Mansión

Los edificios de Palladio,[1] como la Villa Capra cerca de Vicenza, un ejemplo de la arquitectura del Renacimiento, sirven de inspiración para mansiones posteriores. Se comenzó a construirse en 1567.
Mansión Gelbensande (construida entre 1880 y 1885) cerca de Rostock, Mecklemburgo, Alemania
Harlaxton Manor, Inglaterra, del siglo XIX, es un ejemplo de la arquitectura historicista.

Una mansión –del latín, «mansĭo, -ōnis»–,[5]

Historia

Debido al contexto político y los avances realizados en las armas de fuego, en la Europa del siglo XVI la aristocracia ya no consideraba imprescindible vivir en edificios fortificados y las nuevas construcciones podrían basarse en criterios estéticos antes que bélicos.[6] Con el tiempo, el concepto de castillo inexpugnable dio paso a la vivienda suntuosa, e incluso se modificaron en ese aspecto muchas construcciones de origen castellano, adaptándose a un uso residencial, con grandes y exuberantes jardines. Inspiradora de muchos de esos modelos nuevos de palacete fue la arquitectura del Renacimiento de Palladio y otros arquitectos contemporáneos, cuya influencia se mantuvo hasta finales del siglo XIX.

En la España meridional, este fenómeno produjo modelos de fusión entre estilos como el plateresco y la arquitectura mudéjar tradicional,[7] en diferentes prototipos de casas señoriales y cortijos.

Con la industrialización de la segunda mitad del siglo XVIII y principios del XIX, mansiones, palacios y palacetes –en el Reino Unido y parte de Europa– se sometieron a estilos como el Gothic Revival de la arquitectura neogótica.[8]

Modernismo y art déco en España

Otro prototipo interesante lo constituyó la arquitectura urbana de corte modernista, en la que destacan obras de Gaudí como la Casa Milà, la Casa Botines o la Casa Batlló, y otras mansiones integradas en la ciudad construidas a comienzos del siglo XX por un grupo de arquitectos catalanes con personalidad propia.[9]

El modelo americano

La Quinta Gameros (principios del siglo XX). Un ejemplo del estilo porfiriato en Chihuahua, México, cuando el diseño francés ejercía en la zona mayor poder blando que España o Portugal.

Siguiendo las pautas de una cultura colonial generalizada en ambos continentes americanos y tomando señas de identidad y estilos arquitectónicos derivados por lo general de sus orígenes culturales, la historia de las mansiones americanas puede ordenarse en dos bloques elementales: mansiones de inspiración europea anglo-francesa en los países colonizados por Inglaterra y Francia; y mansiones de estilo colonial español o lusitano, en los colonizados por España y Portugal. Estas influencias tomaron luego su propia personalidad en algunos casos, desarrollando estilos endémicos más o menos localizados, como es el caso de Nueva Orleans en Estados Unidos, o de La Habana en Cuba.[11]

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