Luis Rosales

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Información personal
Nacimiento 31 de mayo de 1910
Granada, España Bandera de España
Fallecimiento 24 de octubre de 1992 (82 años)
Madrid, Flag of Spain.svg  España
Nacionalidad Española
Información profesional
Ocupación Poeta y ensayista
Años activo Siglo XX
Género Poesía, Ensayo
Movimientos Generación del 36
Miembro de
Distinciones Premio Cervantes, Premio Nacional de Poesía, Premio Mariano de Cavia, Premio de la Crítica, Premio Miguel de Unamuno, Premio Nacional de Ensayo
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Luis Rosales Camacho ( Granada, 31 de mayo de 1910 - Madrid, 24 de octubre de 1992) fue un poeta y ensayista español de la generación de 1936. Miembro de la Real Academia Española y de la Hispanic Society of America desde 1962, obtuvo el Premio Cervantes en 1982 por el conjunto de su obra literaria.[1]

Biografía

Nació en Granada en 1910, en el seno de una familia muy conservadora. Sus inicios en la formación literaria están relacionados con el entorno de artistas de la revista Gallo (aunque él nunca llegara a publicar en ella), cuyos componentes — Enrique Gómez Arboleya, Manuel López Banús, Joaquín Amigo y Federico García Lorca, entre otros—, se convertirán en grandes amigos suyos.[3]

En 1932 se traslada a Madrid para continuar sus estudios de Filología, obteniendo el doctorado. Allí comienza su amistad con Pedro Salinas y Jorge Guillén, los cuales lo introducen en Los Cuatro Vientos, considerada como la última revista colectiva del grupo de poetas de la Generación del 27.[4] En el segundo número de dicha revista, en abril de 1933, colaboran los grandes intelectuales de la época como Miguel de Unamuno, Benjamín Jarnés, Manuel Altolaguirre, María Zambrano, Luis Felipe Vivanco, Leopoldo Vivanco, Claudio de la Torre, Vicente Aleixandre, Antonio Marichalar, Jaime Torres Bodet y Rainer María Rilke; y el mismo Rosales publica sus primeros poemas: Égloga del sueño y Oda del ansia.

Continuó su actividad literaria en Cruz y Raya, revista dirigida por José Bergamín. También publica sus versos en Vértice y en Caballo Verde para la Poesía, revista dirigida por Pablo Neruda en la que salían asimismo poemas de otros escritores como Vicente Aleixandre o Miguel Hernández. En la capital de España conoció a los Panero ( Juan y Leopoldo) y a Luis Felipe Vivanco, compañeros de la que se denominará después Generación del 36 (o de la Guerra), de la que también forma parte Dionisio Ridruejo, y cuyos ejes comunes, además de su afinidad y camaradería, fueron su catolicismo intimista y su conservadurismo en lo social.

Pablo Neruda sobre Luis Rosales:

¿Qué decir de Luis Rosales a quien yo conocí naranjo, recién florido en aquellos años treinta, y que ahora es grave poeta, exacto definidor, señor de idiomas? Ahora lo tenemos lleno de frutos, exigente y profundo. Atravesó este mortal antipolítico el momento desgarrador de Andalucía y se ha recuperado en silencio y en palabra. Salud, ¡buen compañero![5]

En agosto de 1936, recién iniciada la guerra civil española, Ramón Ruiz Alonso, que era miembro de la CEDA, arresta a Federico García Lorca. El poeta se había refugiado en la casa de los Rosales, creyendo así ponerse a salvo de represalias, ya que en esa familia había destacados miembros falangistas. Luis Rosales no pudo evitar su arresto y posterior ejecución a pesar de la amistad que tenía con Lorca y su posición dentro de la derecha granadina. En ese mismo fatídico año, también fue asesinado Joaquín Amigo, catedrático de filosofía y miembro de los intelectuales creadores de la revista Gallo y muy cercano de ambos. En este caso, Joaquín Amigo fue asesinado por los republicanos, lanzándolo por el Tajo de Ronda,[4] mientras estaba destinado en dicha localidad malagueña como catedrático de instituto. Esas dos muertes marcan la vida, tanto personal como literaria, de Rosales, en cuya obra —tanto en Un rostro en cada ola como en su inacabado Nueva York después de muerto, y en otros muchos escritos, tanto poéticos como de ensayo— se reflejan las influencias de ambos amigos.

En 1937 publica en el diario Patria de Granada, el poema « La voz de los muertos», probablemente uno de los más importantes escritos durante la guerra civil, elegía a todas las víctimas de ambos bandos, en el que quedan fuera cualquier expresión de triunfalismo o exaltación.[6] A partir de ese mismo año Rosales colabora en la revista falangista Jerarquía.

Colaboró también en Escorial y fue secretario de redacción y director de Cuadernos Hispanoamericanos. A partir de 1978 dirigió Nueva Estafeta, revista única en su época por incorporar entre sus colaboraciones obras escritas en las distintas lenguas de España (castellano, catalán, euskera o gallego). Ideológicamente fue evolucionando desde las ideas autoritarias de su juventud hacia posiciones democráticas en su madurez.

A finales de 1949 y comienzos de 1950, participó de la "misión poética"[7] con los poetas Antonio Zubiaurre, Leopoldo Panero y el embajador Agustín de Foxá, que recorrió diferentes países iberoamericanos (entre otros Honduras) previo al restablecimiento de relaciones diplomáticas entre estos países y el régimen de Franco.

En 1962 ingresó en la Hispanic Society of America y en la Real Academia Española, aunque no leyó su discurso de ingreso, Pasión y muerte del Conde de Villamediana, hasta 1964.

Fue consejero de don Juan de Borbón y apostó activamente, alentando a las izquierdas y derechas por unirse y apoyar la restauración de la monarquía en España (primero con este y posteriormente con don Juan Carlos de Borbón).[8]

Aunque residía en Madrid desde 1968, pasaba los veranos en Cercedilla, época en la que escribía sus libros de poesía. En 1982 recibió el Premio Cervantes, el galardón literario más importante en lengua castellana.

En 1970 fue nombrado asesor del director del Instituto de Cultura Hispánica y en 1973, director del Departamento de Actividades Culturales de dicho Instituto.

Entre 1986 y 1992 colaboró de manera periódica con el diario ABC, bien escribiendo en una columna o publicando en el suplemento semanal Blanco y Negro. Los temas de los escritos en dicho medio eran principalmente la música, la pintura y la literatura. Entre sus aportaciones figuraron «La originalidad de la segunda parte del Quijote», «Un modelo de teatro», «Historia de un soneto» (escrito este en diferentes partes), «El libro de los gorriones», « Rafael Alberti o la libertad poética», «La temporalidad de Antonio Machado», «La hora del cubismo», «La contemplación creadora» (sobre Picasso) y «La herida del cante jondo», entre otros muchos.[9]

El 28 de octubre de 1988, en el Salón de los Espejos del Ayuntamiento de Málaga, pronunció la conferencia Y de pronto, Picasso.[8]

Falleció de un paro respiratorio tras sufrir un embolismo cerebral el 24 de octubre de 1992, en la clínica Puerta de Hierro de Madrid.

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