Malvinenses

Malvinenses
Falkland-Islanders.jpg
Hombres malvinenses de ascendencia británica.
Otros nombres Malvineros, isleños, Falkland Islanders, Falklanders.
Ubicación Islas Malvinas
Población total 2932 habitantes ( 2012)
Idioma inglés ( dialecto malvinense)
Religión Cristianismo (mayoría)
Etnias relacionadas Pueblo británico ( ingleses, escoceses, galeses), irlandeses, santahelenos, argentinos, chilenos, uruguayos, gibralteños
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Los malvinenses[2]​ son los habitantes de las islas Malvinas. En Argentina el término kelpers es de uso frecuente, pero se considera peyorativo en las islas por sus matices negativos. En idioma inglés los isleños se llaman Falkland Islanders o Falklanders.

Identidad

Kelper montado en su caballo hacia 1936.
Grupo de malvinenses paleando turba hacia los años 1950. La turba era la única forma de combustible utilizada en las islas hasta la llegada de las empresas argentinas YPF y Gas del Estado.[3]

Tras la ocupación británica de 1833, arribaron diversos colonos británicos que se unieron con los colonos argentinos que permanecieron en las islas después de dicho desembarco británico y que sobrevivieron al posterior alzamiento de Antonio Rivero en 1834. Otros grupos étnicos que han contribuido a su origen son los gibraltareños, los uruguayos, los chilenos y los escandinavos.

Los isleños, generalmente de origen británico y habla inglesa, se consideran a sí mismos británicos, pero con una identidad particular que los diferencia de los otros pueblos británicos.[7]​ Lewis Clifton, expresidente de la Asamblea Legislativa de las Islas Malvinas, habla sobre la identidad particular de los malvinenses:

Valores culturales, económicos, sociales, políticos y educativos británicos crean unas Malvinas únicas que se parecen mucho a Gran Bretaña. Sin embargo, los isleños se sienten claramente diferentes de sus compatriotas que residen en el Reino Unido. Esto podría tener algo que ver con el aislamiento geográfico o con vivir en una isla más pequeña - quizás semejante a aquellas personas británicas que no se sienten europeas.[4]

Lewis Clifton

Pese a que se sienten plenamente británicos e iguales a los habitantes de las islas Británicas, los habitantes de Inglaterra los ven de «mentalidad cerrada», más introvertidos y reservados que los habitantes de las grandes ciudades inglesas.[10]

Los malvineses se ven a sí mismos como una «nación de inmigrantes» como las de países vecinos de América del Sur:

Somos un pueblo como los de Argentina, Uruguay, Brasil y Chile y muchos otros países de América del Sur, cuyos habitantes son de origen principalmente europeo, indígena o africano.

Mike Summers[11]

Según ellos mismos funden tradiciones británicas, santahelénicas y hasta chilenas (por la inmigración), comportándose «como un país» y poseen una «fuerte» identidad más allá de lo británico. También dice que «hay una imagen estereotipada y un gran desconocimiento» en Argentina.[12]

Actualmente se consideran prácticamente como un «país aparte», y reclaman que se reconozca su identidad y que su voz sea escuchada.[13]

Evolución política de la identidad malvinense

Hacia 1968, se había realizado un Memorando de Entendimiento entre Argentina y Gran Bretaña donde este último país reconocería la soberanía argentina cuando considerase garantizados los intereses de los isleños. Lord Chalfont, funcionario del Foreign Office, viajó a las islas para presentar personalmente el Memorando ante los malvinenses. Chalfont les dijo: «Ustedes se resisten a admitir que el mundo está cambiando. Gran Bretaña ya no es el gran poder imperial del siglo XIX. (...) No les puedo ofrecer ninguna garantía, pero cuando dicen ‘Mantengan británicas a las Malvinas’, deben estar seguros de que saben lo que eso significa. Significa algo diferente a lo que significaba en 1900». Pese a ello, los malvinenses rechazaron la soberanía argentina. El Foreign Office intentó durante los siguientes años convencer a los isleños de las ventajas que obtendrían de un eventual acuerdo con la Argentina. Un grupo de malvinenses y simpatizantes de su causa organizaron un lobby para presionar contra las negociaciones en el Parlamento Británico.[14]

Desde la década de 1960, la dimensión política de la identidad malvinense ha desarrollado en torno a la campaña por el reconocimiento del derecho de los isleños a la autodeterminación. La clave para ello fue la creación de un comité en 1968, el reconocimiento de Gran Bretaña del derecho a la libre determinación después de que los isleños rechazaron la propuesta británica de retroarriendo que fuera ofrecida a la Argentina por el Ministerio de Relaciones Exteriores y de la Mancomunidad de Naciones en 1980 (llamada « propuesta leaseback»),[16]

