Manuel Aznar Zubigaray

Manuel Aznar
Manuel Aznar.JPG

Embajador de España en la República Dominicana
1948-1951

Embajador de España en Argentina
1953-1955

Embajador de España en Marruecos
1963-1964

Representante permanente de España ante las Naciones Unidas
1964-1967

Información personal
Nacimiento18 de noviembre de 1894
Echalar
Fallecimiento10 de noviembre de 1975
Madrid
NacionalidadEspañola Ver y modificar los datos en Wikidata
Partido políticoPartido Nacionalista Vasco y Falange Española de las JONS Ver y modificar los datos en Wikidata
Familia
Hijos
Información profesional
OcupaciónPeriodista, historiador y diplomático Ver y modificar los datos en Wikidata
SeudónimoImanol Ver y modificar los datos en Wikidata
Miembro de
Distinciones
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Manuel Aznar y Zubigaray (Echalar, 18 de noviembre de 1894-Madrid, 10 de noviembre de 1975) fue un periodista, político y diplomático español, muy destacado durante la dictadura de Franco.

Dirigió varios de los periódicos más importantes de la época como El Sol o La Vanguardia Española, este último ya durante el régimen franquista, participó en numerosos proyectos literarios con su íntimo amigo Manuel Halcón, marqués de Villar del Tajo, fue director gerente y uno de los fundadores de la agencia de noticias EFE, presidente de la Asociación de la Prensa de Madrid, representante permanente de España ante la ONU, embajador en la República Dominicana, Marruecos y Argentina, así como ministro plenipotenciario ante los EEUU. Además de su carrera diplomática y periodística, su amistad con Juan Lladó y Sánchez-Blanco le permitió colaborar con el Banco Urquijo siendo consejero del mismo bajo la presidencia de aquel.

Biografía

Nacido en la localidad navarra de Echalar el 18 de noviembre de 1894,[3]

Con 12 años comenzó a escribir crónicas para "El Eco de Navarra".[5]

En Bilbao trabajó como redactor del diario Euzkadi, de corte nacionalista vasco y por entonces recientemente fundado, entre otros por él, a los 18 años. También formó parte del conjunto fundador de la edición en castellano de "Euzkadi", "La Tarde" con 19 años colaborando además con la revista cultural Hermes, en ocasiones con el seudónimo «Imanol». Durante la Primera Guerra Mundial escribió crónicas del frente desde lo que hoy es la Biblioteca de Bidebarrieta, en Bilbao, firmando con el seudónimo «Gudalgai» ("recluta", en euskera). En diciembre de 1914 se estrenó en el teatro Campos Elíseos de Bilbao su drama El jardín del mayorazgo, calificado por Indalecio Prieto de «furibundamente antiespañol».

Hacia 1916, Aznar Zubigaray se afilió al Partido Nacionalista Vasco y fue acusado años después por Indalecio Prieto de representar a las tendencias radicales dentro del mismo. Este mismo año nació su hijo Manuel. Pese a su vinculación nacionalista entre 1912 y 1917 siempre sostuvo que nunca apostó por una vía «secesionista cerril que después ha[bía] preponderado». En 1918, gracias a sus trabajos periodísticos previos y a la amistad que le unía con Nicolás María de Urgoiti, fue nombrado director del periódico El Sol de Madrid. Desde esta publicación siguió respaldando la corriente aliadófila y, siendo director, visitaría con el conde de Romanones, al presidente Wilson en medio de los Tratados de Paz que acabaron con la Gran Guerra. Despertó la simpatía de Georges Clemenceau el cual le concedió hasta cinco entrevistas.

Bajo su dirección El Sol incorporó a las firmas más prestigiosas de la época como Fernando de los Ríos, Américo Castro, José Ortega y Gasset, Ramón Basterra, Ramón J. Sender, Miguel de Unamuno o Azorín. Se cuenta que la oferta que Urgoiti le hizo a Aznar, contando este con tan sólo 22 años, le convertía no en sólo uno de los directores de periódico más jóvenes de la historia del periodismo en España sino el mejor pagado de la época.[6]

En 1922 dejó España con su familia y marchó a Cuba buscando abrirse hueco entre el periodismo cubano, así dirigiría sucesivamente los periódicos El País, el Diario de la Marina y Excelsior posteriormente integrado en El País. Permanecería en La Habana hasta la instauración de la Segunda República Española y allí nacería una de sus hijas. Su contacto con la isla caribeña en particular y con Hispanoamérica en general, no se terminaría aquí, pues seguiría siendo corresponsal jefe de El Diario de la Marina y del diario argentino La Nación en Madrid durante la Guerra Civil.[9]

