y por lo tanto encontró Pedro I unas cortes dispuestas a ratificar lo afirmado por él, declarándola reina y legitimando su descendencia, con lo que trasladó su cuerpo a la capilla de los Reyes de la Catedral de Sevilla, donde también está enterrado el rey, y declarando heredero a Alonso (1359-1362) en lugar de al infante Juan, hijo de Juana de Castro.

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