Macareo (hidrografía)

La palabra macareo designa a un rápido y ruidoso oleaje de las aguas en un curso fluvial que desemboca en el mar, debido a la irrupción de las aguas marinas durante las mareas en su fase de pleamar y es el término empleado en el delta del río Orinoco en Venezuela al noreste de América del Sur. El "macareo" más conspicuo es el llamado en lengua tupí-guaraní " pororoca", estruendo que se produce en la desembocadura del río Amazonas. Algunas fuentes bibliográficas señalan también que este nombre macareo es de origen asiático, traído por los portugueses de la India al Amazonas y de aquí fue introducido en el idioma español para designar un fenómeno similar en el Delta del Orinoco.[1] Y uno de los brazos del Orinoco en su delta tiene este nombre (Caño Macareo). También es probable que el nombre de Macareo proceda del nombre mitológico de Macareo, ya que es difícil que tengan los dos términos distinto origen teniendo una misma grafía. El macareo o, con mayor propiedad, la entrada de las aguas marinas durante el pleamar, es el fenómeno que explica lo intrincado de la red fluvial en el delta, ya que muchos de los caños constituyen aliviaderos momentáneos para las aguas marinas. Por ello siempre fue motivo de asombro para los españoles el sentido de orientación que tienen los waraos cuando navegan por el delta, inclusive de noche cuando se guían por las estrellas. Recordemos que la mayoría de los caños o brazos del delta tienen numerosos meandros formando círculos casi completos y, además corrientes contrapuestas de acuerdo con la fase de las mareas: durante el pleamar, la corriente superficial se dirige río arriba (aunque en el fondo siga fluyendo hacia el mar) y poco tiempo después sucede lo contrario. En sentido amplio, el fenómeno del macareo o, mejor dicho, el fenómeno oceanográfico que da origen al macareo, es el que explica la formación de un delta en una zona costera plenamente oceánica, lo que justifica un análisis más detallado y completo, que se presenta a continuación.

Características hidrológicas

A los macareos han llegado millares de garzas:
rojas corocoras, chusmitas azules y las blancas, de toda blancura;
pero todas albean los esteros
Ya parece que no hubiera sitio para más
y continúan llegando en largas bandadas de armonioso vuelo

Rómulo Gallegos, Canaima[2]


Constituye un tipo de delta no muy frecuente, ya que se encuentra en una desembocadura en el Océano Atlántico (los deltas son mucho más frecuentes en los mares cerrados o semicerrados, donde el efecto de las mareas es mucho menos intenso que en los océanos). En realidad, las mareas en el Orinoco no ejercen unos efectos muy intensos, pero a ellos hay que sumar los de la corriente de deriva litoral, que no es otra que la Corriente Ecuatorial del Norte, la cual resulta desviada hacia las costas venezolanas por la configuración de la línea de la costa desde la línea ecuatorial. Y también hay que tener en cuenta el enorme caudal del río en su totalidad (33.000 / s) además de la enorme cantidad de sedimentos que acarrean sus aguas y que, al enfrentarse a las mareas y corrientes, han ido depositándose y construyendo las islas deltaicas. Este Delta tiene una disposición muy curiosa, ya que la red de los brazos principales semeja una gigantesca mano izquierda con la palma hacia abajo: el dedo pulgar, más corto y grueso, correspondería a Boca Grande o de Navíos; el meñique, al caño Manamo; el anular, al Caño Macareo; el dedo medio al caño Mariusa y el índice al Araguao y Araguaimujo. El delta del Orinoco constituye un paraíso para todas las clases de especies de aves y todas las orillas de los miles de km de los caños o brazos del río están cubiertas de manglares, cuyas raíces se hunden en el agua fluvial o marina y cuyo nivel superior forma una especie de plataforma o entramado vegetal que está determinado por la amplitud de las mareas.

En una de las islas del delta del Orinoco imaginó John Milton al paraíso terrenal en su obra cumbre El Paraíso perdido, gracias a las descripciones algo exageradas y fantasiosas de Walter Raleigh en su obra sobre sus viajes al Orinoco: The discovery of the large, rich and beautiful empire of Guaiana, with a relation of the great and golden city of Manoa (which the Spaniards call El Dorado). Ya antes, el propio Cristóbal Colón había hecho referencia a que el paraíso terrenal debió haber estado ubicado en esta zona del Delta, cuyo paisaje es realmente espectacular, en mucho mayor grado que el de la mayoría de los ríos del mundo.

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