Lunes de Revolución

Lunes de Revolución fue un suplemento literario semanal del periódico cubano Revolución, cuyo primer número salió el 23 de marzo de 1959 y el último, el 6 de noviembre de 1961.

Revolución lo dirigía Carlos Franqui, y el suplemento literario Lunes, fundado en La Habana después de la caída de la dictadura de Fulgencio Batista, fue encargado a Guillermo Cabrera Infante, quien, según Serge Raffy, logró convertirlo en un semanario "de debate, iconoclasta y abierto"; bajo su dirección "adquirió una relevancia internacional indiscutible y llegó a vender hasta 250.000 ejemplares".[1]

Cabrera Infante logró que en Lunes colaboraran importantes escritores hispanoamericanos, además de cubanos. Así, Carlos Fuentes fue el encargado del número dedicado a México y Juan Goytisolo del consagrado a la literatura española en el exilio. Entre los cubanos que participaron en el suplemento cabe destacar a Antón Arrufat, Edmundo Desnoes, Pablo Armando Fernández, Oscar Hurtado, Lisandro Otero y Virgilio Piñera, entre otros.[2]

En Sitio Grande, en la escuela pública, hace exactamente 26 años, era octubre de 1935, vi unos dibujos de gran fortaleza, impresionantes. Veintiséis años después en París, iba a saber que eran de Picasso.

La Naturaleza, una gran pintora, según Picasso, es también una buena maestra de pintura. El niño campesino no tiene otra cosa que sus ojos.

La ciudad anda tan de prisa que no hay tiempo de mirarla. Los ojos se aturden, se acostumbran a la velocidad, la visión múltiple y veloz parece detenida, sobre impuesta, como un cuadro de Picasso.

Los árboles son otra cosa.

Transparencias originales de los impresos del periódico "Lunes de Revolución"

Una semilla de mango tirada en la basura nace casi amarilla. El sol, la lluvia y la tierra dibujan, la hacen verde, blanca, roja, amarilla, verde.

El día, la noche, las frutas, las flores, los árboles, el mar, la montaña, el valle, la llanura, los ríos, el fango, la sequia, las mujeres, los caballos, la miseria, el sol, la luna, el viento, los cementerios, la muerte, la sangre, el invierno, la primavera, la palma, el amanecer; son blancos, verdes, negros, azules, rojos, negros, azules.

La miseria es una gran pintora.

El amigo que se parte el corazón de un tiro; tropezar de madrugada con los zapatos del ahorcado, el perro flaco que aúlla sobre las yaguas de un bohío, el miedo a los fantasmas blancos que no aparecen; los mares de candela arrasando cañaverales y la guardia rural, amarilla, con su plan de machete blanco, fueron para mí una buena escuela de pintura.

Campesinos viejos, retratos de clásicos. Días nublados, reflejos del sol, impresionistas. Ruinas surrealistas de un fuerte español. Podría explicarme alguien por que las nubes son abstractas? Caras de campesinos, pedazos de periódicos viejos, la lluvia, el camino real: Picasso.

Con veinte años, tres pesos y una maleta vieja llegamos a La Habana. Como en cualquier gran ciudad del mundo pensamos encontrar un museo, ver los Picasso.

No sabíamos entonces que los ricos cubanos eran tan brutos.

A mí la Revolución me ha permitido ver muchos cuadros de Picasso, a Picasso mismo, y ser el primero en pedir a Picasso que pintara algo para Cuba, para nuestra Revolución.

Ahora trabaja en una obra, la bella paloma de la paz que sustituirá la descabezada águila yanqui del Maine; la sucia águila imperialista, para la que no tuvimos suficiente dinamita, como era nuestro plan cuando la lucha contra Batista.

En un viejo castillo de Vallauris, cerca de Cannes, en la Costa Azul de Francia, vive Picasso. Pignon, un gran pintor francés, hijo de mineros y minero el mismo, que pinta gallos y carbón, con negros que son la mina misma, y su esposa Elena Pamelin, nos presentaron a Picasso.

Picasso me da la mano con fuerza. Bastante turbado, pensaba yo: Un guajiro de Sitio Grande hablando con Picasso; esas cosas no pueden ocurrir más que en una Revolución: reflexión que me había hecho antes, mientras conversaba durante una hora con Nikita Jrushchov, en el Kremlin, sin más compañía que Zoila, la intérprete, o cuando Sartre dejaba el preestreno de una obra suya para conversar toda una tarde sobre la Revolución Cubana.

Donde están tus barbas?, me pregunto Picasso bastante decepcionado. Por primera vez pensé: Porque rayos me tumbaría yo mis barbas tan parecidas a las del Caballero de Paris? Me las había quitado, porque me gusta ser sincero. Picasso me habla de Cuba a la que conoció muy bien.

Quítate esa flor canaria que te hace poco favor, y ponte en el pecho mejor una estrella solitaria

La cuarteta cantada con su voz joven bien timbrada, sale de su garganta tan bien como si fuera cantada por Chanito Isidron o el Jilguero de Cienfuegos.

Esas décimas las aprendí con mis amigos cubanos en 1895. Ellos luchaban por la Independencia de Cuba, y más de una vez tuve dificultades con la guardia civil por andar con ellos.

