Música de Uruguay

Se entiende por música de Uruguay a los ritmos, composiciones e intérpretes surgidos dentro del territorio uruguayo, incluye a todas las expresiones musicales, cultas y populares, de diferentes géneros, que integran su repertorio musical. La mayor identidad local está asociada al candombe, la murga, el tango y el canto popular uruguayo, cuyas bases musicales son frecuentemente identificables en la música contemporánea uruguaya de diversos géneros.

Música folclórica

Se comparten con la región ritmos criollos tradicionales como el cielito, el estilo, el triste y la vidalita, danzas folclorizadas en campaña a partir de la contradanza europea como la media caña y el pericón y, a partir de mediados del siglo XIX se difunden nuevas danzas como el vals, el chotis, la polca y la mazurca, así como el gato, el malambo y la huella, ritmos compartidos con la frontera Argentina, así como la chamarrita, la cifra, la milonga y la vanera, también presentes en la región sur de Brasil.[3]

Entre los músicos mas represantivos del folclore rural se encuentran Bartolomé Hidalgo, Santiago Chalar, Osiris Rodriguez Castillos, Tabaré Etcheverry, Juan José de Mello, Cacho Labandera, Anselmo Grau, Amalia de la Vega, Marcos Velásquez, El dúo Cantaclaro, Abel Soria, Julio Gallegos, Teresita Minetti, Oscar Ramírez, Carlos Malo y la polkería y la Sinfónica de Tambores, entre otros.

Canto popular

En 1949 Amalia de la Vega grabó su primer disco, comenzando la difusión de géneros locales a través del concepto de nativismo. A mediados de los años 50, las canciones de Aníbal Sampayo describen paisajes litoraleños y las penas de sus pobladores y numerosos cantautores se enfocaban a géneros rurales, influenciados por el folclore argentino. A comienzos de la década de 1960, la influencia de la revolución cubana se hace presente en aspectos políticos y culturales de América Latina y la nueva trova cubana se ve reflejada en el canto popular uruguayo, del que surgen íconos como Rubén Lena, Los Olimareños, Daniel Viglietti, Alfredo Zitarrosa y Santiago Chalar, entre otros. Sobre 1970 aparecen Washington Carrasco, José Carbajal, Héctor Numa Moraes y Los Zucará. Durante el período de la dictadura cívico-militar en Uruguay (1973-1985), los discos fueron prohibidos y retirados del mercado, los músicos populares fueron censurados y perseguidos, varios fueron encarcelados, algunos optaron por el exilio y otros, como Carlos Benavides, Jaime Roos, Eduardo Darnauchans, Abel García, Mariana García Vigil, Leo Masliah, Fernando Cabrera y grupos como Canciones para no dormir la siesta y Rumbo, permanecieron en el país, resistiendo la censura y nucleándose en diferentes escenarios.[4]

Al finalizar la dictadura, en 1985, se suman a los espectáculos los músicos que regresaban del exilio y los que salieron de prisión, a los que también se integraron agrupaciones murgueras, que comenzaron a tener participación en escenarios no carnavaleros.

Música Indigéna

El genocidio material y cultural de los habitantes originarios hizo desaparecer de forma brutal algún rastro identificable de una vertiente indígena significativa en la música uruguaya, si bien existen estudios que intentan reconstruir y recuperar sus referencias musicales.[6]

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