Manuel del Socorro Rodríguez


Manuel del Socorro Rodríguez
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Información personal
Nombre de nacimientoManuel del Socorro Rodríguez de la Victoria
Nacimiento3 de abril de 1758
Bandera de Cuba Bayamo , Capitanía General de Cuba
Fallecimiento2 de junio de 1819 (61 años)
Bandera de Colombia Bogotá, Gran Colombia
NacionalidadEspañola
Familia
PadresManuel Baltasar Rodríguez
María Antonia de la Victoria
Información profesional
Ocupaciónbibliotecario, poeta, periodista, ensayista.

Manuel del Socorro Rodríguez de la Victoria (Bayamo, 3 de abril de 1758-Bogotá, 2 de junio de 1819) fue un bibliotecario, periodista, ensayista y poeta neogranadino de origen cubano. Fue uno de los más influyentes actores del movimiento ilustrado en la Nueva Granada, actual Colombia, y uno de los más destacados bibliotecarios del período colonial en América.

Tras su arribo a finales del siglo XVIII a la Nueva Granada bajo el mandato del virrey José Manuel de Ezpeleta, se encargó de la dirección de la Biblioteca Real de Santafé de Bogotá, así como de la fundación de diversos periódicos, es por ello que se le considera el “el prócer del periodismo en Colombia”, pero también como una especie de informante servidor del rey Fernando VII. Su obra permitió inscribirlo dentro del proyecto ilustrado revolucionario de la Nueva Granada, y a su vez se convirtió en una fuente de información para entender la reforma educativa emprendida por el entonces fiscal Francisco Antonio Moreno y Escandón, el problema urbano y el de la salud entre otros.[2]

Biografía

Etapa en Cuba

Infancia y juventud

Hijo de don Manuel Baltasar Rodríguez y doña María Antonia de la Victoria, nació el lunes 3 de abril de 1758 en Bayamo, Cuba y fue el último de cuatro hijos, de las cuales las anteriores eran mujeres. Su padre se desempeñaba como maestro y escultor mientras que su madre se dedicaba a las labores domésticas. Dada la condición de su familia, que no gozaba de abundantes bienes pero si de una gran estima entre los habitantes, el padre de la parroquia del Santísimo Salvador de Bayamo nombró a Manuel del Socorro cuando era pequeño como acólito de la iglesia de San Juan de Evangelista, permaneciendo en este cargo por seis años.

Cuando tenía ocho años su padre murió, sin embargo Manuel del Socorro había aprendido los oficios de la instrucción primaria y la escultura, por lo cual durante cuatro años “se puso al frente de la escuela que dirigió su papá y en su propia vivienda habilitó unas piezas para aulas y allí enseñaba en forma gratuita a quienes no tenían recursos para ingresar a los planteles oficiales”,[3]

Sin embargo, la actividad no resultaba muy rentable y además tenía que responder con las cargas económicas de su hogar, por lo cual se vio obligado a abandonar la enseñanza. Posteriormente se dedicó al dibujo, la pintura, la talla y la escultura en madera de lo cual aún se conserva el altar barroco de la iglesia de Bayamo en 1771; como señala Antonio Cacua Prada, “Años después estos conocimientos pictóricos le suministraron los únicos denarios para su mísera subsistencia”[3]

En 1774 el Marqués de Guisa aseguró que el joven del Socorro contaba con una excelente reputación y le sugirió llevarlo a España pero éste se negó porque “según su conciencia no podía separarse de sus hermanas jóvenes”.[3]

Traslado a Santiago de Cuba

Para 1780 decidió trasladarse junto con su familia a la ciudad de Santiago de Cuba en donde durante 1784 escribió para el rey un memorial de su vida en la que describía la preparación que tenía de “ciento setenta obras, breves discursos en prosa o en verso, y que por haber leído tan poco le hacían creer que eran ideas originales”;[3]​ Igualmente aprovechó la comunicación para solicitar una pensión para él y su familia que además le permitiera concluir las obras. Se trasladó a La Habana donde fue examinado por personas de literatura quienes finalmente autorizaron una pensión de 600 pesos para él, su madre, sus hermanas y para completar su producción literaria.

