Luis Coloma

Luis Coloma
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Luis Coloma
Información personal
Nombre de nacimiento Luis Coloma Roldán Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacimiento 9 de enero de 1851
Jerez de la Frontera, Flag of Spain.svg  España
Fallecimiento 14 de abril de 1915
Madrid, Flag of Spain.svg  España
Nacionalidad Española
Religión Catolicismo Ver y modificar los datos en Wikidata
Orden religiosa Compañía de Jesús Ver y modificar los datos en Wikidata
Educación
Alma máter
Información profesional
Ocupación Escritor, periodista y jesuita
Años activo Siglo XIX
Género Novela Ver y modificar los datos en Wikidata
Movimientos Realismo
Miembro de
Firma Luis Coloma signature.jpg
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Luis Coloma Roldán ( Jerez de la Frontera, 9 de enero de 1851 - Madrid, 14 de abril de 1915), conocido también como el padre Coloma, fue un escritor, periodista y jesuita español. En su faceta de autor de literatura infantil y juvenil creó el personaje del Ratoncito Pérez.[1]

Biografía

Fue hijo de un célebre médico, Ramón Coloma Garcés casado en segundas nupcias con Concepción Roldán.[2]​ A los doce años entró en la Escuela Naval preparatoria de San Fernando ( 1863), pero lo dejó para licenciarse en Derecho en la Universidad de Sevilla coincidiendo con la trascendental revolución de 1868, hacia la cual el joven jerezano mantuvo una actitud hostil que reflejaría en sus escritos. De esta época data su amistad con Fernán Caballero, ya anciana entonces, sobre la que escribiría unos Recuerdos. Luego se trasladó a Madrid, donde trabaja como pasante en el bufete del abogado Hilario Pina. Empezó a frecuentar tertulias elegantes y a colaborar en distintos periódicos defendiendo la Restauración de los Borbones (El Tiempo. Periódico político de la tarde de Madrid y El Porvenir de Jerez).

Una grave herida en el pecho en 1872, cuando limpiaba un revólver, afianzó su decisión de dedicarse al sacerdocio en la Compañía de Jesús y marchó a Francia con la orden de hacer allí el noviciado; ingresó en 1873 en el seminario de Châteaux de Poyanne,[3]​ en Las Landas, donde permanecerá hasta 1877. En 1874 es ordenado dentro de la Compañía de Jesús. De vuelta a España se le destinó a tareas educativas en centros de Sevilla, Galicia, Murcia y Madrid. No por ello abandonó el periodismo y se consagró por entero a la literatura. Pasó del costumbrismo y los relatos cortos de sus Lecturas recreativas (1884) a la sátira social de la novela Pequeñeces (1891), que se considera su obra maestra. La aparición de este trabajo, primero por entregas en la revista bilbaína de los jesuitas El Mensajero del Sagrado Corazón de Jesús durante los meses de enero de 1890 a marzo de 1891, y este último año en dos volúmenes, suscitó un gran revuelo, al asociarse algunos de sus personajes con seres de existencia real, pero también por la pintura de una alta sociedad viciosa y mundana, la nobleza colaboracionista con el advenimiento del régimen liberal de la Restauración. El Heraldo de Madrid abrió un concurso de opiniones sobre Pequeñeces y durante quince días estuvo publicando críticas y erróneas interpretaciones que molestaron sobremanera al autor y a la Compañía y le impulsaron a cultivar desde entonces temas menos polémicos. A favor del autor se declaró doña Emilia Pardo Bazán en su revista Nuevo Teatro Crítico, alabando el realismo naturalista de su texto pero censurando el integrismo de su autor. Entre las críticas adversas destacó la de Juan Valera, quien evidentemente picado por el éxito de Pequeñeces, señala con ironía supuestas contradicciones del novelista a la hora de moralizar en Currita Albornoz al padre Luis Coloma; se hizo célebre una frase suya en ese sentido:

La novela hubiera sido mejor sin ser sátira, y la sátira mejor sin ser novela, y el sermón retemejor si no hubiera sido ni novela ni sátira.

Busto

El periodista Manuel Martínez Barrionuevo (1857-1917) publicó contra esta obra Un libro funesto: Pequeñeces, del Padre Coloma (Barcelona, 1891), folleto que tuvo tanto éxito como la misma novela, reimprimiéndose ocho veces, y Mariano de Cavia le dedicó también algunas ironías. El autor siguó publicando luego Retratos de antaño (1895), una serie de evocaciones históricas, entre 1895 y 1896 la primera parte de Boy, que no logró continuación; La reina mártir (1898), biografía novelada de María Estuardo; Jeromín, (1902), novela histórica sobre Don Juan de Austria, que contó durante el franquismo con una adaptación cinematográfica[5]​ El clérigo liberal José Ferrándiz lo acusó de mala gramática y de haberse convertido en uno más en los salones de la nobleza que tanto detestaba:

Lo dedicaron a servir a la Compañía precisamente entre la aristocracia. Él personifica el tipo del jesuita enfermo de profesión, que por estar siempre delicado, le sientan mejor las comidas de los magnates que la del refectorio conventual; necesita cuidados, reposo, atmósfera tibia y aguas termales, esto sin falta. A Coloma podríamos llamarle el jesuita de los balnearios distinguidos: allí hace jesuitismo como los viajantes el artículo de su comercio. (...) Llegada la época, sale para Alzola, por ejemplo, donde veranean la condesa de Nalgares, la marquesa de Casa Melamenando y la señora y señoritas del banquero Agarramendi. (...) En Madrid no hace vida conventual; un duque le cede habitación y le pone mesa en su palacio; allí está regalado a lo príncipe: entra, sale, recibe a sus relaciones, come fuera, si lo invitan, y vuelve a la hora que se le antoja. José Ferrándiz, Sotanas conocidas, 1913, p. 93-94.

Entró en la Real Academia de la Lengua Española en 1908 y falleció en 1915.

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