Malaca (Hispania)

Piletas de salazones de época bajo imperial bajo el Rectorado de la Universidad, donde también han aparecido restos fenicios.

Malaca o Malacca fue una ciudad de la República romana perteneciente a la Hispania Ulterior, fundada sobre la urbe fenicio-púnica de Malaka, en el mismo lugar donde se encuentra en la actualidad Málaga, España.

Historia

La etapa romana de la historia de Málaga se inicia con el fin de la dinastía Bárcida en la península ibérica en el año 237 a. C. Las primeras noticias escritas sobre la Málaga romana se refieren a hechos ocurridos durante el siglo II a. C., cuando los romanos se disponen a organizar la administración de la nuevos territorios fenicio-púnicos conquistados en Hispania. Las ciudades de ámbito suroriental peninsular de origen y población semita como Malaka, no presentaban una resistencia tan agresiva contra los invasores romanos como los pueblos íberos, por lo que la ciudad fue compensada con un foedus. El státus de civitas foederata le otorgaba cierta autonomía respecto al gobierno provincial establecido por la República Romana y le permitía quedar exenta del pago del tributo anual.[1]

Malaca con una consolidada tradición económica legada de sus etapas prerromanas prosiguió su evolución favorecida por el státus jurídico que disfrutaba. La urbe continúa en la elaboración y comercialización de sus industrias conserveras y de salazones. El proceso de producción requería gran mano de obra que recaía, como cita Éforo, en los libiofenicios. Una vez obtenido el producto industrial se exportaba preferencialmente, como queda testimoniado por Estrabón o Plinio, a Roma, a Siga y al Magreb.

Se tiene constancia de que debido a su reconocida prosperidad la ciudad padeció numerosas razzias desde Mauritania y fue saqueada a la muerte de Cinna, por Marco Licinio Craso, con ayuda de 2.500 hombres.

En el año 27 a. C. con el advenimiento del Imperio, Augusto dividió la Hispania Ulterior y Malaca pasó a formar parte de la Bética. Algunos autores sitúan la ciudad dentro del conventus iuridici Gaditanus y otros dentro del conventus iuridici Cordubensis.[2]

En un proceso continuo de consolidación y romanización de la villa, los nuevos colonos realizaron obras importantes. La dinastía Flavia amplía el puerto de Málaga y con Augusto se construye el Teatro Romano. Es el emperador Tito, de la familia Flavia, quien concederá a Málaga los privilegios de municipio. La ciudad alcanza un notable desarrollo; convertida en ciudad confederada, se regía por un código especial, la Lex Flavia Malacitana y fue punto de tránsito dentro de la Vía Hercúlea, dinamizadora de la ciudad tanto económica como culturalmente, al comunicarla con otros enclaves desarrollados de Hispania y con los demás puertos del Mediterráneo.

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