Nuevamente en 1789 escribió un memorial esta vez dirigido a Carlos III solicitándole un empleo literario, disponiéndose a presentar previamente un examen de bellas artes, literatura y ciencias; se le entregó el temario que debía responder en público en el Colegio del Real Seminario de San Carlos de la Habana, para así demostrar su “idoneidad literaria” autorizado por el capital general de la isla, Don José Manuel de Ezpeleta, con quien a partir de ese día se consolidó una generosa amistad. Durante ese mismo año el gobernador Ezpeleta recibió noticia de su nombramiento como virrey de la Nueva Granada, por lo cual aprovechó para enviar a la Corona una extensa documentación sobre el resultado de las pruebas realizadas a Manuel del Socorro Rodríguez y “pidió licencia para traerlo a Bogotá cuando se trasladara a tomar posesión de su nuevo cargo”[3]

Etapa en el virreinato de la Nueva Granada

Cambio de destino a Santafé de Bogotá

El 11 de agosto de 1789 le fue autorizado el viaje a la Nueva Granada, a la ciudad de Santa Fe, sin embargo como lo manifestó en una carta del 12 de diciembre del mismo año su anhelo era trasladarse a Europa, pues según palabras del autor “únicamente [allí] se le podían facilitar los medios oportunos para instruirme bajo el método y formalidades que exigen el buen gusto literario poco conocido en las Américas, a causa de la inopia de libros, principalmente en aquella región de mi destino, y la imposibilidad de comprar, aún los pocos que vengan de Europa”.[3]​ Aproximadamente en junio de 1790 se embarcó hacia Cartagena, siguiendo el recorrido por el río Magdalena hasta Honda; finalmente arribó a la ciudad el 18 de octubre y al día siguiente se reunió con Ezpeleta quien le ofreció diversos cargos, pero el autodidacta cubano optó por el de director de la Biblioteca Real. Rodríguez se dedicó la vida a la biblioteca; no solo vivía allá, sino además pasaba todo el día leyendo y trabajando organizar la colección literaria de la biblioteca. Así Rodríguez fue muy intelectual y familiar con la literatura mundial; él tenía acceso a la literatura europea y a los otros textos periódicos del Nuevo Mundo.

Real Biblioteca Pública de Santafé de Bogotá

Tras la expulsión de la Compañía de Jesús de la Nueva Granada, quedaron 4182 libros con los cuales pretendía organizarse una biblioteca pública, así el 9 de enero de 1777 se abrió al público ésta biblioteca ubicada en uno de los edificios donde funcionaba el Colegio de San Bartolomé; el 20 de octubre del mismo año Ezpeleta decretó a Manuel del Socorro Rodríguez como director de la biblioteca, tras la muerte de Joaquín Esguerra. Respecto al sueldo le correspondían $224.00 anuales según afirmación de José María Vergara y Vergara, quien anotó: “Este dato lo he sacado de un antiguo expediente sobre la fundación de la Biblioteca, y se confirma con lo que dice a guía de forastero de Santafé, correspondiente al año de 1794, folio 81”[3]

Portada del índice que realizó Manuel del Socorro Rodríguez sobre los libros de la Real Biblioteca Pública de Santafé.

Uno de los proyectos más destacados llevados a cabo por el bibliotecario fue la Tertulia Eutropélica definida por el mismo Rodríguez de la Victoria como “una junta de varios sujetos instruidos, de ambos sexos bajo el amistoso pacto de concurrir todas las noches a pasar tres horas de honesto entretenimiento, discurriendo sobre todo tipo de materias útiles y agradables”.[3]​ Dentro de los asistentes a la tertulia se encontraban entre otros don José María Gruesso, don Francisco Antonio Rodríguez y fray José María Valdés, los tres oriundos del Cauca.