En 1988, el gobierno británico redactó un documento llamado «Gran Bretaña y los territorios en el extranjero». El documento estableció que los territorios británicos de ultramar se mantendrían británicos «mientras quisiesen mantenerse británicos». Sobre la cuestión de las Malvinas consideró que el Reino Unido «no tiene dudas sobre la soberanía británica y no considera que el asunto sea negociable (...) manteniendo su compromiso de defender el derecho a la autodeterminación de los isleños. En ejercicio de este derecho los isleños han reiterado en varias oportunidades su deseo de seguir siendo británicos». Esto fue bien recibido por los malvinenses.[14]

Además del aislamiento geográfico, el surgimiento de una identidad nacional distinta del isleño de Malvinas junto con la identidad británica originalmente indiferenciados fue posiblemente influenciado por los procesos de traspaso de competencias que tienen lugar entre las naciones del Reino Unido a partir del 1997:

Las últimas aspiraciones de devolución de Gales y Escocia pueden ser un factor. Nunca se ha realizado un estudio sociológico que tenga el objetivo de identificar una teoría plausible, y por eso es difícil de profundizar en esta dicotomía emergente, pero se ha producido un cambio sociológico significativo.[4]

Lewis Clifton

Malvinenses pro-argentinos

Alejandro Betts, malvinense radicado en la Argentina continental, ha criticado al gobierno británico y al modo de vida en las islas, diciendo que «el objetivo del sistema colonial británico es que haya una subordinación total y absoluta de la postura británica, no permitiendo alguna voz de opinión distinta» y criticando la postura del derecho de autodeterminación de los malvinenses.[20]

Ese pensamiento (de que los isleños se sienten británicos) es producto natural del sistema colonial británico, que no permite el ingreso de fuentes de información distintas. Se hace muy difícil también al isleño informarse de una forma distinta a la versión oficial.[21]

El Reino Unido utiliza la infundada excusa de la autodeterminación para el establecimiento de una poderosa base militar ( Base Aérea de Monte Agradable) que sirve exclusivamente a sus intereses estratégicos en el control absoluto del Atlántico Sur en toda su extensión.

El derecho a la libre determinación no surge ni se crea para favorecer la continuidad de conquistas militares seguidas de la instalación de una población afín al conquistador para hacerles decir que quieren seguir bajo la misma situación, como ocurre hoy en Malvinas.[20]

En cuanto a la identidad isleña, él dice:

Diría que desde que comenzaron a llegar los primeros colonos, de 1842 en adelante, fuimos todos malvinenses. De ingleses no tenemos nada. Somos anglohablantes, pero sin ningún tipo de identidad nacional.[22]

Betts constantemente se define como «fueguino-malvinense»,[21]

Debido a sus posturas, es considerado mayoritariamente como «figura polémica», «traidor» y «líder propagandista» por los malvinenses y los medios de prensa británicos.[27]

James Peck, otro malvinense radicado en la Argentina continental, dice que «la guerra se llevó poca identidad que teníamos». Según él, la situación actual de las islas «no es genuina, no es inocente y con el referéndum (de 2013) hay mucha manipulación». También afirma que la cultura e identidad malvinense era «una combinación de cosas argentinas e inglesas, galesas e irlandesas».[28]

Es curioso, a miles de kilómetros de Inglaterra tratamos de preservar un nacionalismo que ya ni siquiera existe en la tierra de nuestros ancestros. (...) Y cuando un isleño viaja se encuentra con la realidad: los ingleses no saben muy bien quiénes somos o dónde estamos. A mí hasta llegaron a felicitarme sorprendidos por mi buen inglés. Yo me siento de un lugar propio, no de Inglaterra. No tengo sentimientos nacionalistas; en todo caso, sí me conmueve el paisaje de las islas: estar ahí, solo en el fin del mundo, es una sensación única.[29]

Situación con Argentina

Primera página de la lista de militares argentinos que fueron expulsados de las Malvinas por las fuerzas británicas en enero de 1833, escrita por José María Pinedo el 16 de enero de 1833.
El telegrama de Jeremy Moore al gobierno británico de Londres, al finalizar la guerra de 1982, señalando que las islas «están una vez más bajo el gobierno que desean sus habitantes».

