Música de Uruguay

Se entiende por música de Uruguay a los ritmos, composiciones e intérpretes surgidos dentro del territorio uruguayo, incluye a todas las expresiones musicales, cultas y populares, de diferentes géneros, que integran su repertorio musical. La mayor identidad local está asociada al candombe, la murga y el tango, cuyas bases musicales son frecuentemente identificables en la música contemporánea uruguaya de diversos géneros.

Por causa del genocidio físico y cultural de los habitantes originarios, no se encuentra una vertiente indígena en la música uruguaya, si bien existen estudios que intentan identificar y recuperar sus referencias musicales.[2]

Se comparten con la región ritmos criollos tradicionales como el cielito, danzas folclorizadas en campaña a partir de la contradanza europea como la media caña y el pericón y, a partir de mediados del siglo XIX se difunden nuevas danzas como el vals, el chotis, la polca y la ranchera, así como el gato y la huella, ritmos compartidos con la frontera Argentina, así como la chamarrita y la milonga, también presentes en la región sur de Brasil.[5]

Candombe

Las referencias afro se encuentran presentes en la milonga, el tango y la murga, pero fundamentalmente en el candombe, elemento clave de la construcción identitaria uruguaya. El mismo comprende tradicionalmente el ritmo de la cuerda de tambores, la danza, los personajes y la vestimenta, a lo que posteriormente se han ido sumando instrumentos, melodías, armonías y letras, componiendo canciones y piezas instrumentales y surgen también géneros derivados como el milongón. Pintín Castellanos y Alberto Mastra incorporaron ritmo de candombe a las milongas tangueras y luego se incorporó la cuerda de tambores al sonido de la orquesta típica. En 1965 surge el candombe de vanguardia con Georges Roos como promotor, del que participarán las agrupaciones de Manolo Guardia y su Combo, Hebert Escayola con Grupo del Plata y Bachicha Lencina y su conjunto, que incorporarían tambores de batería e instrumentos de viento. Y a partir de 1967 surge el candombe beat, con instrumentos eléctricos, batería y otros elementos de percusión.

Han sido difusores del género Lágrima Ríos, Jorginho Gularte, Isabel Ramírez, La Calenda Beat, Bantú y Rey Tambor, entre muchos otros.[6]

El candombe fue declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO en 2009.[7]

Murga

Las murgas del Uruguay surgen en los escenarios del carnaval y tienen un formato similar a las murgas españolas de Tenerife, Islas Canarias y de Las Palmas, combinan en sus canciones temas de humor y protesta, con una estructurada puesta en escena, vestuario y maquillaje. Entre 1910 y 1930 tuvieron protagonismo las troupes, agrupaciones teatrales estudiantiles, que interpretaban canciones corales, como la Troupe ateniense y la Medicine's Bolshevikis Troupe.

La murga uruguaya está compuesta por 17 integrantes en escena, el coro se divide en cuerdas de acuerdo al registro vocal y sus ritmos tradicionales son la marcha camión, el candombeado, y también adaptaciones de otros ritmos como plena, marcha y malambo.[8]

Son numerosas las agrupaciones murgueras que destacan año a año en sus presentaciones: Araca la Cana, Contrafarsa, Falta y Resto, Curtidores de hongos, Agarrate Catalina, Asaltantes con Patente, La Mojigata y muchas otras. El género ha trascendido el escenario de carnaval, teniendo numerosas participaciones en la música uruguaya de diversos géneros.

Tango

El tango es una expresión musical netamente urbana, surgida a finales del siglo XIX en los arrabales de Montevideo y Buenos Aires. El género abarca la música, la canción y el baile, y representa una de las manifestaciones culturales más originales y genuinas del Río de la Plata. En sus comienzos era interpretado solamente con flauta, guitarra y violín. La introducción del bandoneón no se produjo sino hasta principios del siglo XX, con la aparición del "sexteto" o la " orquesta típica", compuesta por piano, dos bandoneones, dos violines y contrabajo; la canción apareció entre 1910 y 1920.[10]

En 1916, Gerardo Matos Rodríguez escribió La cumparsita, tema que se sería declarado “Himno popular y cultural del Uruguay” por el Parlamento uruguayo en 1997.[11]

En Montevideo el auge del tango se vivió entre 1930 y 1960, donde destacaron intérpretes y compositores como Gerardo Matos Rodríguez, Pintín Castellanos, José Razzano, José María Aguilar, Julio Sosa, Nina Miranda y Francisco Canaro, entre otros, y directores de orquesta como Francisco Canaro, César Zagnoli y Donato Racciatti

En 1954, concebida por Horacio Ferrer, Jorge Seijo y Rodolfo Rodríguez Lourido, surge el Club de la Guardia Nueva, que desarrolló durante 20 años una fecunda labor de difusión y valoración del tango.[5]

El tango fue declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO en 2009.[13]

Música popular

En 1949 Amalia de la Vega grabó su primer disco, comenzando la difusión de géneros locales a través del concepto de nativismo. A mediados de los años 50, las canciones de Aníbal Sampayo describen paisajes litoraleños y las penas de sus pobladores y numerosos cantautores se enfocaban a géneros rurales, influenciados por el folclore argentino. A comienzos de la década de 1960, la influencia de la revolución cubana se hace presente en aspectos políticos y culturales de América Latina y la nueva trova cubana se ve reflejada en el canto popular uruguayo, del que surgen íconos como Rubén Lena, Los Olimareños, Daniel Viglietti, Alfredo Zitarrosa y Santiago Chalar, entre otros. Sobre 1970 aparecen Washington Carrasco, José Carbajal, Héctor Numa Moraes y Los Zucará. Durante el período de la dictadura cívico-militar en Uruguay (1973-1985), los discos fueron prohibidos y retirados del mercado, los músicos populares fueron censurados y perseguidos, varios fueron encarcelados, algunos optaron por el exilio y otros, como Carlos Benavides, Jaime Roos, Eduardo Darnauchans, Abel García, Mariana García Vigil, Leo Masliah, Fernando Cabrera y grupos como Canciones para no dormir la siesta y Rumbo, permanecieron en el país, resistiendo la censura y nucleándose en diferentes escenarios.[14]

Al finalizar la dictadura, en 1985, se suman a los espectáculos los músicos que regresaban del exilio y los que salieron de prisión, a los que también se integraron agrupaciones murgueras, que comenzaron a tener participación en escenarios no carnavaleros.

El entrecruzamiento de géneros musicales define la creación musical de este período. La murga, el candombe, el tango, la milonga, la serranera, el canto popular y la música culta local, se fusionan con ritmos de bossa nova, jazz, blues y rock. Eduardo Mateo, Gastón Ciarlo (Dino), Jaime Roos, Ruben Rada, Jorge Bonaldi, Leo Masliah, Luis Trochón, Fernando Cabrera, Mauricio Ubal, Jorge Galemire, Popo Romano, Gustavo Ripa, Esteban Klísich, Hugo y Osvaldo Fattoruso, entre otros, entretejen las fronteras de los ritmos musicales locales con influencias regionales e internacionales.[15] Destacan las voces femeninas de Laura Canoura, Estela Magnone y Mariana Ingold.

En la década de 1990, aparecen las primeras grabaciones de Walter Bordoni, Gastón Rodríguez, Rossana y Claudio Taddei, Tunda Prada, Jorge Drexler y Martín Buscaglia, entre otros.

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