Luis Paret y Alcázar

Autorretrato, h. 1780 ( Prado).
Jura de Fernando VII como príncipe de Asturias, 1791 ( Prado).

Luis Paret y Alcázar ( Madrid, 11 de febrero de 1746 – ibídem,[1] 14 de febrero de 1799) fue un pintor, dibujante y acuarelista español, de estilo muy personal, más cercano al rococó de Watteau que al neoclasicismo que empezaba a imponerse con autores como Mengs. Su temática es muy variada: paisajes, escenas de interior, retratos, escenas mitológicas, bodegones de flores, etc.

Biografía

De padre francés y madre española, cursó estudios desde los diez años en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Pensionado en Roma por el infante Don Luis de Borbón (1763–1766). Se incorpora al taller de Charles de la Traverse, en Madrid.

En 1774 entra al servicio del infante don Luis, quien se convierte en su principal mecenas. Pero pronto el infante protagoniza un escándalo que involucra al pintor y trunca su carrera: en 1775 Carlos III castiga a don Luis por su promiscua vida íntima, ordenando su alejamiento de la corte, y Paret es acusado de ser su alcahuete y es desterrado a Puerto Rico.

En la isla caribeña, Paret sigue pintando y tiene seguidores ( José Campeche). Vuelve a España en 1778 aunque se le mantiene desterrado a cuarenta leguas de la corte, residiendo en Bilbao. Empieza a pintar paisajes cantábricos, que tienen buena acogida y dan pie a más encargos; actualmente estas vistas de gran refinamiento y valor documental se conservan en diversos museos y colecciones: National Gallery de Londres (Vista del Arenal de Bilbao), Museo de Bellas Artes de Bilbao (otra Vista del Arenal y Paisaje de Fuenterrabía), Museo Cerralbo de Madrid (La playa de Peñota en Santurce), Palacio de La Zarzuela (Vista de San Sebastián y Vista de Pasajes)... Una Vista de Bermeo pintada por Paret (colección Várez Fisa) tuvo el raro privilegio de ser reproducida ya en su época en un mosaico de piedras duras conservado en el Prado.

La Celestina y los enamorados, acuarela de 1784.

Paret ingresa en la Academia al mismo tiempo que Francisco de Goya, en 1780, y es autorizado para volver a la Corte en 1788. En los últimos años de su vida pasa apuros económicos.

Entre sus pinturas más célebres, además de los paisajes citados destacan: La tienda del anticuario Geniani ( Museo Lázaro Galdiano, Madrid), La circunspección de Diógenes ( Academia de San Fernando), La Puerta del Sol en Madrid ( La Habana, Museo Nacional de Bellas Artes de Cuba) y varias del Museo del Prado, como un Autorretrato, Las parejas reales en Aranjuez, Juramento del príncipe de Asturias, Vista del Jardín Botánico (inacabada), etc.

También diseñó imágenes para grabados y fue un habilísimo acuarelista; de ello dan testimonio varios estudios de ornitología y animales exóticos, así como la acuarela La Celestina y los enamorados (1784), posiblemente la mejor realizada nunca por un artista español.

Entre 1784 y 1787 afronta una empresa de mayores dimensiones, que puede considerarse el último gran conjunto decorativo del rococó pictórico español: la decoración, al temple, de la cúpula y pechinas de la capilla de San Juan del Ramo, en la iglesia de Santa María de Viana (Navarra), con escenas de la vida del Bautista; así como los cuadros El Anuncio del Ángel a Zacarías (1786) y La Visitación (1787).[2]

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