Manzana dorada

Óleo en lienzo de Iván Bilibin: El pájaro de fuego (Жар-птица). El zarévich Iván atrapa al pájaro de fuego cuando éste intenta robar las manzanas doradas. El pasaje pertenece a la historia El zarévich Iván, el pájaro de fuego y el lobo gris (Иван-царевич и Серый волк).[1]

La manzana dorada es un elemento que aparece en las leyendas o cuentos de hadas de algunos países. Normalmente, un héroe (como Hércules o el príncipe azul en las leyendas occidentales) tiene que hacerse con las manzanas doradas escondidas o robadas por un personaje malvado como un zmeu, un Altom o un monstruo.[2]

Mitología griega

Atalanta

Cuando la cazadora Atalanta había participado en la cacería del jabalí de Calidón y había recibido la piel como trofeo, su padre la reclamó y quiso que se casase. Aunque era una doncella muy hermosa, Atalanta no tenía especial interés en el matrimonio después de que un oráculo predijese que tendría mala suerte si se casaba. Para encontrarle marido, su padre hizo un trato con ella en virtud del cual se casaría con quien pudiese vencerle en una carrera a pie. Atalanta aceptó de buen grado, pues era capaz de correr muy rápidamente.

Derrotó a muchos pretendientes, hasta que uno logró convertirse en su marido gracias a la inteligencia y no a la velocidad. Hipómenes (también llamado Melanión) sabía que no podría vencer en una carrera limpia contra Atalanta, por lo que oró a Afrodita pidiéndole ayuda. La diosa le dio tres manzanas doradas (algunas versiones dicen que fueron membrillos) y le dijo que las dejase caer de una en una para distraer a Atalanta, pues seguro que ésta se detendría para recogerlas. Aunque le costó usar las tres manzanas y recurrir a toda su velocidad, Hipómenes logró la victoria, ganando la carrera y la mano de Atalanta. Hipómenes olvidó agradecérselo a la diosa y ésta los transformó en leones.

El Jardín de las Hespérides

El Jardín de las Hespérides era el huerto de Hera en occidente, donde (según la fuente) crecían en un solo árbol o una arboleda de manzanas doradas que otorgaban la inmortalidad. Como medida de protección adicional, Hera ubicó en este jardín un dragón de cien cabezas que nunca dormía llamado Ladón. El undécimo trabajo de Heracles fue robar las manzanas de este jardín.

Óleo en cartón de Edward Calvert (1799 - 1883):
las Hespérides bailando en torno al árbol.
Detalle del Mosaico Romano de los Doce Trabajos, hallado en Liria y conservado en el Museo Arqueológico Nacional, en Madrid: Heracles roba las manzanas de las Hespérides.

El Juicio de Paris

Zeus organizó un banquete para celebrar las bodas de Peleo y Tetis, pero dejó fuera de la lista de invitados a Eris, la diosa de la discordia, quien tras acudir a pesar de todo dejó caer una manzana dorada con la inscripción καλλίστῃ, ‘para la más bella’. Tres diosas reclamaron la manzana para sí: Hera, Atenea y Afrodita. Zeus decidió que Paris de Troya decidiese quién debía ser la legítima propietaria de la manzana. Cada una de las diosas ofreció a Paris un regalo: Hera le otorgaria el gobierno de toda Asia y ser el hombre más rico, Atenea la victoria de todos sus combates y Afrodita le prometió el amor de la mujer más bella del mundo: Helena.

Paris eligió a Afrodita, que luego cumplió su palabra: Helena abandonaría a su marido, Menelao, y se desencadenaría la Guerra de Troya.

Óleo en lienzo de Enrique Simonet: El Juicio de Paris (1904). Paris sujeta la manzana dorada en la mano derecha mientras observa meditativo a las diosas.
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