Manuel Fernández Oro

Manuel Fernández Oro
General de División.PNG General de División
Lealtad Flag of Argentina.svg  Argentina
Servicio/rama Ejército Argentino
Unidad Infantería
Participó en Guerra del Paraguay

Nacimiento 3 de enero de 1848
Bandera de Argentina San Juan, Provincia de San Juan, Argentina
Fallecimiento 10 de septiembre de 1919

Ejercito Argentino Escudo.png

Ejército Argentino Escudo
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El general de división Manuel Fernández Oro, fue un militar argentino. Nació en San Juan (capital) el 3 de enero de 1848 y falleció el 10 de septiembre de 1919. Era hijo de María Guadalupe de Oro, hija del doctor Cayetano de Oro Molina y de Petronila Maurín, que casó en San Juan en 1843 con Manuel Fernández Ibáñez. Emparentó, por su madre, con el ilustre linaje de los Oro.

Guerras civiles en el interior

El 1º de febrero de 1867 se incorporó, con el grado de subteniente, a las filas del Batallón 6º de infantería de línea. Este cuerpo había sido reorganizado por el gobierno de Buenos Aires en agosto de 1861 y era su jefe el teniente coronel José Miguel Arredondo.

A causa de la revolución de Mendoza (noviembre 9), que se propagó a otras provincias encendiendo la guerra civil, el presidente de la República, general Bartolomé Mitre, dispuso enviar un ejército para sofocar la subversión y para pacificar el interior. Lo confió al general Wenceslao Paunero. El coronel Juan Saá, recién llegado de Europa, se puso al frente de los revolucionarios.

Su ejército constaba de cinco batallones de infantería, varios regimientos de caballería y diez piezas de artillería, constituyendo una fuerza de diez mil hombres, bien organizados y comandados por jefes aguerridos. Paunero contaba con pocos soldados, por lo cual el gobierno dispuso que una división del ejército que se encontraba en el Paraguay a las órdenes del coronel José Miguel Arredondo marchase en auxilio del general Paunero. A esa fuerza se sumaron el 6º de infantería de línea, Guardias Nacionales de San Juan, Mendoza y San Luis, los regimientos 1º, 4º, 5º, 7º y 8º de caballería, más dos piezas de artillería. El teniente coronel graduado Luis María Campos, que por haber sido herido en el Paraguay se hallaba restableciéndose en el hospital militar, se incorporó también a Arredondo y tomó el mando del batallón 6º de infantería de línea.

El 1º de abril de 1867 a las 15.30 se inició la batalla de San Ignacio.

El coronel Arredondo, al mando de mil seiscientos hombres pertenecientes a la vanguardia del ejército de Paunero, se estrelló en el río Quinto, sobre el paso de San Ignacio, con el ejército de Saá, una tropa heterogénea y numerosa "reputada de gran bravura". El mayor Justo I. Sánchez apunta:

"El choque fue tremendo y sangriento entre ambos combatientes. La caballería de Saá, diestra y valerosa, parecía por momentos que envolvía a los cuadros del Ejército nacional. El reputado 1º de caballería, con su acreditado jefe a la cabeza, llevó un momento de confusión y de desorden a la caballería enemiga, pero ésta se rehízo con presteza, y fueron inútiles todos los esfuerzos del coronel Segovia y la brillante carga de su regimiento para deshacer las filas enemigas. Hubo momentos en que la victoria parecía coronar el esfuerzo de la impetuosa montonera. El comandante Campos solicitó permiso a su jefe para cargar a la bayoneta; el coronel Arredondo, tranquilo en esos momentos solemnes y recordando la pujanza de su cuerpo predilecto, el batallón 6 de línea (en el que combatía Fernández Oro), concedió el permiso solicitado. El comandante Campos, a la cabeza de su batallón, cargó bayoneta. El choque fue espantoso y sangriento; hubo un instante en que no se oyó más que el crujir de las bayonetas. Jefes, oficiales y soldados tiñeron sus armas con sangre enemiga. El comandante Campos se precipitó sobre las filas enemigas, cayendo del caballo con el empuje, pero sus invencibles compañeros, electrizados con su ejemplo, consiguieron salvar a su jefe y doblar al enemigo allí y en toda la línea, al punto de quitarles las piezas de artillería de las cuales se sirvieron. El comandante Campos fue herido en la cabeza de un golpe de fusil, dado por un soldado enemigo en el entrevero. Los trofeos de esta victoria fueron: una bandera arrebatada por el comandante Campos a uno de los batallones rebeldes, toda la artillería y gran cantidad de armamento. Las fuerzas de Saá dejaron en el campo de la acción gran cantidad de muertos y heridos, y unos ochenta prisioneros. El caudillo puntano Juan Saá logró escapar a Chile. Las fuerzas de Arredondo tuvieron dos oficiales y cuarenta y seis de tropa muertos; dos jefes heridos. "Este hecho de armas le valió al coronel Arredondo la efectividad de teniente coronel."

Reunidas las fuerzas de Arredondo con el resto del ejército de Paunero, Fernández Oro marchó con ellas a Mendoza, pasó luego a San Juan, donde el 6º de línea permaneció hasta noviembre del mismo año, posteriormente regresó a Mendoza, trasladándose luego a Río Cuarto, y de ahí a Rosario.

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