Manejo del recurso agua

Los problemas del manejo de los recursos hidricos, que pueden surgir en una evaluación ambiental, tienen que ver con decisiones sobre el uso del agua o la tierra que afectan la cantidad o calidad del agua superficial o subterránea. A su vez, tales cambios inciden en la gama de usos que puede soportar el recurso hidráulico en particular, o alteran las funciones de un sistema natural que depende del agua.

En cuanto a los proyectos de desarrollo, las acciones que pueden alterar la calidad o cantidad del agua incluyen:

  • la contaminación del agua superficial por la descarga directa de afluentes;
  • la contaminación del agua superficial por fuentes no puntuales o difusas;
  • la contaminación del agua superficial por contaminantes atmosféricos;
  • la contaminación del agua subterránea o superficial por desechos eliminados por sobre o debajo de la tierra;
  • el aumento de afluencia debido al desmonte, nivelación, pavimentación, drenaje o modificación de los canales;
  • la disminución del flujo de agua superficial debido a la desviación, captación y uso consuntivo; y,
  • una reducción en la elevación del nivel freático o flujo artesiano por interferencia con la recarga de agua subterránea o retiro excesivo de la misma.

Impactos ambientales causados por el aumento del escurrimiento superficial

En España, la gota fría es característica de las costas mediterráneas, al final del verano y principios del otoño. Ocurre cuando tienen lugar dos hechos a la vez: se evapora el agua marina que está a elevada temperatura (unos 30 ºC) y llegan aires fríos en altura. Al encontrase el aire frío y el vapor de agua ascendente, éste se condensa rápidamente (es decir, se hace líquido) y provoca precipitaciones muy intensas. En pocas horas (minutos incluso) caen muchos litros de agua por metro cuadrado (¡hasta 800 litros por metro cuadrado en 24 horas!), normalmente acompañados de granizo (pequeñas bolas de hielo cuyo tamaño oscila entre unos pocos milímetros de diámetro y algunos centímetros). Este fenómeno causa numerosos daños personales y materiales, pues el agua caída de forma torrencial arrastra vehículos, inunda las viviendas, daña los cultivos, desborda presas y ríos... Además, el granizo puede hundir la chapa de coches y ¡romper cristales!

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