Cese de circulación del Papel Periódico

El 3 de enero, 1797, el virrey Don José de Ezpeleta fue sustituido por el nuevo virrey, Pedro de Mendinueta. El Virrey Ezpeleta se trasladó a la ciudad de Cartagena, y como resultó del perdido de su amigo en el Nuevo Granada, Manuel del Socorro Rodríguez se quedó sin empleo en la biblioteca. El 6 de enero de 1797, el No. 265 del Papel Periódico de Santafé de Bogotá se publicó como la última edición. De allí, don Manuel se dedicó a escribir obras poéticas y memorias aunque no más ocupó la posición de periodista ni de bibliotecario[4]​.

Periodo final y muerte

Además de encargarse de las diversas publicaciones periódicas, durante la última década del siglo XVIII se preocupó por fundar una especie de instituto docente gratuito, similar al que tenía en Bayamo. Allí dictaba diversas cátedras, entre estas lecciones de educación teológica-política, lecciones de historia sagrada eclesiástica, de mitología griega y romana, estudios de elocuencia y poesía, así como clases de geografía, historia natural y física, estudios sobre lengua castellana, principios de griego y hebreo e incluso estudios sobre la lengua mozca de lo cual aseguró “aprendí con sumo trabajo, válido de la Gramática de dicho idioma, que encontré en esta Biblioteca, con el objeto de metodizar y dar a luz unos manuscritos trabajados por dos misioneros de la extinguida compañía, que también existen en esta biblioteca”.[3]​ Manuel del Socorro Rodríguez se dedicó a escribir sus Memorias después de que perdió su posición como bibliotecario. Desafortunadamente, estas memorias se desaparecieron de la biblioteca y nunca se encontraron.

Esto da cuenta de que la preocupación del autodidacta cubano por contribuir a la ilustración de los habitantes de Santafé no se limitaba a la publicación periódica, sino a acciones más concretas como las cátedras.

Tras el grito de independencia de 1810 el nuevo gobierno no estaba en capacidad de mantener el sueldo de Manuel del Socorro Rodríguez como bibliotecario, así que sin remuneración se vio obligado a abandonar su oficio de editor y limitarse a vivir de la caridad pública, contando particularmente con la ayuda de la familia Álvarez Lozano y con lo que recibía por la venta de dibujos a pluma. Durante ese periodo perteneció al Colegio Electoral de Cundinamarca como miembro del poder legislativo; cercano a las ideas de Antonio Nariño, el 9 de enero de 1813 durante el intento del general Antonio Baraya por hacer reconsiderar a Nariño la decisión de constituir el poder de manera centralista, escribió un memorial en el que aseguraba que “amando con todo su corazón esta patria adoptiva para él, le dolía ver que iba a correr la sangre de sus hijos en una batalla fratricida; que para que este sacrificio se evitará, él proponía desafiarse en singular combate con uno de los campeones del ejército contrario, a fin de decidir de este modo la contienda”.[1]

El 29 de abril del mismo año participó junto a Nariño en la siembra de un árbol en la plaza central de Santafé de Bogotá, motivo por el cual escribió los siguientes versos:

    Cantemos al Señor de las naciones
    Himnos de paz, gratitud y gozo;
    Bendigamos el brazo poderoso
    Que rompió de sus pueblos las prisiones[3]

Durante el periodo de reconquista, en mayo de 1816 tuvo que responder a las denuncias de Pablo Morillo quien lo acusó de prestar servicios intelectuales a los precursores de la revolución por haber redactado La Constitución Feliz. Después de dos días de arresto Morillo acudió a entrevistarse en persona con Rodríguez quien lo sorprendió al tener colgado en el salón principal de la biblioteca donde vivía, un retrato de Fernando VII, al notar esto el pacificador lo perdonó, según cuenta Gustavo Otero Muñoz. A parte de las demás publicaciones ya mencionadas dejó inédito el folleto El Reino Feliz , fundado sobre los principios de la verdadera filosofía, que tenía por objetivo “fortalecer a los espíritus débiles y prevenir a los jóvenes incautos contra los crueles asaltos de esa filosofía misantrópica, que, bajo el velo de la hipocresía artificiosa, pretende erigirse un imperio universal sobre las ruinas de la justicia, de la libertad y de la inocencia”.[1]​ El 3 de junio fue sepultado en la iglesia de la Candelaria en Bogotá.