Tras su período cubano, volvió en 1931 a España, donde retomó a la dirección de El Sol, cayendo la Monarquía en su trayecto de vuelta. Reconoce la labor y la honradez de Alfonso XIII en su marcha de España y se integra plenamente en el nuevo régimen formando parte del Partido Republicano Conservador de Miguel Maura y posteriormente en el Partido del Centro Democrático de Portela Valladares participando en las elecciones de 1936, sin obtener acta de diputado. Su evolución política lo llevó a decantarse por el bando de Miguel Maura. De la misma forma dirigiría en 1933 la campaña electoral del Partido Republicano Conservador.

Durante los años de la Segunda República, en el café Lyon d'Or de Bilbao, Aznar Zubigaray concurría a la tertulia que presidía Pedro Eguillor y en la que participaron, entre otros, Miguel de Unamuno, Gregorio de Balparda, Ramón de Basterra (hasta su muerte en 1928), José Félix de Lequerica, José María de Areilza, Pedro Mourlane Michelena, Rafael Sánchez-Mazas, Joaquín Zuazagoitia e Ignacio Zuloaga, con el que le unía una gran amistad.

Tras la sublevación militar del 18 de julio de 1936, que le sorprendió en Madrid, se desplazó a Burgos para ponerse al servicio de los sublevados. Vinculado a la derecha por su amistad con José Antonio Primo de Rivera y aún en el frente republicano dónde había sido condenado a muerte, consigue huir vía Bruselas. Pese a sus antecedentes nacionalistas y el haber sido previamente condenado a muerte por el bando nacional, su trabajo como propagandista y cronista militar le granjeó el aprecio de los sublevados. De esta época data su Historia militar de la Guerra de España (1936-1939) (1940), quizá su libro más importante, que tuvo varias ediciones posteriores en Editora Nacional.

Llegó a dirigir el Diario Vasco —periódico que se le ofreció tras rechazar dirigir el vallisoletano Libertad—, Semana —publicación de la cual fue fundador junto a Manuel Halcón—, La Vanguardia y la agencia de noticias EFE. En el año 1945 fue nombrado ministro plenipotenciario de España ante Estados Unidos en Washington, donde ayudó los intentos de José Félix de Lequerica de establecer relaciones diplomáticas con los Estados Unidos.[13]

En 1960 fue nombrado director de La Vanguardia Española, de Barcelona por el conde de Godó. En 1964 fue nombrado embajador ante la Organización de las Naciones Unidas, donde permaneció hasta 1967, culminando su carrera diplomática; previamente había ocupado las embajadas de República Dominicana (1948-1952), de la República de Argentina (1952-1955) y de Marruecos (1963-1964). Fue procurador en Cortes designado por el jefe del Estado desde 1958 hasta 1962. Durante su estancia en la ONU, apareció en una entrevista sobre la figura de Francisco Franco en la película Franco, ese hombre dirigida por José Luis Sáenz de Heredia.

Mantuvo amargas polémicas con Indalecio Prieto que le atacó desde el extranjero, acusándole de hipócrita y aludiendo a la supuesta protección que Aznar le pidió cuando estalló la Guerra Civil. Por otro lado, Manuel Aznar, tiempo después le consideraría a su vez como «una atroz calamidad» desde el punto de vista político. Contrajo segundas nupcias con Milagro Gallego y Cortés, con la que no tendría descendencia. Murió en Madrid, el 10 de noviembre de 1975, diez días antes que el general Franco.

A su muerte hubo toda clase de declaraciones, desde la condena (como Gregorio Morán o Iñaki Anasagasti) al elogio que le dirigieron, entre otras personalidades de la época, José María de Areilza, Antonio Garrigues Díaz-Cañabate, la Liga Árabe o Manuel Fraga. Se creó el Premio Aznar por la agencia EFE, que dejaría de concederse a partir de 1982.[14]​ La ciudad de Irún nombraría en su honor una calle, Embajador Aznar. Recientemente, Juan Luis Cebrián destacó la figura de Aznar en estos términos:

«Don Manuel Aznar defendió la necesidad de los periódicos para promover la restauración democrática; también hubo buenos periodistas en la dictadura y ha habido malos gobernantes en la democracia».[15]