Un aspecto específico de la identidad local es la relación humana de los isleños que tradicionalmente mantuvieron con Chile y Uruguay,[33]

Los malvinenses construyen su identidad solamente alrededor de la oposición a la Argentina. Esto se debe mayoritariamente al hecho de que su prosperidad económica se relacionó con la derrota argentina de 1982, también se puede deber a la inseguridad que les produce la memoria de dependencias pasadas. Los autores Dodds y Manóvil señalan que:[14]

...la comunidad de las Malvinas necesita desarrollar una idea de sí misma que no esté basada en exclusiones violentas. Su argumento del proceso restrictivo de construcción de identidad que funciona en las islas se demuestra al analizar la condena social que cae sobre aquellos malvinenses que deciden establecer un vínculo directo con la Argentina (...) la insistencia de los isleños en reivindicar su condición de británicos es un signo claro de su débil identidad cultural.

Los isleños ven a la Argentina como un país «hostil» y sus críticas van hacia su inestabilidad económica. No consideran a la Argentina como amenaza a nivel militar pero consideran que «puede atentar contra sus intereses económicos». La desconfianza en general, incluso en los productos en venta en los supermercados o para exportar.[36]

Los malvinenses que se han radicado en la Argentina continental y se han hecho ciudadanos argentinos, han recibido fuertes críticas por parte de los kelpers.[28]

Emanuel Sierra, diputado de la provincia de Salta que viajó a las islas en enero de 2015 explicó a los medios que «el tema de la guerra no ha sido superado» y que el diálogo pacífico con Argentina es para ellos sinónimo de «fracaso» y «vergüenza».[37]

Desde la posición argentina del conflicto, consideran inaplicable el derecho de autodeterminación de los isleños (ampliamente apoyado por el gobierno británico), afirmando que no tiene valor legal y que se trata de una «población trasplantada» por el Reino Unido tras la invasión de 1833:[38]

El referéndum de autodeterminación no se aplica a las Malvinas. No es una población colonizada, es un territorio colonizado.

El carácter trasplantado de los habitantes de las islas a través de un control migratorio cerrado y poco transparente tiene el único objetivo de mantener la ocupación ilegal de las islas. El Reino Unido promueve la inmigración de población británica, de sus colonias, excolonias o miembros del Commonwealth principalmente a través de dos herramientas como son su política de enajenación de tierras y el llamado “Falkland Status” (...) Este último es concedido directamente por un colega suyo del Foreign Office, el “gobernador” colonial que representa a la Corona británica en las islas. Es este funcionario colonial quien concede esta categoría que permite residir, votar y hasta ser electo para cargos públicos. Todo ello hace que, en la práctica, el 90% de los habitantes sea de nacionalidad británica, miembros del Commonwealth o territorios dependientes del Reino Unido.

Ariel Basteiro, embajador argentino en Bolivia[40]

Ernesto Greenleaf Cilley Hernández, nieto de Malvina Vernet, sostiene que ya que los británicos expresan su apoyo al derecho de autodeterminación de los kelpers, también deberían consultar la opinión y los derechos de los primeros malvinenses (argentinos nacidos antes de 1833) y sus descendientes.[41]

La diplomacia argentina insiste en que los habitantes de las Malvinas son británicos y que el gobierno del Reino Unido «controla» la demografía, ya que solo el 40% de los que viven en las islas nació allí y el resto son británicos o de otras colonias, además de que se prohíbe el acceso a los argentinos. También se explica que durante todo el siglo XX y lo que va el siglo XXI la población se ha mantenido en torno a las 2.000 o 3.000 personas.[42]

En sus años como canciller en la década de 1990, Guido Di Tella reconoció que cualquier negociación sobre las islas tenía que incluir a sus habitantes. Algunos políticos que se opusieron a su «política de seducción» lo cuestionaron por querer darle voz a los malvinenses.[14]

Argentina hace notar que la Resolución 2065 (XX) instó a la Argentina y al Reino Unido a resolver la disputa a través de negociaciones, teniendo en cuenta los «intereses» y no los «deseos» de los isleños. Argentina no considera que corresponda a esa población decidir a cuál de los dos países pertenece el territorio, considerando que los isleños «no constituyen un pueblo preexistente», son súbditos británicos y, como tales, no pueden ser los árbitros de un conflicto en el cual el Reino Unido es parte.[43]​ Con este razonamiento, solo hay dos partes en la disputa de soberanía, la Argentina y el Reino Unido.

Jamás reconoceremos, ni yo ni nadie en la Argentina y estoy seguro en toda nuestra América, al gobierno de facto y usurpador que tienen nuestras islas. Los isleños no fueron, no son ni serán ‘tercera parte’, sino habitantes sometidos a una autoridad colonial.

Alberto Asseff, diputado argentino.[44]

El gobierno argentino también hace notar que si el archipiélago estuviese bajo su soberanía, el nivel de vida de sus habitantes sería «mucho mejor»[9]

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