Manuel Bretón de los Herreros

Manuel Bretón de los Herreros
Manuel Bretón de los Herreros.JPG
Manuel Bretón de los Herreros (1839), de Antonio Gómez Cros, Museo del Romanticismo, óleo sobre lienzo.
Información personal
Nacimiento 1796 Ver y modificar los datos en Wikidata
Quel
Fallecimiento 1873 Ver y modificar los datos en Wikidata
Madrid
Nacionalidad Española Ver y modificar los datos en Wikidata
Información profesional
Ocupación Periodista, escritor, poeta y crítico literario Ver y modificar los datos en Wikidata
Género Teatro y poesía Ver y modificar los datos en Wikidata
Movimientos Romanticismo Ver y modificar los datos en Wikidata
Miembro de
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Manuel Bretón de los Herreros retratado en Los Poetas contemporáneos por Antonio María Esquivel 1846 - Museo del Prado, Madrid

Manuel Bretón de los Herreros ( Quel, 19 de diciembre de 1796 - Madrid, 8 de noviembre de 1873), dramaturgo, poeta y periodista español.

Biografía

Realizó estudios con los escolapios de san Antón, en Madrid, con no pocas estrecheces económicas. Muy joven y todavía estudiante se alistó como voluntario en la Guerra de la Independencia (1812) y siguió la carrera militar por espacio de diez años, licenciándose en 1822, sin conseguir ascensos, quizá por sus ideas liberales. En esos años, durante sus viajes por España perdió el ojo izquierdo en un duelo que sostuvo en 1818 en Jerez de la Frontera; circunstancia que glosa en esta quintilla:

Dejome el sumo poder
por gracia particular
lo que había menester
dos ojos para llorar...
y uno solo para ver.

Desempeñó cargos administrativos de Hacienda en Játiva y Valencia y luchó contra los Cien Mil Hijos de San Luis (1823); ese año se dirigió a Madrid en busca de fortuna literaria; la logró con el estreno de A la vejez viruelas en 1824. Se encargó de traducir comedias francesas para el empresario Grimaldi entre 1825 y 1830 y entabló una gran amistad con el manchego Marqués de Molíns (1828), que fue su biógrafo principal. Frecuentó asiduamente El Parnasillo desde 1830, apenas constituido. En 1831 el triunfo formidable de Marcela, o ¿cuál de los tres? le abrió de par en par las puertas de la fama, como asimismo la publicación de una traducción de Tibulo le aseguró un puesto como bibliotecario en la Biblioteca Nacional de Madrid. Por unas observaciones algo duras de Mariano José de Larra sobre su fertilidad como autor dramático, se enemistó con él; en realidad Larra estaba resentido por la dura crítica que había hecho Bretón a su comedia No más mostrador, y le hizo ver que se repetía a sí mismo y utilizaba siempre las mismas fórmulas. Bretón respondió atacándole en Me voy de Madrid (1835) y La redacción de un periódico (1836), donde le acusaba de tramposo, mujeriego y mendaz. Sin embargo, los amigos comunes les congraciaron en 1836.

Se casó en 1837 con una mujer burguesa y nada romántica, y en ese mismo año ingresó en la Real Academia con un discurso interesante sobre la importancia de la variedad métrica en el teatro. Acudió regularmente al Ateneo y al Liceo. La representación de Ponchada (1840) le acarreó una inesperada reacción de los militares que le obligó a huir a Burgos y a San Sebastián. A partir de 1840 fue director de la Imprenta Nacional, redactor jefe y director de la Gaceta (1843-1847) y, desde 1847 a 1853, director de la Biblioteca Nacional de Madrid y secretario perpetuo de la Academia Española, en la que había ingresado en 1837.

Fue redactor y crítico teatral de muchas revistas. Hacia 1848, tachado de repetirse y de estar anticuado, intentó renovar sus fórmulas dramáticas con el drama histórico ¿Quién es ella? (1849), ambientado en la corte de Felipe IV y en el que Quevedo representa un papel preponderante. La vejez del comediógrafo fue triste: misántropo y muy irritable, llegó incluso a romper con la Academia, a la que tantos servicios había prestado (1870). El emperador don Pedro de Brasil le visitó en 1872, rindiendo tributo a la popularidad de Bretón en aquel país. Murió en 1873 de pulmonía.

Bretón de los Herreros.

A pesar de hallarse en pleno Romanticismo prefirió cultivar la comedia al estilo moratiniano y satirizar las costumbres de su época. También es heredero, en el terreno de la comedia, del costumbrismo de Mariano José de Larra, Ramón Mesonero Romanos y Serafín Estébanez Calderón, y describió con exactitud un amplio repertorio de personajes. Su amistad con José de Espronceda, Juan Nicasio Gallego y Larra contribuyó a depurar su gusto y a la formación de un estilo propio y original.

Bretón no se limita sólo a ser el espectador de la España que se encuentra entre la Guerra de la Independencia y el destronamiento de Isabel II: aporta su opinión a los problemas y propone soluciones inspiradas en el punto de vista de la burguesía media y conformista. Se opone a reformas sociales radicales, propugna el matrimonio de conveniencias a sangre fría, condenando la coquetería y el exceso pasional; prefiere el peor arreglo al mejor divorcio y critica la moral romántica importada de Francia. El ideal para él es la vida rutinaria, prevista y ordenada por la razón común y el buen sentido.

Su teatro se caracteriza por la sencillez de la intriga, la tendencia a los conflictos triangulares y el papel importantísimo de la expresión y del lenguaje. El autor riojano pone toda su habilidad y fuerza dramática en el diálogo. Corrige meticulosamente sus obras y cuida en extremo el decoro de los personajes. Condena el galicismo pero tampoco es un extremado purista. Utiliza con parquedad y acierto el vulgarismo como elemento cómico. Los ambientes de sus obras son los lugares típicos de Madrid, como el Prado; las costumbres del brasero y la verbena; las modas del baile o el álbum; los cambios sociales con el ascenso de la burguesía y la decadencia de la vieja nobleza empobrecida; la mentalidad mercantilista; la corrupción administrativa; la revuelta callejera; el drama de la guerra civil.

Es indudable que el teatro de Bretón de los Herreros, pese a sus personajes planos (hidalgos dignos y arruinados, galanes enamoradizos, viudas en estrecheces económicas, patronas, andaluzas engañadoras, coquetas redomadas, lechuguinos, paletos provincianos de buen corazón, militares sin dinero), posee un amplio repertorio de figuras representativas de la época y una fina y penetrante óptica de la vida, costumbres y problemas de su país y su época, un depurado lenguaje, una métrica fácil y de inspiración áurea, y una gran vis cómica, que destacan también en sus epigramas y composiciones satíricos. Uno, en concreto, es muy famoso por la anécdota biográfica que encierra. Solían confundir a un vecino de Bretón, un médico también poeta apellidado Mata ( Pedro Mata Fontanet), con el famoso autor, llamando a todas horas a su puerta, de forma que se cansó y puso dos versos sobre ella que decían: En esta mi habitación / no vive ningún Bretón. Como no se llevaban bien, Bretón hizo la siguiente redondilla, que colgó de su puerta:

Vive en esta vecindad
cierto médico poeta
que al pie de cada receta
pone "Mata". Y es verdad.

El teatro de la ciudad de Haro, en La Rioja, fue denominado en homenaje suyo Teatro Bretón de los Herreros.

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