Y Picasso nos pidió a mi mujer y a mí que le cantáramos décimas y canciones cubanas, ese es el momento en que pienso: Tierra, ábrete y trágame! (Porque diablos en un pueblo donde todo el mundo canta y baila muchos revolucionarios, con la excepción de Almeida, ni cantan ni bailan?)

Picasso pregunta por el bacalao de Guanabacoa, por los guaracheros de Regia, y por la gente de Cienfuegos y de muchos otros lugares y pueblos de Cuba. No quisiera meter la pata, pero juraría que me dijo que tuvo una abuela cubana; solo que mi memoria es tan mala que esto a lo mejor lo invente yo. Pero con abuela cubana o sin abuela cubana, lo que sí puedo asegurar es que Picasso es tan cubano como nosotros.

De las cubanas, sobre todo de las mulatas, me habla, mientras su joven compañera prepara un trago, me habla de una manera que yo solo puedo decir: Me faltan las palabras.

Le digo que en nuestro país solo Joaristi y Lobo tienen cuadros suyos, y le pregunto: No cree que Cuba tiene derecho a una obra suya? La tendrá, me dice. Pero no estaría mal que ustedes nacionalizaran a esos burgueses cubano, verdad?, y de paso recobraran esos cuadros. No se preocupe que los nacionalizaremos.

Me habla de Fidel con el entusiasmo de un niño, salpicando la conversación con palabras españolas y vuelven a faltarme las palabras. Fidel... Recuerda los días difíciles de Paris, cuando la ocupación nazi.

Nos cuenta Picasso: Un día llegó a mi estudio la Gestapo preguntando es usted el autor de Guernica? No, Guernica lo hicieron ustedes, respondí.

Cuando habla de España lo vemos triste, por primera vez. Pero cuando le preguntamos sobre su militancia comunista, responde con firmeza.

No hay contradicción entre mis ideas, militancias comunista y mi obra. Hay un solo Picasso: el que firma los cuadros, el que firma los manifiestos. Se puede ser comunista, se puede ser pintor y no ser sincero en ambas cosas? Es bien tarde cuando Picasso nos lleva a comer una buena comida española a un restaurante de Cannes. El auto atraviesa el maravilloso paisaje de los Alpes y Picasso saluda por su nombre a toda la gente sencilla de la playa, que son sus amigos.

Nos habla del picadillo con yuca, del arroz con frijoles y del pan con timba. Si no tuviera casi 80 años me iría para Cuba, dice, mientras nos despide. Un abrazo a Fidel. Dígale que soy un cubano mas.

Transparencias originales de los impresos del periódico "Lunes de revolución"

Cerca de allí, después de visitar La Paloma de Oro, un restaurante famoso, donde los pintores entonces sin dinero dejaron sus mejores cuadros: Picasso, Joan Miró, Marc Chagall, Henri Matisse, Amedeo Modigliani, Georges Braque. La mujer vestida de verde toma te jazmín con su compañero.

Con violencia en el enorme árbol de grandes hojas, en la sombra fresea, el ciclo de lluvia, y la tierra caliente, calentada por el sol furioso, confundidos con la yerba, yerba misma, el vestido verde, la camisa blanca, la piel furiosa, el cuadro de Durero, Cranach, Modigliani, violentamente, en la húmeda yerba, la húmeda lluvia, las manos húmedas y el sudor húmedo, humedecidos por la naturaleza, la naturaleza esplendida, el color de yerba, de vestido, de camisa, furiosos por el sol furioso, los jugos de la tierra, fragmentos del cuadro que podían llamarse: Los amantes de la naturaleza.

En la playa, "mientras la gran hidra azul se muerde la cola refulgente", diez mil muchachas francesas usan la micro bikini.

Un mutilado de guerra pregona "France-Soir", marines borrachos se llevan las prostitutas de la calle el "Forrestal" y la escuadra yanqui con infernal ruido, interrumpen las vacaciones de julio a miles de franceses.

Es allí en el viejo castillo de Vallauris, cerca de Cannes, donde llegan ahora para rendirle tributo al más grande pintor de esta época, artistas y revolucionarios de todo el mundo.

A Pablo Picasso, el hombre, el revolucionario, el pintor. Y si alguien me pregunta: Entiende usted la pintura de Picasso? Le diría yo: Se ha hecho usted una radiografía alguna vez? Ha aprendido a mirarla? Usted no dudara que esta ahí tal como es, verdad, en su radiografía? Pues si usted quiere ver la radiografía del siglo XX, mire la pintura de Picasso.

El verdadero realista de este siglo. Y si vuelve a preguntarme: Entiende usted de pintura? preguntaría a mi vez, recordando a Picasso: Entiende usted a las langostas? No, pero le gustan, verdad? A mí, también. Arriba a la izquierda, una foto de Picasso con su primera escultura cubista, que me regalo, titulada: Cabeza de Fernando. Hecha en bronce y sin enumerar por Valsuani. Y yo bien contento, agradezco la colaboración de Elena Pamelin.

La línea independiente del periódico entró en conflicto con el régimen de Fidel Castro y finalmente, después de dos años y medio de vida, Lunes dejó de existir. El último número fue un monográfico dedicado al pintor español Pablo Picasso.

Tanto Franqui como Cabrera Infante acabaron en el exilio.

Referencias

  1. Serge Raffy: Castro, el desleal, Aguilar, 2004, p.366
  2. Lunes de Revolución: del mito a la realidad. Entrevista a Pablo Armando Fernández por Ivette Fernández Sosa
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