Manolo

La maja y los embozados, por Goya.
La cometa, por Goya.
La maja vestida, por Goya.
El majo de la guitarra, por Ramón Bayeu.

Manolo es una derivación coloquial del nombre Manuel, y desde finales del siglo XVIII, por un famoso sainete de Ramón de la Cruz ( 1769),[3]

También se utiliza la expresión majismo para designar la afición casticista de la aristocracia por el vestuario y las costumbres propias de manolos y majos de ambos sexos, incluyendo la música, bailes y diversiones populares ( fandango, tauromaquia, etc.); en oposición a la moda francesa (representada por su contrafigura: el petimetre —joven de clase alta, amanerado y ocioso—) e incluso a los valores de la Ilustración.[4]

Manolos y majos goyescos

Son los personajes que inmortalizaron los cuadros de escenas populares de Goya, sobre todo sus series de cartones para tapices ( La maja y los embozados, La cometa), o las famosas La maja desnuda y La maja vestida (aunque la personalidad de la retratada es objeto de debate). El casticismo de la aristocracia española la hacía imitar el vestuario y la pose de los "manolos", de forma que es habitual que Goya también pintase a nobles con ropa similar. De una forma más trágica, pueden reconocerse "manolos" o "majos" en los personajes que aparecen en Dos de mayo de 1808 y en Los fusilamientos del tres de mayo.

Simultáneamente (y con evidentes resultados de integración social, véase Pan y Toros) se desarrolló el toreo a pie, que convertía en héroes y sacaba de la pobreza a estos personajes populares (antes se prefería el toreo a caballo, reservado a la nobleza), con lo que el traje llamado " goyesco" (redecilla en el pelo para ambos sexos; corpiño ajustado y escotado, pañuelo, mangas con farol y falda de vuelo con mandil para las mujeres; y pañuelo al cuello, chaquetilla, calzón hasta las rodillas y medias para los hombres) inmortalizado en la serie de grabados Tauromaquia, pasó a ser el de los toreros, evolucionando durante el siglo XIX al actual traje de luces.

Hay que recordar que el protagonismo de las masas en la historia española, y muy concretamente en Madrid, empieza a ser percibido desde el motín de Esquilache ( 1766), y más adelante se hace evidente en la Guerra de Independencia Española ( 1808). Lo ambivalente de ese protagonismo se da también en la figura del "manolo", al que puede entenderse tanto como un epíteto admirativo como despectivo, según la intención del que lo use. Desde un punto de vista ilustrado, podría considerarse como el resumen de todos los vicios de un pueblo sumido en el atraso. Desde un punto de vista casticista, de las virtudes de la raza española. La postura de Goya es mucho más compleja, y toma parte de ambas. La mayor parte de los intelectuales de finales del siglo XVIII tomaron una clara postura en contra del majismo; Jovellanos llegó a denunciar la miserable imitación de las libres e indecentes danzas de la ínfima plebe.[5]

Las palabras majo y maja están usadas también en referencia a la obra de Goya. Es el caso de Granados ( Goyescas - Los Majos enamorados) y de Manet ( Chico con traje de majo). El manolismo se encuentra en numerosas obras europeas del siglo XIX como representación imaginativa de los estereotipos hispánicos, de los cuales la opera Carmen ( Bizet) es uno de los más notables representantes.[6]

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